Maldicionario, una forma de decir sobre la búsqueda.

Margarita García Alonso, y su extraordinario poemario Maldicionario

Por Juan Carlos Recio

lunes, 19 de julio de 2010

Maldicionario, una forma de decir sobre la búsqueda.

Hay muchas formas de acercarse a una persona, aunque físicamente esté lejos, hay otras miles de mirar a su corazón, porque un misterio de fuerza nos ilumina a esa curiosidad. Otras veces mientras conocemos qué piensa el otro, cómo se proyecta, por las cosas que sus manos son capaces de brindarnos, un rostro, un sentido de pertenencia. Cuando ocurre es como encontrar un tesoro que no presume de piedras preciosas o de espinas, lo que importa es que no sea un invento.

Esto me acaba de pasar con Margarita García Alonso, cuando un libro suyo de poesía llegó a mi correo. Hasta ahora solo había visto todo lo visual de sus pinturas, todo el color que pone, a veces a la rabia, o mejor a la emoción de vivir, para ser amada, o para que se sepa de dónde son los cantantes y “otras”, más controversial y veloz que la luz de un relámpago.

Pero, yo casi nunca escucho las palabras buenas o malas que se lleva el viento, vengan de donde vengan; prefiero buscar en lo que se ofrece ante mi vista, en esa forma visionaria de entender a la persona, no por una afinidad, un gusto, un talento, ni otra razón demasiado predecible, prefiero el reto de llegar más lejos, o más cerca, o más profundo, según convoque a pensar, según me inspire o me devuelva ese jugoso matiz sin inocencia, que el buen arte, el verso bien escrito, hace mucho más ruido que cualquier ventolera.

He vuelto a releer Maldicionario, porque sin la malicia de un hechizo u otra cantidad de palabras que pudieran como una pedrada, darnos, justo en la conciencia, Marga arriba a la soltura que solo la libertad de su yo, y una presencia bien intencionada, del verso, el dominio de quien sabe encontrarse en la forma de decir, y donde inconcientemente nos hace parte, de esa búsqueda incesante de retratar estas historias, que lejos de la ficción, -aún si parecieran- nos tocan con mucha fuerza, con una gracia que también sabe encantar:

He sido penetrada por sucesivas enredaderas,
anduve sola traduciéndolas, traduciéndome
a una lengua extraña, incesantemente en dudas,
vaciando palabras, contando letras.

Aquí arribamos después que nos dijera:

Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los árboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina

De modo que su tono y ritmo se mantienen, en esa disposición donde se alinean los astros y como el resplandor del cielo, ella va confesando su amor incondicional, sus pérdidas, las comparaciones de tiempo-espacio-lugares-recuerdos-existencia y una manera de vivir que ha sido y es capaz de provocar esta catarsis.

Una mujer así, con todas las vestiduras que se quita, para mostrar sus cicatrices sin complejo ni culpa, es tan bella como una amenaza, y juro que he visto esa belleza que puede arrástranos en la calle, semejante al agua que violenta una raíz, que sale con su porción de tierra, como a veces ocurren dentro de las dificultades, que también provoca la tempestad cuando se avecina, o una mujer que tiene bien puesto su corazón bajo la piel, que se atreve a contarnos todas las verdades que se necesita para llegar a conocerla:

Dibujo de Zaida del Río
Heme rodilla hincada cuando arriba la ahogada.
Heme promesa de aceituna, el centro escondido y duro.
Heme campo de trigo, irreprochable
cuerpo ceñido al paso, hasta la hormiga.
Cuando me violó el hombre sin rostro,
en horizontal posición cerraba mis ojos, tapaba mi boca
acompañaba la tarde con el chirrido de la sabana.
Yo menstruaba por el ojo de la desolación.

En ese campo donde su cuerpo poético me deslumbra, también la he visto como una espiga contra el viento, apasionada y tierna, y por qué no, escapada de todo lo que tal vez devuelva una imagen que teme a la zozobra:

Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme

Aunque también, con esa música de las palabras donde se proyecta, madura y fuerte desde su voz, que es hija-esposa-amante-exiliada, otra razón de peso me conmueve:

Hubiese podido quedarme si no fuera por mi frágil
corpulencia y esa antigua seducción hacia el desastre.
Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la noche aterra.

Así como un pincel y muchas caras, pueden desarmar los cuerpos que tal vez se oculten en las manchas de lluvia, que tienen la ilusión de los encuentros reales, como insectos que podrían alimentarse de nuestra sangre, Maldicionario, nos pica esa desazón donde no entran los claros-oscuros o los negros intensos de una inutilidad o desarraigo, todo lo contrario, sin ser el bien o el mal, la autora no predice lo que cuenta, ella prefiere ser un testimonio elocuente, de una espiritualidad muy diversa, dispuesta también a hacerse constar.

Hago constar

He escrito mucho y publicado nada.
Al abandonar la isla temí no tener derecho a la palabra,
me habían borrado poco a poco el poro y la saliva.
Debí aprender, con urgencia, otro idioma
no encontré a nadie, en esta ciudad brumosa, con cuatro libros.
Padecí el síndrome de Groenlandia.
Pedí consejos, toqué puertas para pertenecer a un grupo y no se abrieron.
Descifré que la loca quería salir al mundo.
Desde hace meses lo intento y os maldigo.
He venido sola.

Juan Carlos Recio
NY/ Julio 16 del 2010
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Maldicionario

« El gran cansancio de la existencia no es más, tal vez, que el enorme trabajo que nos tomamos para ser razonables durante veinte, cuarenta años y más, para no ser simple y profundamente uno mismo, es decir: inmundo, atroz y absurdo. Una pesadilla, tener que presentar desde la mañana hasta la noche un superhombre, como un pequeño ideal universal, al subhombre claudicante que se nos ha dado. »
Céline.

Como el río tajante, no el afluente ni el remanso,
como el caudal de agua arribo a la edad donde todo es permitido.
Pez con pluma sumergido en la tinta del desvelo
mancha negra y amarga la lengua.
El “caso” es feo-dice San Juan-
en la montaña presiente que volverán los elementos.
La copa de los arboles desciende a mi mano,
el ramaje, la evaporación subterránea me ilumina
y considero estéril la pervivencia sin ti.
De Aans la contracifra, su ojo rasgado, el puñal,
el zarcillo, el vino que desciende de la vecindad,
al pliegue de silencio.
El príncipe impone el baile descompuesto
delante de doncellas iletradas que se resisten
a escupirme si doy lengua al trapo
y sacudo mutilaciones en la vía pública.
Miradas bajo un tren que derrapa, pero este cuerpo,
este cuerpo no toca ángel, hastía.
Mal de amada, “malamada” ejerzo en Fuencarral
cabeza baja, buscando el paso.
Mi ancianidad frente al rustico mancebo que parafrasea
profecías, la daga y la burla de la mañana a la noche
durante novecientos días.
Donde metí el pie caí fatal en una muralla de insectos.
El Pinus-conus de Canadá suspendido a la nube
cobija agujas y desaparece en los granos de bellota
donde la sabiduría falsa entretiene al relámpago.
El poder de la burla diezma al rebaño que pasta bajo el vendaval.
Con ruidoso trueno Aans levanta guarida.
Como pieza mal cortada tiño canas -firme el color por tres semanas-
mientras Aans moretea el vacío que desciende a Dos de Mayo,
desvaneciendo toda ilusión.
Mi cabeza encristalada, la comisura del labio caída.
A cada despertar paso cuchilla a la textura,
nada de carne, huesos, restos…
Aans te “vaginaré” demencias, agitaré hilos de letras
te haré caos y maldeciré un libro.

Huidas

“No me he hecho, me han hecho”.
Goethe.

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo de esa ventana
donde vi pasar a Madame Bovary, al perro, al
descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.
Hui del oleo que da látigos a mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.
Hui del aguarrás que come iris, vista, desvelo
Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.
Hui de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece
en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños embases donde depositan la herencia.
Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfondada en botas de cuero rustico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.
Huí del barranco en el que solía ser Mer de la Manche
sin interesarme el último estreno.
Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.
Huí de mi hija, huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia con mi
carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.
Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.
Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.
Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.
Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme.

El ángel rasgado

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.
E.M. Cioran

Aans apareció como un ángel desesperado,
había atravesado Europa, matado en una riña, buscaba papeles que le permitieran nombrarse entre los humanos.
Por entonces yo remiraba las silabas sin poder hilvanarlas, e hice don de los míos.
Arranqué mis huellas dactilares, la pegué en sus dedos,
le autoricé a fecundar, robar, seguir camino.
Aans se empeñaba en acompañarme,
en aprender mis gestos se amaneraba delante de los espejos,
nunca llegamos a soportar que el otro fuera reflejo.
Cuando le abandoné en el otoño del 2008 vi que lloraba,
conocía como sería cuando llegase a viejo.
Días después se arrojó en el metro de Madrid.
Nadie se salva, ni Aans que borraba oráculos maléficos;
ni Aans que es la antítesis de sueños.
Yo he seguido envejeciendo en la estación donde nada pasa,
recuerdo sus greñas atadas a mi infancia como madejas de nudos
sobre la espalda que carga barcos, sacos de cemento
sube y baja sin construir el cielo que deseamos.
En La Puerta del Sol aplauden a varias generaciones que
bajo excesivo rigor
inclinan la cabeza por miles y miles de ángeles caídos,
mientras chasqueo el papel en que dibujo su rostro.
No he vendido nada, dejaré el café para otro día.
Los mismos seres, los mismos gestos, los mismos chillidos
los mismos negocios, el mismo repetible olvido.
Todo se olvida, hilvanar silabas, hacer frases,
investirme en un personajillo que nombran,
esperando que el cuerpo no sea estorbo.

Afuera nieva y entra ese humito blanco
de madrugada humillada que basta al hueco de su cráneo.

El gato de Schrödinger

Cuando falta la cola o la crin, el caballo está enfermo,
es solo cuerpo que trota sin la posibilidad espiritual del viento.
El sol se fue a putear al fondo de las nubes
después de hacerse el nulo en los acantilados.
Estoy recogiendo fragmentos, quizás se salve algo de la mañana.

El gato de Schrödinger ha desaparecido
supuestamente atado al caballo.

Un átomo radiactivo y una botella de veneno
ocupan el interior de mi cerebro donde nadan
el absurdo, la obsesión y el despilfarro.

Mi desespero no es por el gato muerto, estoy febril.
¿Dónde está el problema, si yo no quiero saber la solución?
El pintarrajeado travesti se pavonea en la acera
con la ilusión de que el enano tuerto se equivoque de estación.
La sombra acaricia entrepiernas, toda ecuación del mundo está en el sexo.

Cinquanta, cinquante, cincuenta- Matanças.

« Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste ». Alejandra Pizarnik

Sin cuenta sobre el campo infecundo
me retiro al Mar de la Mancha.
Estoy en el gran exilio, la vejez que aterra
estira el manto, llega sin darme cuenta.
Fijaos, el espíritu quiere permanecer y la lógica
me hunde en cincuenta letras de la cábala.
No ha sido en vano: he llegado a Europa con
tres o cuatro vidas sueltas.
Ni isla ni continente salvan la mitad en Matanzas.
El viaje comenzó en una oscura estación de trenes
el techo plateado el techo de arcilla punteaba al cielo
– me da por imaginar Ur des Chaldéens-
los persecutores llevaban perros,
yo me escondía en los pliegues de la brisa.
La multitud mataba el aire con gritos
agonizaba en el detalle que traducían a una lengua muerta
so pena de perder vida.
Harrân podía ser el puerto donde jamás volvería,
pues el rey Nimrod apenas soportaba el roce de su cabello.
Medía el tiempo en la sucesión de túmulos en papel,
en la noche cerrada me movía, en la arena el viento helaba
“Quitte ton pays…et sois une bénédiction”.
El Éufrates, el Canímar, el San Juan, el Yurumí
cualquier rio borraba huellas, pero el lodo
me impedía avanzar, ensuciaba los escritos.
Puede ser Ur, pero es Matanzas, la que estruenda el eco de Sinaí.
“Cubre el rostro Sara”, -el siroco comienza-
“di que eres mi hermana, abre lienzos y carnes al faraón,”.
Penetrada por Abraham ataba mi cabello
con la argolla del alba nutría las aguas,
rompía tablillas de tierra, mamaba otra lengua,
desmoronada en brazos de la nada.
Dios me enviaba cabras, leche, miel
al epicentro del cantico y el mar de sal seguía en los dedos,
el mar muerto en el cuerpo cada año que pasaba.
Mi hermano degolló carneros, y yo hacia el Este,
¿ dime, me tragará el desierto?
La ciudad donde nací, es el eje de la polémica:
si fui , si fui otra, ahora no recuerdo.
Solo el viaje desde el azulado puerto,
la amurallada Habana hasta el acantilado francés
Madrid donde fui puta dando a la lengua que había olvidado.
Tres países me nombran, en tres me maté a cuchillo.
No hay tumbas, solo grabados en el polvo:
Canaán, Hébron, Matanzas.
Mi madre aparta el arroz sobre las nubes rosadas
mi padre contempla las gaviotas, quizás sepan que estoy en otro lugar.

Madame Bovary

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón, que significa El Exterminado. Apocalipsis según el apóstol San Juan.


Enfundada en terciopelo y encajes roídos
por oraciones que aniquilan en medio de la calle
toco la ventanilla de los coches, tiro piedras a la llovizna
de cualquier día en Normandía,
– todos se confunden para el ojo ciego-.
Me he liado un cigarrillo, no tengo ganas de zurcir
guantes, ni de hablar a los viajeros, de nada
en el instante donde sé que hay una aguja en la manzana

__________________________
Datos de la autora
MARGARITA GARCÍA ALONSO: Matanzas, Cuba. Reside desde 1992 en Francia. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas. Poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora. Ha publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Premios en diversos concursos literarios. Laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. En el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Numerosas exposiciones y premios de pintura en Francia, Polonia, España, Colombia. Traducción del libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc; y la portada de la antología de poesía Letras en la piel, Ediciones mis escritos, Argentina, entre otros.Fotos y datos tomados de Efory Atocha, Blog de Santiago Mendez Alpizar, Chago.
SENTADO EN EL AIRE Juan C Recio blog en 8:34

23 comentarios:

  1. I. Hernández19 de julio de 2010, 11:16Estos poemas han sido escritos desde lo más recóndito del ser, buscabdo más abajo lo que lacera para exhibirlo sin medias tintas. La maldición persiguiendo a un ser que escapa de sus miedos? Los leído, percibiendo hasta aquella frustración por las « cosas » que nos rodean, y de las que hablaba Edelmis en el post anterior… (hay que advertir que se trata simplemente de la continuidad de una línea que Cintio Vitier identificó como rasgo esencial en Lo cubano en la poesía desde Julián del Casal: «Diríase que para nosotros —señala Vitier— la frustración se ha convertido en una especie de oscuro deber. )

    Sólo indico estos fragmentos de los dos últimos poemas de Margarita:

    Fijaos, el espíritu quiere permanecer y la lógica
    me hunde en cincuenta letras de la cábala.
    No ha sido en vano: he llegado a Europa con
    tres o cuatro vidas sueltas.
    Ni isla ni continente salvan la mitad en Matanzas.

    ———–


    Me he liado un cigarrillo, no tengo ganas de zurcir
    guantes, ni de hablar a los viajeros, de nada
    en el instante donde sé que hay una aguja en la manzana

    ————-Responder
  2. Margarita García Alonso19 de julio de 2010, 15:23Es muy hermoso lo que has escrito Juan Carlos. Es verdad que cuando se lee asi, en el sitio, fuera de casa, se da uno cuenta que te ha tocado una pluma para comentarte y la alegria es inmensa. »yo soy torpe cuando me miman, bien me quieres, me quieren ustedes dos, agradecida
    muy hermoso post Juan Carlos, te lo digo como si no fuera yo. »
    (Por e-mail y por facebook)

    Mira, te linkee en El pais- e l periodico de los españoles.

    http://lacomunidad.elpais.com/margaritagarcia-alonso/2010/7/19/maldicionario-el-sitio-la-luzResponder
  3. Belkis Cuza Malé19 de julio de 2010, 15:24Belkis Cuza MalèEl 19 de julio de 2010 a las 16:13
    Resp.: Sobre la poética de Margarita García Alonso
    Vuelvo, porque esto hay que verlo con calma, y yo ando corriendo hoy tratando de que el nuevo numero de LLM salga, digo, vaya para la imprenta.
    Pero que bueno que Margarita este en tu blog. Eso le da lustre y mas. Jaja
    Bendiciones
    (Por facebook)Responder
  4. L Santiago Méndez Alpizar19 de julio de 2010, 15:34L Santiago Méndez Alpízar Me alegra saber que se ocupan de tus poemas: mucha suerte, un fuerte abrazo y felicitaciones.
    Hace 8 minutos · Me gustaYa no me gusta

    (Tomado del muro de facebook de Margarita)Responder
  5. Denis Fortun19 de julio de 2010, 16:02Excelente resenha.Hermosos poemas de Marga. Ella está en mi antología virtual, que se titula « Los versos que me cuadran en la diáspora… »
    SaludosResponder
  6. SENTADO EN EL AIRE Juan C Recio blog19 de julio de 2010, 16:38Me alegro de enterarme de esta antología, de los versos que te cuadran, se hará visita a leer, gracias por leer a Marga también acá.Responder
  7. Carmen Rivero Colina19 de julio de 2010, 16:41Carmen Rivero Colina El 19 de julio a las 16:05
    Que cosa más bonita MArga, por favor…después viene el loco de Ángel y me felicita por tu trabajo…anda que no…ni que muriera y volviera a nacer 10 veces sería capaz de escribir así…vamos…que no sé bien para lo que sirvo, pero desde luego no sirvo para escribir…
    Me alegro muchísimo, como ya te he dicho, sé lo importante que es para ti ese libro…en todos sus aspectos…
    Eres grande MArga, muy grande….
    te quiero
    Miles de besos
    Por facebookResponder
  8. Unknown19 de julio de 2010, 16:52Ohhhhh Margarita mia un beso bien grandeResponder
  9. Klaritza Morales Calvo19 de julio de 2010, 17:36Ay Juanca. Que manera más bella tienes de describir a nuestra Manguis y no por bella menos cierta, eso poemas, que tengo el honor de haberlos recibido, me hacen sufrir y revivir…Esta chiquita mala es de esas personillas que te encuentras un día (mágico y divino) y ya comienza a formar parte de tí y te preguntas ¿por qué no antes con lo que la he necesitado? y te parece haberla conocido siempre, como si ya te hubiera acompañado en otra vida y te conociera hasta cuantas veces respiras por minuto, es calidez, amor, arte en todas sus expresiones, madre, amiga, justa, patriota, inteligente, brillante…Es ese alguien que siempre queremos atesorar y a quien recurres varias veces en tu pensamiento y hasta te preguntas como lo hubiese pintado ella o escrito o rimado tus pensamientos, que son muchos los de ella y tantos otros y que pocos tienen el talento para expresarlos …Y viajas con ella a su entrañable Groenlandia y sufres a la par sus pesares y te fortaleces y depuras tu alma en el espejo tan cristalino de la suya, que es en fin un alma superior, ya se que no le gustan los alagos y yo tampoco soy de lisonjear inmerecidamente, pero si algo bueno me ha dado el destierro, facebook e internet ha sido conocerla a la manguis, la marga…Ya no concibes un día sin recrearla en sus expresiones tan sublimes y elevadas, en faceboo, en chiquitamala y los demás blog y la sigues como el sediento al agua y te das cuenta que aún hay personas que hacen honor a la vida y ella es una de ella.Responder
  10. Camilo Venegas19 de julio de 2010, 18:40Estuve cerca de Margarita una sola vez, apenas hablamos dos o tres noches. Sin embargo, esta tarde, con un océano de por medio, hemos estado tan juntos que ya tengo resaca de todos los alcoholes y de tanta poesía. Estoy feliz de querer a una mujer tan lúcida y tan linda. Sin encima de eso escribe uno poemas inmejorables… Gracias, Juan Carlos por regalarme este lunes con Margarita. No quiero que llegue el martes.Responder
  11. Camilo Venegas19 de julio de 2010, 18:41Tengo deseos de escribir algunos de esos versos en una pared.Responder
  12. Manny Lopez19 de julio de 2010, 20:22Estoy tan de acuerdo contigo Juan Carlos en eso que dices al principio, porque es exactamente lo que me ha pasado con la Marga a mi. Me gusta mucho su poesia, siempre que la leo me siento, y la siento mas cerca.
    Gracias!
    MannyResponder
  13. Anónimo20 de julio de 2010, 4:55Marga empieza a recibir lo que nunca debió faltarle: amorResponder
  14. Margarita Garcia Alonso20 de julio de 2010, 8:37Gracias Juan Carlos, abrazos a todosResponderEliminar
  15. Salvador V Guerra20 de julio de 2010, 10:08July 20, 2010 at 12:22pm
    Resp.: sobre la poética de Margarita García Alonso
    gracias, Juan Carlos, alimento fundamental para estas horas
    (por facebook)Responder
  16. Angel Collado Ruíz20 de julio de 2010, 10:45pata gateando he llegado aquí parafraseando, otra frase celebre.
    Y me he topado con la alegría de saber cuanto amor rodea a Margarita, que ya era por mi sabido y comprobado más ahora sumamente confirmado.
    Buen blog, al que me adhiero , sin demora, y sobre lo escrito por Margara, Maldiccionario, tendré la ocasión por delante de comentar amplia- mente. Sobre el agradecimiento personal a Carmen , es valido, por muchas cosas , nunca dije que escribiera solo que apoyo, bueno y lo de loco , Quién osa decir que no lo sea un poco ?
    Un abrazo a la comunidad de (opinadores)Responder
  17. Arístides Vega Chapú20 de julio de 2010, 16:32Me alegró mucho tu comentario sobre Margarita García Alonso, a quien conocí en Matanzas y gracias a ella conocí a Fayad Jamís y lo visité en su apartamento del Vedado, también gracias a Margarita pude tener dos cestas inmensas de mimbre que por muchos años fue mi mayor tesoro material.
    (por e-mail)Responder
  18. Klaritza Morales Calvo20 de julio de 2010, 17:41No hay fronteras que la contengan a la Marga, ni la retengan, es un espíritu muy libre, tanto, que no concibe otra forma de vida sin libertad, y si no existe, ella se la inventa…Buenísimo Juanca lo que has hecho con Maldiccionario y tan merecido homenaje de amor y reconocimiento a la muy querida Manguis…Ésto se pone sabroso, hasta Aristides Vega por e-mail y el entrañable ángel guardián que siempre la acompañará, su (y nuestro también) Fayad.Responder
  19. Carmen Karin Aldrey21 de julio de 2010, 3:06Ahhhh… la Marga… siempre escarbando en las fibras de la conciencia, el pensamiento, el alma… llegas hondo, chiquita mala!Responder
  20. Margarita Garcia Alonso21 de julio de 2010, 4:09Bueno, bueno Juan Carlos, felicidades y gracias por esa mano tendida a maldicionario,por hacerlo llegar a la isla y divulgar escritos, sin esa percha, estarian condenados a cajones de olvido.

    Toma los comentarios que han dejado en mi blog, traelos para aca, sin ti, muchos quereres estarian perdidos.

    A todos agradecida por la avalancha que asusta y a Carmen Rivero que me ayudo a meterlo en pagina y a Javier Guzman que cree en esos versos y escribio cosas tan lindas.
    besosResponderEliminar
  21. Anónimo23 de septiembre de 2010, 1:07Great writing! I want you to follow up to this topic!?Responder
  22. Anónimo1 de diciembre de 2010, 0:36DELETE THIS POSTResponder
  23. salva3312531 de agosto de 2011, 20:37Una mujer así, con todas las vestiduras que se quita, para mostrar sus cicatrices sin complejo ni culpa, es tan bella como una amenaza…YA LO DICES LUEGO QUE VUELVO SOBRE ESTOS VERSOS….. cubrir el día con algunos de ellos…Gracias repetidas

La encuerusa está loca, ya lo sabemos, pero con tanta luz

Margarita García Alonso -La patria os persigue ruinosa- Bic colored oil on cardboard 300 g- 50 x 32 cms.

Por Sonia Dîaz Corrales

Yo conozco a la encuerusa peliroja. Pues na, de esa había oído algo, que si era tremenda (poeta y de lo demás), que si una rival (porque se había tumbado a otro poeta que yo amaba), pero luego la conocí de verdad en los mayamis, esa vez iba vestida, (aunque iba enseñando unas ciertas braguitas rosa), luego la escuché leer poemas y hasta nos hicimos fotos juntas (una especial de las patitas con zapatos), y desde ahí pues se qué a veces va desnuda, pero lo cierto es que como su desnudez abarca el alma, pues a los que acabamos queriéndola nos parece que la encuerusa está perfecta así. Y aunque se camufla por ahí en las pinturas, acabamos descubriéndola porque la sigue y rodea una luz que no puede obviar. A veces es esquiva y algo neurótica, pero luego regresa lúcida y eso vale un Potosí. Yo creo que ella no sabe cuánto la aprecio (una loca así no tiene espacio para quereres nimios), pero lo cierto es que los días más oscuros suele aperecer y se lleva todo, todo el negro, y si no puede con todo, al menos me deja con un gris aterciopelado, soportable. La encuerusa está loca, ya lo sabemos, pero con tanta luz… ¿quién no lo estaría?

AGRADECIDA, CHACHA, por tanto querer.

LA METAMORFOSIS O “CUADERNO DE LA VIEJA NEGRA”, DE MARGARITA GARCÍA ALONSO, EN SIGNUM NOUS, POR SONIA DIAZ CORRALES

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Podría ocurrir que quien lee este escrito me suponga acodada sobre mi escritorio o recostada en un sillón, con el libro delante de los ojos, pero no se puede leer “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, desde posturas convencionales, así que subí por las paredes y aproveché para balancearme colgando del techo, enrollada en un capullo, con pretensión de ser una oruga de mariposa, que finalmente se transformó en mí hablándole a estos versos, en muchas formas, como las que el propio texto utiliza, una polifonía que se adentra en todos los lenguajes con las mismas destrezas: derribar los límites, dejar constancia de su rareza, mortificar a los falsos, convencernos de que fuera del ahora, este o cualquier otro libro de poemas no tiene sentido.

Margarita García Alonso nació en Matanzas, Cuba, y desde 1992 reside en Francia. Es poeta y artista plástica y visual. Autora de doce poemarios, cuatro novelas y de varios cuadernos de arte. Licenciada en periodismo en la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas.[1]

“Cuaderno de la vieja negra” es un sostenido hilo de emotividad que va de uno a otro sujeto, unas veces habla la negra sabia, rabiosa, mentalmente ágil, precisa, otras sus alter egos, seres de luz de extrema timidez, que desaparecen en cuanto sienten que les podríamos reconocer.

Una cuerda muy fina, trenzada, nos conduce por los primeros poemas, breves, de versos cortos, entrecortados, se diría que balbucientes si luego este relato no se convirtiera en un sólido bloque de versos largos, matizados, dibujados, imprescindibles. No digo que esta será una lectura fácil porque mentiría. Será fructífera si encontramos ese hilo conductor y tiramos con fuerza, sin miedo, aunque todo desaparezca para retornar con brutal claridad: lo perfecto / en el ruido / que se impone / donde hay silencio”. Nada indica dónde está el principio o el final, la idea delimita los espacios, se expande en función del mensaje que espera dar, o su omisión, que bien visto es también un mensaje: hablaron de casualidad / cuando perdí la vista / no dijeron ciega”, cada giro nos muestra otro rostro de las protagonistas, otros símbolos para darnos mansamente la soledad que va creciendo como una escara en el mundo que nos cuentan: “nada ha cambiado, / nada cambiará, / la roca se deshace / en un polvillo inatrapable”. Nada delimita a la idea excepto la idea misma, que se expande como si no tuviera fin, como si cada palabra fuera una gota cayendo en el agua, rompiendo su superficie brillante, porque eso es lo que sería comprensible: llegan noticias / —malas— / da igual, / —estoy sola—”.Y en este punto, habría que reconocer el poderoso dominio del lenguaje en estos versos, su rotundidad para establecer los términos de lo que expresa, nos convence de que, como las voces de este relato, todos estamos muy solos, solos de formas elevadas para comunicar belleza y solos de comprensión de nuestros cercanos instalados en la vanidad y la hipocresía, aunque no alcancemos en lo hondo de su soledad a las voces de la poeta, solas de madre y de amigos, de amor y de patria, solas de la más absoluta soledad.

El libro está atravesado por versos escritos en negritas, concretamente los primeros versos de los poemas, que vinculan de forma indirecta unos paisajes con otros, el ritmo conspira también en busca de esa relación que se va clarificando a medida que avanzamos en la lectura, y descubrimos que este no es un solo libro, sino uno y sus muchas proyecciones en los niveles de interiorización que consiga el lector. Hay un larguísimo poema velado en los versos escritos en negritas, que se difumina, aturde los sentidos con un golpeteo impetuoso, grave y también indiferente, esta “negra que habla en negritas” no está interesada en demostrar nada, menos aún en explicarlo. Vivimos en un mundo donde se espera que todo sea explicado —explicable—, y he ahí otro obstáculo que encontrará un lector acostumbrado a los libros ordenados, orgánicos, llanos, esta vez no verá ciertas cosas si no le hacen llorar, hay dolores que solo se pueden sentir (ver o explicar) mirando a través de las lágrimas: “… puedo llorar / frente a desconocidos / pero da igual si me conocen / una mujer llora / la bóveda celeste / recubierta del polvo / que ulula en los túneles”.

Por si sigue interesado en estas palabras que lanzo hacia los versos de Margarita García Alonso, insisto en que aun estoy colgando del techo, ya no me balanceo, nada va a salir de este capullo excepto palabras, confusas, que no sirven para explicar nada, porque nada en este libro está sujeto a explicación. Aquello que no puede ser explicado se resiste a dejarnos y mastica muchas lenguas para defender su derecho a ser en la vaguedad de nuestra limitación: Lo que no se puede explicar no es, no existe, van a gritar aquí los rígidos y los críticos —se puede ser ambos—, mientras Margarita y yo nos reímos como si estuviéramos locas.

Este sujeto que versa no se detiene más que en el detalle justo, en el punto álgido, en la cima de las cosas y las emociones, nos asegura que un mundo integro es una ilusión, el mundo es un cúmulo de fragmentos inexactos. Inconexos, que nuestra presunción y ansia de grandeza completan: el pájaro / con el grano / en la oscura cavidad”. Yo no quisiera creerle, pero aquí en este espacio tiene una verdad tan grande que emula a la de Dios, asusta un mundo donde todo está a medias y debe ser completado por nosotros, por nuestro ego y ese pequeñito don de la creación, pero para eso existen los poetas, para salvarnos en ese dilema y asumir la culpa: “en el campo arrasado, / una y otra vez / limpio oraciones / de consolación”.

El verso corto redunda en una música interior monótona y cortante, en poder de toda la síntesis posible. La negra, en trance mediumnico, se desborda en lenguas desconocidas y hermosas, se presenta a sí misma como la dueña del tiempo: cascarilla de arroz / blanquea mi cutis / mientras fumo / las delicadas páginas / de una biblia”. Formalmente, la negra y su irreverencia están en posición de saltarse todos los ritos a guardar, con naturalidad se fuma la historia de una larga etapa de la vida del hombre, una larga historia sobre la fe y el perdón, y entonces desgrana su propia liturgia, la convierte en ritual: nunca me lamento / no sé de otros mundos” y no pienso la arena / cuando entro al desierto”, nos da estos códigos sin pretensiones, para que cada quien haga con ellos lo que le venga en gana; se cuelgue del techo dentro un capullo, encienda cirios o se arrastre a las márgenes del rio San Juan. La liturgia del cuerpo también forma parte del trance de la negra, el sexo como consecución del placer, sin relación con filosofías e interpretaciones primigenias: mi teta / madura / me convierte en fruta / cada verano” y entre hombres / de cualquier raza / en el linde”, para concluir sin drama, nos deja dos máximas que pretenden no dejar margen alguno a la fragilidad: quemar / donde se puede / alojar el alma” y es todo, / casi digo amor”.

Hasta ese prescindir de la fragilidad nos conduce a una elegancia sin afectación, que no presume de nada, la luz del bajareque es su sombra cuando va de oriente a occidente, cuando en Europa se bebe juntas la primavera y la nostalgia: la luz / del bajareque / poseída / por tendederas / oficia en la catedral / de trapos”devoro / la primavera / en Europa”“la lluvia moja / con nostalgia / de Océano”dirán / por ella pasaban / los camellos   de oriente / las dunas / todos los desiertos”dirán, / era / una / negra / instruida”.ahora no sé sostener mi nombre”.

Si toda esta primera parte del libro transcurre amparada en una cita de Pushkin: “Fue en su patria, bajo aquel cielo azul  / ella, la marchita rosa / al fin murió.”, recoge los “Poemas de la vieja negra”, bajo una cita de Yeats: “Mas todo ha cambiado,… / arrastra al cisne un oscuro torrente…”, leemos con esperanza el “Discurso de la negra instruida”.

Margarita García Alonso me ha llevado consigo en su transformación, me ha involucrado con un sujeto lírico polifónico y libre, que habla en versos cortos, que no da nada gratuitamente y ahora muestra otra parte de sí, la negra vieja se ha convertido en la negra instruida y de pronto sus versos se alargan, se emblanquecen, hablan de Aristóteles, de vasectomías y mastectomías, de un puzle psicodélico, y yo sonrío —aunque todavía no bajo del capullo que cuelga del techo—, consigo asirme al último jirón de aquella mujer para entrar en esta: “…bajo ritmo perfectamente fluido, / oscurezco en la lucidez del fracaso / fuera de los hechos, / la lógica se rinde, / mitad hombre, mitad mujer / mitad negra, mitad blanca, / abrevio / al bajar ojos / sin disfraz, sin soberbia, / sobre el samurái / del Teatro japonés / que grita No, no, no / pies juntos / como si quisiera vaciarme / de entrañas…” . Y resulta fácil reconocer en esta segunda parte un ritmo más pausado, no más dócil, sino que ha encontrado su lugar a la mitad de todo y no reconoce la vergüenza como un sentimiento posible, solo se deja vencer en el cuerpo, porque ha colocado su alma en un sitio inaccesible: “…entonces cedo / siempre he cedido / el cuerpo a los cuchillos / cuando repito la palabra    “dicha” / dicha la dicha / llego cuerda / al próximo discurso / discurso / discurso / discurso / discursos…”. El juego de palabras pasa directamente a la ironía, a la tristeza, a la soledad y al poder que conceden todas estas cosas a la negra instruida: “…no hay reino imposible /  bajo el peso del cielo, / cuando sostengo / la nieve en mi mano / a fuerza / he llegado al rellano, / trato de traspasar la puerta, / cualquier puerta sin temblar…”. Pero a partir de aquí todo tiembla y se desgaja —por si no lo  había dicho, ya he bajado del techo, de pronto el capullo maduró y se abrió tan rápido, me echo fuera y se consumió como un final—, la negra instruida  trae a Joyce, Van Eyck, Sófocles y Po Li, dice dicha y tibores en el mismo poema, universidad y tufillo y se queda tan tranquila. De pronto regresa el código: los versos cortos, las letras en negritas, la síntesis, la negra vieja renacida de un montón de luz, una luz distinta: “la luz despluma / la cima de este infierno”, vuelven la soledad: “en cualquier momento / la luna se deshace en salitre” y ahora también la vejez: “…me extingo / en la droga del otoño, / bajo manzanos,…”.

Si alguien me imagina ahora acodada en mi escritorio, reclinada en el sillón con el libro delante de los ojos, de nuevo se equivoca, nadie se cuelga del techo y se encierra en un capullo para leer un libro y sale de esa metamorfosis siendo el mismo. “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, me ha dejado un nuevo aspecto interior, unos mundos y unas voces que agradezco profundamente.

[1]  Ha publicado los libros: “Sustos de muchacha”, (Ediciones Vigía, 1988), “Cuaderno del Moro”, (Editora Letras Cubanas, 1990). En Editions Hoy no he visto el paraíso: “Maldicionario” (2009), “Mar de la Mancha”(2008), “L’aiguille dans la pomme”(2012), “La costurera de Malasaña” (2010), y “Cuaderno de la herborista”(2011); “Breviario de margaritas” (2012), “Cuaderno de la vieja negra”,  y “Zupia” (2016). . Además, los relatos para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” y las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible”, “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”. En el 2013 ve la luz el poemario “El centeno que corta el aire”, editorial Betania, Madrid; y en edición bilingüe, (francés, español) “La aguja en la manzana”, en la Casa parisina L’ échappée belle édition.

Sonia Díaz Corrales. Es poeta y narradora. Nació en Cabaiguán, Cuba, en el año 1964 y reside en Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias. Ha publicado: Diario del Grumete (poesía), editado por Taller Editorial Vigía, Matanzas, Cuba (1996), y Sed de Belleza Editores, Santa Clara, Cuba (1997), Minotauro (poesía), La Habana, Cuba (1997), El hombre del vitral (novela), Editorial Idea y Editorial Aguere, Islas Canarias, España (2010) y Noticias del olvido (poesía), Ediciones hoy no he visto el paraíso, Francia (2011), El puente de los elefantes (novela) , Ediciones El Barco Ebrio (2013). Sus poemas aparecen en las antologías: Retrato de grupo, La Habana, (1989), Poesía infiel, Antología de jóvenes poetas cubanas, Editorial abril, La Habana, (1989), Poetas del Seminario, Cuadernos informativos, Instituto Cubano del Libro, La Habana, (1992), Un grupo avanza silencioso, Universidad Autónoma de México, Ciudad de México, (1990), Poesía Cubana de los años 80, Ediciones La Palma, Madrid (1993), Antología de décimas, Centro de la Cultura Popular Canaria/Ayuntamiento de la Victoria de Acentejo/Caja Canarias, Islas Canarias (2000), Todo el amor en décimas, Editorial Benchomo, Islas Canarias (2000), Mujer adentro, Colección Mariposa, Editorial Oriente, Santiago de Cuba(2000), Puntos Cardinales. Antología de Poetas Cabaiguanenses. Parte I, Puente Colgante, Ediciones Ideas, Cabaiguán, Sancti-Spiritus, Cuba (2000), Como el fuego que está siempre, Editorial Consejo de Iglesias de Cuba, La Habana, Cuba (2009), Paisajes interiores, Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México (2010). Antología de la poesía cubana del exilio, Aduana Vieja, Valencia, España (2011). Obtuvo el Premio Bustarviejo de poesía, de Madrid, el Premio América Bobia, de la Ciudad de Matanzas, Cuba y el Premio Abel Santamaría, de la Universidad de Las Villas, Cuba, así como menciones y reconocimientos en otros concursos en Cuba y el extranjero. Fue finalista del Premio Viaje del Parnaso (2008)

LA METAMORFOSIS O “CUADERNO DE LA VIEJA NEGRA”, DE MARGARITA GARCÍA ALONSO, EN SIGNUM NOUS, POR SONIA DIAZ CORRALES

Usé su foto para la portada de mi poemario Cuaderno de la vieja negra… casi puedo decir que me ayudô a escribirlo

Fue llamada Phillis, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:-¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnudada por muchas manos. A los trece años ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora.

A los veinte años, Phillis fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca.Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados. Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta.

En espera de poder visitar de nuevo a el Moro.

Crónicas de martes (desde Santa Clara)

Por Aristides Vega

En espera de poder visitar de nuevo a el Moro.

Había leído casi todos sus poemarios. Sabía de memoria algún que otro verso de esos poemas que, sobre todo en los finales de los setenta sirvieron de inspiración para soñar con ese tiempo luminoso que todos entonces deseábamos. Por esta libertad de canción bajo la lluvia habrá que darlo todo. Por esta libertad de estar estrechamente atados/ a la firme y dulce entraña del pueblo/ habrá que darlo todo….
Había visto innumerables reproducciones de algunos de sus cuadros más reconocidos que con cierta frecuencia aparecían como ilustraciones en revistas cubanas y había permanecido horas frente a los que en el Museo Nacional de Bellas Artes llevan su firma.
Desde pequeño había escuchado que aquel famoso hombre era nuestro paisano. Su padre y mi abuelo materno; Máximo Chapú, se habían reconocido en Cuba como emigrantes árabes recién llegados a una isla de la que ninguno de los dos saldría nunca más.
Viví en la ciudad de Matanzas varios años. Allí conocí a Margarita García Alonso. A la que nadie presentaba como la esposa, o compañera, o amiga de Fayad Jamís, aun cuando era su pareja. Poetisa y pintora, una muchacha muy simpática, inteligente y sociable que por sí sola ganaba amigos y abría puertas sin necesidad de hacer saber su parentesco con una figura tan reconocida, incluso venerada por algunos. Por ello demoré en saber que era la compañera de uno de mis poetas preferidos, de mi paisano Fayad Jamís.
Una mañana que me disponía a viajar a la Habana desde la ya oscura, desvencijada, descolorida y a la vez hermosa Terminal de Matanzas, apareció Margarita con un paquete de medicamentos que debía llegar a manos de Fayad, ya enfermo de esa dolencia que se apoderó de su valiosa vida.
Su plan era bien simple: entregaría el paquetico de medicinas al chofer del primer ómnibus que saliera para la Habana y Fayad lo recogería en la terminal de la Habana. Un plan certero y posible hasta que me divisó en medio de las muchas personas que siempre aguardan en una terminal. Y puso en mis manos las medicinas que quedé en llevarlas hasta el mismo apartamento del Moro, en el Vedado. Sin proponérselo me había dado la posibilidad de conocerlo personalmente.
Lo primero que hice apenas toqué a su puerta y él mismo la abrió fue hacerle saber que éramos paisanos. Fue suficiente para que Fayad me invitara a pasar y me mostrara sus cuadros recién terminados y aún expuestos en los atriles en que los había creado, hurgar entre sus amplísimos libreros, ver con el deslumbramiento que a los veinte años no se oculta su valiosa colección de artes que fui descubriendo a medida que me mostraba su cómodo apartamento tal y como se hace con alguien cercano.
En algún momento me invitó a sentarme en su terraza en la que reposaba, sobre una mesa ratonera, una deslumbrante vajilla mexicana. Desde su balcón se podía disfrutar de una Habana bulliciosa y hermosa. El apartamento de Fayad, que era espacioso e iluminado, en un cuidado edificio de una céntrica calle del Vedado, me resultó tan espectacular como uno de los bazares ingleses que en alguna que otra novela, que ya había leído, se describían como sitios que atesoraban diversos objetos de mucho valor.
No había ahí nada, fuese un mueble o un adorno, o cualquiera de los diversos objetos utilitarios que se usan en la vida doméstica y cotidiana, como por ejemplo un plato o un cenicero, que no tuviera un valor artístico. Muchos de ellos joyas de la rica y diversa artesanía latinoamericana, especialmente de México, país en el que había sido por varios años agregado cultural de la Embajada cubana y donde había nacido su madre.
Me habló de su inquieto, así lo definió, amigo Andrés Bretón y de otros intelectuales europeos con los que coincidió en su estancia en Francia. Me hizo saber de su admiración por la poesía de su amigo Retamar, a quien me recomendó leyera no solo su poesía sino todos sus ensayos.
-Es el más lúcido de mi generación, me aseguró.
Tuve la osadía de preguntarle por Heberto Padilla, de quien no se podía hablar en aquella época en que cuando se borraba a alguien era de estricta obligación olvidarlo. Solo conocía de lo que entonces con voz baja y cautelosa se contaba de lo que nombraban como Caso Padilla. No había leído un solo poema de él, porque junto a su nombre también fue borrada su obra.
-No pongas demasiada atención a lo que de él se habla. Lee su poesía, eso siempre será lo más importante, me dijo y me dio la espalda para tomar por un amplio pasillo del que regresó con el poemario Fuera del juego, de Heberto Padilla, que obtuviera el Premio Uneac en la polémica edición de 1968. -Es un regalo, me dijo para enseguida pedirme lo acompañara a la cocina para tomarnos un café que él mismo preparó mientras seguimos conversando.
Conversamos por más de tres o cuatro horas, sin prisa, como si fuésemos amigos de toda una vida. Me leyó un poema que hacía muy poco había escrito, que el deslumbramiento que me produjo aquella visita me hizo olvidar su título.
-Ha sido un día espléndido, espero se repita su visita, me dijo ya en la puerta de su casa, a manera de despedida. La noche comenzaba a descender sobre el Vedado y yo estaba tan eufórico que me senté en el quicio de la entrada al edificio para leer los poemas de Heberto Padilla.
Pocos meses después Fayad Jamís, el Moro, falleció a la misma edad que ahora yo tengo; cincuenta y ocho años. La vida solo me había concedido ese único pero intenso encuentro.

Mimi Vuvuzela Pérez se fue con la luna rosada el 7de abril de 2020.

Mimi Vuvuzela Pérez

Estoy de caída en el fondo de los fondos, se cumple un año, mi Mimi Vuvuzela Pérez se fue con la luna rosada el 7de abril de 2020. No llega Paz, menos consuelo, se llevó mi Luz.

Mimi Vuvuzela Pérez , Laura y Margo
Mimi Vuvuzela Pérez
Mimi Vuvuzela Pérez con Secretan, el ULTIMO libro que trabajamos.

A Fayad Jamis y a Margarita García Alonso, por Tino Díaz

A Fayad Jamis y a Margarita García Alonso, por Tino Díaz

Los poetas cubanos Fayad Jamis y a Margarita García Alonso

 Esto lo encontré mientras reviso un libro de poemas en prosas que escribí unos tres años atrás. Como no me da la posibilidad de postear en tu muro; lo hago por acá. En fin…

A Fayad Jamis y a Margarita García Alonso (este paréntesis)

Amanece lloviendo esta mañana en la que Augustus vuelve a ser emperador, cara y cruz dem denario, deslizo mi verja de hierro y la cotidianidad me recibe en horizontales renglones. Un gato pasa por entre la verja salpicando mechones de nocturnidad, corre gato, salta sobre tu transfiguración -maullidos hacia la casa del vecino y sobre los carros. Su maullido grisáceo, y verduzco, huraño se desliza entre las rejas. Cada día la mañana cae de golpe y me hace tragar en seco hasta que el corazón ensaliva la garganta. Cada mañana el día comienza en un bostezo que culmina en una mueca epigramática, no sé si me explico, es decir: el bostezo = la eclosión del día, y el mecanismo de sus poleas; la mueca = regresar al tugurio y resumir los zarpazos, o sea, entregarse a este oficio de letras que mediante lecturas me transfigura en otro, ya lo dijo Rimbaud: « yo es otro »; eclosión de pensamientos, este oficio de letras, estos zarpazos que han de llegar a nada, lo cual es algo; un máximo, yo es nosotros. Natura sublimada. Ah, la urbe despojándose de sus gajos intelécticos, un eclesiástico actual: la escuela del saber, la casa del pensar, las librerías siguen enmoheciendo; enmohece Altamira, jadea tras la gasa de una ciudad de piedra, lo cual arruga mi itinerario.Una verja, deslizante, como ya había descrito, de hierro, es lo que me separa de la cotidianidad, aunque hay un puente; el espíritu, ya lo dijo Rimbaud: « es preciso ser vidente, hacerse vidente », consumir sin comisiones los venenos del espíritu, sus átomos para extraer la quintaesencia. Soy un consumidor de venenos espirituales, un consumidor sin incentivos, y aspiraciones paupérrimas. Miro y me veo los brazos, los muslos, los dedos, el pecho, llenos de ampollas filosóficas, acaso me he vuelto un Job moderno?Llueve sin embargo, Augustus exuda imperiosamente, la videncia rimbaudea en los ojos de un gato que pasa por entre la verja salpicando mechones de nocturnidad hacia su transfiguración propia, un gato; una imagen apenas.

Tino Díaz