Bendito Maldicionario, por Jorge Tamargo

Leí recientemente la obra poética de Margarita García Alonso. Lo esencial de ella, quiero decir, en una compilación preparada por la propia autora con poemas seleccionados de nueve de sus libros. Sé que esta obra no me necesita como comentarista (ya se explica y justifica a la perfección por sí misma) pero debo comentarla para vosotros. Primero, y perdonad el abuso, porque lo necesito yo. Segundo, porque cualquier obra poética, incluso (especialmente) si llega a este altísimo nivel de calidad, precisa voceros militantes que ayuden a su difusión. Entonces froto la lámpara, y, con vuestro permiso, pito.

Llegué con tardanza a la poesía de Margarita. Apenas la había leído en algunas antologías, y antes de esta zambullida en su obra, sólo leí íntegramente “El centeno que corta el aire”, gracias a la gentileza de nuestro común amigo, el poeta y editor de Betania, Felipe Lázaro, que me lo envió con una entusiasta llamada de atención. Ya veis, leo y releo, también poesía, y todavía me permito el “lujo” de tales carencias… Bueno, llego tarde pero aquí estoy. Me abruman la obra y su extensión, así que en este primer pitido convocante me abstengo de entrar en toda ella para centrarme en uno de sus pliegues. Pude hacerlo en otros, pues todos tienen similar interés, pero escojo Maldicionario.

Si Margarita hubiera estado en casa de Agatón aquel día, a los postres de la célebre comida que tan brillantemente reprodujo para nosotros Platón, y en la que algunas de las principales cabezas de Grecia especulaban sobre Eros (es mucho suponer, claro, ella no hubiera sido invitada; para su suerte, pues un animal poético tan hembra nunca es proclive a la mayéutica masculina, pero supongámoslo); si hubiera estado allí, digo, y no en alguna Casa de Hetairas, espantando con todas las poéticas posibles el cáustico aburrimiento a que estaban condenadas las canónicas Nikés de Atenas; en el momento exacto en que Diótima, por boca de Sócrates dijo que Eros “es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos”; en ese mismo momento, estén seguros, Margarita habría esbozado una sonrisa cómplice y habría abandonado la sala para escribir Maldicionario. Pero si a pesar de su empeño hubiera sido retenida bajo cualquier pretexto por un Adonis pensante, llegado el momento en que Diótima (Sócrates/ Platón) dijo que Eros por encima de todo resulta un “impulso creador”, Margarita hubiera roto el dominó, y ya sin poder aguantarse, se habría encaminado a su libro exclamando: “toda ecuación del mundo está en el sexo”. Así de segura, y a la vez de femenina la imagino en aquel trance, porque de tales materias está construido su libro: Amor y erotismo (suponiendo que no sean uno, sino palo y astilla respectivamente) como base de un tremendo impulso creador.

Maldicionario es un poemario de amor donde, además, se ajustan cuentas con el pasado. Del pasado emerge un escepticismo amargo, pero Margarita no lo acepta mansamente. Su capacidad de amar y su inspirada locura le permiten pretender una redención que, aunque se ve postergada de continuo, jamás se da por imposible. Margarita cae y se levanta engallada una y otra vez. Siempre que es “violada por un hombre sin rostro” (qué terrible episodio) “navega su miedo” y rehace su himen poético para seguir adelante. “Yo menstruaba por el ojo de la desolación”, dice la poeta. “Aans te «vaginaré» demencias”, se rehace lúcida y esperanzada, con una confianza en sí misma que paraliza, que nos contagia y abduce porque está cargada de verdad poética.

No hay en este libro un solo verso falto de poesía. Su nivel es altísimo y homogéneo. Margarita, que se me antoja una síntesis perfecta (aunque isleña) de la Pizarnik y la mejor Andreu (Blanca), maneja un verso ambicioso y canalla a la vez. Pero su ambición es siempre femenina, tiene la gravedad justa, y su decir canallezco nunca es académico. Sí, cuántos supuestos antipoetas, que vendieron y venden bisutería a fotutazo limpio, se acartonaron, se hicieron catedráticos escondiendo su flojera tras un colegueo pueril, volátil y estéril… En Margarita, sin embargo, todo es verdad, o sea, mentira de la buena buena. Su verso, aunque sagaz y nada encopetado, tiene tal vuelo poético, que nos engancha estemos donde estemos, seamos quienes seamos, para catapultarnos después a su personal universo. Pues, aunque “el sol se [haya ido] a putear al fondo de las nubes/ después de hacerse nulo en los acantilados”, “es triste renunciar a un putillo, si es Madrid y enero”. Putillo el sol que se olvida de los caribeños cuando no a-islan, y putillos de la mejor estirpe los versos de Margarita; para todos los Madriles, para todos los eneros. Putillos que te placen sin saciarte, que te sacuden las entendederas y te penetran las tripas.

No hay nada solemnemente resuelto en esta poesía. Nada está cerrado a cal y canto. Cero sentencias. La imagen abre en ella sin cesar. Cuando creemos estar llegando a un oasis para remolonear un poco, Margarita nos aguijonea, nos desampara de nuevo para que sigamos buscando. “Encuentro el horizonte terno”, nos dice. Y vuelven a caer sobre nosotros todas las preguntas, vírgenes y libidinosas: fértiles. Otra vez a bregar, a esperar la santa penetración, venga de donde venga, porque “da igual el santo que te penetre si trae yerba”. Todo vale, incluso la marihuana, la cocaína, si cohabita el espacio donde señorea la Gran Jerarca (su poesía), si se pliega a ella para encantarnos.

Hembrísima esta autora. Con una fuerza endiablada. Pura verdad poética. Ya quisieran muchos biendecir como maldice ella… Ahora, bueno, tocaría ponerme serio y señalar algunas tonterías formales, algunos despistes irrelevantes. ¿Qué libro no los tiene? Pero callo porque debo hacerlo, porque la poesía cuando tiene esta dimensión áurea ha de celebrarse por encima de todo. Así que escucho el acusmata pitagórico y con él repito: “No interrumpas a una mujer cuando danza para darle un consejo”.

Maldicionario, recuerden, de Margarita García Alonso.

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Bendito Maldicionario, por Jorge Tamargo en Encomio de la imagen

 

sobre El árbol en el mar, Pedro A. Assef, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2011.

Editar este poemario hace nueve años nos unió. En aquel entonces de internet con las opciones de edición ínfimas, me apoyé en el saber, casi a ciegas, que traía de la Imprenta de Cultura en Matanzas.
Parecía que no llegaríamos nunca a terminarlo, pues Pedro se movía como un vagabundo por Norteamérica, en busca del pan diario, a veces conexión, muchas no, pero apareció ese árbol superbe en medio del mar que tuvo a bien crear William Rios y lo soltamos.
Para desconsuelo, aún me entristece, pasó en silencio por los que desde hace mucho controlan (en y desde el exilio) los libros o autores que pueden nombrarse.
Pedro llevó algunos ejemplares a Miami, en una ruta improvisada, leyó en los parques, tampoco encontró institución o mesa, y se nos fue poco después, en otra odisea, saber en qué lugar lo atendían, luego cuál sería la suerte del muerto, dónde reposaría. Puede que resulte espeluznante, pero es la vida y muerte de un poeta cubano en exilio.
Mi homenaje a Pedro, espero que en el 2019 tenga mejor suerte su obra. Perdonen la crudeza, si a mi edad me veo obligada a « repetir lo editado » es porque quiero rendir justicia, que la obra y autores de la editora sean reconocidos. Muchas gracias.
Hoy al honor: El árbol en el mar, Pedro A. Assef, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2011.
Pedro A. Assef, Ciego de Ávila, Cuba, 1966. Murió pobre y solo en el exilio, en Carolina del Norte, Estados Unidos, 2017

« Recuerdo que José Martí, alguna vez escribió, que todo hombre fuera de su patria era un árbol en el mar, y así me he sentido yo durante esta década de vida lejos de mi tierra. Sea pues, esta breve antología, un homenaje al más alto y puro de todos los cubanos. Estos textos, que he entregado a la proverbial agudeza de Margarita García Alonso, los he seleccionado siguiendo un gusto personal, como ella me pidió que hiciera, por lo cual desearía que fueran asumidos así, lejos de tendencias estéticas, escuelas o improntas generacionales. Aquí se resumen veinticinco años de creación literaria (1986-2011), donde el trabajo con las estructuras clásicas de la poesía en lengua españolas, ocupa el peso mayor. Renovar la sensibilidad lírica de las formas tradicionales, ha sido el empeño de todos estos años, y lo que más deseo es que ustedes adviertan las ansias de esta pasión. Quiero escribir mi agradecimiento profundo a Chanito Isidron y Raúl Ferrer, que han muerto. Raúl Luis, José Pérez Olivares, Rafael Alcides Pérez, Abel Prieto, Raúl Tápanes, Fredo Arias de la Canal, Francisco Henríquez y Heriberto Hernández, quienes durante este cuarto de siglo han estimado, y publicado algunos de estos versos. En la poesía caben todas las formas de la literatura. Un poema puede ser una novela concentrada o una crítica concluyente; pero la poesía no existe hasta que no aparece el lector y se encuentra, o reconoce a los suyos en ella. Yo hice de las palabras una forma de vida, que ahora estoy entregando a ustedes, con estremecimiento y con lealtad ». Pedro Alberto Assef,  Primer día de primavera de 2011. Charlotte, Carolina del Norte

Pedro A. Assef,  Ciego de Ávila, Cuba, 1966. Murió pobre y solo, en el exilio, en Carolina del Norte, Estados Unidos, 2017

Los amigos que se lleva el viento.

Ahora mismo estaban aquí

dándome de beber en sus manos

como padres callados

iban sobrellevando mi inocencia
sempiternos oscuros me abrazaban
y yo dormía a sus pies

detrás de sus espaldas
acomodaba como una rosa el desamparo
no eran muchos

pero alcanzaban a recoger mis lágrimas

a devorar a mis versos como flores
me decían: te esperamos afuera

después de la tormenta de la muerte
ah mis viejos hermanos
mis animales de la melancolía

que se han ido de pronto con el viento

y yo sobre esta roca

otra vez frente al mar

sin patria y sin palabras.

(La portada del libro es de  William Ríos, realizada especialmente para el poemario)

HA MUERTO EN EXILIO EL POETA CUBANO PEDRO A. ASSEF. EL ÁRBOL EN EL MAR, EDITIONS HOY NO HE VISTO EL PARAÍSO, 2011

EN GASPAR EL LUGARENO, DEL BUENO jOAQUIN eSTRADA

Muchachos, vamos a seguir escribiendo para « que la muerte no tenga la última palabra » (O. Elitis) Los amo, Assef.

La visión cuántica de Margarita (apuntes breves sobre Mouche), por Tino DIAZ

La visión cuántica de Margarita (apuntes breves sobre Mouche)

Leía « El largo viaje » de Jorge Semprum en contrapunto con « Sodoma y Gomorra » de Proust, cuando recibí la novela « Mouche » de Margarita García Alonso. Como en la corte de la retórica el afecto es cortesano, pospongo la « relectura » Senprum y continúo el viaje con Proust y Margarita. De acuerdo a la cuántica todos los sistemas albergan diferentes estados físicos que pueden describirse a partir de ecuaciones, esa teoría se centra en el comportamiento de la energía y la materia en diferentes entornos, o estados físicos, y esos diferentes entornos o estados físicos están presente a lo largo de la novela.

Sin embargo, la impresión que tuve a ojo de águila en relación a « Mouche » durante la lectura de los 10 primeros capítulos fue la hegemonía de lo vertiginoso lo cual me llevó a establecer una analogía con el existencialismo de « Hambre » y « La Náusea » en cuanto a ritmo. Aunque, esa impresión agarra un sentido distinto, o sea bifurca de la analogía proferida a partir del capítulo 11 donde la autora inserta « El Golem » como sustentáculo, lo cual me catapulta al romanticismo de Achim Von Arnim en su « Isabel de Egipto, o primer amor de Carlos V » (1812).

Antes de adentrarnos más en « Mouche », sería conveniente abrir un paréntesis: después de compartir y debatir mis impresiones tempranas con Margarita mientras navegaba hacia el crepúsculo de su novela, percibo que Margarita había emprendido este viaje ubicuo antes de comenzar a escribirlo, lo cual me lleva al primer poema que leí de la autora de « Mouche »; « El gato de Schrödinger », donde comienza diciendo: « Cuando falta la cola o la crin, el caballo enferma y trota sin la posibilidad espiritual del viento ». Sería recomendable que el futuro lector comenzara por ese texto antes de abordar la novela.)

¿Dónde nos quedamos? Hablábamos del capítulo 11 donde se introduce « El Golem » como sustentáculo (lo cual nos recuerda a la novela de Gustav Meyrink,1915) a través del texto de Borges, —recurso que, a la vez establece un puente con « Isabel de Egipto, o primer amor de Carlos V » donde Achim Von Arnim dejándose llevar por su afición al folkore inserta un cuentecillo popular alemán en medio de la historia que cuenta el origen del hombre de la piel de oso y de un alraune o mandrágora llamado Cornelius, que surge ,según el cuento, de esas raíces que crecen bajo el cuerpo de un ahorcado y que se convierten en una especie de homúculo.

Esos elementos mágicos de personajes místicos, de pociones y conjuros eclosionan también en la novela de Margarita, por un lado tenemos al druida (de los celtas), por el otro, está la mística muchacha que puede introducirse en el interior de las personas y ver el alma, en el capítulo 50 sale a relucir el mundo sacro -mágico del candomblé (santería brasileña) con sus posesiones mediúnicas, y sus depuraraciones con yerbas esotéricas, así como las transformaciones del personaje central cual si tuviera una oración en la boca que le permitiese transfomarse en mosca, en lince, en lobo, en caballo, en putrefacto coágulo, hacia el ocaso del capítulo 55 nos sorprende con la siguiente confesión poética: « soy el río que ahogaron en mi infancia y viajo dentro de los hombres, y canto ante sus tumbas cubierta de palomas »

La novela, per se, es rara, de repente enloquecida, pero lo es también « Isabel de Egipto » la cual tiende a dar la impresión de encontrarnos ante un galimatías, aunque genial, sin embargo, ambas novelas se amigan en el desenfado con que se teje la trama, desde luego mientras Von Arnim se aferra al romanticismo con respecto al lenguaje, Margarita se acerca al Céline de « Viaje al final de la noche », y es Céline, y no Zola quien logra que este tipo de lenguaje se vuelva tangible al paladar literario. Aquí florece incluso lo « erótico » donde el órgano de Príapo cuelga del cuerno de la abundancia. Volvemos al último verso de « El gato de Schrödinger »: « toda ecuación del mundo está en el sexo », lo cual es una alusión a la ecuación cuántica que describe los diferentes estados físicos de la materia, la posible ubicuidad. Aquí florece incluso la condición del extranjero, sus vicisitudes en extranjeras tierras.

He sostenido siempre que un autor es su obra, he insistido siempre en lo cosmogónico, en lo empírico, y aunque la intención de Margarita, o lo que más bien le deja ver al lector no brota de acontecimientos con exactitud encajados en la evocación, sino en experiencias que ha venido acumulando mediante la observación, de repente las experiencias pasadas, las pérdidas, los amores sepultados resurgen a menudo, en forma inconsciente, aunque muchas veces el puño se cierra ante tales situaciones e insistimos en suprimirlas, en mantenerlas en lo más profundo de nuestras entrañas, a veces nos vemos y nos encontramos en los avatares de quienes nos rodean. Soy de los que piensan que la literatura es un perenne regreso, un perenne reencuentro con uno mismo, en el capítulo 57 la novelista nos dice: « mi riachuelo de la infancia es la causa común de la humanidad », más adelante en el mismo capítulo (por cierto, el último) añade: « la buena noticia de mi regreso puede matar a abuela, pero ya está muerta », la alusión a la abuela es simbólica, pero se impone lo afectivo y la posible reacción de la abuela si hubiera estado viva, de manera que aquí se aplica la paradoja del gato de Schrödinger: ¿está la abuela realmente muerta, o viva?, ¿está el personaje de Margarita, vivo, o realmente muerto? Ya en el ocaso de Mouche, eclosiona una vez más el regresar eterno de quien está afuera mirando su pasado, mirando su sentir en la esfera de los otros: « Estoy de regreso, sentada entre mi gente, como si fuese la mosca de la repisa ». La mosca a modo de símbolo es ese insecto que se posa sobre los desechos, sobre las inmundicias, pero también sobre los muertos, sobre nuestros muertos, sobre aquello que murió y de lo cual no podemos desprendernos. Ella ha estado ahí por décadas, en su aislamiento, con la escafandra que le coloca el silencio —cual si fuera como ella misma dice, un buzo intemporal, tan presente como ausente, maulla el gato de Schrödinger una vez más; pero ¿estará viva, o muerta? Y sin embargo está…

Tino Díaz

 

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En In-Cubadora, excelente fragmento de Mouche, novela de Margarita García Alonso, Ediciones Exodus

Excelente fragmento de Mouche, la novela de Margarita García Alonso que acaba de sacar Ediciones Exodus, en Miami. Novela que al decir de Manuel Sosa es “el libro de lo vertiginoso, la cámara enloquecida que repasa un escenario y otro, y no cede, y no permite pausas. Es la prosa del ojo incansable, el aleteo de una mosca ubicua que visita cada escenario improbable, vaciando su contenido y traspasando una esencia hasta colmar la próxima, sin repetirse. La literatura necesita de este virtuosismo, cuando viene, para recordarnos las muchas maneras en que una conseja puede seducir.” Enjoyyyyyt perversillos. CARLOS AGUILERA EN INCUBADORA

«Mouche» de Margarita García Alonso, Ediciones Exodus

«Mouche» de Margarita García Alonso, Ediciones Exodus

La más reciente novela de Margarita García Alonso en Ediciones Exodus, Por Angel VELAZQUEZ

‘No es el ‘fatum’ morir como espantamoscas. El semejante será siempre mosca venenosa. Abandonémonos a la soledad, porque la ciudad anda repleta de moscas mefíticas. Donde finaliza lo íntimo, nace el murmullo; y donde inicia el murmullo, se reproduce también el silbido de los grandes histriones y el zumbido de las moscas letales. Todo lo grande se aparta del murmullo y de la fama: apartados de ellos han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores. Si no huye a la soledad, eres importunado por moscas venenosas. ¡Vete allí donde sopla un viento áspero, fuerte! ¡Vete a la intimidad! Has vivido demasiado cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Empluma de su venganza invisible! No son otra cosa que venganza. Zumban a tu alrededor con alabanzas: impertinencia la alabanza. Quieren la cercanía de tu piel y de tu sangre’.

Novela sin igual, ‘sin atributos’. Los patrones acostumbrados se resquebrajan ante la escritura, como dice Manuel Sosa, es vertiginosa. Modelo, estilo e historia: novela de culto, exquisita, la cual engrosa la colección de narrativa de ‘Ediciones Exodus’ de ‘Ego de Kaska Foundation’.

Agradecemos a Manuel Sosa el excelente texto de contraportada. A Roger Castillejo la dirección artística del libro y felicitar a Margarita García Alonso por el honorable papel realizado como autora de ‘Mouche’. Pronto en Amazon.
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Algunos pasajes inolvidables de “Mouche”:

“Las moscas sobrevivientes se agitan mientras perfecciono una escafandra marrón rojiza semejante a la mierda. Mi vida será breve. Tengo a lo máximo un mes para provocar repulsión. Digo: “esto es una mosca” y comienza a revolotear en tu cabeza”.

“Los cuatro minutos, cincuenta y cinco segundos, espanto las moscas y analizo al hombre que viene de sentarse”.

“Estoy rodeada de moscas que zumban y desespero. Mi pupila sobrevuela la taberna. Puedo pegarles en una tira de papel, puedo encerrarles en el libro, ahogarles en un párrafo”.

“Otra vez adopto la mirada telescópica de mosca, el bosque y las casas se alejan, se acercan, movidos por un resorte invisible”.

“No tengo inspiración. Soy una mosca encerrada en la loca que carga una maleta de espíritus”.

“El aroma estremece a la bandada de moscas que ataca sin miseria mis heridas”.

“Las moscas me chupan el cerebro, se posan sobre las vendas y el pus sanguinolento. El casco de gasa es ligero, las moscas pican la raíz de los pelos”.

“Mi mosca posada junto a la estrella de David, bajo una luz blanca que obnubila. Del joven chorrea miel y mi mosca revolotea su tetilla”.

“En esta línea deben decidir: continuar o evitarme. No soy responsable si el azar nos adentra en la misma vibración del aleteo de las moscas”.

“Huele a éter, ni una mosca se desplaza por los muros. Todo lo que me llevo a casa es puro”.

“Hace tanto calor que mamá parece aplastada. Me acurruco en su pecho, bajo las moscas que zumban. En el asiento del frente, un hombre revienta una mosca con la mano. Los treinta minutos siguientes contemplo el cadáver. Es el último recuerdo que tengo de la isla”.

“Otra vez la mosca bate alas, encerrada en el laberinto de la escalera, a pocos centímetros de la cabeza. Y no hay un solo orificio que la expulse de la prisión en que ha nacido”.

“Sobre mi pelo, el universo de moscas, un ciclo de vida holometábolo: el huevo, la larva, la pupa, las adultas”.

“Soy un cementerio de moscas. A duras penas me enjuago la boca. Me siento feliz de respirar la noche cuando marcho hacia la casa de los druidas, pero al llegar al gentío, mi cuerpo se en¬cierra en la parálisis. Concho, pensé que el mal quedaba atrás”.
“El zumbido de las moscas vicia el instante. Debo apurarme, debo pegarme a su vuelo”.

“Atrás no he de¬jado nada, me persigue un bando de moscas que desbarato, a manotazo limpio”.

“Soy un coágulo putrefacto, cubierto de moscas en medio del océano. Debo ocultar lo que he devenido o estoy obligada a justificar el olor a fracaso”.

“Estoy de regreso, sentaba entre mi gente, como si fuese la mosca de la repisa”.

«Mouche» de Margarita Garcia Alonso
Ediciones Exodus (agosto de 2019).

De él dice Manuel Sosa:

«Éste es el libro de lo vertiginoso, la cámara enloquecida que repasa un escenario y otro, y no cede, y no permite pausas. Es la prosa del ojo incansable, el aleteo de una mosca ubicua que visita cada escenario improbable, vaciando su contenido y traspasando una esencia hasta colmar la próxima, sin repetirse. La literatura necesita de este virtuosismo, cuando viene, para recordarnos las muchas maneras en que una conseja puede seducir. Alguien pudiera aventurarse y decir que se narra ese vértigo (esa agonía) cediéndole protagonismo al lenguaje, que el lector será asediado por su fluidez, llevado de la mano por la sibila que resulta ser Margarita García Alonso; pero hay que mirarlo todo desde la perspectiva imagen/historia, el cómo ilustrar una trama desde la altura, un cuadro que se visualiza elevándose el artífice sobre el posible abigarramiento, para darle sentido, y agarrar al lector y decirle: “Mira”. Quien entra, no sale. Quien se involucra, no puede apartarse. Para el ser ambiguo y transferible, la carrera del disfraz omnisciente, comienza.»
(Manuel Sosa. Atlanta, agosto de 2019)

Poema inédito: Diálogo con árbol, en Gdańsk

Diálogo con árbol, en Gdańsk

Un árbol de metal
« Soy el árbol del milenio » -dice-
Soy de acero inoxidable.
Me diseñó el herrero
Leonard Andrew Dajkowskiego.

Entonces veo al forjador,
veo al hombre que rompe
la oscuridad en el puerto,
le veo crucificado en árbol,

en las ramas hay hojas
de arce, roble, tilo,
de laureles y pájaros,

graznan, cantan
en yiddich, en polonés,
en dialectos del Este,

en mi antigua lengua
es primavera,

pronto será islote
en la marea de flores,
varado sobre los adoquines
del siglo.

Margarita García Alonso

Data de 1997 y conmemora

el 1000 aniversario de la fundación de Gdansk.

 

la foto me la hizo mi hija Laura