Lamarga

Archive for the ‘Centauro Paradis Virtus Al’ Category

CENTAURO PARADIS VIRTUSAL , proyecto poético de Margarita Garcia Alonso

In Centauro Paradis Virtus Al on 6 juillet 2011 at 9:36

 

Este ser mítico, el Centauroparadis Virtus-Al , recorre el universo.
Puedes ser su compañero de viaje y testimoniar su presencia:

. Imprime la imagen del Centauroparadis Virtus-Al- en el formato que estimes-

. Traduce el slogan « Hoy no he visto el paraíso » a la lengua que desees- es aconsejable si vives en Japón, para los que hablamos español, se toma como viene- expone la imagen en la situación o lugar que estimes. Tiras fotos del acto y me la envías a lezamaparadis@yahoo.fr

Lugares de exposición.

. En cualquier sitio de su casa, que será considerado en lo adelante como alojamiento del Centauroparadis Virtus-Al.

. Si la exposición tiene lugar en la ventana que da a una calle, usted se consideraría artista de la plástica contemporánea, de efecto.

. Se sugiere, además, se coloque al animalito junto a personas que estén de acuerdo con el precepto de Hoy no he visto el paraíso… así como en galerías, instituciones culturales y sitios públicos de la ciudad.

. Es aconsejable que se afiche en blogs personales, junto a la presente convocatoria.

Toda acción es valida y es registrada si viene acompañada de la correspondiente FOTO, con su leyenda: autor, lugar, hora, día y detalles (no es necesario, pero contribuye a la memoria del proyecto)
Seamos numerosos en alimentar al Centauroparadis Virtus-Al.

Concepto: “Realitismo” y poesía al grado extremo.

Toda ruptura filosófica del día, entrena dolor y pesar; desde la separación, hasta la perdida del Metro o no encontrar la talla de zapatos que nos gusta, en rebajas. Pero es solo un fragmento de existencia, un fragmento superficial de la “gran Vida, donde todo se perderá”.
¿Dónde está tu paraíso?

 HOY NO HE VISTO EL PARAISO, AUJOURD’HUI JE N’AI PAS VU LE PARADIS, היום אני לא ראיתי את גן העדן, Heute ich nicht gesehen PARADISE ,AVUI NO HE VIST EL PARAISO, Hoje eu não vi a PARADISE, TODAY I HAVE NOT SEEN THE PARADISE, Dziś nie widział PARADISE,Сегодня я не видел рай

el milagroso

In Centauro Paradis Virtus Al on 24 juin 2011 at 12:32

En el Penthouse de Heriberto… ayer dejaron un premio a mi caballito, el Centauroparadis Virtus- Al.

morama dijo…

Mi Don David… es un caballito especial… parece un duendecillo… no sè… ingenuo… ubicuo en cada pàgina… un fantasmita… me da ternura… me dan ganas de halarlo por un extremo y volver a dibujarlo… como decìa el poeta Gonzalo Rojas… serà que sabe que es el rey?…
Un abrazo de mariposa para Ud. y un beso…
Gracias…

Hay días, épocas que si existiera una máquina espectral, ( especie de cámara fotográfica del alma) nuestra silueta se vería como una sombra de la que caen al suelo mechones de pelo, dedos, quizás veríamos un brazo, o una pierna trabada en los laberintos de los apartamentos donde el sofá o el libro abandonado te ven pasar, confiados en que siempre se vuelve a sentir más, y mientras estes en la cuerda, pasará, y volverás a transitar el infimo pasillo que te impone el destino, la arbitraria « destinée »que no cree en seres que detestan los marcos, y mucho menos en la ira de volver al lugar rutinario que es siempre asesino.
Donde no te espera quien amas, siempre hay un hueco. Cuando te das a pocos en el querer, vas entera y cualquier incertidumbre sostenida provoca naufragio.
Tengo mucho pudor para contar la causa, pero no es de las que juega neurótica, o pasajera , o suma de trivialidades; y al caer la noche, como si se pudiera gritar sin voz, mi amigo David Lago González , me envió un comentario dejado en su espacio.
Mucho tengo que agradecer a David por el linkeo y mucho a « Morama, » no sé quién pueda ser, pero se ha detenido en el caballito y me ha escrito un poema sobre su razón de ser. Muy pocas veces jurados de calibre, amigos o lectores de infos se detienen en el personaje.
La persona dedicó tiempo al caballito, le estuvo mirando con la maquinaria que mencioné y que muchos tienen entre los tarecos que ya no utilizan en la adultez. Y nos ayudó porque hoy no he visto el paraíso, pero sé que puedo tener fé: el milagro es humano.
Bendito sea el Centauroparadis Virtus-Al, quién nació de un amor tan grande como imaginar a un Hombre, – y no soy de las que inventa hombrecillos de catálogos, este tenía la pinta de bandido en el ojo y una oración en la cola de diablo– ; bendita sea la pasión que rompe la brevedad de las sombras y queda como lo único que vale la pena en el caos terrenal.
Estoy por creer que los desconocidos pronuncian las palabras del invocado ángel, cuando este anda entretenido, y es a los humanos de agradecer, porque sí, por ser únicos y no tener deseos de perder.
Salve a los mencionados.
Robado de Chez David.
morama dijo…

Don David he estado tentada y pues allà va… ese caballito garabateado, sìmbolo de la editora Hoy no he visto el Paraìso tiene un origen, un significado?… A mì me encanta verlo…

22 de junio de 2011 23:45

Lazaro Gonzalez dijo…

hago lo que puedo lo reenvio a ver si alguien se quiere enterar

23 de junio de 2011 03:29

David Lago González dijo…

Gracias Lázaro, otra cosa no se puede hacer. Tampoco me voy a unir a los Indignados de Sol porque me dan mucho miedo lo de las asambleas populares (qué le vamos a hacer: taras pequeño-comunistas)

Gracias Morama, el caballito garabateado a mí también me gusta, pero no puedo explicar nada porque se le ocurrió a Margarita García Alonso y es suyo. Qué se yo: a lo mejor tenía un pony cuando era chiquita allá en Matanzas o la tumbó un caballo y estuvo muy grave, o simplemente le gustan las caballos como a mí: creo que es uno de los animales más hermosos, pero dudo que pueda tener uno en mi pequeña casa.

Abrazos y besos.

23 de junio de 2011 10:17

morama dijo…

Mi Don David… es un caballito especial… parece un duendecillo… no sè… ingenuo… ubicuo en cada pàgina… un fantasmita… me da ternura… me dan ganas de halarlo por un extremo y volver a dibujarlo… como decìa el poeta Gonzalo Rojas… serà que sabe que es el rey?…
Un abrazo de mariposa para Ud. y un beso…
Gracias…

Gracias David por el linkeo. Lazaro, agradecida por el interes.

Morama, me ha dado enorme emoción leer como recibes al caballito, inmensa, el bálsamo del día, y el premio de la semana; y ya en estas hasta solté mi lagrima.

Pues el caballito se llama Centauroparadis Virtus-Al, nació en Madrid en el 2006, como una acción plástica, donde pegué miniaturas, realmente miniaturas con su trazo y Hoy no he visto el Paraíso por toda la ciudad y en todas las bocas del metro y muros repletos de cartones, pegados sobre cartones; y después entró a la web y las personas pueden reproducirlo y tomarse en foto con él, recibí hasta de japón- ve al enlace bajo mi nombre y veras – es un ser que me ayudó cuando amaba mucho, en ciudad de amor y estaba buscando un milagro para que nunca acabara.

Ha ido creciendo, y se convirtió en el símbolo de la editora.

He sentido tus palabras, le das su razon de ser, y a mi mucho milagro. Gracias.

Pues David, en cualquier momento te robo los comentarios…

Desde Ontario, Rox trae noticias del Centauroparadis en aires de Rayuela

In Centauro Paradis Virtus Al on 26 février 2011 at 9:33

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Rox Ana, FOTOGRAFA cubana residente en Canadá.

Fragmentos de Rayuela

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguirlas formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da cites precisas es la misma que necesita pape! rayado pare escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sebastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que ansiábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo pera meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayo un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrolle lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiró con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver, a la ola pórfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a arboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película híngara. Y quedo entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabo. Oh Maga, y no estábamos contentos.

¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la villa derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Leonie me mire la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te lleve a que madame Leonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mi, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro. De manera que nunca te lleve a que madame Leonie, Maga; y sí, porque me lo dijiste, que a vos no te gustaba que yo te viese entrar en la pequeña librería de la rue de Verneuil, donde un anciano agobiado trace miles de fiches y sabe todo lo que puede saberse sobre historiografía. Ibas allá a jugar con un gato, y el viejo te dejaba entrar y no te hacia preguntas, contento de que a veces le alcanzaras algún libro de los estantes mas altos. Y te calentabas en su estufa de gran cano negro y no te gustaba que yo supiera que ibas a ponerte al lado de esa estufa. Pero todo esto había que decirlo en su momento, solo que era difícil precisar el momento de una cosa, y aun ahora, acodado en e1 puente, viendo pasar una pinaza color borravino, hermosísima como una gran cucaracha reluciente de limpieza, con una mujer de delantal blanco que colgaba ropa en un alambre de la proa, mirando sus ventanillas pintadas de verde con cortinas Hansel y Gretel, aun ahora, Maga, me preguntaba si este rodeo tenía sentido, ya que pare llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido más cruzar el Pont Saint-Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche, como tantas otras veces, yo habría sabido que el rodeo tenia un sentido, y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. – Era cuestión, después de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acaba en el Chatelet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint-Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame Leonie.

Sé que un día llegué a París, se que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. Se que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metíamos en un café del Boul Mich y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida.

Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero, un Figari con violetas de anochecer, con caras lívidas, con hambre y golpes en los rincones. Mas tarde te creí, mas tarde hubo razones, hubo madame Leonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió casi tus mismas palabras. « Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts. » (Una pinaza color borravino, Maga, y por que no nos habremos ido en ella cuando todavía era tiempo.)

Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario pare desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas amarillas (moviéndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las horas, ingreso paulatino en un mundo – Maga que era la torpeza y la confusión pero también helechos con la firma de la arena Klee, el circo Miró, los espejos de ceniza Vieira da Silva, un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Y entonces en esos días íbamos a los cine-clubs a ver películas mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pabrecita no entendías absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsión estriada donde corrían los muertos; pero de repente pasaba por ahí Harold Lloyd y entonces te sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien, y que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el Carrefour de l’Odeon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel a cualquier almohada. Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d’Orleans, conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay mas allá del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reunían los del Club de la Serpiente pare hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dejábamos las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco, parándonos a mirar el cielo porque esa es una de las pocas zonas de París donde el cielo vale mas que la sierra. Sentados en un montón de basuras fumábamos un rato, y la Maga me acariciaba el pelo o canturreaba melodías ni siquiera inventadas, melopeas absurdas cortadas por suspiros o recuerdos. Yo aprovechaba pare pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía mas fecundo y necesario. Con un enorme esfuerzo, reuniendo imágenes auxiliares, pensando en olores y caras, conseguía extraer de la nada un par de zapatos marrones que había usado en Olavarría en 1940. Tenían tacos de goma, suelas muy fines, y cuando llovía me entraba el agua hasta el alma. Con ese par de zapatos en la mano del recuerdo, el resto venia solo: la cara de done Manuela, por ejemplo, o el poeta Ernesto Morroni. Pero los rechazaba porque el juego consistía en recobrar tan solo lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido. Temblando de no ser capaz de acordarme, atacado por la polilla que propone la prorroga, imbécil a fuerza de besar el tiempo, terminaba por ver al lado de los zapatos una latita de Te Sol que mi madre me había dado en Buenos Aires. Y la cucharita pare el te, cuchara-ratonera donde las lauchitas negras se quemaban vivas en la taza de agua lanzando burbujas chirriantes. Convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los rincones, me obstinaba en reconstruir el contenido de mi mesa de trabajo en Floresta, la cara de una muchacha irrecordable llamada Gekrepten, la cantidad de plumas cucharita que había en mi caja de útiles de quinto grado, y acababa temblando de tal manera y desesperándome (porque nunca he podido acordarme de esas plumas cucharita, se que estaban en la caja de útiles, en un comportamiento especial, pero no me acuerdo de cuantas eran ni puedo precisar el momento justo en que debieron ser dos o seis), hasta que la Maga, besándome y echándome en la cara el humo del cigarrillo y su aliento caliente, me recobraba y nos reíamos, empezábamos a andar de nuevo entre los montones de basura en busca de los del Club. Ya pare entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin propósito fijo, razón de los matadores de brújulas. Con la Maga hablábamos de patafisica hasta cansarnos, porque a ella también le ocurría (y nuestro encuentro era eso, y tantas cosas oscuras como el fósforo) caer de continuo en las excepciones, verse metida en casillas que no eran las de la gente, y esto sin despreciar a nadie, sin creernos Maldorores en liquidación ni Melmoths privilegiadamente errantes. No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas mas fenomenales de este circo, y sin embargo baste suponerle una conciencia pare comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio. De la misma manera a la Maga le encantaban los líos inverosímiles en que andaba metida siempre por cause del fracaso de las leyes en su vida. Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos, o se acuerdan llorando a gritos de haber visto en una vitrina el décimo de lotería que acaba de ganar cinco millones. Por mi parte ya me había acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales, y no encontraba demasiado horrible que al entrar en un cuarto a oscuras pare recoger un álbum de discos, sintiera bullir en la palma de la mano el cuerpo vivo de un ciempiés gigante que había elegido dormir en el lomo del álbum. Eso, y encontrar grandes pelusas grises o verdes dentro de un paquete de cigarrillos, u oír el silbato de una locomotora exactamente en el momento y el tono necesarios pare incorporarse ex oficio a un pasaje de una sinfonía de Ludwig van, o entrar a una pissottiere de la rue de Medicis y ver a un hombre que orinaba aplicadamente hasta el momento en que, apartándose de su comportamiento, giraba hacia mí y me mostraba, sosteniéndolo en la palma de la mano como un objeto litúrgico y precioso, un miembro de dimensiones y colores increíbles, y en el mismo instante darme cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no era el otro) que veinticuatro horas antes, en la Salle de Geographic, había disertado sobre tótems y tabúes, y había mostrado al publico, sosteniéndolos preciosamente en la palma de la mano, bastoncillos de marfil, plumas de pájaro lira, monedas rituales, fósiles mágicos, estrellas de mar, pescados secos, fotografías de concubinas reales, ofrendas de cazadores, enormes escarabajos embalsamados que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables señoras.

En fin, no es fácil hablar de la Maga que a esta hora anda seguramente por Belleville o Pantin, mirando aplicadamente el suelo hasta encontrar un pedazo de genero rojo. Si no lo encuentra seguirá así toda la noche, revolverá en los tachos de basura, los ojos vidriosos, convencida de que algo horrible le va a ocurrir si no encuentra esa prenda de rescate, la señal del perdón o del aplazamiento. Se lo que es eso porque también obedezco a esas señales, tan bien hay veces en que me toca encontrar trapo rojo. Desde la infancia apenas se me cae algo al suelo tengo que levantarlo, sea lo que sea, porque si no lo hago va a ocurrir una desgracia, no a mi sino a alguien a quien amo y cuyo nombre empieza con la inicial del objeto caído. Lo peor es que nada puede contenerme cuando algo se me cae al suelo, ni tampoco vale que lo levante otro porque el maleficio obraría igual. He pasado muchas veces por loco a cause de esto y la verdad es que estoy loco cuando lo hago, cuando me precipito a juntar un lápiz o un trocito de papel que se me han ido de la mano, como la noche del terrón de azúcar en el restaurante de la rue Scribe, un restaurante bacán con montones de gerentes, putas de zorros plateados y matrimonios bien organizados. Estabamos con Ronald y Etienne, y a mi se me cayo un terrón de azúcar que fue a parar abajo de una mesa bastante lejos de la nuestra. Lo primero que me llamó la atención fue la forma en que el terrón se había alejado, porque en general los terrones de azúcar se plantan apenas tocan el suelo por razones paralelepípedas evidentes. Pero este se conducía como si fuera una bola de naftalina, lo cual aumentó mi aprensión, y llegue a creer que realmente me lo habían arrancado de la mano. Ronald, que me conoce, miro hacia donde había ido a parar el terrón y se empezó a reír Eso me dio todavía mas miedo, mezclado con rabia. Un mozo se acerco pensando que se me había caído algo precioso, una Parker o una dentadura postiza, y en realidad lo único que hacia era molestarme, entonces sin pedir permiso me tire al suelo y empece a buscar el terrón entre los zapatos de la gente que estaba llena de curiosidad creyendo (y con razón) que se trataba de algo importante. En la mesa había una gorda pelirroja, otra menos gorda pero igualmente putona, y dos gerentes o algo así. Lo primero que hice fue darme cuenta de que el terrón no estaba a la vista y eso que lo había visto saltar hasta los zapatos (que se movían inquietos como gallinas). Para peor el piso tenia alfombra, y aunque estaba asquerosa de usada el terrón se había escondido entre los pelos y no podía encontrarlo. E1 mozo se tiro del otro lado de la mesa y ya éramos dos cuadrúpedos moviéndonos entre los zapatos-gallina que allá arriba empezaban a cacarear como locas. E1 mozo seguía convencido de la Parker o el luis de oro, y cuando estabamos bien metidos debajo de la mesa, en una especie de gran intimidad y penumbra y el me preguntó y yo le dije, puso una cara que era como pare pulverizarla con un fijador, pero yo no tenia ganas de reír, el miedo me hacia una doble llave en la boca del estomago y al final me dio una verdadera desesperación (el mozo se había levantado furioso) y empece a agarrar los zapatos de las mujeres y a mirar si debajo del arco de la suela no estaría agazapado el azúcar, y las gallinas cacareaban, los gallos gerentes me picoteaban el lomo, oía las carcajadas de Ronald y de Etienne mientras me movía de una mesa a otra hasta encontrar el azúcar escondido detrás de una pata Segundo Imperio. Y todo el mundo enfurecido, hasta yo con el azúcar apretado en la palma de la mano y sintiendo como se mezclaba con el sudor de la piel, como asquerosamente se deshacía en una especie de venganza pegajosa, esa clase de episodios todos los días.

El Centauroparadis Virtus-Al recorre el mundo

In Centauro Paradis Virtus Al on 19 février 2011 at 9:29

El Centauroparadis Virtus-Al con Laura Pérez en Le Havre, NORMANDIA

In Centauro Paradis Virtus Al on 19 février 2011 at 9:25

Salvador Dalí no ha visto el paraíso.

In Centauro Paradis Virtus Al on 19 février 2011 at 9:21

 

COMUNIDAD DEL CENTAUROPARADIS VIRTUS AL  EN FACEBOOK

el centauroparadis con Yosie Crespo, en Miami

In AmiGos, Centauro Paradis Virtus Al on 14 février 2011 at 11:27

Tu centauroparadis y yo nos hemos divertido mucho hoy. Ya nos conocemos. Me dijo: Yosie, a mi derecha, la roja, y a mi izquierda, la verde. Quiero que mis ojos sean la esperanza y mi corazón, la espalda de todo.

Gracias Yosie. El Centauro se pregunta « tendré que escoger?  » Entre el rojo y el verde: la mordida.

Quizás sea en la mordida donde habita  el paraiso?

El Centauro Paradis Virtus-Al ha llegado a casa de Roxana Fuentes en La Habana

In Centauro Paradis Virtus Al on 11 février 2011 at 8:37

El Centauroparadis Virtus-Al  me ronda, nos cuenta Roxana,  bajo la foto donde nos muestra su nueva  morada. La alegría es inmensa, pensabamos que el Centauro se había perdido entre seres ajenos, fríos, indiferentes, pero ahí está,  en la intimidad,   en la  poesía que es simplemente la mesa, el hogar de la bondad, justo  en el lugar donde se trabaja, cercano al altar de la creación.

En la Habana, para más detalles de su osadía.

Nuestro parabién, como una sombrilla contra los aires fríos, las malas lenguas,  la superficialidad y la prisa; por los sueños y la busqueda humana, esperando que sea el comienzo de otro de  sus viajes,  interminable al ser.

Esperamos noticias, la primavera está cercana.

Dejemos pues el testimonio del  primer descubrimiento del Centauro con Roxana. Es la canción Cuando vuelvo, de William Vivanco.

Vuelvo de algún lugar silente
demorado curado de ir
cada muro me ha mirado
irreverente
pero sabes que de muerte
salgo a revivir

Como nave que lleva su rumbo
como ave que sabe de mar
por un lado mi donaire
echándole una mano al ángel
y a todo lo que arde

Pero de tarde en tarde
girando sobre la ciudad
imaginando a dónde vas
cómo me piensas

Y viene todo a seducir
pero me prendo solo
en ti bajo tu meta

La gente viene como va
mirando que me enamoras tú
que me revuelcas

 

 

el Centauroparadis Virtus- Al con Amaurys por Lyon

In Centauro Paradis Virtus Al on 26 janvier 2011 at 8:19

Por Amaurys García Calvo

Andaba el centauro por la calle de La República. Tenía cara de vikingo aterrillado en la botella. Y le dije un café, viajero groenlandés. Y le traje a casa y hablamos de sus andanzas y de lo malo que está el transporte en esta Francia de período especial. Le sentó bien.
De regeso a la calle, ya recompuesto, permitió esta foto souvenir frente al Teatro de les Celestins. Nótese cómo le brillan los ojos.
Había frío. Le dejé con la naríz humedecida.

Hoy no he visto el paraíso

In Centauro Paradis Virtus Al on 26 octobre 2010 at 9:26

foto regalada por David Lago Gonzalez.

El Penthouse de Heriberto

 

EL CENTAUROPARADIS VIRTUS AL es el personaje del caballito que creéen el 2004; y lo imprimi y colé en el metro y por todo Madrid, en busca del paraíso


Luego lo llevé a la red y muchas personas de todo el mundo forman parte del grupo;  lo imprimes y lo situas donde desees de tu entorno Le tiras una foto y me la envias y así lo alimentas , lo haces vivir, como al santo grial

Luego y poco a poco fue y es el símbolo de la editora  Hoy no he visto el paraíso