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DOS POEMAS DE MARGARITA GARCIA ALONSO en La Balsa de la Musa El blog de Armando VALDES-ZAMORA

In AmiGos, Cuadernomar, Margarita Garcia Alonso on 22 octobre 2015 at 11:35

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2 mars 2014

DOS POEMAS DE MARGARITA GARCIA ALONSO

LA DEL VELO 

Yo voy con el velo a todas partes

y regreso con el velo y una manta a casa.

En el índice, el dedal

acoteja manzanos bajo un cielo

desesperado de grises

que desde el faro,

sobre toda la Normandía,

promete rasgarse.

En el bolsillo, un libro descarnado

me adentra en el país que huyo.

Un libro que crece

como una flor carnívora

se alimenta de mi matriz

y mancha de rojo coral a la paja.

Coral que en el puerto

convierte el dique en isla

a merced de mi velo,

de mi encierro sin éxtasis.

Liviana como una tablilla

de copos de trigo

suspendida sobre la cabeza

como un viejo manuscrito

prometo derrumbarme en polvo

de todo lo que falta.

 

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OFICIO AGUADOR

El aguador está para repartir sorbos de fama,

la sed es inmensa, la aridez aplana

la callejuela donde tarda la primavera.

Viene de muy adentro la nieve que quema

he leído a Maupassant, Rilke,

Rimbaud , Céline,

a cuanto buen francés, chino, japonés,

inglés, español de letras

supo antes que no alivian.

Me he sentado en sus camas

he tocado sus puertas,

me he inclinado en la ventana

que da al Sena

y he llorado por Hugo,

quien escucha a su hija

ahogarse frente

a los granos de tulipa

que viene de sembrar.

Me he apoderado de energías

que deambulan en aposentos normandos,

energías que destruyen la cuerda

con que el jardinero traza

un sendero de helechos bifurcado,

a prueba de racionalidad.

Van a repartir versos,

inspirados en inviernos

que se repiten como trenes de carga,

año tras año amaestran al Hombre.

Ahora mismo el puntero escribe nieve

como si degollara un toro,

con la destreza de un soldado

que se da a la lírica.

La sangre en el recipiente

huele a crimen mal pagado.

Si se me escapa la gota que mancha

la gota que salva de la sed,

de la esencia de la muerte

arrastro un coro de niños al

oficio del domingo

pero me da por repetir salmos

hasta que escampe.

Me consuela pensar que

si llega a ultramar este texto

podrán traducir la soledad,

podrán traducirme,

ya acepto

que no hablamos la misma lengua.

La campana de la iglesia

de Santa María de Le Havre

llama a los sedientos

han cortado flores en jardines orientales

han adornado el altar con encajes antiguos

la mano se desliza del bolsillo

a la jarra anunciadora de líquenes

putrefactos y todo en medio de escalones

que ascienden a una línea divisoria del vitral.

El vagabundo a la puerta del templo,

el sin techo en la palizada de Europa

duerme en el canto donde reparten,

como si fuese porción bestial,

la nota del ángel,

como si pudiesen abaratar la hambruna

y convocar tras el meadero público

una súbita caída de vino a tropel.

No hay mérito en vivir en esta cuadra del mundo

no hay mérito ni imaginación cuando cuento

lo que regala mi calle pues

el sordo organillero de la iglesia

machaca con sus pies el instrumento

y en cada pestañeo el mendigo alza la nota.

Estoy en la fila, siempre he estado en colas

que avanzan como culebrillas por comida,

por ropa, por papeles,

por los poetas muertos

sin inventar el himno que me salve

 

de esta visión apocalíptica.

Del poemario, El centeno que corta el aire, Betania, 2013

 

Ilust: Margarita García Alonso, Destination Paradiso

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