Lamarga

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X José M. Fernández Pequeño X Margarita García Alonso X Memorias del equilibrio

In AmiGos, articulos, Margarita Garcia Alonso, prensa on 13 juillet 2016 at 10:49

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Entrevista a José M. Fernández Pequeño sobre su más reciente colección de cuentos, Memorias del equilibrio. 24/06/2016

Tu libro cuenta con una edición especialmente hermosa. ¿Cómo surgió la idea de ilustrarlo con los dibujos de Margarita García Alonso?

Soy un admirador entregado de Margo. De su obra contradictoria, aguda, inconforme, repleta de confrontaciones visuales y discursivas. Me encontré con ella un día en las redes sociales (tomen nota los detractores de Facebook) y a partir de ahí ha sido como si compartiéramos vecindario. ¡Somos tan distintos y tenemos tantas cosas en común! Cierta tarde estaba viendo unos trabajos nuevos en su página y me golpeó un detalle. Aquel gusano verde que caminaba por una correíta iba diciendo exactamente lo que yo quería decir en los cuentos de Memorias del equilibrio, que entonces era un proyecto en desarrollo. Le escribí y el gusano se encaramó en la portada del libro con el descaro de quien hubiera nacido para estar ahí.

Nunca hablamos de los restantes dibujos, los que aparecen en el interior del libro. Margarita los hizo porque se le ocurrió hacerlos; al fin, no tenía que pedir permiso. Y realizó el trabajo con una condición: no haber leído el libro antes para dejar que su imaginación adivinara lo que allí se contaba. El resultado está a la vista. En rigor, Margarita García Alonso no ilustró el libro, más bien me ayudó a soñarlo. ¿Explicación? No hace falta. Como tú, nací en el llano de Oriente, que es la capital del espiritismo de cordón cubano, y estoy seguro de que en algún sentido eso debe dotarnos de una cualidad especial para las comunicaciones subyacentes.

El cuidado de edición y diseño es de Karenia Guillarón, reina de K ediciones. Pero bueno, ¿qué cosa de mi vida no está bajo su cuidado?

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Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso en Letralia.

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 12 juillet 2016 at 10:43

tumblr_o88wntogaM1sr14ndo1_500Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso
en Letralia.

Esta poeta toca, más de una vez, los bordes del desfiladero y del desastre. Palpa con los ojos (no encuentro otra forma de decirlo) el caos cotidiano. Pero siempre se detiene ahí, en el resbaladero. Siempre vuelve a tiempo a un orden (los platos, la multitud) en que se anula y puede respirar otra vez acompasadamente. Espontánea vagabunda, pesa las palabras como pájaros y en el aire imposible de la página los incrusta. Sus súbditos la amamos. Hay vagabundeos discursivos que bien merecen un trono:

« Regresaré al norte

—repetiré hasta el cansancio—,

tengo que barrer,

siempre tengo un plato sucio

alguna ropa por secar

para no llegar a incendio. »

Sonia Diaz Corrales Qué gran poeta es esta mujer llena de mundos¡ No me canso de leerla. Permíteme un abrazo, Margo de Groenlandia.

Recomiendo ampliamente que sigan el trabajo de esta creadora constante de realidades, de esta maestra del lenguaje tanto visual como escrito; su magia es una puerta a un mundo donde las palabras, los colores y y las formas pierden sus fronteras y generan nuevos horizontes.

-Xavier Bankimaro.

Ana Mireles Qué bellezura de trabajo, reina! Terapoetica profunda. Yo los miro por pura terapia de placer.

La pasión por la cultura es más grande que la creación, por Angel Velázquez

In AmiGos, Mis libros, prensa on 8 juillet 2016 at 9:54

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La pasión por la cultura es más grande que la creación.

Quienes visiten la novela de Margarita Alonso, no deberíamos perder la pista a una máxima de la « ascetologia literaria ». En el tono oculto de la « literatura jovial o gaya”, no deberíamos dejar de mirar la consustancialidad del « paideismo », segmento protuberante y crucial de la forma y vida para la constitución literaria: la « pasión por la cultura es más grande que la creación », o, para decirlo con la expresión de los « juegos del lenguaje » wittgenstienianos, “la literatura es el código de un mandato disciplinar ».

Hasta donde alcanzo ver, lo que interesa exponer reina de Groenlandia será una clave del sistema poético del mundo lezamiano: a falta de formación cultural universal se puede impedir la creación literaria. De hecho, el énfasis en técnicas y métodos literarios ha revelado, a posteriori, como la formación por la “cultura del provincianismo y localismo » ha desatado, en los últimas décadas, la « pasión por el cuadro »…

Los detalles textuales de la novela los dejo para una reseña más amplia….

Cinco poemas de Margarita García Alonso en Signum-Nous

In AmiGos, Cuadernomar, Mis libros, prensa on 8 juillet 2016 at 9:48

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Cinco poemas de Margarita García Alonso en Signum-Nous

Signum-Nous
Junio 2016. Número 8

Cinco poemas de Margarita García Alonso

portada-margarita

Balada de la regente.

No he tenido que matar,

mis esposos han muerto

de viejos, de cáncer,

de exceso de droga,

no cuentan,

copié versos de muchos poetas

en la esquela mortuoria

insistí en los vivos: “vengan a casa,

copulen mientras duermo,

quiero despedir a mis esposos”

pero fue pretexto para fiesta.

Nadie sabe

a quién dedico textos,

si son míos.

Iré a quejarme,

nadie comprende que

en cualquier momento

suprimo la palabra humano.

Fertilizaré la cabellera

de los ausentes, cortaré cabezas,

siempre corto el pelo

a quien amo,

antes de que sea gris y apeste a

cocaína de novato

que perfora coños

y vende boletas de podredumbre.

Dejaos de celebrar

no escribo para entretener,

me suda la loca,

soy la puta sílaba,

sobre la goma pegajosa que ensucia

la hoja y deja un ciclé

semejante al culo de una perra.

Me voy a ver mis pastizales de vaca,

plastas de mi poder

soy I’ am

la que ha nacido para perder.

Diario del pájaro

I

Pájaros azules revolotean

la ausente primavera.

Exasperan de frío

cantan a los Hombres

creados para destruir

al bosque lujuriante.

Han construido casas

en la ciudad,

la rama, la piedra,

el pájaro estorban

a la ceremonia.

Sobre el montículo de basura

se reposan las aves.

Las migajas de pan coronan

la insolente yerba

donde el perro vive el infierno

de perseguir la bandada,

hasta convertirse en siervo

del Hombre que pregunta

si toda la vida estará

infestado de alas.

Le es prohibido al Hombre

despellejar los deseos,

y el Hombre chifla

entre edificios,

como un insulto

desgaja a las muchachas

que envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería.

Nada asusta más

que un pie suspendido

en la bronca de subsistir,

desanimado por ángeles

que han sido expulsados

de un jardín común.

Nada asusta más al Hombre

que el indigente,

cuando abre la boca,

deja de ser desconocido.

Estoy tras el trigo,

compongo melodías celestes,

que arañan el pecho

y ese hombre teme

que le confundan conmigo,

con este pájaro de paraíso,

que recompensa a los cazadores

que necesitan trinos.

II

Como antaño,

el hombre saca el auto,

que le convierte en jefe

afectuoso de la tempestad.

El trigo se aparta,

el hombre baja el rostro

hasta la rueda y aplasta.

En el viñedo, una tribu

de alcohólicos de pueblo

busca corazones secos

un grano de embriaguez

contra cualquier bondad

la yerba en trance

acaba de golpear

como si fuese un hacha

marchan desgajando

abrigos, carteras

desde el montículo,

los pájaros envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería

una verdadera afección

por el número

sostiene al destino

en el puesto de la ciega

escucho a los pájaros,

niego de cabeza,

si pudiera despellejarme

el deseo de hombre

estoy tras el trigo

que corta las frases

con ruido metálico

necesito un trino

necesito los pájaros azules

que revolotean

la ausente primavera.

L’ Uficcio Divino

Breviario de obligaciones

repetidas hasta el cansancio

deberes con causa desconocida,

donde pierdo casa, pierdo amor,

y me traiciona la angustia.

Oficio ordinario:

cuidar hermanos,

cuidar a ancianos,

cuidar a enfermos,

cuidar de los castigados,

cuidar la limpieza,

cuidar la bata,

cuidar los zapatos,

cuidar de escupir,

cuidar el himen,

cuidar cuidar cuidar

lo insano.

Vigilancia extrema

aunque no quiera faro,

como una autómata

respondo sí

presto, presto

mientras no descubran

que regreso

de un callejón sin salida,

me he convertido en junco

de tallo flexible

que traspasa la fe.

Decir, siempre decir sin

pronunciar discursos,

acariciar el gajo

como si fuese

el que salva del accidente,

disponer testamentos:

nada más ofrezco,

un canto breve

ilegal como una

flor muerta en el ramo

de una novia.

Dime si te soy fiel,

si he enrojecido tu nariz

cuando corro como bestia entre rieles,

si me alcanzas

donde el viento eriza a la oveja.

Dime si mi péndulo

te equilibra cuando dudas,

si puedes salir al sol

a leerme.

Yo enfilo pestañas,

una a una las deposito

en el pecho

para que se abra el ojo

del corazón

y bebas mis visiones.

Yo, la guardiana de vacas,

he perdido la sombra bajo

los manzanos.

En un bar holandés

He olvidado mi lengua,

escrupulosamente anoto

dispersas sensaciones

en un bar holandés.

Medianoche de efluvios,

pongo cara de maestra en papiros,

de neurótica correctora de

la Real Academia española,

cuando dicto leyes ortográficas

que solo retiene el barman

si me pagan el mojito.

Nadie se salva,

mi acento provoca

una catástrofe sexual.

Estoy esdrújula, confundo

canales con piscinas,

el puerto con alguna laguna,

el cigarrillo a la mano

por si se animan a tomar fotos.

Siento, eso sí, resiento,

gatos que maúllan

café que reverbera,

tripas que ronronean

vacas que no hacen ruido

pues están lejos y escucho

respirar a mi abuelo Gerardo,

la mecedora

donde mi abuela Luisa

teje al croché,

silencio

la mecedora chirría

-chirría no es poético,

dice Don pantalón

del oficio que me maltrata-

pues la mecedora de abuela

hace un ruido

poco poético,

como si pidiese

que regrese

pero ha muerto

y tampoco sé

cómo se dice

madeja que cae al suelo

-¿mina, explota, desarticula?-

Tras las rejas gritan

marchan, apoyan, manifiestan-

o simplemente ladran

los perros del rey.

La lluvia ácida en mi rostro,

no reconozco las calles,

el relámpago es solo un neón

de la casa de putas.

Me hace la vida imposible

esta libertad aparcada

frente a una banda

que repite buenas noches.

De todas las cosas

un cuerpo

un cuerpo sin nombre,

incapaz de extraerme

del cóctel de drogas

donde he olvidado

que soy vieja.

Tengo la impresión que este hombre

me ha conocido en todos los tiempos.

Es hora de abreviar la palabreja,

al menos que me prive de pecado y

decrete correcciones al escriba

-los que hablan se guarecen

donde escampa,

poco sufren el salpullido

genital de los academicistas-

Si le beso, todos los ruidos

dejarán de existir,

y le beso

sobre el lienzo difunto

de los pretéritos.

Amanece, las tulipas

bendicen mi bolsillo,

respiran el iluminado sudor

de esta criatura perfecta

que me ha penetrado

sin saber que se suicida

el Occidente.

Pero aún persiste el léxico,

la culpa , el abandono de mis muertos,

tan solo queda el olor de meadero,

el tufillo de orina que se escapa

e instala en mi nariz.

Apuntes meteorológicos de la herborista.

Cielo

Llueve sobre la playa de Deauville,

de la arena al casino una nube

se consuela con las sombrillas

que han decidido seguir cerradas

como si fuesen pájaros alicaídos

se posan en el cuerpo que sombrea.

Aire

Me han decepcionado los Hombres,

podré sembrar, recortar la pelusa

esperar el fruto

al ave que emigra

donde crece el verde,

la plantación infinita de eucaliptos.

Sol

Un rasguño en el acantilado

y aquel cuerpo germina.

Cultivos secos

Traza la ola su pirueta graciosa

desdibuja a la gaviota

que come en mi mano

las palabras no dichas,

escritas en papeluchos de puerto

donde me han prohibido la entrada.

Tiene el diente de perro el rojo

tinto de la sangre que beben

cuando me arrancan la piel,

y me bautizan loca.

Siembra milagrosa

La leche de florecillas

de bordura de mar,

en el gusto de su boca

que ensaliva mi lengua

mi lengua provocando la savia

de cien árboles airados.

Planta

La semilla encuentra el cause

en la barahúnda de la entrepierna.

Mala yerba

El hacha reposa junto a la tijera,

poda cuerpo, tala hoja

sobre el verde antiguo de La Mancha.

Ángel mío, sin ti soy un trapo de piel

que en nada se parece a la creencia,

el zurcido mal echo,

no tengo fuerzas para remendarme.

Las cosas leves caen pesadas en el alma:

te nombro y voy a morir esta noche.

Autor: Margarita Garcia Alonso
Margarita Garcia Alonso
Margarita García Alonso. Matanzas, Cuba. Periodista, poeta, y artista visual. Autora de diez poemarios, novelas y cuadernos de arte. Licenciada en periodismo por la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora para Casa de las Américas. Dirige Editions Hoy no he visto el paraíso. Desde 1992, reside en Francia.

Margarita García Alonso. La maravillosa duda, Por Jorge Tamargo

In AmiGos, articulos, gra-sofismos, prensa on 20 juin 2016 at 9:42

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jueves, 16 de junio de 2016
Margarita García Alonso. La maravillosa duda

Por Jorge Tamargo- Poeta, arquitecto y diseñador cubano, residente en Valladolid, España

Quienes la conocemos, sabemos que Margarita García Alonso, además de escribir poesía de alta calidad y editar libros para la inmensa minoría, pinta; o, por decirlo más ancha y precisamente: compone escenas que alegran los ojos a los inquietos, en la misma medida que los importunan a los remolones. Y es que Marga (perdonen la economía nominal, que nada tiene que ver aquí con el colegueo barato) lleva muchos años decorando la cabaña donde vive el mismísimo porquero de Agamenón; dando razones al célebre mozo para que sostenga su higiénica duda con relación a la Verdad.

Jamás tuvo Marga una vocación analgésica. Es la madre de un bestiario muy singular (todo “bestiario es una revisión de la condición humana partiendo de la condición animal…”, nos dice Piñero Moral) con el que previene a su cliente-pupilo frente a cualquier vademécum doctrinal, también en las artes plásticas. Sus composiciones son un remedio eficaz contra la fascinación aristotélica. Su obra toda es un verdadero cajón de sastre para los locos de este mundo: los que dudan, quiero decir, los de atar; no los sobrecargados de certidumbre, que, con nuestra cómplice indolencia, y como se diría en el barrio donde nací: andan sueltos y sin vacunar, pontificando en las cátedras y las tribunas de ese otro mundo tan ajeno al arte.

Hablo de una autora que escucha el estruendo provocado por el Edificio mientras se desploma, y, lejos de obviarlo, lo graba; lejos de atenuarlo, lo amplifica. Con ese ruido, no obstante, sustenta la cabaña de su protegido: entretiene los cimientos de barro con un sonoro, pero divertido y fructífero, no sé. ¿Cómo?

1

LA VETA SURREALISTA

Los más ortodoxos surrealistas del XX representaron en estado de vigilia, o eso dijeron, la parte que lograron retener de los sobresaltos que padecían durante el sueño. Yo no lo creo del todo, pero aceptémoslo para no introducir aquí un problema que nos distraiga. El caso es que, de esa manera, pretendieron sustraerse a cualquier atisbo de control racional sobre su obra. Los surrealistas emergieron entonces como “artistas puros”, porque su movimiento, cual cándida estela del psicoanálisis, fue siempre de la subconsciencia a la consciencia, nunca en sentido contrario.

Bien, la aparente digestión de la Primera Gran Guerra por la vía de un arte-laxante que no sacaba la cabeza de la caja negra, al parecer no fue posible tras su gravísima réplica. Occidente no pudo digerir el colmo y la consecuente caída de la modernidad, (“todo lo que llega a su apogeo comienza a declinar”, decía Abd Allāh) cerrando o entornando de nuevo los ojos tras la toma de Berlín por los aliados. Los delirios imperiales alemanes y soviéticos, de muy distinto signo que los anglosajones, y la respuesta de estos últimos, menos alucinada pero igualmente beligerante, impidieron echar otra vez la capa sobre la caja de cristal. Todas las tendencias artísticas acentuaron el pathos, y creyeron compensarlo, acaso esconderlo con el uso (y abuso) del logos. La mayoría de ellas optaron entre lo patético y lo razonante, otras fueron sometidas a una latencia más o menos vigente. La abstracción se hizo expresionista, (que no al revés, como su nombre sugiere) el cubismo se tornó a ratos discursivo, el surrealismo quedó arrinconado, el dadaísmo abandonó la escena; sólo el realismo socialista se mantuvo en sus escuetas casillas; y antes de que pudieran llegar el refresco pop o la hamaca postmoderna, surgió el llamado arte conceptual. Nunca más los surrealistas, ni siquiera los que son tan incorregibles como Marga, pudieron trabajar al margen de semejante influjo.

Y como desde entonces ya no vale cerrar tramposamente los ojos para espantar a la pertinaz vigilia, Marga sueña con los suyos abiertos. Su obra tiene una clara veta surrealista, pero dista mucho de limitarse a lo que retiene la almohada. Su discurso no es sólo formal, no sólo regala forma a sus ensoñaciones, sino que está atravesado por una línea conceptual, que, en algunos casos, llega incluso a remedar el horizonte. Es normal, o al menos comprensible: ningún gorrión puede vivir, como gorrión, mucho tiempo en un gallinero. ¿Es Marga una artista puramente conceptual? No. ¿Es una artista puramente surrealista? Tampoco. Si el porquero de Agamenón preguntara por la génesis de la obra que ella estampó en el techo de la cabaña donde duerme, Marga le respondería: ―Es más que un sueño soplado y menos que un sueño razonado. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

6

LA CORRIENTE LÍQUIDA EN EL CAUCE POSTMODERNO

Joaquín Esteban Ortega ha dicho: “la clave de este asunto [el carácter inaprensible del arte postmoderno-líquido] se encuentra en la desontologización de la obra a favor de su conceptuación.” O sea, la obra que renuncia a ser para representar un concepto, y se convierte en mera noticia del concepto representado. ¿Hay algo más impropio para la obra de arte que un concepto, ya no sólo presente en su fórmula genitora, sino también suplantando su fin? Pero, si el arte líquido (Bauman) surge de una transitoriedad determinante, de un substrato social también líquido, en continua mutación, opuesto al que permitía, o más aún, demandaba, la sociedad egipcia, ¿qué tipo de concepto debe sustentarlo, si no ese que se derrame con igual laxitud, ese que, apenas haya alcanzado su aparente forma, sienta la urgencia de trans-formarse?

Sometido a semejante sobrexcitación conceptual y formal, el hombre postmoderno no es capaz de imantar sus ripios. Se cargó de pasado, colocó la razón en el sitio inadecuado, delegó en la estética académica (los estetas) el arbitraje de su relación con la naturaleza, se puso en manos de la ciencia experimental y la tecnología; y ahora no parece merecer la belleza si no sometida a una liquidez simétrica a la suya propia. Porque, según Schiller, realmente “bella […] es aquella forma que no exige ninguna explicación, o bien aquella que se explica sin concepto.” Además, se pregunta y se responde el genio alemán: “¿Por qué cada uno de los griegos puede erigirse en representante de su tiempo, y no así el hombre moderno? Porque al primero le dio forma la naturaleza, que todo lo une, y al segundo el entendimiento, que todo lo divide.”

Así que tenemos un tiempo líquido (cuasi forme, por no decir informe), un arte también líquido, cuyo estado, unido a su extrema conceptuación, lo hace prácticamente inaprensible; y el artista postmoderno, hecho pedazos por “el entendimiento, que todo lo divide”, persiguiendo una belleza que se ajuste a circunstancias tan problemáticas… Y ahí aparece Marga con un surrealismo transido de postmodernidad, con esa tara conceptual inevitable, pero también con un salvavidas maravilloso: la locura y su consecuente duda sobre la Verdad. Marga se deja llevar por la Duda. Se monta un rollo cuántico que avala su relativismo y permite obrar a sus fantasmas. Según Corinne Enaudeau, “el hombre racionalista, con espíritu de sistema, que ve la unidad de las ideas incluso antes de que hayan nacido, nunca inventa nada. La flema del genio consiste en dejar hacer al extravío, dejar que se tejan las analogías, dejar que se multipliquen los espectros.” Eso hace Marga. La traza conceptual y sistémica logra atravesar e intoxicar su veta surrealista, pero no extinguir la locura que ventila su aparente irracionalidad.

¿Y la belleza? Como bien dijo Hume: “la belleza [por más que se piense] no es una cualidad del círculo. No reside en ninguna parte de la línea cuyos puntos son todos equidistantes de cualquier centro común. Es sólo el efecto que esa figura produce sobre una mente, cuya particular fábrica o estructura la vuelve susceptible de tales sentimientos.” El círculo parecerá bello a la mente aristotélica que se regocija con la Verdad-Una-Toda-Inmóvil-Imperecedera. La malla infinita y cuántica parecerá bella a quienes vean esa Verdad como una leyenda convenida, débilmente asida a sus mutantes nudos. Sobre todo para estos últimos, trabaja Marga: para los locos que mantengan muy activos los canales sensibles y desistan de buscar en sus obras, sólo, la quinta pata al gato: la discursiva… Si el porquero de Agamenón preguntara por la esencia de la obra que ella colgó en la cara interior de la puerta de su cabaña, Marga le respondería: ―Es más que mentira prescindible y menos que mentira imprescindible. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

CODA PARA LA RESIGNACIÓN Y EL DISFRUTE

¿Para qué tanta pregunta? “Por raro que sea el modo con que el mosto se agite, siempre acaba por contener más o menos vino.” (Goethe). Marga agita su mosto de manera que el vino resultante plazca a los locos de su tiempo. Y junto a ellos, mientras beben entretenidos, suelta a sus bestias polivalentes donde “todo el espacio juega con el grito ¡No sé!” (Mallarmé) Un grito femenino, sí, que en el caso de Marga es lanzado con una sobreabundancia que a veces abruma, por (y especialmente para) una omnipresente mujer… Me resigno. Sin que haga falta un saber demasiado, ya está: Marga puede engendrar las cosas que más disfruto, esas que gracias a Dios no sé, y que gracias a mis dioses, aunque a veces me ponga a manosearlas en voz alta, no tengo intención alguna de averiguar a fondo. Porque, como dijo Nietzsche, (madre mía, hoy tengo el estro polémicamente franco-germánico) “todo conocimiento profundo es una corriente fría.”

¿A que no debo terminar hablando de herramientas digitales, mecanismos del collage, psicología del color o leyes de la simetría? ¿A que no?

Breviario de margaritas, de Margarita García Alonso -Por Juan Carlos Recio, en Sentado en el Aire.

In AmiGos, articulos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 5 juin 2016 at 10:23

marga erte

martes, 27 de mayo de 2014
Breviario de margaritas, poemario de Margarita García Alonso Por Juan Carlos Recio, en Sentado en el Aire.

Escribir sobre Breviario, no se me daba. Como suelo escribir mejor desde el lector, confieso me dio cierta desazón de que la vejez ya estaba dándome duro en el espinazo. Entonces lo entendí todo. La poesía que desmadra de esta mujer (que además no esta loca de remate y por contradicción es la mejor parte de ella para descubrirla). Resulta que sí, a veces se escribe contra uno mismo, contra los demonios que nos hacen sangrar y porque los ovarios puestos en su justo sitio, con dignidad, digo, hacen que hablar por los codos no sea un defecto, a lo sumo, es un acto a contracorriente de cualquier cobardía.

Muchos escritores con razones de peso y leyes de lo que suponemos es poesía, defienden que no debemos ponernos a contar. Lo cierto que hace mucho me vale un tarro y mil, y parece que a la autora le ocurre parecido, ella cuenta. Su narración no es un hilo, son cortes, tampoco, desde el yo ramplón, todo lo suelta sin ingenuidad ni falso criterio, cuando se vive a quemarropa de un disparo, se enviuda, el amor nos calienta, a cada rato explota, incluso, se reconquista aquello que parecía frustrado, y hasta el gato de la casa da sus contiendas por un alimento de calidad, no existe metáfora ni falta de juicio, ni dualidad de ser dos, al revés, la poeta es múltiples partes de la mujer que es, y a cada cosa le da su espacio, igual que nos intimida como lectores para entenderla. No lo hace como una amenaza, es la reflexión del espejo, de esa imagen nítida que deberíamos tener a mano.

Ya la neblina aquella cuando pastábamos en el potrero nacional, ha pasado, y Margarita no se anda por las ramas, nos da ese hachazo de cuaje, uno necesita dejar de rodar, poner cable a tierra y de eso se trata. Pero si cree que el arte del elogio es incorrecto, quizás no me crea, no necesitas creer realmente en nada, debes tocarlo. Ve y advierte dar un clip y encontrarte ante la poesía del último libro de Margó, Reina de Groenlandia, le ánimo, a que entre, lo único que necesita es llevarse a ud mismo, es decir, no pretenda buscar al otro, la mujer que escarba en sus viseras, tiene un objetivo muy preciso, no hay otra forma de vivir que no sea desde una realidad a la que se penetre desde el sudor y la lágrima, porque desde que le dijeron que se callara y no lo hizo, es:

Una mujer común,
con una camisola de hospicio
rasgada, amarillenta,
sin identificación.
que te confiesa
llamarse Margarita.

En venta en Bubok, librerías de España y América latina:Y EN AMAZON

Di Margacode
02

«Un demonio, al nacer,
me dio el arte cruel de ensangrentar
la peña y de escarbar en la herida».
Charles Baudelaire.

03

Confesiones de una vagabunda.

 ¿Cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo?
Francisco de Quevedo

Antes de perder la cabeza
pondré sobre la mesa
la herida.

Quiero esconderme
en la plaza pública,
donde siempre he estado
al alcance,
a la mano
sin perturbar
o llamar la atención.

Quiero tener paz
al nombrar cada esencia
que me ha matado.

De nada os sirvo,
podéis cerrar el cuaderno,
quemarlo,
escupirlo
depositarlo en el bolsillo
del suicida.

De todas formas
soy culpable:
he bebido poco
he fornicado menos
pero embriago

-borracha,
no admito finuras
en carne descompuesta-

ebria de sentir
como olisqueas en un verso
buscáis consuelo donde no hay,
buscáis compañía
cuando huyo.

Escasea el tiempo,
me voy a traicionar,
voy a vender
como postalita
mi circunstancia.

Decorticaré cada ciudad,
cada perro,
seré breve como un rayo:
no me ha acompañado
la suerte.

Desde que partí de mi tierra
no he recomenzado,
solo cuadernillos,
mendicidad
y este breviario
de vagabunda estacada.

Me dijeron calla,
pero no he obedecido.

Aprende: no soy perla
de altar, ni manto
que busque espalda.

Quizás hasta posea
lo que necesitas,
pero puedo mancharte,
estoy sucia como una
frase de usurpación
a la deriva del Danubio.

He fallado:
quise retenerme adolescente,
quise que mi hija fuese siempre niña,
pero usé el santo que no  conviene,
jugué el número que no tocaba,
usé la bárbara costumbre nórdica
de la sal

sal gruesa en la acera,
sal en la puerta
para espantar la nieve,
el mal ojo, la escasez,
la fatalidad.

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Leonard Cohen reza la mecánica sagrada

Escucha, cae el tejado,
una teja tras otra se desliza al suelo
y suena a cráneo que quiebra.
En casa de mi madre
mi padre ha muerto,

nadie grita orden
frente a la escasa cena
para una persona

viene de un fogón de leña
donde pavorosamente
se juntan los hermanos.

Cada paso es lento,
marcado por la tristeza del alero.

Me aconsejan que visione

un mar de flores blancas,
pero hoy relampaguea,
me aprieta el pecho
como si fuese
un botín de cuero

hasta que comienza a rezar
Leonard Cohen,
el pie en una carta
de tarot mal dibujada,
bajo un cielo inexistente
que me devuelve la virginidad.

Leonard reza y su voz desmaya
a querubines y Delfos amanerados,
me ampara de estruendos,
confina la puerta

con su mecánica sagrada
y mi seno derrama amor
en la hierba
bajo el primer extraño,
que tengo a mano.

balada regenta
Balada de la regente.

No he tenido que matar,
mis esposos han muerto
de viejos, de cáncer,
de exceso de droga,

no cuentan,

copié versos de muchos poetas
en la esquela mortuoria
insistí en los vivos: « vengan a casa,
copulen mientras duermo,
quiero despedir a mis esposos »
pero fue pretexto para fiesta.

Nadie sabe
a quién dedico textos,
si son míos.

Iré a quejarme,
nadie comprende que
en cualquier momento
suprimo la palabra humano.

Fertilizaré la cabellera
de los ausentes, cortaré cabezas,
siempre corto el pelo
a quien amo,
antes de que sea gris y apeste a
cocaína de novato
que perfora coños
y vende boletas de podredumbre.

Dejaos de celebrar
no escribo para entretener,
me suda la loca,
soy la puta sílaba,
sobre la goma pegajosa que ensucia
la hoja y deja un ciclé
semejante al culo de una perra.

Me voy a ver mis pastizales de vaca,
plastas de mi poder
soy I’ am
la que ha nacido para perder.

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Margarita García Alonso. Matanzas, Cuba, desde 1992 reside en Francia. Periodista, poeta, y artista visual. Autora de diez poemarios, cuatro novelas y de cuadernos de arte. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. Aparece en más de cinco antologías y variadas revistas. Premio de la Taberna de poetas francesas en el 2006. Premio de la Fundación cultural Miguel Hernández por su creación gráfica Pájaros azules para el poeta, 2014. Su trabajo en el arte contemporáneo es considerado Patrimonio de la Normandía. Ha sido facturada en la Colección « Spotlight on France », de la galería Saatchi- on line, de Londres. Dirige la poco rentable, desconocida pero histórica Editions Hoy no he visto el paraíso.
confesiones de una vagabunda

RETRATO DE LA FLORISTA- pOR Sonia Diaz Corrales PARA Margarita García Alonso

In AmiGos, prensa on 17 mai 2016 at 1:10

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« La marchande de fleurs, place de la Concorde, Paris » 1893. Schryver
pOR Sonia Diaz Corrales

Este es un poema de mi libro « La hija del reo », recientemente publicado por la editorial Letras Cubanas, y de manera generosa y exquisita ilustrado en la cubierta e interior por la poeta y artista de la plástica Margarita García Alonso (Margo Reina de Groenlandia, Margotina, Chacha), mi amiga, a quien quiero dedicar, desde hoy y para siempre este poema. Cuando lo escribí aun no conocía a Marga, pero ya la intuía.

RETRATO DE LA FLORISTA

para Margarita García Alonso

La locura me propuso ser la florista
esa que vende flores de silencio
flores de arenas movedizas
flores para el protocolo de los fuertes
flores para la cama de la diva
flores de malévola relación con la miseria
extrañas flores para los húmedos rincones de la casa
una flor de agua para el pubis de la niña
una flor de castrada soledad para la solapa del tirano
flores blancas y redundantes para el amigo.
En la locura
soy la que vende las más caras flores a los hombres.
Hoy han cerrado las puertas
y la florista es un pájaro de bronce
sobre el escritorio de la casa
un pájaro detenido en el bronce
en el amarillo cálido de la estatua.
Habrá para cada quién un verso
un estado imparcial
una amnistía
y los gladiolos de la florista serán de un rosa comestible
verás cómo claudican
con la rabia de quien odia morir.
Ella encenderá lámparas
para los oscuros días que vendrán
traerá el antídoto que me salvó de venderme
como un simple pájaro de feria.
Fui la dueña de todos los pájaros
y eran míos en la locura
sobreviví
sus cantos hipnóticos
sus desesperados gritos.
Una torre estas flores y los pájaros
fue todo lo que tuve
cuando ustedes me encerraron
y describieron en mi rostro la locura
como se describen los paisajes.

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Declaración de independencia de José Fernández Pequeño

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso on 5 mai 2016 at 4:46

Margarita Gacia Alonso Gif’s

viernes, 29 de abril de 2016Declaración de independencia

Porque escribir es a veces eso,
observar y apropiarse de la basura ajena.

Maurice Sparks y/o Ernesto G.

–¡Por favor, no vuelva a decir que es increíble! –protesta con el celular apretado contra el oído izquierdo y viene a recostarse de mí.

Conozco cada reacción suya, cada impulso que sus decisio-nes –igual las muy meditadas como las más irreflexivas– ponen a circular por ese cuerpo menudo y casi siempre en tensión. Hace mucho aprendí a leer lo que siente a través de sus contactos y puedo asegurar que ahora mismo está al borde del colapso. Mientras escucha, saca con la mano derecha uno de los libros alineados en el quinto estante, contando de abajo hacia arriba, y lo muñequea bruscamente, como si necesitara comprobar que no hay algo peligroso escondido entre las páginas. Son las Ficciones de Borges, lo confirmo cuando tira el volumen encuadernado en rústica y formato seis por nueve sobre la mesa de trabajo para despegarse de mí reclamando al pequeño transmisor:

–Siete años sin escribir, siete años de espantosa sequía, y ahora que por fin regresa el impulso, ocurre esto… ¡dígame si no es cruel!

Y comienza a pasearse frente a mí, de pared a pared, ida y vuelta desde la puerta que conduce a su dormitorio hasta la ventana que da a la calle, a una ciudad que él no se ha cansado de maldecir –páramo, desierto, estercolero de engreídos, nido de superficiales con dinero, eso y más la ha llamado– durante los últimos siete años.

–Nada de eso importa ahora –tira un golpe al aire con el brazo libre–. Lo que escribo aparece luego cambiado, dígame qué parte de esa desgracia no entiende y se la explico otra vez.

Detiene su ir y venir. Se congela con los cinco dedos de la mano derecha unidos y muy cerca del rostro, mientras respira angustiado la voz que ha de estar vibrando en las entrañas del aparato y los huecos en sus mejillas se ahondan todavía más.

–¡No quiero calmarme! –explota al fin–. Ayúdeme a encontrar una explicación, que para eso usted es el autor y se inventó esta bronca del escritor emigrado y la ciudad hostil, ¿cómo va a venirme ahora con que no puede controlar un conflicto que usted mismo imaginó?

Camina hacia la mesa de trabajo, toma una hoja de papel que ha estado todo este tiempo sobre el monitor de la computadora:

–La otra noche escribí –y lee–: «De cierto modo, adoro los caminos inciertos», y cuando me levanté a la mañana siguiente decía «De cierto camino, adoro los modos inciertos», ¿ve? ¿Considera que algo así es aceptable?… Qué va, olvide el mambo y cante bolero, no hay posibilidad de error. Otra cosa no tendré, pero buena memoria me sobra… Mire, ayer mismo escribí –y vuelve a leer–: «Ahora encuentro mis historias por doquier, a menudo en la basura ajena», ¿y quiere saber cómo apareció esta mañana? Pues «Encuentro ahora la basura ajena por doquier, a menudo en mis historias».

Se sienta sobre la mesa de trabajo, de espaldas hacia donde estoy, lo que me ahorra sus ojos enrojecidos, la expresión de desamparo que hace lucir más salientes aún los huesos de sus pómulos.

–¡Vaya! –exclama, y se da un golpe en el muslo con la mano que todavía empuña el papel–, así que escribir es en sí mismo un acto de traición… ¡qué frase tan bien compuesta, lo felicito! Pero, ¿sabe qué?, no me sirve de nada. Si no es usted, ¿quién cambia lo que escribo? ¿El gato? ¿El librero? Como están las cosas, a lo mejor el librero aspiró un soplo de vida y ni usted ni yo nos hemos enterado. ¿O seré sonámbulo? Eso, ¿andará suelta por ahí una manifestación salvaje de mí mismo que reescribe mientras duermo o estoy en la calle? Porque las palabras no cambian solas de lugar, ¿o sí?

Y bueno, en ese último aspecto discrepo de su razonamiento, incluso podría facilitarle dos o tres libros de entre los que él mismo ha colocado en mis estantes para estimularlo a revisar sus criterios sobre los hábitos de las palabras, o por lo menos a tomar en consideración el carácter revoltoso de ciertos escritos… Pero mejor dejamos ese ejercicio para otro momento, no es prudente contradecir a una persona como él cuando está así de alterada.

Ilustración: The writer isolator, de Margarita García Alonso.
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Margarita García Alonso: Periodista, poeta y artista visual cubana. Es una de las personas más ocupadas del planeta. En la mañana escribe mundos que echan a girar apenas salen de sus manos. La tarde la dedica a una investigación sobre el modo subjuntivo en la comunicación afectiva de las flores. En su tiempo libre se desempeña como reina en Groenlandia… sin remuneración, claro. Y en la noche, mientras parece dormir, en realidad ejercita la cuántica, lo cual le permite hacer audaces dibujos para textos que sus amigos alguna vez escribirán, aunque ellos todavía no lo sepan. ¿No me creen? Pues solo hagan clic sobre su nombre.

José Fernández Pequeño
Escritor. Vive en esa tierra firme de la edad en que ejercer la memoria resulta un privilegio. Para más información, ver: http://www.linkedin.com/in/fernandezpequeno21

Poemas de Margarita García Alonso en LETRALIA

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 26 avril 2016 at 9:50

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Poemas Margarita García Alonso en LETRALIA
Poemas: La cubana Margarita García Alonso nos ofrece seis muestras de su obra poética en Letralia, Tierra de Letras, la revista de los escritores de habla hispana, editada desde 1996 por Jorge Gómez Jiménez en Cagua, Aragua, Venezuela.

Margarita García Alonso
Periodista, poeta y artista visual cubana (Matanzas, 1959). Reside desde 1992 en Francia. Autora de diez poemarios, novelas y cuadernos de arte. Licenciada en periodismo de la Universidad de La Habana. En Francia obtuvo un máster en industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora para Casa de las Américas. Dirige Editions Hoy no he visto el paraíso.

Portada para colección Poesía de la Editorial Letras Cubanas, La hija del reo, Sonia Díaz Corrales. Ilustraciones: Margarita García Alonso.

In AmiGos, pinturas, prensa on 18 avril 2016 at 8:09

Portada para colección Poesía de la Editorial Letras Cubanas, La hija del reo, Sonia Díaz Corrales. Ilustraciones: Margarita García Alonso.13000266_829789173831435_4515023775620068993_n

Acaba de salir, por la colección Poesía de la Editorial Letras Cubanas, La hija del reo, de nuestra entrañable poeta y narradora Sonia Díaz Corrales. Ilustraciones: Margarita García Alonso.
Comparto el prólogo que Ileana Álvarez escribió para esta edición:

A UN PUENTE NO SE LLEGA DESDE EL MIEDO: SONIA DÍAZ CORRALES EN LA HIJA DEL REO

Sonia Díaz Corrales, en uno de los poemas que conforman La hija del reo, exclama: «La libertad le cuesta a una mujer / innumerables pérdidas». En esta cortante confesión, expresada con naturalidad, y no sin dramatismo, puede hallarse quizás la clave sobre la cual descansa la poética de este libro. Es la arquitectura de la búsqueda de la libertad interior, la situada más allá de los estereotipos y normas que entretejen la sociedad, las tradiciones y los convencionalismos, con más estrechez en las pequeñas ciudades de provincia, espacio donde vivió y creció la autora. En este viaje exploratorio hacia el centro de sí, en un intento de alcanzar «su definición mejor», la poeta paradójicamente experimenta la fragmentación del universo mínimo labrado en el espacio de la ensoñación. Vivencias, miedos, dudas, querencias, los paisajes en los que creció, o los que alimentó con su imaginación, solo son recuperables a través del movimiento en espiral de la palabra poética, que ella sabe evocativa y liberadora.

Sonia pertenece a la generación de los años ochenta, de la que muchas voces principales —como luego pasaría con la de los noventa— andan desperdigadas por el mundo, asiéndose a universos íntimos que beben del tronco común de la memoria y el paraíso perdido de la infancia que dejaron atrás. Defienden espacios fracturados por la partida y el exilio, a los que vuelven una y otra vez por el acto emancipatorio del sueño y la palabra que corporiza la nostalgia y el dolor. De esta generación, que fragmentó el centro de poder cultural habanocentrista y patriarcal, al hacer surgir desde el interior del país un grupo de poetas de una innegable y variada calidad —algunas mujeres—, se destaca la voz tenaz, natural y desgarradora de esta escritora nacida en Cabaiguán. Los poemas que conforman La hija del reo fueron escritos en esos años de búsquedas estéticas y reafirmaciones utópicas, no obstante lo perturbador que pudiera aparentar una concepción de la poesía que pretendía subvertir las pautas marcadas por el discurso decadente y vacío oficializado en la década anterior, y que tanto daño provocara a la cultura nacional.

En La hija del reo están presentes muchas de las obsesiones de esta generación del cambio. El libro, solo después de muchos años de haber sido escrito, hoy termina su examen como inédito, y va a salvarse para los fieles lectores de la poesía cubana. Aquí se percibe una lectura inteligente y dialógica con la tradición literaria hispánica y la cultura judeocristiana, donde la poeta, en su avidez por iluminar lo que hay de oscuro e inteligible en su dimensión ontológica, descubre los puntos que la acercan o alejan de esa tradición y cultura. Sobresale, dentro de la poética de Sonia, un manifiesto interés confesional y testimonial. Con una desnudez a veces ríspida, a veces tierna, revela un mundo complejo y agónico: «vacía estoy / y harta / como el más abominable de los seres». Busca con fuerza el sitio que le corresponde, y es un lugar diferenciado de la manada que la rodea y amenaza anularla, un espacio muy personal, con toda su gama de claroscuros, sus texturas delicadas y ásperas. Cuando se muestra frágil o inasible, no deja de practicar un arte de la resistencia y recurre a cierto matiz irónico y hasta cínico, en legítima defensa: «necesito pastar con elefantes / son vegetarianos y tiernos». Para sortear excesos emotivos y evitar el desdibujo catártico, acude al contrapunteo de planos sentimentales y maneja con sutileza, entre otros recursos de distanciamiento, la ironía. Así explora salidas menos trágicas a sus angustias, a sus propias incongruencias, soledades, pérdidas, en un manejo de su respiración con consecuencias lógicas y lúcidas, que la aleja del pesimismo estéril y del melodramatismo, aunque, por cierto, tampoco le teme a este, pues la imagen de sí misma que prefiere está, de tan natural y espontánea, también asimilada dentro de los tópicos y rasgos comunes de la sensibilidad poética: «aún tengo corazón / vean que digo corazón / en público / sin miedo a que me acusen de neorromántica».

El uso de la ironía provee a sus versos de una hilaridad que la llena de ímpetu y la lleva a seguir viaje, que la levanta y le limpia la sangre de las uñas, el fango del cuerpo mutilado por el desamor y las interrogantes sin respuestas: «Lástima / no se puede tener al unísono/ una casa de cristal / y una manada de elefantes / cosas tan absolutamente necesarias / y hermosas».

En la necesidad de afianzarse en su condición fabuladora, Sonia subvierte también los roles tradicionales achacados a la mujer. Desde el título, La hija del reo, que contiene las marcas de opuestos géneros y lazos de consanguinidad y culpa, la poeta avisa sobre su situación dolorosa, al margen. La imagen en Sonia se construye a partir de parábolas que tocan su experiencia personal; se trasluce una especie de ficcionalización de la angustia, pues el lector lee cada poema como pequeñas ficciones engendradas por la pérdida y la exploración de sí misma. En su obcecada indagación, sus versos transitan múltiples y arduos laberintos que a la vez contienen, a pesar de su singularidad, preocupaciones sintomáticas de mujeres que le son afines y padecen similares angustias. Todas las mujeres que contienen a Sonia y que nos hablan en estas confesiones descarnadas, y de cuidada transparencia, permanecen, aun en la caída —o el balanceo pertinaz de la existencia— por la fuerza del amor, por la valores consolidados en una intimidad esencial que detesta las fatuidades, por un heroísmo y un coraje silenciado en la cotidianidad, sin aspavientos épicos, y por esa búsqueda de la libertad interior y reafirmación del ser individual de que hablamos al inicio: «Mis mujeres se balancean sobre la cuerda tensa de su vida».

«Con el derecho absoluto de los que esperan en la oscuridad / con la tenue lastimadura de los tristes», innumerables pérdidas le ha costado a esta mujer la búsqueda de una libertad interior situada más allá de lo imperecedero de las normas que crean los círculos de poder, sean de la raigambre que sean; innumerables angustias que buscan, en un gesto generoso, compartirse sin mezquindades; sí, innumerables pedazos de su cuerpo y espíritu arrancados a sus años más hermosos. Pero, ciertamente, la poesía nunca la ha abandonado, pues como ella misma asevera en una entrevista: «Cuando todo se ha ido, la poesía sigue ahí».
Sonia pudo ser en realidad «alguien que se perdió en el frío / y ya no supo más / de los caminos del regreso», pero estaba la poesía, que la ha sostenido durante largos, duros años de ausencia, para indicarle que no todo son pérdidas. Ahí, su abrazo, su caricia, su mano redentora lavando heridas de la niña triste que deambula entre estos versos y que rehúsa ser sierva. Cerca, ahí, bien cerca, la poesía que le ha devuelto el viejo «tronco de almácigo que se llenaba de orquídeas enormes, violetas, y que tenían un raro perfume de canela», allá, en su natural Cabaiguán, y que ahora, con la siempre frescura del verso perdurable, puede compartir.

Sonia Diaz Corrales

Queridos amigos, por fin está disponible « La hija del reo », un libro de poemas mios de hace muchos años. Agradezco a Maylén Domínguez la bondad y esperanza con que trabajó en el y a Margarita García Alonso ( Margo de Groenlandia, mi querida Chacha) las bellísimas ilustraciones de portada e interior. Agradezco a Ileana Álvarez González por el hermoso prólogo que le escribió al libro y a Ricardo Riveron Rojas, en Letras Cubanas, por la valentía de retomarlo y apoyar su publicación.