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Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria

In Centauro Paradis Virtus Al on 25 février 2009 at 9:20

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Anaïs Nin (Neuilly, Francia, 21 de febrero de 1903 – Los Ángeles, 14 de enero de 1977). Escritora francesa, nacida de padre cubano de origen catalán y madre también cubana hija de un diplomático danés, Anaïs pasó mucha de su temprana infancia con sus familiares cubanos. Más tarde naturalizada como ciudadana norteamericana, vivió y trabajó en París, Nueva York y Los Ángeles. Autora de novelas avant-garde en el estilo surrealista francés, es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los Diarios de Anaïs Nin, volúmenes del 1 al 7.

 

Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX, a la edad de once años. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas, y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha gente interesante e influyente del mundo artístico y literario, así como del mundo de la psicología, incluyendo a Henry Miller, Antonin Artaud, Edmund Wilson, Gore Vidal, James Agee, y Lawrence Durrell.

 

Los manuscritos originales de sus diarios, que constan de 35,000 páginas, se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles)

 

Sus padres fueron la cantante cubana, de ascendencia francesa y danesa, Rosa Culmell, y el pianista cubano de origen español Joaquín Nin, aunque este las abandonó pronto, cuando Anaïs contaba con once años. Las circunstancias vitales llevaron a Anaïs a iniciar un diario en fecha muy temprana, como una forma de cobijarse de la realidad.

 

A los 19 años consigue un trabajo como modelo y bailarina de flamenco y se casa en La Habana (Cuba) con el banquero Hugo Guiler, con el que se marcha a París. Una vida aburrida y la lectura de D.H. Lawrence la convencen para hacerse artista.

 

En 1930 publica un ensayo sobre Lawrence y un año después conoce a Henry Miller, quedando ambos mutuamente admirados e iniciando una correspondencia apasionada. Se convierten en amantes y ella llega a mantener relaciones incestuosas con su padre, Joaquín Nin, tras reencontrarse con él en París. Al tiempo, la mujer de Miller, June, antigua prostituta, la iniciará en el voyeurismo y el safismo.

 

Empieza a escribir una novela desde las inquietudes y los presupuestos del París del momento, titulada La casa del incesto. Se inicia también en el psicoanálisis y, tras ser psicoanalizada por Otto Rank, éste le sugiere la escritura como una forma de eludir la obsesión que tiene con su padre. Escribe Invierno de artificio y publica La casa del incesto, edición que confeccionó en una rústica imprenta que montó en una buhardilla de Macdougal Street, en New York y que utilizó para imprimir sus libros y los de sus amigos.

 

En 1939 emigra a Estados Unidos y allí se convierte en la primera mujer que publica relatos eróticos, Delta de Venus, que denota una fuerte influencia del Kamasutra.

 

En su propia editorial, publica en 1947 En una campana de cristal, que es bien recibido por la crítica, destacando el comentario de Edmund Wilson. El éxito definitivo le llega en 1966 con la publicación de su diario, aunque al tiempo su salud se resquebraja por causa de un tumor de ovarios. Se la reconoce como pionera de la liberación de la mujer.

 

Su obra se ha llevado al cine, en 1990 Philip Kaufman dirigió Henry y June, y al teatro, « La casa del incesto » de Georgina Tábora.

 

En 1973 recibió el doctorado honoris causa del Philadelphia College of Art. Fue elegida para el Instituto Nacional de las Artes y las Letras en 1974. A su muerte, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas sobre la Bahía de Santa Monica.

« Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo. Libre o no libre, casado o soltero, heterosexual u homosexual, son aspectos que varían de cada persona. Hay quienes son más expansivos, capaces de varios amores. No creo que exista una única respuesta para todo el mundo »

 

« Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma ».

 

« Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa, ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés ».

 

« Siempre creí que era la artista que llevo dentro la que hechizaba. Creía que era mi casa esotérica, los colores, las luces, mis vestidos, mi trabajo. Siempre estuve dentro de la concha de la gran artista que trabaja, temerosa e inconsciente de mi poder. ¿Qué ha hecho el doctor Allendy?. Ha dejado de lado a la artista, ha manejado mi alma interior, sin sus antecedentes, sin mi creación. Incluso me ha inquietado su desinterés por la artista y me asombra que se haya apoderado así de mí, tan dépuillée de artificios, de ropajes, de encantos, de elixires. »

 

« No tengo ninguna moralidad. Sé que la gente se horroriza, pero no yo. Ninguna moralidad mientras el daño hecho no se manifieste por sí mismo. Mi moralidad no se reafirma cuando me enfrento con el dolor de un ser humano… »

 

« Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Herny. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad! Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosostros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, un amor que era veneno… »

 

« Habría querido terminar mi diario sin la confesión de un amor prohibido. Por lo menos, quería que mi amor incestuoso quedara sin escribir. Había prometido a mi Padre el más absoluto secreto. Pero una noche, aquí en el hotel, cuando me di cuenta de que no había nadie para hablarle de mi Padre, me sentí ahogada. Y empecé a escribir otra vez, mientras Henry leía a mi lado. Era inevitable. No podía eliminar mi diario cuando alcanzaba el clímax de mi vida, en el preciso momento en que más lo necesitaba para conservar mi sinceridad, por grande que fuera mi crimen. »

 

 

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