Lamarga

Pablo Armando Fernández y Fayad

In El Moro Fayad Jamis on 4 septembre 2010 at 7:34
¡Abramos las puertas!

Pablo Armando Fernández • La Habana
Foto: Cortesía de Luis Marré
 
 

Debo, como tantas otras aproximaciones al arte y las letras, a Harold Gramatges y Manila Hartman, mucho de cuánto ha guiado mis pasos desde muy temprano, en plena adolescencia, hasta el presente. Mi primer encuentro con Fayad Jamís se realiza con la incesante búsqueda de mi ser cubano en la antología Cincuenta años de poesía cubana de Cintio Vitier que Harold puso en mis manos para que conociera a quienes me precedieron en la poesía.

Poemas extraídos de un libro inédito Los párpados y el polvo, seleccionados por Cintio, sitúan a Fayad  “decididamente en lo más valioso y penetrante de nuestra lírica”. Aquel encuentro me condujo a conocerle personalmente. Le comenté cuán cercano nos encontrábamos, tanto que me sorprendió: “Si abro esa puerta nada se fugará”, verso suyo abrazado a uno mío: “Si abrimos esa puerta / habremos penetrado otros dominios”.

Mas, Fayad clama: “Tengo miedo. / Aquí en lo oscuro, en lo cerrado… No. Abriré, no, no abro; tengo miedo / de que algo imprevisto salte y se confunda entre las cosas que no amo”. De esa desesperada, angustiosa situación surge y se publica Los párpados y el polvo.

Nacido en 1930, en Ojocaliente, Zacateca, México, padre libanés y madre mexicana, emigran hacia Cuba. En Guayos edita su primer libro Brújulas. En 1949 viene a La Habana para estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Aquí, la soledad, la pobreza, el miedo se instala en su ser y su poesía. Esos reencuentros en La Habana reafirmaron nuestra humana, amistosa, fraternal relación, pese a que él partía hacia París, casado con la poeta Nivaria Tejera y yo regresaba a Nueva York, donde residía. En 1956, acogido por la Luz que me ha guiado, contraje matrimonio con María Julia González (Maruja).

En 1959, la Revolución triunfante devolvía a casa a un grupo de poetas, escritores, artistas plásticos de nuestra generación, dispersos por Madrid, París, Nueva York; México, Caracas. Entre ellos regresamos Fayad y yo, la poesía estrechó aún más nuestros lazos familiares, para ese entonces habían nacido nuestras hijas, la suya, Rauda, en París, y la mía, María Angélica (Geca), en Nueva York. Ya en La Habana con su fraterno Roberto Fernández Retamar “Cástor y Pólux  de la nueva poesía cubana”, seleccionan y publican Poesía Joven de Cuba, que reúne a poetas de nuestra generación de Escardo a Baragaño.

En 1960, acompañados por un grupo de intelectuales y artistas visitamos China y la Unión Soviética. De los 10 que iniciamos ese fabuloso recorrido, solo Fayad y yo permanecimos allá, decisión que nos permitió visitar Kiev en Ucrania, Bakú en Azerbaidján y Leningrado en U.R.S.S. Ya en Cuba compartíamos reuniones vinculadas a nuestras labores intelectuales y artísticas, encuentros amistosos en los que compartíamos ideales y empeños por fortalecer nuestros medios creadores: la UNEAC, la Casa de las Américas, relaciones con escritores y artistas amigos, conocidos en países visitados y encuentros en provincias.

El Moro, como solíamos llamarlo sus amigos más cercanos, no ha dejado de acompañarme, un hermoso lienzo que fija zonas de la infinitud se mantiene en casa, todo color, composición, textura que emana de la Luz. En 1959 inicia su Colección Centro en la que aparece “Vagabundo del Alba”, poema dedicado a Nicolás Guillén, que como él ha recorrido las calles y plazas de París. Su libro Los Puentes, animó, fortaleciendo mi espíritu y me entregué a seguir sus pasos, su mirada, su sentir y saber. Permítaseme recurrir a mi texto sobre ese libro: “Dijimos que Fayad Jamís había actualizado con su poesía una línea de la sensibilidad poética cubana; la que surge de la intimidad del hombre como un puente entre la geografía y la cultura, entre los sentimientos y las ideas, entre el mal por ignorancia o conocimiento y el bien por sensibilidad o disciplina; entre las estaciones de la vida y la muerte… En Fayad Jamís lo cubano está en las reminiscencias, suyas o ajenas, y la condición de la luz nuestra, de mostrarlo todo, casi impúdicamente, sin reservas, sin contención… Libro de unidad temática, Los puentes maneja discretamente los grandes temas de la poesía de todos los siglos: la libertad, el amor, la muerte en un verso delicado y casi siempre hermoso, peligro al que el poeta arriesga muchos de sus logros más auténticos… Poemas como “El ahorcado del café Bonaparte”, (que felizmente me fue dedicado) y “Por una bufanda perdida” sitúan a este poeta entre los más serios y auténticos de nuestra poesía. Fayad Jamís acaba de trascender los límites de lo nacional”. 

Celebramos festivamente con toda el alma, el Premio Casa de las Américas, que obtuvo ese año espléndido para su poesía, con Por esta libertad. Atendamos a uno de los miembros del jurado, el ilustre Juan Marinello: “En Por esta libertad sentimos la sugestión de la poesía verdadera; pero en las páginas que siguen, el mensaje ha cobrado vitalidad y hondura, como el río que, siendo el mismo, encuentra a su paso obstáculos a nivel de su fuerza y su destino. Creo que en estos poemas levanta la frente un poder lírico de mucha altura y que desde ellos puede saludar nuestra poesía las señales más altas de otras tierras afortunadas”.

En 1983, me proporciona el regreso a un sueño añorado por décadas México, su suelo natal. Asisto al encuentro de Poetas en Morelia. Con su obra, su fidelidad a su espíritu encarnado en la poesía, Fayad reafirma lo expuesto por Cintio en aquellos días de nuestra juventud: “Señalamos en él una mirada poética muy sagaz para intuir la imagen que salta venturosa de lo cotidiano a la memoria,  y un pulso creador que nunca lo aparta demasiado de las vivencias reales inmediatas”.   Acá, unos días antes de su despedida hablamos de cuánto hemos de conservar: las puertas abiertas. ¡Abramos las puertas! ¡Sí, hermano del alma, tu obra nos ayuda!

http://www.lajiribilla.cu/2010/n487_09/487_06.html

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