Lamarga

cosillas rescatadas.

In articulos, pinturas on 1 août 2011 at 6:31

MARTES 23 DE FEBRERO DE 2010

La Marga. Una Chagall cubana.

Con la vida: Margarita García Aloso, Óleo sobre tela



Ernesto Hernández Busto, es un maestro de matemáticas que nunca ejerció. Se ha creado una leyenda de traductor incólume, crítico literario, crítico de artes plásticas, politologo, historiador y todo lo que estimule su ego. En la contradicción entre realidad y fantasía se encuentra el motivo de su estampida de Méjico. Como crítico de arte considera la obra de Margarita García Alonso « Kitsch » y sin fuerza de expresión, reseña cultural de la que se apropia José Vales-Sito para utilizar los mismos atributos en sus ataques. Dos tuertos no hacen un binocular. La razón por la que Ernesto, enemigo acérrimo de las izquierdas de Encuentro se hace partícipe de esta guerra, es complicada y necesita por lo menos de una entrada particular. Queriendo escribir una respuesta a las incursiones culturales del Pillo de Barcelona y su aliado reptil, me encontré con este escrito de hace tres años, pero de gran actualidad, que reproduzco casi en su totalidad. Ernesto debería leerlo, para que siguiera el consejo de mi abuela: Concecta el cerebro antes que abras la boca.
LA MARGA: UNA ISLA EN SU PINTURA
Por Carlos Wotzkow
Una mujer y una isla, un poema y una isla, o una isla y un poema hecho pintura
La espuma, el verde de los árboles y su miedo, su hambre en el vientre. Rudos días donde entra al paisaje, al vértigo de isla perdida entre las olas. Mi terrible hija mi mujer abandonada, mi isla de insomnios, despeinada zozobra entre bestias que horadan su vientre en la inerte laguna. En el ojo negro de la tempestad la palma real roza la nube asustada, huérfana, que viene de lejos, buscando protección. Recientemente he tenido el privilegio de toparme con una poetiza cubana que se cansó de escribir poemas y se dedicó a pintarlos.
Y sí, soy un afortunado de conocer a esta Chagall cubana (Pájaros que no conocerán la primavera, L’ânge de la mort) con importantes excepciones, como lo constituye el dolor de su pintura en el exilio y el trabajo artístico que plasma sus experiencias en un mundo impuesto (Esta herida del destierro, Cartas a Yovani Bauta)….
Entonces me tropecé con la pintura de Margarita García Alonso, una artista madura en la poesía y que en mi modesta opinión ganaría cualquier premio gracias a su neofiguración sensual del micro mundo humano. Mi primera impresión al ver la gran versatilidad de su obra fue sentir el juego magnífico que sólo ella logra con sus colores primarios. No puedo recordar cuando sentí por primera vez esa sed saturada de colores dentro de una obra monumental y a la vez minimalista que, conectada de alguna manera a mis sentidos, estimularan tanta pasión.
Cuando choqué con sus trabajos Dibujito y Monde Cubain, no creo recordar que alguien haya podido plasmar (y decir) a Cuba mejor. Margarita es parte del drama cubano estruc- turado en atmósferas y que para algunos allá, en Francia, puede resultar onírico. Para mí, su pintura es realidad factual, es como si nos dijera que los principios generales del gusto humano no pueden ser uniformes. No, su héroe no es el mismo que complace a isleños y a desterrados. ¡Y no!, no son esas mujeres de nuestra artista exiliada las mismas que complacen a los creadores de la isla. Aquellos más bien, las crean para procrear.
La pintura de esta cubana en Normandía, fascina lo mismo en la Gran Manzana como lo hace en tierras helvéticas. Sus desnudos (Mi tiempo, Sirene, Viaje, Exilio 4, Ma vie sexuelle) aparecen como entidades extrañas al ojo lúdico cubano hasta que, de repente, pensamos en ellos con el pulso y la aceleración rítmica de un Lecuona interpretado por Bebo Valdés. Y sí, repetición, variación y sorpresas nos dispensa, hasta que la modulación nos deja ver la divina melodía en forma de siluetas y dibujos… ¿infantiles?
Si el gusto artístico es arbitrario a cualquier intelectual, ello se debe quizás, a que posee una voracidad ecléctica y… quién puede mostrárnoslo mejor que la obra de La Marga. Sus cuadros se apropian de los mensajes de la poesía y qué cultura, por lejana que esta sea, no ama los poemas. Un ejemplo de ese eclecticismo lo notamos en sus óleosSensualidad y Humanité, que se me antojan como una de las vertientes culturales cubanas más reconocidas: una mezcla de melodía folclórica y clásica fragilidad que, a pesar de estar limitadas en un territorio silente, parecen poseer un ritmo incorporado.
Fue Heisenberg quien nos enseñó que la posición y el momento de un objeto son inherentemente inciertos porque ambos están sujetos al acto de la observación. Y la pintura de Lamarga es un arte extraño y perturbador (Pequeños formatos e historias de exilio 1, La plus vieille machine du monde, La fureur de vivre), porque está hecho para recordarle al observador que ha sido concebido en un mundo extraño y en un lugar molesto: el exilio. El cuerpo femenino que Margarita García Alonso (Proceso de Creación, Voyage sans retour) nos propone, es un lugar saturado de deseos encontrados: una red tejida por la tristeza el sexo y la necesidad humana.
Muy duros deben haber sido los primeros años del exilio en Francia cuando una poeta sale de un país con tendencia forzada de postmodernismo y descubre en la pintura otra característica en la naturaleza humana: el hambre por la libre expresión, especialmente, el hambre propia por una identidad propia, no colectiva. Si lo que usted busca es la belleza publicitaria en el arte de Margarita García Alonso, visite mejor un Carrefour y cómprense un par de afiches baratos a su gusto. La belleza “tradicional” no ocupa espacios en el arte de esta cubana, porque su arte está afincado en la experiencia de la tristeza y el sufrimiento humanos (Santa Tierra [con la saya sucia de sangre]). Lo que yo aprecio en la pintura de Lamarga no son los cuerpos perfectos de sus modelos, sino la emoción que me produce mirar la buena poesía hecha a base de contrastes de color. ¿Hay acaso buena poesía que no sea triste, colorida, desesperada?
Margarita García Alonso es hoy libre del postmodernismo cubano, más no ajena a los obstáculos de su ambiente francés. La dureza y la soledad de su exilio en Francia la han moldeado como la verdadera artista que es hoy. La parodia cultural de Cuba ya ha quedado prohibida en un atelier aislado en otro país en donde la auto-parodia es también común. La poesía y la pintura de Margarita García Alonso son a mi juicio expresiones obsesionadas con la verdad. Es como si la artista exiliada no transara con las utopías. Al menos, no de una manera complaciente y jamás, relajando su pulso ante los conflictos cubanos que tanto le atañen y afectan.
Imposible que Lamarga borre de un pincelazo la perversidad que le rodea. Imposible verla perdiendo sus colores, cerrando más ojos que los de sus dos “Mujercitas”durmientes, o a sus anhelos mimetizados en el trasfondo de sus más impresionantes telas.
Escrito por Demønius Maximum a las 13:18

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