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Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso, en HUESO LOCO

In Mis libros, pinturas on 6 novembre 2013 at 7:29

 

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso, en HUESO LOCO

 

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso , en HUESO LOCO

 Margarita García Alonso is a poet, journalist, writer, editor, and visual artist. A graduate in journalism from the University of Havana, she studied Master Industries graphics-creation, pagination and videos, in Fodeno, France. Born in Matanzas, Cuba, she lives in France since 1992.

Grasofismos y poemas, de Margarita García

Huidas

“No me he hecho, me han hecho”. Goethe

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo
de la ventana donde vi pasar a Madame Bovary,
al perro, al descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.

Huí del óleo que latiga mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.

Huí del aguarrás que come iris, vista, desvelo
Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.

Huí de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre
no aparece en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños envases
donde depositan la herencia.

Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfundada en botas de cuero rústico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.
Huí del barranco en el que solía ser
Mer de la Manche sin interesarme
el último estreno.
Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.

Huí de mi hija,
huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia
con mi carreta desvencijada
por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.

Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.

Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.

Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.

Huí de mí que era la muerte y la escasez de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme.

grasofismo3

Eje de cuentos

Cuando te fuiste al chalé de la montaña
con cuatro turbios desconocidos
a fumar todo el fin de semana,
mi vientre engendraba un feto que temía.

Recuerdo que la angustia nublaba las calles
y me preguntaban direcciones
y atrozmente entregaba
lo último que recuerdo estando viva.

Hubiese podido quedarme si no fuera
por mi frágil corpulencia y esa antigua
seducción hacia el desastre.

Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la anoche aterra.

grasofismo1

Los espejos atormentados de Egon Schiele

(Tulln, Austria, 1890-Viena, 1918)

Cruzando la Ringstrasse frente a la Ópera,
sorteando tranvías bajo la ventisca,
me pregunto si somos si pensamos
o deseamos ir al confesionario
con la lengua mutilada por la angustia
de sentirnos monstruos en el espejo de la mañana.

La negrura pinta hasta la extenuación
un Rembrandt de ejercicio narcisista,
en un adusto receptáculo
de hormigón y cristal donde mi cabeza
otorga al cuerpo dislocado
esta mirada de pobre diablo
plagado de tristeza.

Egon Schiele no responde, es un fantasma
de 28 años que tose la gripe española,
tras 24 días en la cárcel por pintar desnudo
               niñas y niños
en la velocidad del vértigo.

Shiele rastrea, olisquea la bien-pensante
y conservadora sociedad vienesa
que excluye la muerte por chic y banal.

Shiele en mil pedazos arrogante
como el emisario de otro mundo
se ha asomado a un lugar horrible,
ha visto cosas que los demás no han visto,
pero no puede contar el trasunto del diablo,
es solo el sacerdote que murmura mensajes.

Un trazo poderoso me cruza el ojo
en guisa de respuesta.

grasofismo2

El ángel negro taladra el muro

“¿Por qué es pesado tu vuelo,/por qué se atrasa?/-He pasado quince años/ hablando al muro/ y ese muro lo arrastro yo solo/ desde mi infierno/ para que ahora/ os lo diga todo…” WH.

Vladimír Holan no tenía Dios,
pero creía en los milagros del encierro,
donde no compran no venden lengua
y la razón es una piedra resistente
al traspiés de las sombras.

En 1948 le prohibieron
-los comunistas le vetaron el verso-
y se encerró por Kampa,
en La gruta de las palabras
de las islas del río Moldava,
donde cada amanecer las brumas
abanican delirios.

En su casa de Praga.
echó cortinas y dormía de día,
vivía de noche.
De muro a muro el poema rebotaba
como una pelota de palabras
mal acentuadas,
junto a cacofonías del eco
que abruma si calla,
cuando calla
y el vacío se instala.

Acariciando el muro escribió
cinco novelas que luego destruyó,
diez libros de poemas de poca suerte,
y tradujo a Baudelaire, Rilke, Góngora.

Para Holan el reloj era escurridizo,
arena ahumada en el paladar,
rendija hiriente en el ojillo.

Como un Mozart alcohólico
prefería al fantasma de su madre
que le visitaba con el canto del gallo,
-jazmín y taza humeante de té,
espantando las trompetas
de la afamada coreografía mundana.

Nunca acudió a recoger premios,
recorrió todas las distancias de la vida
cuando tenía seis años
y caminaba cuatro kilómetros

– día a día aprendiendo
el nombre de las plantas-

               para estudiar latín
en un convento cercano a Podolí.

En 1980, cuando salió de su casa
con 75 años para morir en un hospital,
arrastraba cuatro paredes descorchadas.

En el lugar de la puerta,
Holan había abierto a cabezazos
un hueco tan inmenso que su cuerpo
sobrevolaba el horizonte
donde un pájaro en simple atuendo
graznaba, libre.

 
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