Lamarga

He dormido un mes y medio con un muerto.

In Cuadernomar on 21 mars 2009 at 2:22

articulo-muerte-del-vecino1
No, no se trata de mi ex con su carácter agriado y su pasajera pero permanente hostilidad a darle al cuerpo; a él todo el morbo en la palabra. Es mi vecino.

Antes de contar lo sucedido pienso en mis compañeras de trabajo en el Invifas, a la altura de las torres gemelas en el Paseo de la Castellana. Las chicas pegadas a la pantalla, en otro capitulo de esta telenovela que dicen me llevaría a la fama. Todo lo que por ahí se pierda me cae encima.

Breve recapitulativo y muerte en si.

Regresé el 10 de enero a Le Havre, el día después que nevó en Madrid a blanquear la ciudad y desde entonces silencio. La pared de mi cuarto da al cuarto,- estudio es como llaman a los apartamentitos-, de este señor gordito, con bastón, atizado por el vino, quien consideraba una obligación pedirme una moneda, azúcar, agua, leche o criticar las esculturas del corredor que compartimos. Cuestión de que quede claro, quien es quien, y el territorio de donde se viene.

El venía de la calle y el Estado francés le dio un techo. No recordaba el último año en que vivió en una casa, quizás en la infancia lejana y son rudos los inviernos.

Desde que llegué ni una voz, nadie maldecía a las sillas o tiraba el vaso, no tenía eco y comencé a preguntar por su suerte. Un mes y medio pregunta y protesta con la guardiana del edificio, señor, que pasaron hasta las fiestas donde estamos censados compartir saludos.

Hasta la noche de ayer domingo que pasé del desvelo a los escalofríos y sensaciones extrañas, a lo cual mi negrita, la gata Mimi se sumaba con los pelos paraos, lo que me era de poca ayuda.

Esta mañana vino la policía, el cerrajero, el notario publico, y la asistente social . La calle repleta de curiosos. Abrieron la puerta con gran ruido y lo encontraron muerto, por lo menos desde fines de octubre. No había olor en el pasillo, pues hace demasiado frío y las casas están “hermetizadas”.

Recogieron los restos en un saco negro, plástico, como los de basura y se lo llevaron en un camión blanco y fue entonces que comenzó el tufillo, más bien una picazón en la nariz y en los ojos y un desconsuelo indefinible del aire, soportable eso sí, pero perenne. Parece que quiere despedirse del olvido. El que nunca tuvo casa, no quiere abandonar su techo, ni que le molesten el gran sueño.

No, nunca tuvo nombre, solo « Monsieur » y un raro apellido.

Heme aquí poniendo vela e incienso. Compré albahaca y ron blanco para despojarme. He dormido todo este tiempo al lado de un muerto, pared fina contra pared, sin saberlo. Una estrecha capa de cemento te divide, mientras se este de este lado lo cuento, pero no me extraña que hoy vele, tenga deseos de meter al primero que pase en mi cama , ni que desafine.

viejo

lundi 23 février 2009


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  1. Me encanto eres una escritor fenomenal

  2. Me gusta el collage con la foto del Abasto, casi ni se nota

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