Lamarga

el ser humano

In El Moro Fayad Jamis on 4 septembre 2010 at 8:00
Siempre el ser humano
Mercedes Santos Moray • La Habana
 
“Con tantos palos que te dio la vida

y aún sigues dándole a la vida sueños.

Eres un loco que jamás se cansa

de abrir ventanas y sembrar luceros.

Con tantos palos que te dio la noche,

tanta crueldad, frío y tanto miedo.

Eres un loco de mirada triste

que sólo sabe amar con todo el pecho,

fabricar papalotes y poemas

y otras patrañas que se lleva el viento.

Eres un simple hombre alucinado,

entre calles, talleres y recuerdos.

Eres un pobre loco de esperanzas

que siente como nace un mundo nuevo.

Con tantos palos que te dio la vida

y no te cansas de decir: ‘te quiero’.” 

El poema es emblemático…, incluso ha llegado al punto de perderse su autoría… porque son versos compartidos, apropiados, en ese proceso de retroalimentación que se produce, más allá del tiempo, entre la mano del escriba, sus sentimientos más íntimos y cuantos lo leen, más allá de las diferencias de épocas y de circunstancias… es el hecho mágico, el que permite navegar a don Antonio Machado por encima de los Pirineos, y dejar el pueblecito oscuro de la frontera donde todavía están sus cenizas, y no en su tierra natal, y multiplicarse… pienso que el Moro también disfruta de esa secreta paz, de esa armonía que lo deja latiente, entre otros seres, mientras se sonríe, como solía hacerlo, y mira desde sus intensas pupilas negras, hacia el horizonte en el que, seguramente, ocupa un espacio… 

Fayad Jamís, o el Moro, como se le llamaba con el cariño, la admiración y el respeto que infundía en cuantos se le aproximaban, fueran o no sus amigos y compañeros de cofradía, y él se dedicaba entonces a escuchar, con una extraña capacidad de oír a sus interlocutores, sin importarle mucho los minutos, las horas que consagraba a esos diálogos fuera de tertulias o de cenáculos, en los que descansaba del diario acontecer, de las tensiones de su propia obra, esa que ocupó escenarios entre imágenes y palabras, entre sonidos y silencios, ya por la vía del verso y la escritura, de la propia oralidad o del óleo y las espátulas, en ese oficio suyo de abrir la verja, tirar las pedradas, y transitar por los puentes… 

El Fayad que tradujo a Paul Éluard, el que fue joven a París, y allí se nutrió de vivencias, de cultura, de raíces y de otras razones para vivir, el mexicano hijo de libanés, el que tuvo la infancia en Guayos, poblado de Sancti Espíritus que lo tiene como hijo propio, el que estudió Artes plásticas y luego fue maestro, para trasmitir sus conocimientos y, sobre todo, gestar inquietudes, motivar a otros, entonces tan jóvenes como él lo fue un día… aunque si pensamos que solo vivió 58 años… en verdad, casi no conoció de lo que ahora eufemísticamente se nombra como la tercera edad. 


“Búcaro en negro”, monotipia y tinta/ papel

El Fayad que estuvo en la prensa y el diarismo, el editor y también el que asumió responsabilidades diplomáticas o fue ocasionalmente funcionario de la cultura… pero siempre, el ser humano, el poeta que nos dejaba asombrados entre figuraciones de marcado acento expresionista y sus abstracciones espléndidas… el pintor que descendía a los infiernos, con la angustia milenaria del hombre ante su propia existencia y gritaba versos como los de aquel libro suyo que le premiaron en el Casa de las Américas, Por esta libertad… como el de la profunda reflexión filosófica de Los puentes, en el centro de la cultura y del arte, o los golpes intensos de La pedrada o Vagabundo del alba y de Abrí la verja de hierro

Ese Fayad que no ha sido laureado ni con el Premio Nacional de Literatura ni con el Premio Nacional de Artes Plásticas… el poeta inmenso de la generación de los 50, el que sabía escuchar el silencio y disfrutar de las pausas, para aprehender la sustancia mítica del verbo… el artista que recibió tantos golpes, como ese cáncer que fue minándole y que dolía, dolía mucho ver ya marcándole el rostro aceitunado… Fayad Jamís… “un loco de mirada triste que solo sabe amar con todo el pecho,/ fabricar papalotes y poemas/ y otras patrañas que se lleva el viento”.

http://www.lajiribilla.cu/2010/n487_09/487_01.html

Otros articulos en el Homenaje de la Jiribilla,

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Jorge Alfonso Sierra Quintero* • Costa Rica
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