Lamarga

Accidente aéreo

In La costurera de Malasaña on 21 février 2011 at 1:13

Accidente aéreo


Un hombre alado salió un día a dar una vuelta

y al aterrizar en el prado que habituaba

encontró que habían construído una ciudad en su lugar.


En mi casa siempre oí cantar, era mi abuelo

que hacía bocetos de ángeles a la medida

de mi pie descalzo.


Ahora habita en las azoteas de Madrid

donde el tiempo no existe

y una citadela de ángeles vigila

a los fumadores de porros,

a las mujeres que duermen

a la sombra de Al Fénix

y parecen solas,

pero casi siempre las cabalga un adolescente.


Por más que busco no encuentro

a la Virgen de los Peligros,

con su nimbo de luz de la marca Moore,

haciendo milagros de bombillas.


Aurora, desde la azotea apenas me ve

-cosas de la perspectiva-

por muy diosa que sea se tira a fontaneros

que saben manejar el metal

y cuando llueve se lava,

calada hasta la madera.


Minerva en el Círculo de Bellas Artes,

a 58 metros sobre la calle de Alcalá,

a pesar de estar hueca murmura que

su miedo es el viento.


Pero en realidad es el Hombre a quien teme

pues cuelga su traje ahumado,

sobre el filo de la ventana, hacia el abismo

la tendedera y sus ganchillos que saltan

pavorosos al vacío.


Cuando un trozo del ala de Pegaso cayó sobre la calzada

la Real Academia de San Fernando dictaminó

que « en evitación de alguna catástrofe »

se bajase a los centinelas de  mármol.


En aquel entonces los bloques se desmoronaban,

y no hubo más remedio que cortarlos,

aunque entre tejados se escuchara

como ponían el grito en el cielo.


Bajar fue casi tan complicado como había sido subir

a los vigilantes de las azoteas.

Durante horas, abandonados en la acera de la Gran Vía,

semejaban a fantasmas de desterrados.


Entre la plaza de Legazpi y la glorieta de Cádiz.

volvieron al suelo los originales

pues no tiene sentido adornar tejados

ni esconderse a la sombra de ángeles.


Pero todos eran sustitutos, pura copia-


Cada marzo un rayo de sol atraviesa la cabeza

del Ángel caído que añora el prado

y sobrevuela criminales

que transitan sin dios ni rodillas,

fabricados de la misma manera que sus padres,

esculpidos en barro, quemados por

la cera, con un pequeño corazón donde se coló el bronce.


Yo sigo escuchando, pero quizás solo sea el abuelo

que reza sin poder tocar tierra.


La costurera de Malasaña

Vigilantes del cielo

Una treintena de edificios tienen esculturas que sobrevuelan la ciudad

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