
De donde viene Margarita Aldanas.
Cuando tú encuentres el camino… Otros te encontrarán a ti.
Al pasar por el camino serán atraídos hasta tu puerta,
Y el camino que No puede oírse… resonará en tu voz.
Y el camino que No puede verse… Se reflejará en tus ojos.
Lao Tsé
De donde te nazco, sino del mismo borde de la entraña… confiesa y acusa Margarita Aldanas, como si el hecho de llamarse margarita no la hubiese escogido para transitar por la palabra y la vida como una esponja que recoge la impalpable pero estruendosa orgia de la vida.
Me envía un poemario, condensado son cuatro hojas, sin aire, ese, que ni cerrando las ventanas dejó de escuchar, la ventolera matancera que no es suspiro de trenes, ni azufre, ni marina entre puentes, sino rabia.
Pero es engañoso, son poemas de aire- nada más cercano, ni lejano a un haiku – femenino y cubano, de maestría admirable. Unas 58 perlas de luz herida, esa que da el cuerpo del amado al partir. Cincuenta y ocho páginas de tres, quizás, a lo sumo cinco líneas temerarias.
Perlas de la mora, que te atrapan donde nunca serán las doce si la poeta anda raspando conchas, sacando palabras e hiriéndose los dedos.
Margarita es una mujer secreta que saca versos de sus entrañas, y deja entreabiertos los presagios, contagiándome de su respiración amorosa y, de un enorme deseo de ilustrar cada verso pues el lenguaje te lleva a la historia, a la trama subyacente donde acecha el ojo de la tormenta.
Una soledad de filigrana te sonsaca y te pide cuentas; no la rinde, no la solicita, impone con gracia la ternura a piedras, pero qué piedras pulidas, como solo se atreven las poetisas de ese pueblo llamado Matanzas.
Margarita García Alonso.
Mar de la Mancha, 2009
