Lamarga

Archive for the ‘El Moro Fayad Jamis’ Category

Una tumba decente para FAYAD JAMIS

In El Moro Fayad Jamis on 18 janvier 2016 at 3:04
12443246_1078445622189038_689281565_n 12467981_1078445782189022_2053101242_n 12483841_1078445588855708_1148011616_n 12483843_1078445662189034_996932963_n 12506522_1078445755522358_2061869165_n 12507066_1078445695522364_2019666465_n 12511611_1078445682189032_2141383771_n
(Guayos, municipio Cabaiguán, Sancti Spiritus, Cuba)
AQUI reposa el poeta FAYAD JAMIS, en Guayos, junto a su  amigo del alma,  el poeta TOMAS Alvarez.
  He pedido  a muchos conocidos  que pasen por Guayos, tomen  fotos,   y me permitan ver dónde reposa el Moro, hasta que salgamos de su hija Rauda Jamis, quien ha monopolizado su negocio con Cuba, usando sus restos.
Esta mujer completamente desubicada en maldad, se enteró que Najera, poeta mexicano ,  amigo de casa,  hacía trámites para que asistiera al traslado de la osamenta y adelantó, manipuló el asunto para impedirme que  asistiera.
 Las fotos son del amigo  Mel Rodry.
La desolación se instala, triste, demasiado triste que un poeta de su intensidad, repose en ese muro de barraca.
Quisiera sensibilizar a Edel Morales, a los poetas de la Isla, a las Instituciones, asociaciones y amigos del mundo, con esta situación,  desde mi  condición de « borrada », pido  una colecta para que  sea un lugar  decente, de peregrinaje.
Me duele ver estas fotos.
AGRADECIDA a Mey, siempre.
 fayad-jamis-bernal1
PRECISIONES:
Fayad estuvo en una fosa común del Cementerio de Colón y sin nombre, desde su muerte en noviembre del 88 hasta el 2014. Tras muchas cartas que envié durante casi veinte años, el apoyo de escritores y sus sobrinos Alex y Alba, en Cuba procedieron a identificar sus huesos.
Cuando abrieron la fosa era imposible saber a quién pertenecía aquel reguero de tibias , entonces, directamente, me llamaron varias personas, en especial el escritor, profesor y editor mexicano Mario Nájera para demandarme detalles macabros, pues fui quien lo vistió por última vez y nada de lo que me contaban, del posible reconocimiento, era cierto.
En huesos, el Moro no tenía un pie más corto, los tenía planos, sus manos eran especiales, la forma de su cráneo también, sus dientes parejos, eso lo sé bien, no tengo rayones x pero conozco en morfología, además, le puse entre las manos unas llavecitas por eso « de las llaves de la noche » para que pudiera pasar a la luz, loco y simbólico, lo sé, pero así pasó y cuando el señor Nájera, (amigo y editor del Moro, a quien conocí en nuestra casa del Vedado) regresaba a Cuba con los detalles, pues vino a visitarme a la Normandía para precisiones, y me prometió que hacía trámites para que estuviese presente en Guayos ese día, la única posibilidad de que no participara fue la identificación expres, el traslado expres, y las noticias nacionales con bombo y platillo, presididas por su hija y funcionarios cubanos.
Bueno es decir, que nunca el Moro fijó que deseaba regresar al pueblo, a no ser para visitar la tumba de su madre. A Guayos legaba en el Testamento, todos sus pequeños formatos para crear una Fundación. Los planes de este Museo estaban en casa, la disposición la discutimos y los dibujos sobre la mesa.
Tomás estaba vivo; Marrero, Alcides, Retamar, Moreno del Toro, Víctor Rodríguez, Casaus, María, íntimos de casa, entre otros, pueden ratificar lo que cuento. Oficialmente y por segunda vez han matado a Fayad, han borrado los últimos años de su vida, al eliminarme por completo de lo que aconteció, incluso, saltando los detalles finales de la enfermedad.
Las entrevistas donde el Moro me menciona o donde estamos – la foto que todos conocen- han sido republicadas omitiéndome, al estilo que cuenta Kundera en una novela. Oficialmente el Moro pasó tres años de quimio, corretajes médicos y murió solo. La fantasma que le cuidaba fue una tal Margarita, que según Marilyn Bobes se perdió en la niebla y nadie sabe dónde está.
El Testamento donde el Moro destina su obra, con ironía dejaba objetos a este y el otro, su voluntad de protegerme en esas páginas, no cuenta para las leyes cubanas pues impedía con precisión la rapiñaría. No tengo que precisar que desconvenía a quienes cayeron sobre sus bienes.
No tuve ayuda para cuidarlo, y para poder enterrarlo, fue Retamar quien me tomó la mano y le despidió en el Cementerio de Colón. La fosa común de los artistas del circo fue la única opción que encontró en ese momento, la otra era la de los militares, pero ambos pensamos que de estar en común, el Moro hubiese preferido los malabaristas a la guerra.
El resto son las malsanos e indignos bretes de herencia, que ya conocen, su hija Rauda, se liga con las ex mujeres que se declararon ex viudas: Marta Jiménez, viuda de Fructuoso Rodríguez, y María Elena Ibarlusea, hija del embajador de Cuba en México, de quienes Fayad se defendía del odio constante – en estos días subiré algunas cartas de esos últimos tiempos, donde no hay que buscar el bicho de la discordia.
Pues estas poderosas y su hija, nacida en Francia y extranjera, jurídicamente no aptas para ocuparse de herencias en Cuba- según la Constitución, hicieron jurisprudencia, fui borrada del registro de nacimiento cubano y desde entonces vivo con esa vergüenza. Sus sobrinos mexicanos, presentes aquí en los comentarios, también fueron completamente pasados al olvido.
El Estado, su hija y las declaradas ex viudas- sin precedentes en ningún código del mundo esto de arrastrar varias viudas- tocan beneficios por la venta de los libros, bienes, pinturas, grabados, dibujos de Fayad Jamis; incluso sé que una de sus « ex viudas » María Elena Ibarlusea, ha propuesto la venta de sus cuadros a un galerista de Miami.
Eso es lo que hay. La versión oficial del Juventud Rebelde, la pego en el comentario que sigue, mencioné a Alberto Edel Morales Fuentes, pues estuvo presente en la ceremonia y quizás pueda mover esto en Cuba. El Moro no merece tanta porquería. Dejando a un lado las distribuciones arbitrarias materiales, los falsos títulos viudales, y manipulaciones interesadas, estatales como individuales, es hora de un poco de verdad, que se respete su memoria, su voluntad y su vida. El Moro no murió abandonado, estaba a su lado y sé.
Ya que fue desterrado al pueblo, que sea a un lugar decente. El Moro nació muy pobre, trabajó mucho y cuenta con la admiración y el afecto de tantos en este planeta, es imposible y triste admitir que repose como un indigente.
El regreso del Vagabundo del Alba
Los restos de Fayad Jamís, uno de los más prominentes artistas cubanos delperíodo vanguardista, fueron trasladados hasta el cementerio del poblado deGuayos, donde residió durante varios años el autor deCon tantos palos que te dio la vida, cumpliendo así uno de sus anhelos

13 de Noviembre del 2014 21:50:08 CDT

La octogenaria espirituana Rosa Castañeda no olvida aquella mañana del año 1946 cuando la maestra de Geografía anunció la llegada de un nuevo alumno. Desde el primer momento en que divisó al niño con rasgos que indicaban otra nacionalidad, reconoció que tenía talento y trascendería en el tiempo.

Y no erró; precisamente Fayad Jamís Bernal se destaca como uno de los principales artistas cubanos del período vanguardista. El poeta, pintor, diseñador, periodista, diplomático y traductor nació en Zacatecas, México, en 1930, y murió en La Habana en 1988.

«No conversaba mucho, pero se detenía a observar todo. Demostraba mucha sensibilidad y se interesaba por los temas de la cultura», rememora la anciana yayabera.

Aunque llegó a Guayos tras transitar por varias ciudades del país y su origen era mexicano, el «Vagabundo del alba» siempre hizo suyo ese poblado del centro de la Isla y al borde de la Carretera Central. Allí encontró a varios de los escasos amigos que marcaron su vida y descubrió su don para las artes.

En el pequeño pueblo, identificado entonces por el quehacer del central azucarero, aprendió los rituales del dibujo, publicó su poemario Brújula y organizó su primera exposición personal, inaugurada en Sancti Spíritus en 1949.

«Moro», como muchos le decían, en una entrevista realizada por el periodista Orlando Castellanos, publicada en el CD Palabra viva y editado por el Centro Pablo, expresó: «Realizaba los clichés para el cine del pueblo y me ganaba el dinero dibujando las envolturas de mazos de tabaco. Una mañana leí en un periódico sobre la convocatoria para ingresar en la escuela de artes plásticas San Alejandro y decidí matricular en ella. El 4 de octubre de 1949 partí de mi querido Guayos hacia la capital».

En La Habana, Fayad continuó pintando y escribiendo versos. Se relacionó con la intelectualidad de la época e integró el mítico grupo Los Once. Debido a la situación política y económica que atravesaba la Isla en 1954 decidió viajar a París, donde residió durante cinco años.

Ni Europa, ni su estancia en México como diplomático, hicieron que Fayad olvidara al pequeño terruño del centro del país. En ese rinconcito quedaron familiares, amigos y gran parte de su vida. Sin previo aviso, llegaba cada vez que podía vestido con guayabera de mangas largas. Visitaba siempre el taller de artes plásticas, dirigido por Mario Félix Bernal, y dedicaba muchas horas a conversar sobre el quehacer cultural del país con los intelectuales Tomás Álvarez de los Ríos y Crucelia Hernández. Se le recuerda siempre como una figura hierática con los brazos cruzados, que miraba seriamente de un lado a otro.

En reiteradas charlas con coterráneos y colegas de la capital, y por medio de cartas que aún se conservan, reveló su amor hacia el poblado y su deseo de ser enterrado allí.

Lamentablemente la muerte tocó sus puertas en la capital del país, por lo que su cadáver fue depositado en la bóveda dos, perteneciente al Sindicato de Artes y Espectáculos, ubicada en el cuartel noroeste de la Necrópolis de Colón. Tras la exhumación, los restos se trasladaron hacia el Osario de la Asociación Nacional de Operadores Cinematográficos, según revelan los archivos del camposanto.

El deseo del «Mexicano», como también se le conoció, de descansar en la eternidad en su amado poblado, no quedó olvidado. Su amigo Tomás Álvarez de los Ríos, mientras vivió, insistió en el traslado de sus restos. La joven espirituana Damaris Rodríguez Ramos, con la autorización de los sobrinos del «Moro», Alba y Alex Jamís, intenta honrar su memoria con un proyecto cultural dedicado a promocionar la vida y la obra del pintor.

«Supe del anhelo de Fayad luego de leer varias misivas entre él y Tomás, además de una entrevista publicada en Juventud Rebelde en el año 2003, donde los escritores Adys Cupull y Froilán González hicieron referencia al tema. Con el permiso de su familia residente en Guayos y Camagüey me di a la tarea de traer los restos hasta aquí», explica la espirituana.

Guayos estuvo en todo momen-to presente en la vida del «Mexicano». Su sobrina Alba Jamís recuerda que la última vez que lo vio había terminado un libro, aún en manuscrito, donde narraba varias historias del pueblo.

«Se titulaba Cómo están las buenas personas, una frase utilizada por Urbano, un personaje popular que expresaba eso cuando llegaba a los velorios. El texto, luego de su muerte, desapareció», añade la guayense.

En los primeros días de marzo de este año se dieron cita Damaris, los sobrinos de Fayad y el antropólogo forense Dodany Machado en el Osario de Operadores Cinematográficos del Cementerio de Colón, con el objetivo de identificar los restos del artista. Luego de varias horas de pesquisa, el especialista comprobó que ninguno de los 80 esqueletos humanos conservados allí era el del «Moro».

Identifican restos de Fayad Jamís

Sin embargo, eso no impidió la búsqueda, por lo que se solicitó el apoyo del historiador e investigador Ercilio Vento Canosa, espeleólogo y especialista de Segundo Grado en Medicina Legal, quien ha identificado a personalidades como el patriota tunero Vicente García y el matancero Manuel García; los del zoólogo alemán Johann Gundalch; de Fray Gerónimo Valdés, Obispo de La Habana, o los de Álvaro Reynoso, entre otros.

La identificación de los restos de Fayad se convirtió en un desafío para el estudioso matancero.

En conversación con JR, el también historiador de la Ciudad de Matanzas insistió en que el mayor interés no estaba sobre la tarea antropológica, sino en la parte humana del asunto, pues parte de la vida del intelectual se desarrolló en el poblado espirituano de Guayos.

La noticia de la voluntad de encontrar y trasladar los restos le llegó a Ercilio por voz de su amigo Alejandro Romero Emperador, presidente de la Sociedad Espeleológica de Cuba, quien le ofreció los antecedentes de la idea y le dijo que para la tarea de identificación de los restos se había designado al colega espeleólogo Gilberto García.

«Por Damaris conocí del valor cultural y afectivo que tenía esta tarea, iniciada el 28 de julio de 2012, y la importancia de recuperar los restos que no estaban correctamente identificados, aunque se suponía el lugar donde debían encontrarse. Supe de otros detalles de la vida de Fayad Jamís, tales como la enfermedad que lo aquejó y llevó a la muerte, sus relaciones familiares y, sobre todo, del movimiento que se gestaba en Guayos en torno a su figura.

«Una identificación de esta naturaleza suele hacerse en países desarrollados, que tienen la tecnología; no trabajan con los originales, sino con moldes, con copias en plástico; nosotros aquí pudiéramos hacerlo, pero es costoso. La medicina legal y la salud pública matancera han hecho un esfuerzo, demostrándose de lo que podemos hacer con alto rigor científico», consideró el investigador yumurino.

Regreso eterno a Guayos

El regreso de Fayad Jamís a Guayos significa el retorno eterno a sus calles, a sus parques, junto a sus amigos de siempre, porque la brújula, definitivamente, encontró su rumbo.

Veintiséis años después de su muerte, Fayad Jamís regresó a Guayos, su pueblo amado, donde descansará eternamente.

Su hija Rauda Jamís, familiares, amigos, intelectuales y pueblo guayense le rindieron homenaje en una ceremonia solemne que tuvo lugar, primero, en el parque del poblado cabaiguanense, en el que tantas veces compartió su entonces naciente obra. Luego, sus restos fueron depositados en un panteón del cementerio de la localidad.

«Aunque nunca le escuché ese pedido, estoy feliz y satisfecha de que descanse aquí, porque siento que es un lugar donde es muy querido», explicó Rauda Jamís, quien vino desde Francia para compartir junto al pueblo que nombró al «Vagabundo del alba» como su hijo ilustre.

Dieron un enorme valor sentimental a la ceremonia las anécdotas de quienes compartieron junto con él su amor por el arte, como el poeta yayabero Esbértido Rosendo, la música de la banda municipal de Sancti Spíritus y la guardia de honor protagonizada por familiares e intelectuales del territorio, además de invitados como Edel Morales, vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, y el escritor Alpidio Alonso.

 

El regreso del vagabundo del alba
(+fotos)

Fayad declaró a Guayos como su lugar de origen, pues allí vivió gran parte de la infancia y juventud.Tras largos años de espera, los restos del poeta y pintor Fayad Jamís serán trasladados para su descanso definitivo en Guayos.

 

“Una señal que no quiere convertirse en símbolo y se impulsa en el costado lateral de un pez. Una fulguración que entreabre las hilachas de lo subconsciente, pero sin redondearse ni terminar en lo explícito inmóvil: una flecha de cuyo extremo pende una linterna atravesando el ramaje. La forma jugando las dos esferas comunicantes: círculos sobre dólmenes, tortugas emigrando en un trozo de hielo, sosteniendo con sus cuatro patas, como en las fábulas chinas, lo estelar”. Así describió José Lezama Lima en 1967 la obra pictórica de Fayad Jamís Bernal, uno de los principales artistas cubanos del período vanguardista.

Poeta y pintor, Fayad nació en Ojocaliente (Zacatecas, México), en 1930, aunque él mismo declaró a Guayos como su lugar de origen, pues allí vivió gran parte de la infancia y juventud, aprendió los rituales del dibujo, publicó el poemario Brújula y organizó su primera exposición personal, inaugurada en Sancti Spíritus en 1949.

Los tantos palos que le dio de la vida lo hicieron trasladarse a La Habana, donde siguió pintando y enhebrando versos, e integró el mítico grupo Los Once. Luego viajó a París, hizo migas con André Bretón, el padre del surrealismo, y dio a conocer el volumen Los puentes. Tras el triunfo revolucionario regresó a la isla para continuar su carrera plástica y literaria, obtuvo el Premio Casa de las Américas con el poemario Por esta libertad, y ofició como traductor, diplomático, restaurador, diseñador gráfico y profesor de la Escuela Nacional de Arte hasta su muerte, ocurrida en 1988.

El doctor Ercilio Vento Canosa (a la derecha) durante la exhumación de los restos en la necrópolis de Colón. Sin embargo, el espíritu aventurero y trashumante de Fayad siempre vio a Guayos como ese bucólico sitio donde podía disfrutar una buena taza de café en compañía de sus grandes amigos. Allí regresaba siempre que podía y, entre los tantos destinos posibles, iba al taller de artes plásticas dirigido por Mario Félix Bernal, visitaba a Tomás Álvarez de los Ríos u organizaba largas tertulias en casa de la poetisa Crucelia Hernández. Muchos guayenses de hoy hablan orgullosos sobre el Moro o el Mexicano, sobrenombres que le endilgaron con cariño; a veces da la impresión de que, de tanto evocarlo, lo verán aparecer por alguna esquina, luciendo una impecable guayabera de mangas largas y caminando con aquella característica cojera que le hacía ladear el cuerpo hacia la derecha.

Para el año en que murió, su hija, la escritora Rauda Jamís, ya se había instalado definitivamente en Francia; por lo tanto, fueron los amigos y colegas habaneros del Moro quienes decidieron enterrarlo en la bóveda 2, perteneciente al Sindicato de Artes y Espectáculos, ubicada en el cuartel noroeste de la Necrópolis de Colón. Tras la exhumación, los restos fueron trasladados hacia el Osario de la Asociación Nacional de Operadores Cinematográficos, según consta en los archivos del propio cementerio.

Cumplimentando un anhelo histórico de Tomas Álvarez de los Ríos, a finales de 2013 Alba y Alexis Jamís Pimienta, sobrinos del pintor residentes en Cuba, retomaron las intenciones de trasladar los restos de su tío hacia Guayos. Para lograrlo solicitaron ayuda a Damaris Rodríguez Ramos, quien por aquel entonces se afanaba en la creación de un ambicioso complejo cultural dedicado a promocionar la vida y la obra del pintor, proyecto que actualmente continúa gestándose y tendrá como sede la tierra donde el autor de Brújula soñó sus primeros poemas.

El pasado 4 de marzo, el antropólogo forense Dodany Machado se reunió con los sobrinos de Fayad, acompañados por Damaris, en el Osario de Operadores Cinematográficos del Cementerio de Colón con el objetivo de identificar los restos del pintor. Tras arduas pesquisas, el especialista comprobó que ninguno de los 80 esqueletos humanos conservados allí era el de Fayad. Posteriormente, Alba y Alexis Jamís decidieron continuar la investigación en la bóveda 2; para ello, entraron en contacto con del historiador e investigador Ercilio Vento Canosa, espeleólogo, historiador y especialista de Segundo Grado en Medicina Legal.

De amplia experiencia en el campo de la antropología forense (al punto de haber estudiado las osamentas de personalidades como el zoólogo alemán Johan Gundlach y el Mayor General mambí Vicente García González), el doctor Ercilio accedió a trabajar en la identificación de los restos de Fayad atraído por el misterio.

Fayad ofició como traductor, diplomático, restaurador, diseñador gráfico y profesor de la Escuela Nacional de Arte hasta su muerte, ocurrida en 1988. Ya en la bóveda, Ercilio analizó los 30 esqueletos allí conservados hasta seleccionar uno que correspondía a una persona de sexo masculino, de grupo racial europoide y con edad comprendida entre los 55 y 60 años. Tras un estudio más riguroso, el especialista calculó la altura de la persona (1.75 o 1.80 metros), detectó huellas de anemia en el hueso frontal del cráneo y dictaminó un desgaste en la mortaja astragalina del tobillo izquierdo, lo cual provocaba que el individuo cojeara del lado derecho.

Estos elementos, unidos a las características de las mandíbulas y el rostro (edentia casi total, órbitas altas, glabela y arcos supraciliares desarrollados, mentón fuerte y cuadrado), y a las enfermedades sufridas por Fayad, le permitieron dictaminar que aquellos eran sus restos; conclusión sustentada tras efectuar una comparación para establecer la relación directa entre el sustrato óseo y los tejidos blandos, realizar una superposición fotográfica utilizando imágenes de archivo cedidas por los familiares del Moro y ejecutar una reconstrucción modelada del rostro siguiendo los métodos que actualmente utiliza la mayoría de los antropólogos forenses a nivel mundial.

En estos momentos, los restos de Fayad Jamís permanecen en la Necrópolis de Colón, aunque próximamente serán trasladados a Guayos. Según palabras de Damaris, “encontrarlo ha sido un sueño hecho realidad, pues así podrá descansar en la tierra que lo vio crecer. Por momentos pensamos que nos enfrentábamos a una tarea imposible, pero al final lo conseguimos gracias al talento de Ercilio, cuya ayuda ha sido invaluable. Muchos artistas, poetas y personalidades de la cultura espirituana esperan con ansias el traslado; varios repentistas ha compuesto décimas para compartir con todos en ese momento. Y es que el Moro siempre fue, y sigue siendo, un guayense nato, hijo legítimo de un pueblo que aún lo recuerda y respeta mucho”.

Por su parte, el doctor Ercilio aseguró que “identificar los restos de Fayad Jamís ha sido una tarea compleja pero altamente gratificante. Ahora, donde quiera que esté allende las fronteras de la vida, en el seno de lo eterno, él sabrá que este retorno al amor de los suyos es un conjuro al maltrato que sufriera, y también nuestro modo de recitarle: si tantos palos te pudo dar la vida, después de ella aún te decimos te quiero”.

Comentarios

8 Respuestas to “El regreso del vagabundo del alba (+fotos)”

  1. isidorom dice:

    Con cuanta satisfacción e leido este buen reportaje, merece elojios, cuanta dedicación, tambien me es grato conocer la gran ayuda del Dr. Ercilio, todo para que al fin descanse en paz el mexicano-guayense en suelo de Guayos.

  2. Maikel José dice:

    Queridos lectores:
    En primer lugar, muchas gracias por las recomendaciones y notas aclaratorias que han hecho a este artículo. Debo reconocer que no soy periodista, sino historiador del arte, aunque publico asiduamente en Escambray gracias a la paciencia de su colectivo de trabajadores. El artículo Regresa el vagabundo del alba forma parte de una pequeña investigación que Damaris y yo estamos llevando a cabo sobre Fayad; investigación que tributará de manera directa al centro cultural que, una vez fundado en Guayos, se encargará de promocionar la obra plástica y literaria del Moro. Cierto es que he olvidado mencionar a Margarita en el texto, pero ese era un dato del que no disponía hasta leer sus aclaraciones. Desgraciadamente, muchas veces es casi imposible acceder a las personas que poseen ese tipo de información; por suerte aún disponemos de lectores críticos capaces de opinar y aclarar entuertos de forma tan inteligente y oportuna. Agradecería cualquier información que puedan aportar sobre Fayad, e incluso me interesaría contactar con sus familiares en el extranjero. Por favor: pueden enviarnos fotos, datos, fechas, poemas… todo lo que consideren importante sobre la vida y la obra del maestro. Mi correo electrónico es marocalvo@gmail.com. Tanto Damaris como yo estaríamos muy agradecidos por su cooperación. Les dejo un abrazo enorme, mucha salud y suerte, y ojalá nos veamos por ahí…
    Maikel José Rodríguez Calviño

  3. Fidel Ginoris dice:

    Me pregunto por qué no hay una mención a la escritora Maragarita García Alonso en este artículo, sabido es por todos los que admiramos al maestro que sus últimos días los paso amorosamente acompañado por ella.
    Justicia es justicia y la verdad debe primar en todo.
    Gracias por la información.

  4. Jose Luis dice:

    Gracias Estela,sobre todo porque parte de mi familia es cercana a la del poeta y que viven en Puerto Rico y Mismo….Desconocía esto que UD,generosamente comparte.

  5. Estela dice:

    Aclaración: Su hija, Rauda Jamis, nació y siempre ha vivido en Francia, en realidad tuvo poco contacto con el padre (No más de cuatro o cinco encuentros al final de la vida de Fayad). Es hija de Nivaria Tejera, escritora cubana residente en Paris desde los sesenta.
    Su aparición en La Habana, tras la muerte del Moro se debe a que estableció litigio para obtener la herencia.

  6. Estela dice:

    Omite usted un detalle de altura, cuando Fayad Jamis murió vivía con la poetisa matancera Margarita García Alonso y fue ella, quien se encontraba a su lado en el Hospital Almejeiras y junto al Director de Casa de las Américas, Fernández Retamar, tomaron la decisión de darle sepultura a Fayad en esa fosa comuna del cementerio porque no existía otra opción, así como que este despidiera el duelo. Margarita vive en Francia, durante años solicito su tumba tuviese nombre junto a sus sobrinos. Creo que pasados tantos años es hora de que se conozca que Fayad Jamis no murió solo, es imposible no mencionar sus últimos años de vida, ni a esta mujer que forma parte de la leyenda conocida por todos los intelectuales cubanos. En Google usted puede encontrar hasta la foto de ambos y sus sobrinos pueden corroborar lo anterior.
    Es extraordinaria la noticia para todos los poetas y habitantes de Guayos, tremenda labor para que repose en paz junto a su querido pueblo.

  7. Jose Luis dice:

    De lo mejor que he leído en larga data.Felicidades periodista a esto es a lo que llamo periodismo serio.

Homenaje en EFORY ATOCHA

In AmiGos, El Moro Fayad Jamis on 28 octobre 2015 at 12:28

Margarita García Alonso: « Las llaves de la noche » Edición especial dedicada al poeta Fayad Jamís Bernal

-AL CUIDADO DEL POETA

Edición especial dedicada al poeta Fayad Jamís Bernal (Ojocaliente, Estado de Zacatecas, México, 28 de octubre de 1930- La Habana, 12 de Noviembre de 1988)



————-Las llaves de la noche


Por Margarita García Alonso


Fayad Jamis tenía los dientes como un comedor de caña, parejitos. Las manos enormes y cuadradas, un bigotico de don Juan, los pelos muy negros; la risa socarrona, los pies planos y grandes, los ojos tiernos o feroces, según a quien mirara, la nariz de “zapatico viejo” –solía decir- ; y se desplazaba situando puntos cardinales.

Era presencia, imponía una estructura imantada, un karma muy anciano y sabio. Ni se justificó, ni pidió plazas, nunca. Estaba con su fiereza de niño que en una trastienda de Aguascalientes, donde su padre libanés guardaba y cortaba telas, desde ahí, medía pasiones y hombres con la misma vara.

Pocas veces cortó y cuando fue el caso, sangró en la herida.

Bañarse en las pocitas de Guayos, junto al enorme seboruco que su padre levantó en una competencia de brutos, fue el estreno y la primera fama tras descender del barco que les refugió en la isla de Cuba. Estaba marcado, era un fugitivo, un errante de los exilios.
Con su mamá aprendió a silbar, siempre lo hacía. Chiflaba y el sonido recorría los pasadizos del Vedado. Por y para ella había aprendido la letra de boleros melosos, -un día haría un disco con Otto Fernández, Marrero, Tomas Álvarez, Alcides…a su memoria- ; por ella buscaba en la cabellera de las muchachas el olor a limpio de los jabones amarillos.

Todos los meses recordaba que tenía tumba en el centro de la isla, y que no podía ir a ponerle flores. Pensaba que debió en un tiempo tener muchos primos en una ciudad arrasada completamente, en el Líbano. Le intrigaba su árbol genealógico como si fuera la causa de no poder adaptarse a tener familia. Dulce de leche muy azucarado y un té a la menta amargo se ligaban con los tostones. Me dijo que hubo de batallar para saber de dónde era, y se sentía cubano “tirado”
Tenía sus muertos -los complacía como en las tradiciones maternales- Hasta les nombró en la novela ¿Dónde están las buenas personas? que pasé a máquina y debe dormir en un armario de cualquier funcionario de la Habana.

Tenía amigos, quienes seguían sus zancadas, su apetencia, su gusto por el café, el vino, la charla, las horas buscando el tipo de papel que mejor iba a un verso, o las risotadas tras un humor finísimo, aguja y dedal de inteligencia. Tuvo enemigos a quienes fue dando la mano, porque yo encontraba ridículas y desfasados los motivos de ruptura. Estaba marcado, había sido muy pobre y solo concebía en los Hombres la riqueza de ser bueno.

Cuando viví a su lado estaba acabando la escasez en cuartuchos, e iba en camino de ser un coleccionador de cuadros, cerámicas negras, y libros, muchos dedicados por el autor, en primeras ediciones que encuadernaba en piel y letras doradas. Su biblioteca era inmensa y aun así, envidiaba cualquier tomo que no tuviera.

Todo estaba en que decidiera sacarlos de las cajas que se amontonaban hasta el techo. Todo estaba en que firmara renuncia con relaciones exteriores y volviera a la poesía. Todo estaba en que admitiera que ya no era el huraño lobo solitario – había largado a una enamorada porque quiso ponerle un botón a su camisa-…

Lo hicimos y nació la casa planeta. Hubo cómplices, Omar Pérez, Carlos Augusto Alfonso…quienes se hicieron pasar por carpinteros para levantar las bibliotecas. Hubo muchos viejos poetas de alcahuetas protegiendo nuestra unión, hasta un médico, Moreno del Toro, para que no nos diera un síncope de la emoción.

Recortaba fotos y artículos; coleccionaba invitaciones, cartas y papeles de todo tipo. Cuando hablaba garabateaba y le salían bichos, ciudades. En los sobres de la correspondencia ha quedado ese savoir faire entre tinta china y óleo donde se mezcla el bestiario imaginario de todas las culturas que le fomentaron en único. Su trazo, a la pluma negra antigua, con punta afilada era intenso, como un desgarrón; en su técnica estaba sombrear al máximo y solo después, cuando la furia pasara, darle color, iluminar la obra.

En los grandes formatos se sentía libre de trazar estrellas o manchas, era en el mediano donde florecía la composición barroca, el símbolo. Estaba marcado por las sombras. Trabajaba de noche, de madrugada.

Fumaba tabacos y sabía hacer círculos de humo, tenía un cojín morado y un sillón para recibir -ahí nadie se sentaba- excepcionalmente, yo.
No sabía encender la cocina, echar a andar la lavadora, ni cambiar un bombillo. No sabía terminar un grabado -o sí que sabía- pero se acumulaban en la mesa para el día en que debía entregarlos en la Habana vieja.

Impecable en su guayabera azul cielo, yo manchada de pintura fresca, llena de papelitos, mensajes, recados que él me dibujaba por una hora de ausencia.
Le regalaron, sin dudas, el permiso de conducir. No sabía de dineros, cuentas, ni siquiera que había que inscribirse para tener alimentos. Julia o Ada quienes ayudaban en las labores de casa, siguiendo un consejo preciso nada tocaban, a no ser el trillo del pasillo.
Fayad tenía la creencia que el polvo protege, que si se abren puertas, se escapaban las cosas que amaba.

Pero sí sabía contar de Orígenes, quien era aquél poeta, de cómo se creo una colección, o una revista, de cómo Bretón le apadrinó para su exposición en Paris, o Nivaria le acuchilló las telas, o Retamar se peleó cuando él le quitó una novia… ahí desacralicé el mundo…entendí poemas en francés, en inglés, supe de geografías, de biografías -de Mahoma tenía, por lo menos cinco-. Le gustaba leer en voz alta, no levantaba los ojos, recitaba con delectación su obra, o poemas de otros, enfatizando los saltos de verso con leves movimientos de la mano.

Sabía escribir en una máquina de cuatro patadas y mucho a la mano y describir y corregir. Con el poema era diferente, se pegaba, al buril con las palabras hasta que consideraba llegar a un punto de no regreso. Entonces los databa, precisando hora de comienzo y de final. Como en una maternidad, poema a poema.

Cuando le conocí ya había escrito textos memorables; su nombre se estudiaba en manuales de escuela. Se había casado y divorciado dos veces, la tercera ocasión la viví en situación y escandalosa repartición de bienes, por poquito se muda a Matanzas. Contaba con cientos de ex amantes, hasta con una bailarina que se suicidó… En la puerta de casa dejaban cartas, girasoles, aviso de pasaje, golosinas…

Estaba marcado para el amor, a palos marcado.

Le asustaba la inocencia y me educó el gusto, el paso, el trazo, la mordacidad e ironía que deben agitarse con bondad. El tono de su voz era refinado y pleno de nobleza. Estaba marcado como un ahorcado delante de un café, por la fe y la creencia.

Conoció el infierno de recorrer pasillos de hospitales, donde vimos niños desfigurados, seres que parecían mutantes con tintas rojas que delimitaban las radiaciones; conocimos tardes en que el suero entraba lento y devolvía el poema, el escupitajo del toro, mientras caía su pelo, en un reguero interminable de pérdidas por la casa.

Conoció la tristeza de saber que se iba y teníamos cajones aún por abrir, textos mecanografiados; el tórculo que entendió que debía darnos una alegría, daba pruebas de equilibrio, las ediciones Vigía tendrían el apoyo de esta imprenta; estaba claro que publicaríamos a media Cuba…y éramos una “pareja de libros”- “el maestro y margarita” de Bulgakov se paseaban por San Lázaro camino al Almejeiras…-decía con ironía-.

La maqueta del museo de pequeño formato, la fundación en Guayos, reposaba bajo la lámpara Art Nouveau, que otra vez, se había desarmado, y que repararíamos después de la mudanza, el viaje a Nicaragua, quizás vivir lejos, lejos… vivir.

Nos habían abandonado, nadie quería verlo morir. Dios, que solos estuvimos con la muerte.
Fayad decidió hacer prueba de hombría e ir perdonando antiguas batallas líricas, afectivas, romper las destempladas lanzas de ex funcionario y perdonarse con humildad.

-Le quedaba irremediablemente una falta, esta criatura.


En la foto arriba, Margarita con Fayad

——-Entradas relacionadas, Aquí.


*****Mis vivencias con El Moro están recogidas en la novela Amarar, que si dios salva, se publicara un día.

Memoria de Fayad Jamís, por Enrique Sánchez Hernani

In AmiGos, El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 25 octobre 2015 at 12:54

13 abril, 2007

Memoria de Fayad Jamís

Por: Enrique Sánchez Hernani
La primera exaltación que sufrí cuando me atreví a dar mi primera caminata por las calles de La Habana, en julio de 1985, fue ese extraño color amarillo de Nápoles que el cielo dispendiaba sobre su pacífico malecón apenas ingresaba la tarde. Un mar extraordinariamente azul, y transparente hasta la admiración, lamía con paciencia la ribera de arena blanquísima. Algunas muchachas hacían sonar sus pláticas de adolescencia como maracas vistosas aunque sencillas. La tarde se cargaba de un fuerte perfume a mar. Todo este paisaje me preparó para uno de los propósitos con los cuales había viajado a la isla: conocer al poeta Fayad Jamís, autor de algunos de los más notable versos escritos luego de la década del ’50: «Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Yo crecí / entre bestias y yerbas, y en mi casa / la pobreza encendía su candil en las noches».
En Lima, por entonces, y pese a la innegable celebridad de que era merecedora la poesía cubana, poco se conocía de sus poetas que no fuese más allá de leidísimas antologías. En la década del ’70, quienes por entonces paseábamos con cierta soberbia el emblema de la poesía joven, nos dedicamos a una caza singular: la consecución de libros personales de los poetas cubanos. Fue así, y con bastante fortuna, que me topé en una feria de libros con un volumen deslumbrante: «Abrí la verja de hierro» en edición cubana, escrito, dibujado y diagramado íntegramente por su autor: Fayad Jamís.
Aunque por entonces mi ávara colección de libros de poesía tenía algunos otros títulos cubanos, éste fue el libro que más leí. Fuertemente impresionado, sometí la poesía de Fayad a reiteradas lecturas y algunas experiencias que hoy me parecen sinceramente alucinantes. Uno de los poemas del libro, «Retrato de una mujer y versiones sobre su (hipotético) asesinato», trata de una muchacha, Mariannik (que después me enteré era el nombre de una vieja novia de Fayad), que a pesar de su candor trabajaba en un bayú, como se le decía en Cuba a los burdeles. El poema me estremeció y, para probar que su eficacia estética iba más allá del público habituado a la poesía, fui con él bajo el brazo a un bulín, como en el Perú se le llama a los burdeles.
La cortesana que aquella noche me recibió en su habitación vio con sorpresa como un muchacho se dedicó a leerle un largo poema en vez de dar rápido trámite al comercio carnal. «Sí, está bonito», me respondió cuando le pregunté qué le había parecido el poema de Fayad, «pero -quiso saber- ¿quién es ese que le hace poemas a las putas?». Observé su asombro tras su semidesnudez y su maquillaje ajado de flor oscura y nocturna. No, no se debía parecer a Mariannik. Sin saber qué retrucarle, salí de su habitación esperando que la magia de la poesía pudiese dar su propia respuesta.
Cuando por fin conocí a Fayad en La Habana, no le conté este episodio de auténtica emoción surrealista. No sé si porque me faltó tiempo o porque me atemorizó la probabilidad de que lo desaprobara. Frecuenté su departamento en un cuarto piso de un soleado edificio habanero del barrio de Vedado varias de esas tardes apacibles. Por cinco y hasta seis horas hablábamos de poesía, de música cubana -otra de mis debilidades-, de los lugares y las cosas que había visto en México y París, de las claves de algunos de sus poemas, sorprendido de que los conociese. Para entonces también había leído «La pedrada», otro de sus libros.
Con amabilidad que agradezco aún ahora, me mostró sus dibujos, sus tintas, algunos escritos que acababa de empezar, aquellos tomos de papel blanco empastado en cuero que utilizaba para anotar poemas y realizar dibujos, sus sobres de carta a los cuales había usado como lienzos para dibujar sobre ellos y con infinita paciencia recordaba anécdotas de Beny Moré que yo le urgía a narrar. En esas tardes habaneras, naturalmente, brotó el sol de nuestra amistad. Me confesó que casi no salía a la calle, que un sobrino suyo le llevaba café y algunos bocadillos, y que sigilosa y oportunamente, algunas amigas lo visitaban de vez en cuando. El resto del tiempo, todo el tiempo, Fayad lo usaba para escribir, dibujar o pintar.
En La Habana, el poeta había convertido su departamento en un recinto de generoso dispendio de su talento. Sobre una mesa larga que dominaba una de las habitaciones, tenía instalada una antigua máquina de escribir con un papel apresado en el rodillo y a un costado libros abiertos, papeles, diccionarios. Más allá estaban extendidas hojas de papel grueso, tintas, plumillas. A un lado de la mesa un caballete sostenía un lienzo que Fayad había comenzado a trabajar. Para el poeta, eso me pareció, el trabajo era una inaplazable manía.
Su genio no sólo se había encarnado en «Abrí la verja de hierro» (donde figuran algunos poemas memorables: «Auschwitz no fue el jardín de mi infancia», «12 y 23» y aquel sobre Mariannik) sino también en «Los puentes», donde se lucían poemas espléndidos: «El ahorcado del café Bonaparte», «Vagabundo del alba» o «Por una bufanda perdida». Esos libros eran la muestra depurada y maravillosa de un estilo que dominó la poesía latinoamericana entre el ’60 y el ’70: el coloquialismo, aunque recuerdo que a Fayad no le era amable el término.
Su primer libro, «Los párpados y el polvo», lo había publicado a los 24 años, donde la principal influencia era de la célebre revista «Orígenes», que dirigía ese monarca voluminoso y genial llamado José Lezama Lima. «Los puentes», que publicó luego en 1962, sirvió para instalarlo con justeza entre los mejores poetas de habla castellana; según la mayoría de sus críticos, éste es su libro cumbre aunque Fayad prefería «Abrí la verja de hierro», editado en 1973.
Publicaba poco si es que notamos su dedicación casi absoluta a la creación (siete libros hasta sus muerte, ocurrida en noviembre de 1988), pero algo de tiempo le robarían los largos años dedicados a la diplomacia en México, que lo habían dejado extenuado, según me confesó. «Ahora quiero ser solamente poeta», señalaba. Sin embargo, por su justa celebridad en Cuba, no podía deshacerse de ciertos compromisos, como los de integrar jurados de concursos literarios, que él sobrellevaba casi hasta con alegría. «A todos les pongo observaciones en los márgenes, para que vean que sí se les ha leído atentamente», me contaba. Varias vocaciones deben haberse salvado por ese generoso gesto suyo.
El día que me despedí de él en La Habana, una brisa estival recorría la tarde como una duna de arena húmeda, que perezosamente se acercaba hasta el balcón de su departamento donde conversábamos. Abajo, como el vestido de fiesta de una muchacha disipada, brillaban los primeros candiles de la noche habanera. Fayad me puso una mano en el hombro y me llevó hasta la balaustrada. Un incendio de sombras se abatía sobre los muros amarillos de las casas soleadas durante el día.
–Así es como quiero que recuerdes a La Habana cuando estés en Lima– me señaló. La ciudad empezaba a parpadear.
Así lo hice, hasta que en 1986 nos volvimos a ver, esta vez en Lima, ciudad que el poeta visitaba por primera vez aunque en «Vagabundo del alba» había una mención al Perú. Desde el primer día de su estadía nos frecuentamos, casi todo el tiempo por cerca de tres semanas, hasta que prácticamente dejé de trabajar con el fin de atender, de muy buena gana, su formidable cariño. El tiempo que compartimos lo dedicamos a pasear por Lima, a sentarnos en algunos de sus macilentos cafés para continuar nuestra interrumpida conversación sobre poetas y poesía, a buscar tintas, papeles de texturas especiales, pinceles, plumas y artesanías, por las cuales sentía una verdadera pasión (yo ya había visto en La Habana su colección mexicana) y de las que era conocedor.
Tácitamente declaramos la libertad del tiempo. Nos deteníamos horas en los kioskos de periódicos, a comentar los increíbles titulares de la prensa sensacionalista, que Fayad compraba y recortaba con la esperanza de usarlos en unos poemas que planeaba escribir. Cierta vez, al oír una melodía que yo identifiqué como una guaracha cubana, nos detuvimos a discutir, sin prisa y con pausa, como si en ese detalle se nos fuese la vida, quién sería su intérprete y si era o no cubana. Como después de más de media hora de derramar nuestra sapiencia en plena calle (varias gentes nos miraban ya perplejas) no pudimos ponernos de acuerdo, subimos al balcón desde donde había provenido la música a dirimir el debate. La dependiente de una casa de ventas de discos nos indicó con la mano una fila de casi dos metros de discos puestos de canto. La búsqueda fue poco menos que imposible. Después de una pesquisa que se prolongó por casi dos horas («Mira qué disco más raro es este, seguro que su historia es…», «¡Ah! Yo escuché esta versión en México. Fue cuando…»), salimos sin hallar la grabación. «No era cubano», se aprovechó Fayad para sentenciar mientras bajábamos las escaleras. Quizá.
Antes de regresar a Cuba, la embajada cubana en Lima le ofreció una cena donde concurrimos algunos poetas peruanos. Luego de la comida, y cuidando que los demás no nos fuesen a pillar, me entregó una cartulina enrollada, envuelta en papel periódico. Era un dibujo con témpera y tinta que había hecho en Lima.
–No creas que porque estoy de visita he dejado de trabajar– me dijo ante mi asombro. Puesto que nos veíamos a diario, nunca supe a qué hora podía haber hecho ese dibujo.
Antes de irse prometió volver a Lima, para exponer sus sobres dibujados que ya había exhibido en La Habana bajo el nombre de «Fayad Jamís sí tiene quién le escriba». No cumplió, no pudo. Se lo impidió el cáncer, que como una zarpa oscura le rompió el corazón, aunque inútilmente: vuelvo a ver la ciudad que el poeta me mostró desde su balcón, leo nuevamente sus poemas impecables, oigo su voz en el disco que grabó en México donde leía algunos de sus textos más notables. Entonces siento que Fayad algún día volverá y soy yo al que se le desgarra el corazón bajo el menudo y afilado estilete del dolor.

publicadas por Diego Alonso Sánchez

Fayad Jamís: algunos poemas

In El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 22 octobre 2015 at 10:00

fayad-jamisContémplala: es muy bella, su risa golpea
la costa,
toda de iras y espumas. Pero no intentes
decirle lo que piensas. Ella está en otro mundo
(tú no eres más que un extranjero de sus ojos,
de su edad)
Dile, en todo caso, que te gustan sardinas fritas,
sobre todo una tarde en que llueve un inolvidable
vino blanco. Háblale del hermoso fuego
de tu patria.

Ella es clara y oscura como la lluvia
en que reina
su ciudad. Sus ojos se detienen en un punto
movedizo
entre la estación del amor y un tiempo
imprevisible.
Claro que a veces olvidas (por un instante,
es cierto)
tu oficio de notario, y, como ser humano al fin,
te pones a hablar líricamente de política.

Lo mejor
que puedes hacer es convencerte de que la poesía
te completa,
comprobar que has cruzado el lindero del horror
y la angustia,
escribir que una tarde recorriste
la bella ciudad empedrada
para encontrar lo que no podía ser el amor
sino el poco de sueño
que recuerda un gran sueño.

¿Qué es para usted la poesía
además de una piedra horadada por el sol y la lluvia,

Además de un niño que se muere de frío en una mina del Perú,

Además de un caballo muerto en torno al cual las tiñosas

describen eternos círculos de humo,

Además de una anciana que sonríe cuando le hablan

de una receta nueva para hacer frituras de sesos

(A la anciana, entretanto, le están contando

las maravillas de la electrónica, la cibernética y la cosmonáutica),

Además de un revólver llameante, de un puño cerrado,

de una hoja de yagruma, de una muchacha triste o alegre,

Además de un río que parte el corazón de un monte?

¿Qué es para usted la poesía además de una fábrica de juguetes,

Además de un libro abierto como las piernas de una mujer,

Además de las manos callosas del obrero,

Además de las sorpresas del lenguaje -ese océano

sin fin totalmente creado por el hombre-,

Además de la despedida de los enamorados en la

noche asaltada por las bombas enemigas,

Además de las pequeñas cosas

sin nombre y sin historia

(un plato, una silla, una tuerca, un pañuelo,

un poco de música en el viento de la tarde)?

¿Qué es para usted la poesía además de un vaso

de agua en la garganta del sediento,

Además de una montaña de escombros

(las ruinas de un viejo mundo abolido por la libertad),

Además de una película de Charles Chaplin,

Además de un pueblo que encuentra a su guía

y de un guía que encuentra a su pueblo

en la encrucijada de la gran batalla,

Además de una ceiba derramando sus flores en el aire

mientras el campesino se sienta a almorzar,

Además de un perro ladrándole a su propia muerte,

Además del retumbar de los aviones al romper la barrera

del sonido (Pienso especialmente en nuestro cielo y

nuestros héroes)?

¿Qué es para usted la poesía además de una lámpara encendida,

Además de una gallina cacareando porque acaba de poner,

Además de un niño que saca una cuenta y compra un helado de mamey,

Además del verdadero amor, compartido como el pan de cada día,

Además del camino que va de la oscuridad a la luz (y no a la inversa),

Además de la cólera de los que son torturados porque

luchan por la equidad y el pan sobre la tierra,

Además del que resbala en la acera mojada y lo están viendo,

Además del cuerpo de una muchacha desnuda bajo la lluvia,

Además de los camiones que pasan repletos de mercancías,

Además de las herramientas que nos recuerdan una araña o un lagarto,

Además de la victoria de los débiles,

Además de los días y las noches,

Además de los sueños del astrónomo,

Además de lo que empuja hacia adelante a la inmensa humanidad?

¿Qué es para usted la poesía?

Conteste con letra muy legible, preferiblemente de imprenta.

Mejor es levantarse

Si no puedes dormir levántate y navega.
Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar.
La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas,
hospitales, enormes maquinarias que no duermen.
Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos
el viento de tu ciudad. Levántate y enciende
las turbinas de tu alma, no te canses de caminar
por todas partes, anota las últimas inmundicias
que le quedaron a tu tierra, pues todo se transforma
y ya no tendrás ojos para el horror abolido.

Levántate y multiplica las ventanas, escupe en el rostro
de los incrédulos: para ellos todo verdor no es más que herrumbre.
Dispara tu lengua de vencedor, no sólo esperes la mesa tranquila
mientras en otros sitios del mundo chillan los asesinos.

Si no puede soñar golpea los baúles polvorientos.
Si aún no sabes vivir no enseñes a vivir en vano.
Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles,
no des limosnas. Levántate y ayuda al mundo a despertar.

Vagabundo del alba

A Nicolás Guillén
La mañana pálida de París crece sobre mis hombros

después de la noche larga mi amor esta brisa
Las hojas color de miel del otoño deslizándose por las calles
en las aceras las hojas del otoño sobre la cabeza de los mendigos
Aún duermen una mujer se ha levantado ha recogido una boina
que había a los pies de un durmiente y le ha cubierto el rostro
La ternura de esa mujer debajo de los harapos negros
como la flor pálida del día como la paloma
que revolotea sobre el Sena de humo de cristal de plata

Así es aquí el amanecer yo te lo digo ahora que es otoño
así es el alba de la ciudad está muerta sus huesos pueden ser palpados
y nadie dirá nada los policías duermen sus orejas de corcho
las leyes duermen la miseria dormita yo camino camino
primer hombre de este nuevo día como si la ciudad fuera mi mujer
y yo la contemplara desnuda el cielo naciendo de su espalda

Así es París yo te lo digo a veces sueño que recorro un mundo muerto
después de la última bomba muerta hasta la esperanza
Yo no comprendo mucho pero me siento un poco Robinson Crusoë
Ronbinson de esta terrible hermosa grande ciudad que se llama París
Los gatos salen de todas partes buenos días los latones de basura están llenos
juguetes rotos frutas podridas trajes papeles desgarrados
papeles donde el olvido ha dejado su oscura cicatriz
El mundo la civilización todo eso ha muerto los gatos y yo sobrevivimos
Frente a uno de estos puentes escogeré mi casa
tal vez aquella de la cortina roja en la ventana
o la otra que avanza como si quisiera saludarme buenos días
Pero no es verdad detrás de todos esos muros grises hay hombres
que respiran roncan y sueñan
hombres que quizás recuerdan un grito perdido en el valle turquesa de los siglos
hombres que acaso están pensando en los nuevos modelos de automóviles
en su trabajo en el amor tal vez en la muerte

Aquella mancha negra que arrastra la corriente es un cartón
creía que era una tortuga creía que era un ahogado
y no más que un cartón a su alrededor flotan tres hojas
como tres corazones de miel tres cifras de otoño
Los árboles salen del río como el humo de los cigarros
Otra paloma revolotea su sombra blanca sobre el agua gris
Los urinarios tienen la belleza astuta de ciertas iglesias de Castilla
voy entregando en ellos para hacer algo mientras pienso
mientras camino mi amor es decir nadie en el mundo esas hojas
Los semáforos le dan paso a los gatos  a la brisa
en la frente del día pálido estas luces de ámbar

Anoche hablaban de la guerra siempre de la guerra
cadáveres espuma de eternidad de cadáveres
pero no todos saben como es dulce la libertad por ejemplo a estas horas
en el carro blanco del lechero viene detrás de sus bestias blancas
Una muchacha de Israel me hablaba de la juventud de su país
ella no tiene religión ella ama París ella ama el mundo
mañana todos tendremos el mismo rostro de bronce y hablaremos la misma lengua
Mañana aunque usted no lo quiera señor general

señor comerciante señor de espejuelos de alambre y ceniza
pronto la nueva vida el hombre nuevo levantarán sus ciudades
encima de vuestros huesos y los míos encima del polvo de Nötre-Dame

En la primera panadería que se abra compraré un gran pan
como hacía en mi país sólo que ahora no me acompañan mis amigos
y que ya no tengo veinte años
entonces hubiera visto todas esas sombras de otro color
Hubiera silbado hubiera arrastrado el recuerdo de una muchacha trigueña
En fin todas esas cosas se van quedando atrás
ahora es más importante trabajar para vivir
Algunos pájaros empiezan a cantar las hojas secas caen
Me voy alejando del río de las lanchas de los puentes blancos
parece que estos edificios fueran a caer sobre mi cabeza
se van volviendo gibosos al paso de los siglos
la rue du Chat-qui-Pêche me hace imaginar historias terribles
Pero es mejor continuar es el alba es el alba
las manos en los bolsillos proseguir proseguir
Dos carniceros dan hachazos en la mitad de una res
eso no es nada divertido y sin embargo me gusta mirar
mi alma es aún un poco carnicera estamos en 1956
Mañana quizás no será así quizás no habrá carniceros ni verdugos
mi corazón un poco verdugo y un poco ahorcado
tu corazón tu corazón serán polvo agua viento
para los nuevos girasoles
cada semilla como una abeja dormida

El día pálido era blanco ahora amarillea
algunas chimeneas parece que fueran a encenderse
Pasa un soldado con una maleta enorme
rombo a la gare de Lyon rumbo a Egipto la muerte
Pasa una mujer en bicicleta ella va a su trabajo
cuando el sol está a la altura de las rodillas como el trigo
todos los días ella va a su trabajo toda la vida
Pasa un camión cargado de vino de estrépito de alba
Ya estoy en el boulevard Saint-Germain miro las vitrinas de las librerías

Algún día compraré un buen diccionario las obras completas de Rimbaud
muchos libros mejor es no hablar de ello
Por todas parte hay mendigos aquél parece un niño
entre su cabeza y el cemento de la acera no hay más que una lámina helada
Tengo ganas de tomarme un café con leche tengo hambre y sed
el alba amarilla tiene un mal sabor en mi boca
París comienza a despertar ya no soy un Robinson
más bien un extranjero más bien un fantasma
más bien un hombre que no ha dormido
vagabundo de la ciudad el otoño y el alba
mientras mi amor ha de estar mirando las cumbres del Perú
o el cielo esmaltado de China
yo no lo sé mis pies se cansan eso es todo eso es todo
Después de haber amado vivir el nuevo día
es hermoso
En la ciudad y el corazón arde la misma llama
París, septiembre 16 de 1956

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Yo crecí
entre bestias y yerbas y en mi casa
la pobreza encendía su candil en las noches.
Los árboles se cargaban de nidos y de estrellas,
por los caminos pasaba asustándose una yegua muy blanca.

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Sólo puedo
recordar el sacrificio de las lagartijas,
el fuego oscuro del hogar en las noches de viento,
las muchachas bañando sus risas en el río,
la camisa sudada de mi padre, y el miedo
ante el brutal aullido de las aguas.

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia, comí caramelos
y lágrimas, en mi avión de madera conquisté
nubes de yerbas y no de piel humana.

Soy un privilegiado de este tiempo, crecí bajo la luz
violenta de mi tierra, nadie me obligó a andar
a cuatro patas, y cuando me preguntan mi nombre
un rayo parte la sombra de una guásima.

Por una bufanda perdida
A Andrés Simor
Aquella bufanda color de oro viejo

que me había acompañado a vivir durante tres años
la miseria la gloria de la luz el amor
la soledad de las calles estrechas como ataúdes
y todos los instantes que el agua va grabando con líneas verdosas
en la frente de las estatuas

Aquella bufanda color oro viejo comprada en la bruma de Génova
(quinientas liras a la entrada de Europa)
bufanda bandera de libertad bandera de poesía
en un mundo de piedras gastadas en que el hombre
dolorosamente
trata de renovarse sin cesar
para no envejecer
para no morir

Aquella bufanda color de perro de la rue Viconti
(esa calle en que siempre está nevando o lloviendo)
acabo de perderla  se ha quedado allá atrás
con un poco de mi juventud
ahora que la humedad habita los muros
y que la noche crece bajo los abrigos
con el temblor helado de las ramas

Filosofía del optimista

El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor
y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron
que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)
pero él devoró su ración sin hacer comentarios,
abrió el periódico, se fumó su café y acabó
de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría
lo pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.
Sin embargo seguían hablando de todo lo que no hay
no hay no hay no hay. No hay esto ni lo otro.
Pero el optimista se levantó en silencio
y otra vez recordó aquellos años en que sólo comió
lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o bistec
o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,
pero jamás de sus dientes salieron discursos.
Y ahora estaba satisfecho de la cena frugal. El hombre
salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.
Las luces eléctricas le recordaron el porvenir.

Problemas del oficio

Mientras te quitas los zapatos piensas en la
poesía,
sabes que alguna vez escribirás algo parecido a un
gran poema,
pero sabes que de nada sirve acumular materias
primas
para cuando llegue la ocasión. Puedes ponerte de
pie y gritarle
a tu propio fantasma que es hora de poner manos
a la obra.
Puedes comerte tu cuchara con lágrimas, escoger
un recuerdo,
saltar como un sabio al descubrir las posibilidades
de lo imposible.
Pero nada habrás conseguido: el poema te mira con
ojos de sapo,
huye como una rata entre desperdicios y papeles,
florece
en el patio de tu casa, está en el fondo de una olla
y no lo ves,
lo ves y lo conoces y lo tocas, es el pan de tu noche,
pero aún
no lo atrapas, y si logras cogerlo por el cuello acaso
se te rompe,
se estrella en tus narices; y es lo cierto que no sabes
amasar
esa sustancia informe y diferente. Te pones a
ladrar porque entonces
recuerdas que así te ocurría con chivos y carneros
(cada uno trataba
de tirar la soga hacia su mundo) y luego meditas
si no sería mejor
ir reuniendo notas sobre un tema determinado,
ir dando vueltas alrededor
del humo de un tabaco, hasta que las yerbas
alcancen las grupas
de las yeguas que sudan y relinchan al borde del
poema.

Es inútil. Inútil. Así no llegarás a poseer tu oficio:
de tus manos
a veces saltan, rotas, las palabras. Los versos se
deshacen en tus dientes,
y de pronto te asombras de que un hombre rompa
a carcajadas su sarcófago.
Todo es posible aquí. Se fueron los verdugos, las
piedras se convierten
en panes o relámpagos. A ti te sorprendió la
tempestad
y ahora la alimentas con los puños cerrados. No
habrá gallina muerta,
bala o trapo que te paralice. Contempla esos
caminos, esas guásimas:
son los mismos en que has muerto, los mismos en
que ya vives
y navegas, pero el viento entró con sus semillas en
tu casa.

Si te vas a dormir acuérdate del vaso de agua que,
desde luego, no es
para los santos sino para los sueños de tu sed,
prepara tus papeles,
junta tus zapatos. Y no olvides seguir asomándote
a los abismos,
no te canses de vivir impulsado hacia las raíces de
las cosas, muerde
el amor en su fuego, en su sal. Ayuda a tus hermanos
a edificar la gran casa
en que no parirá la crueldad. Algún día escribirás
un gran poema.

La Habana: El fatum de Fayad Jamís-por RAFAEL ALCIDES

In AmiGos, articulos, El Moro Fayad Jamis on 25 septembre 2015 at 11:52
fayad-y-alcides copia

Rafael con Fayad Jamis. Foto: Margarita García Alonso

La Habana: El fatum de Fayad Jamís

¿Qué sucedió por fin con los cuadros y dibujos del pintor? ¿Terminaron convertidos en carne de puerco?
por RAFAEL ALCIDES
Aquí paz y en Guayos gloria

La Fundación Fayad Jamis no lo permitiría. Tenía propósitos muy serios. Además de conservar la obra del Moro, como cariñosamente llamábamos a Fayad sus amigos, la Fundación recabaría para sus fondos donaciones de coleccionistas y artistas cubanos y del exterior. Tal había sido la última voluntad de aquel hijo de libanés que nació en México en 1930 y vivió en numerosos pueblos de Cuba antes de llegar por fin a Guayos, pequeño poblado de la entonces provincia de Las Villas, al cual, por esas trampas del corazón, adoptó como su cuna, a pesar de haber llegado allí ya saliendo de la adolescencia y como quien dice de pasada, pues sólo vivió en Guayos tres años.

A Guayos, sin embargo, a aquel melancólico pobladito situado a la orilla de la carretera central, en mitad de la Isla, adonde soñó viendo pasar los ómnibus que iban para La Habana y donde escribió sus primeros versos y amó a la muchacha a la que nunca se atrevió a decirle nada, a Guayos quiso el poeta y pintor Fayad Jamís dedicar los bienes que atesoraba en su templo de la calle O y 27.

Avisado de todo esto estaba el secretario del Partido en la provincia de Sancti Spíritus. En su momento, Fayad lo había acordado con él, y José Luis Moreno del Toro, poeta y médico, había mantenido el contacto. Enormes eran los planes del secretario del Partido. Todo un centro cultural con anfiteatro, salón de conferencias, galerías para exposiciones de pintores, imprenta artesanal, cafetería y biblioteca, de manera que además de la función cultural que en la provincia prestaría la Fundación constituiría un lugar de obligada escala para el turista.

Es ley, sin embargo, que los que van a morir propongan y el fatum disponga. Fayad Jamís murió soltero y sin testar. Durante tres años vivió al cuidado de una bella muchacha treintaitantos años menor que él, pintora y poeta, que lo amaba con devoción. Ni sus antiguas esposas ni su hija francesa, ni sus hermanas que vivían en Sancti Spiritus (al lado de Guayos), vinieron a atenderlo. Fue Margarita García Alonso su enfermera y su aliento para seguir viviendo y escribiendo y pintando hasta el último momento. Pero en términos legales eso ahora era humo.

Rauda, la hija de Fayad, una muchacha fina, bella e inteligente, magnífica escritora, era la heredera universal. Puesto que como extranjera no podía (ni ella se lo propuso) sacar del país la obra de su padre por ser ésta considerada patrimonio nacional, la donó, junto con el automóvil del poeta y el apartamento de O, a sus tías de Sancti Spíritus, dos hermanas de Fayad —recién conocidas por ella en una rauda visita efectuada a Cuba un año atrás, deseosa de conocer la tierra de su padre, al que conociera par de años antes en México— con las que el pintor ni se carteaba ni se veía.

Imagínense, un hombre que pasó estrecheces por no vender una tela o un dibujo, y que con tantos temores había entrevisto el probable porvenir de su obra. Con mucha pena por Rauda, Moreno del Toro y un grupo de amigos consultamos el caso y un abogado nos dio la solución: casar post mortem a Fayad y Margarita, ésta cedía sus derechos a la Fundación y aquí paz y en Guayos gloria.

Pero enmascarándose el fatum de Fayad con una cadena de delicadezas que empezada con Rauda por sus tías y continuada por las dos últimas esposas de Fayad, las que por delicadeza se creían en el deber de apoyar a Rauda, movieron aquellas damas sus caracoles, subieron al cielo a hablar con Dios, y a pesar del apoyo de importantes figuras de gobierno nacionales y extranjeras con que contaba nuestro proyecto, impidieron la boda del difunto y la jovencísima y bella Margarita.

¿Qué sucedió por fin con los cuadros y dibujos de Fayad? ¿Terminaron convertidos en carne de puerco? ¿Se están comiendo las cucarachas los gordísimos files llenos de originales inéditos y sin copia, algunos de ellos de los años cincuenta, que por lo general permanecían amontonados en su mesa de trabajo para tenerlos a mano por si entre trazo y trazo de pintura se le ocurriera tacharles o adicionarle algo? Nadie me lo diga. No quiero saberlo.

Ella estuvo en el paraíso, entretenida en un inmenso orgasmo , por Denis FORTUN

In AmiGos, El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 25 septembre 2015 at 11:42

martes, 27 de octubre de 2009

Entrevista a Margarita García Alonso

Demasiada testosterona en mis entrevistados me obliga a buscar la voz una creadora que considero importante en la blogosfera cubana. Una chica a la que hay que agradecerle su vehemencia, su entrega incondicional hacia todo lo que hace. Una mujer en Groenlandia, derritiendo hielo constantemente. He aquí el cuestionario que muy gentilmente me respondiese Margarita. Espero que la disfruten. Gracias mil Chiquita Mala…


Ella estuvo en el paraíso, entretenida en un inmenso orgasmo

Por Denis Fortun


Denis Fortun
. ¿Quién es Margarita García Alonso?

Margarita García Alonso. Alguien que sobrevive metiendo cabeza en todo lo que le duele, ha aprendido lo mínimo, y sigue empeñada en la vivencia poética y en los amigos. Habrá que preguntarles…

DF. ¿Por qué Chiquita Mala? ¿Por qué una máscara antigás? ¿Por qué Groenlandia?

MGA. No es un secreto que soy pionera de Internet, y de los foros. Hubo una época en que andaba en pandilla con el Burrón Azul, y Fukuyama. Me hacia llamar Lamanga (Manguis, lamanguita) -cuando nos botaron de todos los lugares virtuales existentes, fundamos el Burrón Azul, que administré unos años-. En esa época, pocos intelectuales daban la cara, o escribían abiertamente contra el desgobierno de la Habana. La blogomanía no había comenzado. Chiquita Mala, realmente hizo honor a su nombre con muchas graficas, y textos osados; fue un forero quien me calificó así, y lo asumí en ese blog que conoces. Creo que representa bien que soy un electrón libre, además de ser un apelativo bien cubano, bien del barrio, la chiquita de la esquina. Las máscaras antigas me fascinan en el plano artístico. Cuando llegué a la Normandía, y pude verlas, las fui incorporando a acciones plásticas, para representar situaciones de asfixia, de clima irrespirable, tanto por lo que vivimos, como, a veces, por lo amarga que te hacen la existencia.
¿Groenlandia? Vivo al norte de Francia, en la costa que da al Mar de la Mancha, en una región de vikingos, druidas, celtas, donde se habla un francés que corta el aire, y los hombres son rudos como osos, con mucho frío, días cortos y grises… Aquí no sale nadie a pie después de las ocho de la noche, lo que me obligó a refugiarme en el mundo imaginario de los inuitas, quienes siempre me acompañan en los diálogos interiores… Del juego, pase a la pasión, y es un tema de estudio al que le tengo mucha afección. Hasta celebre con lágrimas nuestra independencia, no hace mucho.

DF. Tienes, al menos que yo  conozca, un par de blogs activos en la web, ¿por qué no fusionarlos en uno?

MGA. Me hace reír Denis, querido mío, tengo mucho más -dos activos, otro en wordpress que me sirve de armario de creaciones; uno en El país, donde las entradas llevan la isla fuera de la blogosfera cubana y… otros secretos que me sirven de diario, o archivos de lo que sucede.
No tengo vecinos que hablen español, y los otros tres cubanos de la zona viven a kilómetros…Este es mi único vinculo social, durante semanas, y hasta meses.
No los fusiono, el tono no es el mismo. Chiquita es política, social. En Di Marga voy de la poesía a los tulipanes que sembré en la ventana, o el novio que me olvidó. Fíjate como los defiendo. El primero está en Cuba; en el segundo vive la peregrina libre. Dos fijaciones que me ponen los pies en tierra.

DF. Por Armando de Armas supe que una vez fuiste agredida en Paris, días antes de ir a Italia a un importante evento literario. Cuéntame los detalles

MGA. Me estaban esperando, debía asistir al Festival de la Modernidad, en la Villa Borromeo, en Milán. Nada mas arribar a la Gare Saint Lazare, y descender al metro, con el apuro de llegar al aeropuerto, sentí el empujón, del que salí con la muñeca fracturada y algunos puntos en la cabeza. Me robaron el laptop, las cartas, el dinero que me había prestado Carlos Wotskow para el viaje, el billete de avión…Precisamente llevaba una ponencia sobre la poca implicación de los poetas e intelectuales en la causa libertaria… Después de eso, he rectificado, que con tantos poetas con blog, la poesía esta bien vivita.

DF. Pinturas, poesía, performances y excelentes fotomontajes, ¿alguna expresión que prefieras?

MGA. Hacer el amor con AMOR. En realidad, prefiero no contradecirme si deseo dibujar, hacerlo y no obligarme a escribir, y así, en respeto, mucha ética con el impulso, que se me da como una energía sofisticada; saber lo que quiero; presurosa…. Hagas lo que hagas, hasta sentarte en un parque, soy entera en esa expresión. Si no, te sale una guarrada. Si tuviera menos angustias, me dedicaría también al paisajismo, los jardines y la vagancia.

DF. ¿Pintas por no saber hablar francés?

MGA. Cuando caí en esta región, ya leía el francés y lo hablaba académico. Los havreses con su acento me dañaban el tímpano… No sé por qué, pero siempre he andado con pintores, o con gente de teatro, que me habían dado coraje, y hasta celebrado. Así, que a fuerza de no querer, acepté la poesía, -es decir, la lengua; ni la mía, que pensaba había perdido su derecho a expresarse, ni esta de hacha y corta vientos– por lo que me solté a contar historias en los cuadros…y se convirtió en vicio.

DF. Háblame de Je suis la pute ce soir

MGA. Es una performance que presenté en la ¨Primera Bienal de arte contemporáneo de Le Havre”, bastante contestataria porque se pagaron sumas astronómicas a cuatro invitados que presentaron obras archi conocidas en el medio. Los artistas del patio nos sentimos marginalizados. Participé con todo el apoyo de la localidad. Escogí una taberna del puerto frecuentada por marineros, mujeres de la noche y camioneros. Comprende la performance en si, un video y una instalación. Recibí muchas flores, y la crítica me llevó lejos, a punto que se convirtió en visita obligatoria de otros artistas, comisarios y especialistas. Estoy muy contenta de haberla realizado, pues es orgánica, y sentí que crecía mi verdad. Las verdades que llevaba dentro.

DF. Al decir de Carlos Garaicoa, « cualquier sitio es bueno para vivir ». Sin embargo, el exilio, además de ser « una cosa triste », para todos tiene una connotación diferente debido a las vivencias de cada cual ¿Qué representa para ti estar lejos de Cuba, y por qué Francia y no otro sitio?

MGA. A mi me gusta conocer. De seguro que sin los Castro, también hubiese vivido largos años en el extranjero. El exilio existe en mí cuando sé que no me dejan entrar a visitar a mis padres. Cuando veo que allá, la cosa esta muy mala y una familia mangonea en todo, en esa injusticia y chantaje de la distancia impuesta. Ese es mi único exilio, la vergüenza de no saber como sacarlos de su posición de esclavistas y maltratadores, el resto es solo un viaje, un viaje de desprendimientos. Con todo respeto hacia Carlos Garaicoa, le invito a esta región. Verá que “cualquier sitio no es bueno para vivir”. Francia es mi castigo, pero el lugar idóneo para crear, llena de contrastes y de absurdidad. Entre un francés y lo que soy, hay varios genes mutantes. Somos dos especies diferentes, lo que me obliga a concentrarme en la filosofía y trabajar.
Para mi, “al no exilio” se llega por la estación de Chamartin, o de Atocha, que se llama Madrid. El resto, hasta Paris, una aglomeración de casas más o menos monumentales, quizás unas más bellas que otras…donde mi alma es ajena y miserable.

DF. ¿Aún no has visto el Paraíso?

MGA. Si, lo he visto, pero estaba entretenida en un inmenso orgasmo y mejor no lo cuento…

DF. Sé de tu compromiso por una Cuba diferente, libre. Sin embargo, me pregunto si volverías a la Isla.

MGA. Creo que moriré la noche antes de que seamos libres.

DF. La Vida ¿Te ha dado muchos palos?

MGA. Palos, pedradas, empujones, descensos, ascensos, locura y ganas de que nunca acabe; la muy jodía, no me hace caso.

DF. ¿Fuiste feliz con Fayad Jamis?

MGA. No fuimos “normales”, y los raros reciben ese don; también lo pagan caro.

Una invitacion de Margarita.
Edición especial dedicada al poeta Fayad Jamís Bernal (Ojocaliente, Estado de Zacatecas, México, 28 de octubre de 1930- La Habana, 12 de Noviembre de 1988)
http://www.eforyatocha.com/2009/10/sigfredo-ariel-el-fayad-que-conoci.html

Nada puede ser MAS INCIERTO

In AmiGos, El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso, prensa on 25 septembre 2015 at 10:50

2d3e0-moroyyollm vOL. 29 GRACIAS A BELKIS CUZA MALE

pag 9 a la 11 aunque toda la revista es un lujo!!!

Cuando se acerca octubre y noviembre, todos los años, comienzo a recibir correspondencia de estudiantes, poetas, intelectuales latinoamericanos sobre Fayad Jamis, el Moro. Los cercanos conocen que por pudor y respeto evito el tema. En mi natura está la capacidad de agradecer las fabulaciones, algunas delirantes, sobre » El Maestro y Margarita », pero les invito a visitar Linden Lane Magazine, VoL 29, del 2010, donde cuento a su directora, la poeta y pintora Belkis Cuza Malé,un incierto encuentro con el poeta, previsto, para dentro de poco. Lean, después olviden. Pag. 9 a la 11, aunque toda la revista es un lujo. Gracias Belkis, siempre gracias.

« No me asomé a tu infancia para verte mecer una muñeca sino para arrancar las piedras de tus ojos y ponerlas a llover y a reir en mi vida. No caminé por tu cintura solo en busca de alimento sino para hallar el secreto de mi hambre de Mundo »
Fayad Jamis

Fayad Jamis, el Moro, siempre el moro

In El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 25 septembre 2015 at 10:22

lunes, 12 de noviembre de 2012

Para que no me olviden. Fayad Jamís

 

Fayad Jamís

El próximo día 12 de noviembre se cumplen 24 años de la muerte de Fayad Jamís. Pintor, poeta, traductor, periodista…Uno de los seres más talentosos que vio la isla y que aún hoy muchos desconocen su magnitud. Este no es solo un homenaje visual, no pretendo hacer un repaso por su obra, ni tan solo pretendo hacer un homenaje al uso, tan solo quiero mostrar pequeños retazos de una vida muy vivida, que su querida y estimada esposa, Margarita García Alonso, de manera muy generosa, me ha brindado para que pueda compartir con vosotros a ese ser tan especial, al que ella amo con la vida y que algunos como yo admiramos con el mismo delirio.

Este es el humilde homenaje que le brindo a Fayad Jamís, para que no lo olviden…

Montse Ordóñez

Familia de Fayad

 

 

Fayad, Nivaria y Manero

 

 

Fayad y Margarita

 

Fayad y Margarita

Correspondencia privada

 

 

Retazos en tela

 

Manuscrito

Uno de sus grandes poemas…

Mejor es levantarse

Si no puedes dormir levántate y navega.
Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar.
La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas,
hospitales, enormes maquinarias que no duermen.
Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos
el viento de tu ciudad. Levántate y enciende
las turbinas de tu alma, no te canses de caminar
por todas partes, anota las últimas inmundicias
que le quedaron a tu tierra, pues todo se transforma
y ya no tendrás ojos para el horror abolido.

Levántate y multiplica las ventanas, escupe en el rostro
de los incrédulos: para ellos todo verdor no es más que herrumbre.
Dispara tu lengua de vencedor, no sólo esperes la mesa tranquila
mientras en otros sitios del mundo chillan los asesinos.

Si no puede soñar golpea los baúles polvorientos.
Si aún no sabes vivir no enseñes a vivir en vano.
Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles,
no des limosnas. Levántate y ayuda al mundo a despertar.

Desde este humilde blog, quiero agradecer la inmensa generosidad de Margarita García Alonso, al permitirme compartir con vosotros parte de la esencia de Fayad Jamís. Muchas de las cosas que hoy han visto la luz, son ineditas y para su reproducción requieren del permiso de Margarita ya que pertenecen a su archivo privado y no está permitida la difusión sin su consentimiento.
Mil gracias Margarita por ser y estar ahí siempre…

El Cartucho de Fayad-

In El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 25 septembre 2015 at 10:14

41161_146068252095615_1480159_n

Por Alfredo Zaldívar

Fayad Jamís había venido mucho a Matanzas cuando, en 1987, Jesús Calaña curó para la Galería de Arte de la ciudad aquella mítica exposición Fayad Jamís sí tiene quien le escriba. Dibujos, acuarelas, temperas, tintas, sobre los sobres de la correspondencia que recibió durante gran parte de su vida y, más aún de su estancia como diplomático en México. Andaba Fayad en los trajines de aquella exposición cuando descubrió que en la casona de al lado unos poetas jóvenes hacíamos libros artesanales que tanto tenían que ver con la poética de su muestra y aquella vocación de “editor alternativo” que siempre le acompañó.
Hacía dos años ya que había surgido Ediciones Vigía. Sueltos impresos en un viejo mimeógrafos, pequeños cuadernillos amarrados con un cordel de yute, pergaminos anillados con algún otro papel de estraza y hasta un librito, Bajo el hongo, de Digdora Alonso, —aquella muchacha que lo acompañó en sus primeras incursiones poéticas, en un lejano 1947, en El País Gráfico, y a quien siempre visitaba con especial admiración en sus viajes a la ciudad.
Fayad quedó tan entusiasmado que perdió su habitual parquedad. Le obsequié algunos de aquellos impresos rasgados e iluminados a mano, numerados uno por uno, con dibujos originales de pintores jóvenes y textos nuestros, de Vallejo o canciones de Marta Valdés.
Margarita García Alonso, la marga, poeta y periodista matancera, tan cercana a Vigía, era su noviecita y fue su último gran amor. Entonces vivían un intenso romance que contagiaba a todos. Quizá ese estado de gracia propició una inesperada propuesta: Fayad Jamís quería publicar en Vigía.
Fayad no sabía que era nuestro paradigma. Era el poeta de La pedrada, de “El ahorcado del Café Bonaparte” y de Abrí la verja de hierro. Pero también el editor e ilustrador de aquellas pequeñas ediciones de La tertulia; conservaba, aún conservo como un tesoro, un minúsculo y raro impreso con poemas de Cintio Vitier editado e ilustrado por él con finas viñetas. Su diseño del Muestrario o Libro de las maravillas de Boloña, de Eliseo, era una Biblia. Yo atesoraba unas bellísimas ediciones artesanales que me regalara cuando compartimos el jurado del Concurso Milanés de poesía.
El poeta, pintor, diseñador, editor que tanto admirábamos iba a publicar con nosotros. Fue el poeta y artesano José Artiles, que ya lo conocía de antes, quien coordinaría aquella edición.
Tuve entonces el desenfado —a los veintitantos uno es así de arrogante— de decirle:
-Maestro, yo quisiera que fueran poemas inéditos.
Él ni siquiera se viró para mirarme:
-Yo no escribo poemas inéditos —me dijo secamente.
Me río cada vez que recuerdo aquella respuesta, pero en aquel momento pensé que todo había acabo allí. Hubo de pasar mucho tiempo para que comprendiera que nadie escribe poemas inéditos. Pero nada terminó.
Fayad escribió en su propia máquina, directamente sobre los esténcils, los poemas —una selección hecha por él mismo bajo el título Con tantos palos que te dio la vida y otras canciones, y diseñó varios recuadros para cada página, realizó los dibujos y la caligrafía de la cubierta. Luego de que imprimimos en papel de estraza cada texto y en un cartucho de bodega corriente la cubierta, Fayad firmó, numeró e iluminó a mano cada uno de los 200 ejemplares. La edición se presentó en la propia apertura de la exposición.
Aquella noche, Ediciones Vigía, que ya había cumplido dos años (fue fundada en abril de 1985), comenzó a ser vista de otra forma. Éramos hasta entonces “unos locos que hacían libros con papelitos ripiaos”. Luego vinieron Eliseo Diego, Fina García Marruz, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Carilda Oliver, Antón Arrufat, Gastón Baquero, José Kozer, Nancy Morejón y más; pero fue Fayad el primer gran escritor reconocido que publicó en Vigía.
Hace poco me contaron que Margarita García Alonso, que vive hace mucho tiempo en París, comentó en un bar de Madrid, ante un grupo de amigos que conocen muy bien la historia, —quizá con ese habitual deseo de provocar que le es propio, y que siempre me gustó—, que Vigía era de Fayad Jamís. Sé que alguien le ripostó. Pero la Marga lleva razón. Vigía es de Fayad, solo que él nunca lo supo.
Aquellos sobres sobre los que pintó, sus libros de El mendrugo, hechos en México con cajas de embalaje, todos sus plaquettes, los múltiples impresos que diseñó e imprimió en papeles desechables y cartones reciclados, son Vigía. O mejor, Vigía es todo eso.
Años después de su muerte, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), convocó a un concurso de diseño del libro —creo que tuvo una única edición— con el nombre de Fayad. El conjunto de libros presentados por Vigía obtuvo el Premio Especial del Jurado. El Fayad premiaba a Fayad.
Cierta vez, en México, cuando acompañamos a Eliseo a recibir el Premio Rulfo, al comentar las ediciones que le habíamos hecho, refiriéndose a Vigía, oímos al poeta decir: “una editorial que hizo Fayad Jamís en Matanzas”.
No quedan dudas. Muchos lo aseguran. Fayad Jamís nunca supo que fundó Ediciones Vigía.
2 de septiembre de 2010. La Jiribilla

fayad9

En casa de Heriberto Hernández Medina: La primera palabra

In AmiGos, El Moro Fayad Jamis, Mis libros on 25 septembre 2015 at 9:33

miércoles, 29 de julio de 2009

MARGARITA GARCÍA ALONSO

Dibujos y Poemas de su libro “MAR DE LA MANCHA »

LA GOLONDRINA DE MAR VUELA TREINTA VECES DESDE EL ÁRTICO AL ANTÁRTICO Y MUERE…

En el transcurso muere.
Quiere descender a la herejía del no vuelo,
escrutar a su semejante, contemplar al cazador,
que año tras año aprecia el vuelo.

Se evade: nada en el cielo es cierto, la tierra
con su lirismo de ovalo, da vértigos.

Lo estático le desconcierta.

La golondrina acusa que te vas quedando atrás
como una mancha ligera, la cabeza inclinada al cielo,
a menos que estés solo, no desmientas

La golondrina de mar es ese animal siniestro
que escapa, que se va y un día regresa.
MARGARITA GARCÍA ALONSO: Matanzas, Cuba. Reside desde 1992 en Francia. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. Miembro de la Organización Internacional de Cyber Periodistas. Poeta, periodista, pintora, grafista e ilustradora. Ha publicado los poemarios Sustos de muchacha, Ediciones Vigía, y Cuaderno del Moro, en la Editora Letras Cubanas. Premios en diversos concursos literarios. Laureada en la Taberna de poetas francesa, y publicada por Yvelinesédition, en marzo 2006. En el 2005 ilustró el libro de teatro A ciegas, de Laura Ruiz; y el poemario Nouvelles de Dan Leuteneger, Collection Emeutes. Numerosas exposiciones y premios de pintura en Francia, Polonia, España, Colombia. Traducción del libro Justo un poco de amor, de la poetisa Florence Isacc; y la portada de la antología de poesía Letras en la piel, Ediciones mis escritos, Argentina, entre otros.


ALMAS PERDIDAS

Salud almas perdidas, ambiciosos
e impúdicos viajeros en la noche del caos.
Cuentas de paciencia trazan manantiales de dedos.

Los que partieron no ven la derrota
que provoca andar en razón, lucidamente loca,
en la esquina donde orinan los perros.

Ingrato maquillaje de situación extrema
acurrucada en un país increíblemente desierto.

El caballo tapizado de flechas,
con el ombligo presto a prolongar el tiempo.

Que visitantes de pasada, escupitajos
reiteración de hombre que va, de hombre que viene,
desesperado, por camino de no ser.

El alma perdida en el bosque, de ojos hacia fuera
de vientre y tripas hacia fuera
donde comen, tranquilamente, ciertos carroñeros
disfrazados de pájaros negros.


LOBA
He olvidado cerrar una casa lejana, una puerta.

La loba existe pues la miran
impaciente espera un bosque pequeñísimo,
las entrañas que nombran a la extranjera.

En mi cabeza, entre mallas tejidas por herreros de forja
verbos decadentes y un brutal estruendo que
me arranca la lengua.

Mi madre heredó el cepillo lacerante y trenza
la conversación que tenemos una vez cuando hay dinero
en un escalofriante teléfono de ocasión.

Están mis oídos con la letanía de un himno:
fetos inacabados de una tarde de carnaval
calcinan en el banquete a una isla.
Son como muertos animados de venganza.

En las costas de la Mancha, envuelta en un suave papel
la extranjera camina como barco en el horizonte.

Las brumas golpean un vestido en fino hilo bordado
por una anciana que recuerda cuando nací
en ese pueblo de la colina, de una isla perdida
jamás en la ausencia de mundo.

Manuel Sosa dijo…Me alegro mucho de volver a leer los poemas de Margarita. ¡Feliz 2009! 31 de diciembre de 2008, 8:14 chiquitacubana dijo…Gracias Heriberto, es un regalo muy hermoso estar en tu espacio. Gracias Sosa, me sonrojo y todo.Feliz 2009
1 de enero de 2009, 9:56 Odette Alonso dijo…Qué linda es esta magia de seguirnos reencontrando en estas redes. Un abrazo a todos. Feliz año.
1 de enero de 2009, 16:Anónimo dijo…je ne sais pas lire l’espagnol,je n’ ai pas mis le traducteur google pour ne pas abimer ton poeme,– MAIS je sais que ce que tu as écris est trés beau.Et en plus une belle photo de toi. ET tu es trés belle Marga !Ollivier Navizet
2 de enero de 2009, 13:25Heriberto Hernández dijo…He recibido desde Cuba este correo del poeta Arístides Vega, al cual unos amigos le envían los post de este blog por Email, ya que no tiene acceso directo al internet. No le he pedido autorización para ponerlo acá como comentario, pero espero que no le moleste.
Hermano, gracias a mis amigos Sonita y Hernando, hoy pude leer los poemas de Margarita García Alonso, en tu blog, a la que le debo haber conocido a Fayad Jamís, en una mañana que ya nunca olvidaré, en que el Moro me abrió las puertas de su apartamento del Vedado, tal y como si fuésemos amigos de toda una vida y me mostró su rica colección de pintura, sus últimos poemas y una espléndida vajilla mexicana. Conversamos de nuestros antepasados árabes y me mostró un cuadro que aún estaba por terminar. Qué lindos recuerdos se han juntado a esos textos tan hermosos que me han traído hasta casa a la amiga Margarita a quien no veo hace más de veinte años. Gracias por este encuentro y muchas Felicidades para tí y los tuyos de, Arístides.
2 de enero de 2009, 14:12grettel j. singer dijo…chiquita, me encantaron los poemas, el de la golondrina en especial. muy lindo recibimiento de año nuevo. felicidades!
2 de enero de 2009, 16:57Anónimo dijo…
La última vez que vi a Margarita fue el día después de inaugurar la exposición “Fayad Jamís sí tiene quien le escriba”, en la Galería de Matanzas y a finales de los ochentas. Las maletas del pintor se habían quedado dentro de la oficina y yo no tenía la llave. El transporte que los regresaría a La Habana no esperaría mucho más, por eso mientras yo pasaba de la impotencia al desconsuelo ella se descalzó las sandalias con total resolución y en un momento ya estaba a caballo encima del tabique de poco más de dos metros, mirándome con la más pícara de las sonrisas para enseguida reaparecer por la puerta cargada con los bultos de ambos. Esa imagen se la recordé casi 20 años después cuando gracias a Laura Ruíz conseguí su dirección de email y nos reencontramos en el espacio virtual. Por esa vía me enteré de que además de escribir estaba pintando y no me extrañó nada; yo sabía muy bien que para La Marga, como se hace llamar ahora, no hay barreras.
Hemos estado en contacto desde entonces, por eso reconocí inmediatamente a la muchacha de ojos desmesurados que abre su alma desde el cuadro, en este blog y me alegré tanto que corrí a contárselo. Me ha gustado mucho leer sus textos, de los que tenía menos noticias.
Hace solo unos días que nos dimos un abrazo, ahora de verdad, en Madrid. Es muy bueno reencontrar a los amigos y mejor que todo, comprobar que seguimos intactos a pesar del tiempo y de todo.¡Muchas felicidades! Mayra Alpízar.
3 de enero de 2009, 17:16~Zurama~ dijo…Chiq…..Que preciosas tus pinturas. Es importante la abilidad de expresarnos a travez del arte.Que tengas un 2009 genial y con muchas otras creaciones.
3 de enero de 2009, 18:06chiquitacubana dijo…mira Heriberto, yo me emociono mucho con las personas que quiero.Esos relatos de Arístides, de Mayra Alpízar son momentos muy intensos y se los agradezco, como a Grettel, a Zurama y a ti por permitirme reencontrar lo innarrable.Mejor me callo y les abrazo, gracias.
4 de enero de 2009, 6:16 chiquitacubana dijo…gracias Odette, ya nos escribimos en privadoun beso
4 de enero de 2009, 6:17Heriberto Hernández dijo…Margarita sigue siendo un remolino de afecto y amistad en el cual se puede encontrar a mucha gente que uno quiere y admira. Gracia a todos por venir por acá, especialmente a Mayra Alpízar, de la cual no sabia hace mucho tiempo, y a la cual recuerdo siempre como una gran amiga, una gran artista y la gente más honesta con que me he encontrado. Hace poco recordaba, con Yovani Bauta, los días agitados de las comisiones del Fondo Cubano de Bienes Culturales, en las cuales eran ellos las dos únicas personas con que se podía contar para obtener un criterio serio y consecuente. Gracias.
4 de enero de 2009, 8:Mayra Alpízar dijo…No sabes cuánto agradezco tus palabras.Para mi también ha sido muy grato descubrir tu blog que me encanta y donde siempre encuentro muy buenos textos y gentes entrañables.
Claro que recuerdo aquellas maratones semanales de « pedagogía artística » en el Fondo de Bienes Culturales.Creo que estábamos todos un poco locos.
Un gran abrazo con el cariño de siempre.
6 de enero de 2009, 20:04Mayra Alpízar dijo…Y te invito a visitar mi blog que acabo de estrenar. En esta dirección: http://rotayremendada.blogspot.com/
6 de enero de 2009, 20:13Heriberto Hernández Medina: dijo…No hay nada mejor, antes de hablar de las personas, que informarse sobre ellas, saber que hacen y tener un criterio fundamentado. Si esto puede ayudar…
29 de julio de 2009, 11:36a dijo…Este comentario ha sido eliminado por el autor.
29 de julio de 2009, 12:01Cuba Inglesa dijo…poemas con mucha pegada, un saludo
29 de julio de 2009, 13:31zumanny dijo…Heriberto, me parece genial este post de Margarita, a la que admiro muchisimo por toda esa energia, todo ese talento, y todo ese carino que se siente cuando ella esta de por medio…Gracias una vez mas! y a ti Chiquita Mala… que te puedo decir…Bienvenida a Miami! Carinos, Manny
29 de julio de 2009, 22:40glopezvir dijo…LaMarga for president!
La Marga es LA cubana de Francia.Todos los días con una idea nueva, todas buenas, todas waohhhh. Cuento los días para verla en ZU, la galería de Manny López.
30 de julio de 2009, 6:08Efory Atocha dijo…Un abrazo y felicitaciones, Margarita. Chago