Lamarga

Fragonard, su columpio y centauro

In Centauro Paradis Virtus Al on 25 février 2009 at 10:00

fragonard_columpio

Jean-Honoré Fragonard

 

 (Grasse 1732- París 1806)

 

Jean Honoré Fragonard, pintor francés.

 

Vivió en Grasse hasta los 16 años, en que habiéndose arruinado su padre fue colocado como escribiente en una notaria. Pero finalmente, el notario convenció al padre de Fragonard para que dejase al joven seguir sus impulsos artísticos, y en 1748 fue presentado en el taller de Francisco Boucher, entonces en el apogeo de su gloria. Pero el gran artista, admitiendo las evidentes facultades del joven, no quiso hacerse cargo de sus estudios, mientras no estuviese más preparado, por lo cuál lo envió al taller de Chardin, quien procuró enseñarle los primeros elementos de la técnica.

 

Por lo demás, durante este tiempo, la educación artística de Fragonard fue meramente personal suya, pues se formó en correrías de investigación por las calles, plazas y edificios de París, tomando notas y procurando reproducir la memoria de los cuadros célebres que veía en las iglesias. Fragonard se había empeñado en ser admitido entre los discípulos del pintor del rey. Así es que tras seis meses de estudios se presentó nuevamente en el taller de Boucher, quien esta vez le admitió gustoso presintiendo ya en él un heredero brillante de su genio voluptuoso.

 

Durante tres años Fragonard se formó en la escuela de Boucher, y allí indudablemente bebió el gusto de sus carnaciones voluptuosas y ese acento de sensualidad que le ha valido tantas veces epíteto de pintor erótico. En este género debía triunfar.

 

Fragonard pasó algunos años en la Escuela de los alumnos protegidos en la plaza del Louvre Viejo. De esta época datan la Basoche, el Colin-Maillard, el Lavement des pieds, y otros tantos asuntos en los que Fragonard ensayaba su inspiración impaciente.

 

Llegó por fin el momento de partir para la Villa Mancini. Fragonard fue a despedirse de Boucher, al cual la tradición anecdótica atribuye la siguiente recomendación que no puede omitirse, pues tanto deja entrever la influencia decisiva del maestro sobre el discípulo: “Querido Frago, vas a ver a Miguel Ángel y Rafael, pero te lo digo en confianza amistosa; si tomas a esa gente en serio estás perdido”.

 

Al principio Fragonard no contentó a Natoire, director de la Academia de Francia, pero luego intimó con él hasta el punto de que pidió y obtuvo para el alumno una prolongación de residencia. Terminada esta en 1761, regresó a París detendiéndose en Nápoles y Venecia, y para ser admitido en los Salons pintó Coreso, el gran sacerdote, sacrificándose para salvar a Calirroe (Louvre) que obtuvo resonante éxito en el de 1765. Este cuadro fue un tour de force para Fragonard que se mostró en él buen discípulo, no sin prodigar un lirismo de colores que no era usual encontrar en las obras de los jóvenes debutantes. En el mismo Salón figuraban tres envíos más del autor: un Paisaje y Dos vistas de la villa de Este.

 

En 1769 Fragonard se casó con Mariana Gérard, de Aviñón, y tuvo de ella una niña, Rosalía, y diez años más tarde, en 1780, un hijo, Alejandro Evaristo. Con el matrimonio vivían también Margarita y Enrique, hermanos de Mariana. Con fundamento o sin él la tradición anecdótica picante habla de las relaciones de Fragonard y su cuñada, mucho más bella y espiritual que su esposa.

 

La vida conyugal transformó las costumbres y el arte de Fragonard. La Hereuse fecondité; La Visite a la nourrice; La maitresse d’école; La Bonne- Mère…son de este período. Fragonard sobresalió también en la pintura de miniaturas.

 

La Revolución obligó a Fragonard a huir de Francia y refugiarse en Grasse en 1793, de donde volvió a París a principios del siglo XIX muriendo en esta capital en 1806, preterido y casi olvidado.

 

El Columpio, de Fragonard, que se encuentra en la colección Wallace en Londres. Su gestación nos la cuenta Charles Collé, autor de canciones y poesías hoy justamente olvidadas, pero cuyo Diario ilumina muchos recovecos de su época.

En octubre de 1766 el barón de Saint-Julien encargó al pintor Doyen, entonces en boga y hoy relegado a las buhardillas de la historia del arte, un cuadro en el que el propio barón podía contemplar las interioridades de su amante, que, al parecer, lo era también de un obispo, de tal forma que los tres figurasen en la tela. Saint-Julien sugirió el tema: en un columpio, movido por un obispo que sobre sí llevaba todo el trabajo, figuraría su amante que en sus movimientos ofrecería al barón el encanto de sus bajorrelieves.

Doyen no se atrevió a pintar el cuadro, le pareció demasiado licencioso y recomendó al barón que se dirigiese a Fragonard, entonces en la cúspide de su fama y con reputación de ser inimitable en escenas galantes. Fragó , que así era conocido Fragonard en París, convenció a Saint-Julien para que sustituyese la figura del obispo por la de un marido complaciente, pues la dama era casada. Y así se hizo. El cuadro, tras varias vicisitudes debidas a la Revolución francesa, pasó a la galería del duque de Morny, hermano bastardo de Napoleón III, quien lo ofreció al Louvre. La oferta fue rechazada, ¡en tan poco se consideraba la pintura del siglo anterior!, y fue adquirido por 3.200 francos por lord Hertford. Hoy se considera como una de las joyas de la pintura francesa del siglo XVIII.

si tomas a esa gente en serio estás perdido

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