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Una tumba decente para FAYAD JAMIS

In El Moro Fayad Jamis on 18 janvier 2016 at 3:04
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(Guayos, municipio Cabaiguán, Sancti Spiritus, Cuba)
AQUI reposa el poeta FAYAD JAMIS, en Guayos, junto a su  amigo del alma,  el poeta TOMAS Alvarez.
  He pedido  a muchos conocidos  que pasen por Guayos, tomen  fotos,   y me permitan ver dónde reposa el Moro, hasta que salgamos de su hija Rauda Jamis, quien ha monopolizado su negocio con Cuba, usando sus restos.
Esta mujer completamente desubicada en maldad, se enteró que Najera, poeta mexicano ,  amigo de casa,  hacía trámites para que asistiera al traslado de la osamenta y adelantó, manipuló el asunto para impedirme que  asistiera.
 Las fotos son del amigo  Mel Rodry.
La desolación se instala, triste, demasiado triste que un poeta de su intensidad, repose en ese muro de barraca.
Quisiera sensibilizar a Edel Morales, a los poetas de la Isla, a las Instituciones, asociaciones y amigos del mundo, con esta situación,  desde mi  condición de « borrada », pido  una colecta para que  sea un lugar  decente, de peregrinaje.
Me duele ver estas fotos.
AGRADECIDA a Mey, siempre.
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PRECISIONES:
Fayad estuvo en una fosa común del Cementerio de Colón y sin nombre, desde su muerte en noviembre del 88 hasta el 2014. Tras muchas cartas que envié durante casi veinte años, el apoyo de escritores y sus sobrinos Alex y Alba, en Cuba procedieron a identificar sus huesos.
Cuando abrieron la fosa era imposible saber a quién pertenecía aquel reguero de tibias , entonces, directamente, me llamaron varias personas, en especial el escritor, profesor y editor mexicano Mario Nájera para demandarme detalles macabros, pues fui quien lo vistió por última vez y nada de lo que me contaban, del posible reconocimiento, era cierto.
En huesos, el Moro no tenía un pie más corto, los tenía planos, sus manos eran especiales, la forma de su cráneo también, sus dientes parejos, eso lo sé bien, no tengo rayones x pero conozco en morfología, además, le puse entre las manos unas llavecitas por eso « de las llaves de la noche » para que pudiera pasar a la luz, loco y simbólico, lo sé, pero así pasó y cuando el señor Nájera, (amigo y editor del Moro, a quien conocí en nuestra casa del Vedado) regresaba a Cuba con los detalles, pues vino a visitarme a la Normandía para precisiones, y me prometió que hacía trámites para que estuviese presente en Guayos ese día, la única posibilidad de que no participara fue la identificación expres, el traslado expres, y las noticias nacionales con bombo y platillo, presididas por su hija y funcionarios cubanos.
Bueno es decir, que nunca el Moro fijó que deseaba regresar al pueblo, a no ser para visitar la tumba de su madre. A Guayos legaba en el Testamento, todos sus pequeños formatos para crear una Fundación. Los planes de este Museo estaban en casa, la disposición la discutimos y los dibujos sobre la mesa.
Tomás estaba vivo; Marrero, Alcides, Retamar, Moreno del Toro, Víctor Rodríguez, Casaus, María, íntimos de casa, entre otros, pueden ratificar lo que cuento. Oficialmente y por segunda vez han matado a Fayad, han borrado los últimos años de su vida, al eliminarme por completo de lo que aconteció, incluso, saltando los detalles finales de la enfermedad.
Las entrevistas donde el Moro me menciona o donde estamos – la foto que todos conocen- han sido republicadas omitiéndome, al estilo que cuenta Kundera en una novela. Oficialmente el Moro pasó tres años de quimio, corretajes médicos y murió solo. La fantasma que le cuidaba fue una tal Margarita, que según Marilyn Bobes se perdió en la niebla y nadie sabe dónde está.
El Testamento donde el Moro destina su obra, con ironía dejaba objetos a este y el otro, su voluntad de protegerme en esas páginas, no cuenta para las leyes cubanas pues impedía con precisión la rapiñaría. No tengo que precisar que desconvenía a quienes cayeron sobre sus bienes.
No tuve ayuda para cuidarlo, y para poder enterrarlo, fue Retamar quien me tomó la mano y le despidió en el Cementerio de Colón. La fosa común de los artistas del circo fue la única opción que encontró en ese momento, la otra era la de los militares, pero ambos pensamos que de estar en común, el Moro hubiese preferido los malabaristas a la guerra.
El resto son las malsanos e indignos bretes de herencia, que ya conocen, su hija Rauda, se liga con las ex mujeres que se declararon ex viudas: Marta Jiménez, viuda de Fructuoso Rodríguez, y María Elena Ibarlusea, hija del embajador de Cuba en México, de quienes Fayad se defendía del odio constante – en estos días subiré algunas cartas de esos últimos tiempos, donde no hay que buscar el bicho de la discordia.
Pues estas poderosas y su hija, nacida en Francia y extranjera, jurídicamente no aptas para ocuparse de herencias en Cuba- según la Constitución, hicieron jurisprudencia, fui borrada del registro de nacimiento cubano y desde entonces vivo con esa vergüenza. Sus sobrinos mexicanos, presentes aquí en los comentarios, también fueron completamente pasados al olvido.
El Estado, su hija y las declaradas ex viudas- sin precedentes en ningún código del mundo esto de arrastrar varias viudas- tocan beneficios por la venta de los libros, bienes, pinturas, grabados, dibujos de Fayad Jamis; incluso sé que una de sus « ex viudas » María Elena Ibarlusea, ha propuesto la venta de sus cuadros a un galerista de Miami.
Eso es lo que hay. La versión oficial del Juventud Rebelde, la pego en el comentario que sigue, mencioné a Alberto Edel Morales Fuentes, pues estuvo presente en la ceremonia y quizás pueda mover esto en Cuba. El Moro no merece tanta porquería. Dejando a un lado las distribuciones arbitrarias materiales, los falsos títulos viudales, y manipulaciones interesadas, estatales como individuales, es hora de un poco de verdad, que se respete su memoria, su voluntad y su vida. El Moro no murió abandonado, estaba a su lado y sé.
Ya que fue desterrado al pueblo, que sea a un lugar decente. El Moro nació muy pobre, trabajó mucho y cuenta con la admiración y el afecto de tantos en este planeta, es imposible y triste admitir que repose como un indigente.
El regreso del Vagabundo del Alba
Los restos de Fayad Jamís, uno de los más prominentes artistas cubanos delperíodo vanguardista, fueron trasladados hasta el cementerio del poblado deGuayos, donde residió durante varios años el autor deCon tantos palos que te dio la vida, cumpliendo así uno de sus anhelos

13 de Noviembre del 2014 21:50:08 CDT

La octogenaria espirituana Rosa Castañeda no olvida aquella mañana del año 1946 cuando la maestra de Geografía anunció la llegada de un nuevo alumno. Desde el primer momento en que divisó al niño con rasgos que indicaban otra nacionalidad, reconoció que tenía talento y trascendería en el tiempo.

Y no erró; precisamente Fayad Jamís Bernal se destaca como uno de los principales artistas cubanos del período vanguardista. El poeta, pintor, diseñador, periodista, diplomático y traductor nació en Zacatecas, México, en 1930, y murió en La Habana en 1988.

«No conversaba mucho, pero se detenía a observar todo. Demostraba mucha sensibilidad y se interesaba por los temas de la cultura», rememora la anciana yayabera.

Aunque llegó a Guayos tras transitar por varias ciudades del país y su origen era mexicano, el «Vagabundo del alba» siempre hizo suyo ese poblado del centro de la Isla y al borde de la Carretera Central. Allí encontró a varios de los escasos amigos que marcaron su vida y descubrió su don para las artes.

En el pequeño pueblo, identificado entonces por el quehacer del central azucarero, aprendió los rituales del dibujo, publicó su poemario Brújula y organizó su primera exposición personal, inaugurada en Sancti Spíritus en 1949.

«Moro», como muchos le decían, en una entrevista realizada por el periodista Orlando Castellanos, publicada en el CD Palabra viva y editado por el Centro Pablo, expresó: «Realizaba los clichés para el cine del pueblo y me ganaba el dinero dibujando las envolturas de mazos de tabaco. Una mañana leí en un periódico sobre la convocatoria para ingresar en la escuela de artes plásticas San Alejandro y decidí matricular en ella. El 4 de octubre de 1949 partí de mi querido Guayos hacia la capital».

En La Habana, Fayad continuó pintando y escribiendo versos. Se relacionó con la intelectualidad de la época e integró el mítico grupo Los Once. Debido a la situación política y económica que atravesaba la Isla en 1954 decidió viajar a París, donde residió durante cinco años.

Ni Europa, ni su estancia en México como diplomático, hicieron que Fayad olvidara al pequeño terruño del centro del país. En ese rinconcito quedaron familiares, amigos y gran parte de su vida. Sin previo aviso, llegaba cada vez que podía vestido con guayabera de mangas largas. Visitaba siempre el taller de artes plásticas, dirigido por Mario Félix Bernal, y dedicaba muchas horas a conversar sobre el quehacer cultural del país con los intelectuales Tomás Álvarez de los Ríos y Crucelia Hernández. Se le recuerda siempre como una figura hierática con los brazos cruzados, que miraba seriamente de un lado a otro.

En reiteradas charlas con coterráneos y colegas de la capital, y por medio de cartas que aún se conservan, reveló su amor hacia el poblado y su deseo de ser enterrado allí.

Lamentablemente la muerte tocó sus puertas en la capital del país, por lo que su cadáver fue depositado en la bóveda dos, perteneciente al Sindicato de Artes y Espectáculos, ubicada en el cuartel noroeste de la Necrópolis de Colón. Tras la exhumación, los restos se trasladaron hacia el Osario de la Asociación Nacional de Operadores Cinematográficos, según revelan los archivos del camposanto.

El deseo del «Mexicano», como también se le conoció, de descansar en la eternidad en su amado poblado, no quedó olvidado. Su amigo Tomás Álvarez de los Ríos, mientras vivió, insistió en el traslado de sus restos. La joven espirituana Damaris Rodríguez Ramos, con la autorización de los sobrinos del «Moro», Alba y Alex Jamís, intenta honrar su memoria con un proyecto cultural dedicado a promocionar la vida y la obra del pintor.

«Supe del anhelo de Fayad luego de leer varias misivas entre él y Tomás, además de una entrevista publicada en Juventud Rebelde en el año 2003, donde los escritores Adys Cupull y Froilán González hicieron referencia al tema. Con el permiso de su familia residente en Guayos y Camagüey me di a la tarea de traer los restos hasta aquí», explica la espirituana.

Guayos estuvo en todo momen-to presente en la vida del «Mexicano». Su sobrina Alba Jamís recuerda que la última vez que lo vio había terminado un libro, aún en manuscrito, donde narraba varias historias del pueblo.

«Se titulaba Cómo están las buenas personas, una frase utilizada por Urbano, un personaje popular que expresaba eso cuando llegaba a los velorios. El texto, luego de su muerte, desapareció», añade la guayense.

En los primeros días de marzo de este año se dieron cita Damaris, los sobrinos de Fayad y el antropólogo forense Dodany Machado en el Osario de Operadores Cinematográficos del Cementerio de Colón, con el objetivo de identificar los restos del artista. Luego de varias horas de pesquisa, el especialista comprobó que ninguno de los 80 esqueletos humanos conservados allí era el del «Moro».

Identifican restos de Fayad Jamís

Sin embargo, eso no impidió la búsqueda, por lo que se solicitó el apoyo del historiador e investigador Ercilio Vento Canosa, espeleólogo y especialista de Segundo Grado en Medicina Legal, quien ha identificado a personalidades como el patriota tunero Vicente García y el matancero Manuel García; los del zoólogo alemán Johann Gundalch; de Fray Gerónimo Valdés, Obispo de La Habana, o los de Álvaro Reynoso, entre otros.

La identificación de los restos de Fayad se convirtió en un desafío para el estudioso matancero.

En conversación con JR, el también historiador de la Ciudad de Matanzas insistió en que el mayor interés no estaba sobre la tarea antropológica, sino en la parte humana del asunto, pues parte de la vida del intelectual se desarrolló en el poblado espirituano de Guayos.

La noticia de la voluntad de encontrar y trasladar los restos le llegó a Ercilio por voz de su amigo Alejandro Romero Emperador, presidente de la Sociedad Espeleológica de Cuba, quien le ofreció los antecedentes de la idea y le dijo que para la tarea de identificación de los restos se había designado al colega espeleólogo Gilberto García.

«Por Damaris conocí del valor cultural y afectivo que tenía esta tarea, iniciada el 28 de julio de 2012, y la importancia de recuperar los restos que no estaban correctamente identificados, aunque se suponía el lugar donde debían encontrarse. Supe de otros detalles de la vida de Fayad Jamís, tales como la enfermedad que lo aquejó y llevó a la muerte, sus relaciones familiares y, sobre todo, del movimiento que se gestaba en Guayos en torno a su figura.

«Una identificación de esta naturaleza suele hacerse en países desarrollados, que tienen la tecnología; no trabajan con los originales, sino con moldes, con copias en plástico; nosotros aquí pudiéramos hacerlo, pero es costoso. La medicina legal y la salud pública matancera han hecho un esfuerzo, demostrándose de lo que podemos hacer con alto rigor científico», consideró el investigador yumurino.

Regreso eterno a Guayos

El regreso de Fayad Jamís a Guayos significa el retorno eterno a sus calles, a sus parques, junto a sus amigos de siempre, porque la brújula, definitivamente, encontró su rumbo.

Veintiséis años después de su muerte, Fayad Jamís regresó a Guayos, su pueblo amado, donde descansará eternamente.

Su hija Rauda Jamís, familiares, amigos, intelectuales y pueblo guayense le rindieron homenaje en una ceremonia solemne que tuvo lugar, primero, en el parque del poblado cabaiguanense, en el que tantas veces compartió su entonces naciente obra. Luego, sus restos fueron depositados en un panteón del cementerio de la localidad.

«Aunque nunca le escuché ese pedido, estoy feliz y satisfecha de que descanse aquí, porque siento que es un lugar donde es muy querido», explicó Rauda Jamís, quien vino desde Francia para compartir junto al pueblo que nombró al «Vagabundo del alba» como su hijo ilustre.

Dieron un enorme valor sentimental a la ceremonia las anécdotas de quienes compartieron junto con él su amor por el arte, como el poeta yayabero Esbértido Rosendo, la música de la banda municipal de Sancti Spíritus y la guardia de honor protagonizada por familiares e intelectuales del territorio, además de invitados como Edel Morales, vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, y el escritor Alpidio Alonso.

 

El regreso del vagabundo del alba
(+fotos)

Fayad declaró a Guayos como su lugar de origen, pues allí vivió gran parte de la infancia y juventud.Tras largos años de espera, los restos del poeta y pintor Fayad Jamís serán trasladados para su descanso definitivo en Guayos.

 

“Una señal que no quiere convertirse en símbolo y se impulsa en el costado lateral de un pez. Una fulguración que entreabre las hilachas de lo subconsciente, pero sin redondearse ni terminar en lo explícito inmóvil: una flecha de cuyo extremo pende una linterna atravesando el ramaje. La forma jugando las dos esferas comunicantes: círculos sobre dólmenes, tortugas emigrando en un trozo de hielo, sosteniendo con sus cuatro patas, como en las fábulas chinas, lo estelar”. Así describió José Lezama Lima en 1967 la obra pictórica de Fayad Jamís Bernal, uno de los principales artistas cubanos del período vanguardista.

Poeta y pintor, Fayad nació en Ojocaliente (Zacatecas, México), en 1930, aunque él mismo declaró a Guayos como su lugar de origen, pues allí vivió gran parte de la infancia y juventud, aprendió los rituales del dibujo, publicó el poemario Brújula y organizó su primera exposición personal, inaugurada en Sancti Spíritus en 1949.

Los tantos palos que le dio de la vida lo hicieron trasladarse a La Habana, donde siguió pintando y enhebrando versos, e integró el mítico grupo Los Once. Luego viajó a París, hizo migas con André Bretón, el padre del surrealismo, y dio a conocer el volumen Los puentes. Tras el triunfo revolucionario regresó a la isla para continuar su carrera plástica y literaria, obtuvo el Premio Casa de las Américas con el poemario Por esta libertad, y ofició como traductor, diplomático, restaurador, diseñador gráfico y profesor de la Escuela Nacional de Arte hasta su muerte, ocurrida en 1988.

El doctor Ercilio Vento Canosa (a la derecha) durante la exhumación de los restos en la necrópolis de Colón. Sin embargo, el espíritu aventurero y trashumante de Fayad siempre vio a Guayos como ese bucólico sitio donde podía disfrutar una buena taza de café en compañía de sus grandes amigos. Allí regresaba siempre que podía y, entre los tantos destinos posibles, iba al taller de artes plásticas dirigido por Mario Félix Bernal, visitaba a Tomás Álvarez de los Ríos u organizaba largas tertulias en casa de la poetisa Crucelia Hernández. Muchos guayenses de hoy hablan orgullosos sobre el Moro o el Mexicano, sobrenombres que le endilgaron con cariño; a veces da la impresión de que, de tanto evocarlo, lo verán aparecer por alguna esquina, luciendo una impecable guayabera de mangas largas y caminando con aquella característica cojera que le hacía ladear el cuerpo hacia la derecha.

Para el año en que murió, su hija, la escritora Rauda Jamís, ya se había instalado definitivamente en Francia; por lo tanto, fueron los amigos y colegas habaneros del Moro quienes decidieron enterrarlo en la bóveda 2, perteneciente al Sindicato de Artes y Espectáculos, ubicada en el cuartel noroeste de la Necrópolis de Colón. Tras la exhumación, los restos fueron trasladados hacia el Osario de la Asociación Nacional de Operadores Cinematográficos, según consta en los archivos del propio cementerio.

Cumplimentando un anhelo histórico de Tomas Álvarez de los Ríos, a finales de 2013 Alba y Alexis Jamís Pimienta, sobrinos del pintor residentes en Cuba, retomaron las intenciones de trasladar los restos de su tío hacia Guayos. Para lograrlo solicitaron ayuda a Damaris Rodríguez Ramos, quien por aquel entonces se afanaba en la creación de un ambicioso complejo cultural dedicado a promocionar la vida y la obra del pintor, proyecto que actualmente continúa gestándose y tendrá como sede la tierra donde el autor de Brújula soñó sus primeros poemas.

El pasado 4 de marzo, el antropólogo forense Dodany Machado se reunió con los sobrinos de Fayad, acompañados por Damaris, en el Osario de Operadores Cinematográficos del Cementerio de Colón con el objetivo de identificar los restos del pintor. Tras arduas pesquisas, el especialista comprobó que ninguno de los 80 esqueletos humanos conservados allí era el de Fayad. Posteriormente, Alba y Alexis Jamís decidieron continuar la investigación en la bóveda 2; para ello, entraron en contacto con del historiador e investigador Ercilio Vento Canosa, espeleólogo, historiador y especialista de Segundo Grado en Medicina Legal.

De amplia experiencia en el campo de la antropología forense (al punto de haber estudiado las osamentas de personalidades como el zoólogo alemán Johan Gundlach y el Mayor General mambí Vicente García González), el doctor Ercilio accedió a trabajar en la identificación de los restos de Fayad atraído por el misterio.

Fayad ofició como traductor, diplomático, restaurador, diseñador gráfico y profesor de la Escuela Nacional de Arte hasta su muerte, ocurrida en 1988. Ya en la bóveda, Ercilio analizó los 30 esqueletos allí conservados hasta seleccionar uno que correspondía a una persona de sexo masculino, de grupo racial europoide y con edad comprendida entre los 55 y 60 años. Tras un estudio más riguroso, el especialista calculó la altura de la persona (1.75 o 1.80 metros), detectó huellas de anemia en el hueso frontal del cráneo y dictaminó un desgaste en la mortaja astragalina del tobillo izquierdo, lo cual provocaba que el individuo cojeara del lado derecho.

Estos elementos, unidos a las características de las mandíbulas y el rostro (edentia casi total, órbitas altas, glabela y arcos supraciliares desarrollados, mentón fuerte y cuadrado), y a las enfermedades sufridas por Fayad, le permitieron dictaminar que aquellos eran sus restos; conclusión sustentada tras efectuar una comparación para establecer la relación directa entre el sustrato óseo y los tejidos blandos, realizar una superposición fotográfica utilizando imágenes de archivo cedidas por los familiares del Moro y ejecutar una reconstrucción modelada del rostro siguiendo los métodos que actualmente utiliza la mayoría de los antropólogos forenses a nivel mundial.

En estos momentos, los restos de Fayad Jamís permanecen en la Necrópolis de Colón, aunque próximamente serán trasladados a Guayos. Según palabras de Damaris, “encontrarlo ha sido un sueño hecho realidad, pues así podrá descansar en la tierra que lo vio crecer. Por momentos pensamos que nos enfrentábamos a una tarea imposible, pero al final lo conseguimos gracias al talento de Ercilio, cuya ayuda ha sido invaluable. Muchos artistas, poetas y personalidades de la cultura espirituana esperan con ansias el traslado; varios repentistas ha compuesto décimas para compartir con todos en ese momento. Y es que el Moro siempre fue, y sigue siendo, un guayense nato, hijo legítimo de un pueblo que aún lo recuerda y respeta mucho”.

Por su parte, el doctor Ercilio aseguró que “identificar los restos de Fayad Jamís ha sido una tarea compleja pero altamente gratificante. Ahora, donde quiera que esté allende las fronteras de la vida, en el seno de lo eterno, él sabrá que este retorno al amor de los suyos es un conjuro al maltrato que sufriera, y también nuestro modo de recitarle: si tantos palos te pudo dar la vida, después de ella aún te decimos te quiero”.

Comentarios

8 Respuestas to “El regreso del vagabundo del alba (+fotos)”

  1. isidorom dice:

    Con cuanta satisfacción e leido este buen reportaje, merece elojios, cuanta dedicación, tambien me es grato conocer la gran ayuda del Dr. Ercilio, todo para que al fin descanse en paz el mexicano-guayense en suelo de Guayos.

  2. Maikel José dice:

    Queridos lectores:
    En primer lugar, muchas gracias por las recomendaciones y notas aclaratorias que han hecho a este artículo. Debo reconocer que no soy periodista, sino historiador del arte, aunque publico asiduamente en Escambray gracias a la paciencia de su colectivo de trabajadores. El artículo Regresa el vagabundo del alba forma parte de una pequeña investigación que Damaris y yo estamos llevando a cabo sobre Fayad; investigación que tributará de manera directa al centro cultural que, una vez fundado en Guayos, se encargará de promocionar la obra plástica y literaria del Moro. Cierto es que he olvidado mencionar a Margarita en el texto, pero ese era un dato del que no disponía hasta leer sus aclaraciones. Desgraciadamente, muchas veces es casi imposible acceder a las personas que poseen ese tipo de información; por suerte aún disponemos de lectores críticos capaces de opinar y aclarar entuertos de forma tan inteligente y oportuna. Agradecería cualquier información que puedan aportar sobre Fayad, e incluso me interesaría contactar con sus familiares en el extranjero. Por favor: pueden enviarnos fotos, datos, fechas, poemas… todo lo que consideren importante sobre la vida y la obra del maestro. Mi correo electrónico es marocalvo@gmail.com. Tanto Damaris como yo estaríamos muy agradecidos por su cooperación. Les dejo un abrazo enorme, mucha salud y suerte, y ojalá nos veamos por ahí…
    Maikel José Rodríguez Calviño

  3. Fidel Ginoris dice:

    Me pregunto por qué no hay una mención a la escritora Maragarita García Alonso en este artículo, sabido es por todos los que admiramos al maestro que sus últimos días los paso amorosamente acompañado por ella.
    Justicia es justicia y la verdad debe primar en todo.
    Gracias por la información.

  4. Jose Luis dice:

    Gracias Estela,sobre todo porque parte de mi familia es cercana a la del poeta y que viven en Puerto Rico y Mismo….Desconocía esto que UD,generosamente comparte.

  5. Estela dice:

    Aclaración: Su hija, Rauda Jamis, nació y siempre ha vivido en Francia, en realidad tuvo poco contacto con el padre (No más de cuatro o cinco encuentros al final de la vida de Fayad). Es hija de Nivaria Tejera, escritora cubana residente en Paris desde los sesenta.
    Su aparición en La Habana, tras la muerte del Moro se debe a que estableció litigio para obtener la herencia.

  6. Estela dice:

    Omite usted un detalle de altura, cuando Fayad Jamis murió vivía con la poetisa matancera Margarita García Alonso y fue ella, quien se encontraba a su lado en el Hospital Almejeiras y junto al Director de Casa de las Américas, Fernández Retamar, tomaron la decisión de darle sepultura a Fayad en esa fosa comuna del cementerio porque no existía otra opción, así como que este despidiera el duelo. Margarita vive en Francia, durante años solicito su tumba tuviese nombre junto a sus sobrinos. Creo que pasados tantos años es hora de que se conozca que Fayad Jamis no murió solo, es imposible no mencionar sus últimos años de vida, ni a esta mujer que forma parte de la leyenda conocida por todos los intelectuales cubanos. En Google usted puede encontrar hasta la foto de ambos y sus sobrinos pueden corroborar lo anterior.
    Es extraordinaria la noticia para todos los poetas y habitantes de Guayos, tremenda labor para que repose en paz junto a su querido pueblo.

  7. Jose Luis dice:

    De lo mejor que he leído en larga data.Felicidades periodista a esto es a lo que llamo periodismo serio.

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