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Archive for the ‘Mis libros’ Category

En el 2018, 30 aniversario de Sustos de Muchacha, Margarita García Alonso, ediciones Matanzas, 1988

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 28 février 2017 at 11:51

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Enorme impacto en las redes sociales recordando mi primer poemario,

agradecida a todos.

sustos de muchacha fotocopias

Mis à jour : il y a environ 4 ans
Sustos de una antigua muchacha

Esa blancura
me hace propenso
como si todos fueran otros. Lezama Lima

I

La blancura del cuarto
me repone de los otros.

Soy la salamandra del techo
que bojea en la memoria
a la mujer que no la mató
la sicuta ni el ácido de 1878.

Nada le salva del buque fantasma
anegaré en la bahía la porcelana
donde duerme una muchacha asustada
de bestias y extranjeros.

La mujer no huye al espejo
y sube donde Charlot atrapa a la luna
Cabalga un delfín que morirá en el puerto
desesperado de la tarde.

La muchacha no encontró a su hombre
hora es que el mundo ruede,
ruede y se estremezca.

Menciona las claves del laberinto
de Isadora
y danza.

Ella no fenecerá con la primera grieta
de los ojos.

II
Lo que muere no son sus ojos en las
luces de Pompeya, o los dientes parejos
que destrozan el melón de castilla.

Lo que muere crece se acostumbra
a los sitios vacíos
enrarece y fecunda.

Lo que muere se asemeja al hombre
primitivo que busca las estrellas.

Lo que muere en 1988 es el incendio de la paja
y el rugido en la cabeza de los boyardos
que pelean frente al bosque dividido en
frutales, sombra y veneno.

Lo que muere son las nieves
la catedral blanca.

Lo que muere es el caballo que huyó
con la daga enrojeciendo los adoquines,
el beduino con cientos de cartas,
el azul de las falencias.

Lo que muere es el error de creer
la adolescencia un oficio del siglo.

III

Hablar mucho y atinado del amor
como un pájaro de circo, raro y múltiple
despierto en los niños y los crédulos
y negarlo, pero seguir tras él.

Olvidar la ciudad muerta, las catedrales,
la parodia de las leyes, los salmos
y la parcialidad de esperar.

Caer como el que encuentra
a su asteroide.

Los malentendidos resultan interminables.
Sentarse a ver el campo,
aterrada del visitante y de su luz.

Como Liliput flotando en la habitación
de Jonathan Swift.

Como la nave cansada que desciende al mar
o el animal escogido por el hambre.

Como el ebrio en las destilerías
cambiando palabras
con ese algo trágico e inmaterial
que hemos perdido en las ofensas del siglo.

IV

¿Cómo era entonces la muchacha de los otros
que perecía en amores reticentes?

¿Cómo era asesinos?

Sólo descenderá a la bahía
el hombre de la blancura.

Ultimo poema del libro Sustos de muchacha, Margarita García Alonso, ediciones Matanzas, 1988, prólogo de Carilda Olivier Labra, portada de Fayad Jamis, al cuidado de Luis Marimón., impreso en el Taller de Divulgación Provincial de Cultura, en septiembre de 1988 , según reza: « Año 30 de la Revolución ».

Raccolta di margherita (Italian Edition), POESIA,Margarita García Alonso, editor, traductor Diego Dal Medico

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 9 février 2017 at 12:44

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Margarita García Alonso, poetessa, scrittrice, giornalista, artista visiva cubana, vive dal 1992 in Francia.
Autrice di quattordici raccolte di poesia e di due romanzi. Traduzione: Diego Dal Medico, editor italiano a
Venezia. Margarita García Alonso è una poetessa di luce che costruisce i testi in base all’impatto visivo
delle parole. La sua opera interroga le cause originarie della provocazione, dell’intensità e della bellezza
contemporanea: un valido motivo per leggere le poesie di Margarita, pubblicate per la prima volta in Italia.
Ci auguriamo che con questo libro inizi la traduzione integrale del suo proficuo ed eccellente lavoro.
Margarita García Alonso è nata a Matanzas, Cuba. Dal 1992 vive in Normandia, Francia. Ha pubblicato le
raccolte di versi: ‘Sustos de muchacha’, (Edizioni Vigía, 1988); ‘Cuaderno del Moro’,
(Edizioni Letras Cubanas, 1990); ‘Maldicionario’, ‘Mar de la Mancha’, ‘La aguja en la manzana’,
‘La costurera de Malasaña’, ‘Cuaderno de la herborista’, ‘El centeno que corta el aire’,
‘Breviario de margaritas’, ‘Cuaderno de la vieja negra’ e ‘Zupia’,
(Edizioni Hoy no he visto el paraíso); ‘El centeno que corta el aire”,
(Edizioni Betania, 2013). Autrice di romanzi: ‘Amarar’, (2012) e
‘La pasión de la reina era más grande que el cuadro’ (2014). Ha illustrato il primo libro di José Lezama Lima:
“Lezamillos habitados ». Ha anche scritto opere per i bambini: ‘Garganta’, ‘Señorita No y señora sí’.
Ha ricevuto numerosi riconoscimenti in concorsi letterari e come pittrice. A Cuba è stata direttrice
del settimanale culturale « Yurumi » ed editrice della Casa de las Americas. Ha fondato e diretto dal
2009 le Edizioni Hoy no he visto el paraíso. Edizioni Saltilibro. Traduzione: Diego Dal Medico,
editor italiano a Venezia.
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saltilibro

la mia poesia in italiano

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 14 décembre 2016 at 12:59

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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, en Signum nous

In AmiGos, articulos, Mis libros, prensa on 14 novembre 2016 at 3:17

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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso

Autor: Sonia Diaz Corrales
Podría ocurrir que quien lee este escrito me suponga acodada sobre mi escritorio o recostada en un sillón, con el libro delante de los ojos, pero no se puede leer “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, desde posturas convencionales, así que subí por las paredes y aproveché para balancearme colgando del techo, enrollada en un capullo, con pretensión de ser una oruga de mariposa, que finalmente se transformó en mí hablándole a estos versos, en muchas formas, como las que el propio texto utiliza, una polifonía que se adentra en todos los lenguajes con las mismas destrezas: derribar los límites, dejar constancia de su rareza, mortificar a los falsos, convencernos de que fuera del ahora, este o cualquier otro libro de poemas no tiene sentido.

Margarita García Alonso nació en Matanzas, Cuba, y desde 1992 reside en Francia. Es poeta y artista plástica y visual. Autora de doce poemarios, cuatro novelas y de varios cuadernos de arte. Licenciada en periodismo en la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas.[1]

“Cuaderno de la vieja negra” es un sostenido hilo de emotividad que va de uno a otro sujeto, unas veces habla la negra sabia, rabiosa, mentalmente ágil, precisa, otras sus alter egos, seres de luz de extrema timidez, que desaparecen en cuanto sienten que les podríamos reconocer.

Una cuerda muy fina, trenzada, nos conduce por los primeros poemas, breves, de versos cortos, entrecortados, se diría que balbucientes si luego este relato no se convirtiera en un sólido bloque de versos largos, matizados, dibujados, imprescindibles. No digo que esta será una lectura fácil porque mentiría. Será fructífera si encontramos ese hilo conductor y tiramos con fuerza, sin miedo, aunque todo desaparezca para retornar con brutal claridad: “lo perfecto / en el ruido / que se impone / donde hay silencio”. Nada indica dónde está el principio o el final, la idea delimita los espacios, se expande en función del mensaje que espera dar, o su omisión, que bien visto es también un mensaje: “hablaron de casualidad / cuando perdí la vista / no dijeron ciega”, cada giro nos muestra otro rostro de las protagonistas, otros símbolos para darnos mansamente la soledad que va creciendo como una escara en el mundo que nos cuentan: “nada ha cambiado, / nada cambiará, / la roca se deshace / en un polvillo inatrapable”. Nada delimita a la idea excepto la idea misma, que se expande como si no tuviera fin, como si cada palabra fuera una gota cayendo en el agua, rompiendo su superficie brillante, porque eso es lo que sería comprensible: “llegan noticias / —malas— / da igual, / —estoy sola—”.Y en este punto, habría que reconocer el poderoso dominio del lenguaje en estos versos, su rotundidad para establecer los términos de lo que expresa, nos convence de que, como las voces de este relato, todos estamos muy solos, solos de formas elevadas para comunicar belleza y solos de comprensión de nuestros cercanos instalados en la vanidad y la hipocresía, aunque no alcancemos en lo hondo de su soledad a las voces de la poeta, solas de madre y de amigos, de amor y de patria, solas de la más absoluta soledad.

El libro está atravesado por versos escritos en negritas, concretamente los primeros versos de los poemas, que vinculan de forma indirecta unos paisajes con otros, el ritmo conspira también en busca de esa relación que se va clarificando a medida que avanzamos en la lectura, y descubrimos que este no es un solo libro, sino uno y sus muchas proyecciones en los niveles de interiorización que consiga el lector. Hay un larguísimo poema velado en los versos escritos en negritas, que se difumina, aturde los sentidos con un golpeteo impetuoso, grave y también indiferente, esta “negra que habla en negritas” no está interesada en demostrar nada, menos aún en explicarlo. Vivimos en un mundo donde se espera que todo sea explicado —explicable—, y he ahí otro obstáculo que encontrará un lector acostumbrado a los libros ordenados, orgánicos, llanos, esta vez no verá ciertas cosas si no le hacen llorar, hay dolores que solo se pueden sentir (ver o explicar) mirando a través de las lágrimas: “… puedo llorar / frente a desconocidos / pero da igual si me conocen / una mujer llora / la bóveda celeste / recubierta del polvo / que ulula en los túneles”.

Por si sigue interesado en estas palabras que lanzo hacia los versos de Margarita García Alonso, insisto en que aun estoy colgando del techo, ya no me balanceo, nada va a salir de este capullo excepto palabras, confusas, que no sirven para explicar nada, porque nada en este libro está sujeto a explicación. Aquello que no puede ser explicado se resiste a dejarnos y mastica muchas lenguas para defender su derecho a ser en la vaguedad de nuestra limitación: Lo que no se puede explicar no es, no existe, van a gritar aquí los rígidos y los críticos —se puede ser ambos—, mientras Margarita y yo nos reímos como si estuviéramos locas.

Este sujeto que versa no se detiene más que en el detalle justo, en el punto álgido, en la cima de las cosas y las emociones, nos asegura que un mundo integro es una ilusión, el mundo es un cúmulo de fragmentos inexactos. Inconexos, que nuestra presunción y ansia de grandeza completan: “el pájaro / con el grano / en la oscura cavidad”. Yo no quisiera creerle, pero aquí en este espacio tiene una verdad tan grande que emula a la de Dios, asusta un mundo donde todo está a medias y debe ser completado por nosotros, por nuestro ego y ese pequeñito don de la creación, pero para eso existen los poetas, para salvarnos en ese dilema y asumir la culpa: “en el campo arrasado, / una y otra vez / limpio oraciones / de consolación”.

El verso corto redunda en una música interior monótona y cortante, en poder de toda la síntesis posible. La negra, en trance mediumnico, se desborda en lenguas desconocidas y hermosas, se presenta a sí misma como la dueña del tiempo: “cascarilla de arroz / blanquea mi cutis / mientras fumo / las delicadas páginas / de una biblia”. Formalmente, la negra y su irreverencia están en posición de saltarse todos los ritos a guardar, con naturalidad se fuma la historia de una larga etapa de la vida del hombre, una larga historia sobre la fe y el perdón, y entonces desgrana su propia liturgia, la convierte en ritual: “nunca me lamento / no sé de otros mundos” y “no pienso la arena / cuando entro al desierto”, nos da estos códigos sin pretensiones, para que cada quien haga con ellos lo que le venga en gana; se cuelgue del techo dentro un capullo, encienda cirios o se arrastre a las márgenes del rio San Juan. La liturgia del cuerpo también forma parte del trance de la negra, el sexo como consecución del placer, sin relación con filosofías e interpretaciones primigenias: “mi teta / madura / me convierte en fruta / cada verano” y “entre hombres / de cualquier raza / en el linde”, para concluir sin drama, nos deja dos máximas que pretenden no dejar margen alguno a la fragilidad: “quemar / donde se puede / alojar el alma” y “es todo, / casi digo amor”.

Hasta ese prescindir de la fragilidad nos conduce a una elegancia sin afectación, que no presume de nada, la luz del bajareque es su sombra cuando va de oriente a occidente, cuando en Europa se bebe juntas la primavera y la nostalgia: “la luz / del bajareque / poseída / por tendederas / oficia en la catedral / de trapos”. “devoro / la primavera / en Europa”. “la lluvia moja / con nostalgia / de Océano”. “dirán / por ella pasaban / los camellos de oriente / las dunas / todos los desiertos”. “dirán, / era / una / negra / instruida”.“ahora no sé / sostener mi nombre”.

Si toda esta primera parte del libro transcurre amparada en una cita de Pushkin: “Fue en su patria, bajo aquel cielo azul / ella, la marchita rosa / al fin murió.”, recoge los “Poemas de la vieja negra”, bajo una cita de Yeats: “Mas todo ha cambiado,… / arrastra al cisne un oscuro torrente…”, leemos con esperanza el “Discurso de la negra instruida”.

Margarita García Alonso me ha llevado consigo en su transformación, me ha involucrado con un sujeto lírico polifónico y libre, que habla en versos cortos, que no da nada gratuitamente y ahora muestra otra parte de sí, la negra vieja se ha convertido en la negra instruida y de pronto sus versos se alargan, se emblanquecen, hablan de Aristóteles, de vasectomías y mastectomías, de un puzle psicodélico, y yo sonrío —aunque todavía no bajo del capullo que cuelga del techo—, consigo asirme al último jirón de aquella mujer para entrar en esta: “…bajo ritmo perfectamente fluido, / oscurezco en la lucidez del fracaso / fuera de los hechos, / la lógica se rinde, / mitad hombre, mitad mujer / mitad negra, mitad blanca, / abrevio / al bajar ojos / sin disfraz, sin soberbia, / sobre el samurái / del Teatro japonés / que grita No, no, no / pies juntos / como si quisiera vaciarme / de entrañas…” . Y resulta fácil reconocer en esta segunda parte un ritmo más pausado, no más dócil, sino que ha encontrado su lugar a la mitad de todo y no reconoce la vergüenza como un sentimiento posible, solo se deja vencer en el cuerpo, porque ha colocado su alma en un sitio inaccesible: “…entonces cedo / siempre he cedido / el cuerpo a los cuchillos / cuando repito la palabra “dicha” / dicha la dicha / llego cuerda / al próximo discurso / discurso / discurso / discurso / discursos…”. El juego de palabras pasa directamente a la ironía, a la tristeza, a la soledad y al poder que conceden todas estas cosas a la negra instruida: “…no hay reino imposible / bajo el peso del cielo, / cuando sostengo / la nieve en mi mano / a fuerza / he llegado al rellano, / trato de traspasar la puerta, / cualquier puerta sin temblar…”. Pero a partir de aquí todo tiembla y se desgaja —por si no lo había dicho, ya he bajado del techo, de pronto el capullo maduró y se abrió tan rápido, me echo fuera y se consumió como un final—, la negra instruida trae a Joyce, Van Eyck, Sófocles y Po Li, dice dicha y tibores en el mismo poema, universidad y tufillo y se queda tan tranquila. De pronto regresa el código: los versos cortos, las letras en negritas, la síntesis, la negra vieja renacida de un montón de luz, una luz distinta: “la luz despluma / la cima de este infierno”, vuelven la soledad: “en cualquier momento / la luna se deshace en salitre” y ahora también la vejez: “…me extingo / en la droga del otoño, / bajo manzanos,…”.

Si alguien me imagina ahora acodada en mi escritorio, reclinada en el sillón con el libro delante de los ojos, de nuevo se equivoca, nadie se cuelga del techo y se encierra en un capullo para leer un libro y sale de esa metamorfosis siendo el mismo. “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, me ha dejado un nuevo aspecto interior, unos mundos y unas voces que agradezco profundamente.

[1] Ha publicado los libros: “Sustos de muchacha”, (Ediciones Vigía, 1988), “Cuaderno del Moro”, (Editora Letras Cubanas, 1990). En Editions Hoy no he visto el paraíso: “Maldicionario” (2009), “Mar de la Mancha”(2008), “L’aiguille dans la pomme”(2012), “La costurera de Malasaña” (2010), y “Cuaderno de la herborista”(2011); “Breviario de margaritas” (2012), “Cuaderno de la vieja negra”, y “Zupia” (2016). . Además, los relatos para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” y las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible”, “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”. En el 2013 ve la luz el poemario “El centeno que corta el aire”, editorial Betania, Madrid; y en edición bilingüe, (francés, español) “La aguja en la manzana”, en la Casa parisina L’ échappée belle édition.

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Sonia Díaz Corrales. Es poeta y narradora. Nació en Cabaiguán, Cuba, en el año 1964 y reside en Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias. Ha publicado: Diario del Grumete (poesía), editado por Taller Editorial Vigía, Matanzas, Cuba (1996), y Sed de Belleza Editores, Santa Clara, Cuba (1997), Minotauro (poesía), La Habana, Cuba (1997), El hombre del vitral (novela), Editorial Idea y Editorial Aguere, Islas Canarias, España (2010) y Noticias del olvido (poesía), Ediciones hoy no he visto el paraíso, Francia (2011), El puente de los elefantes (novela) , Ediciones El Barco Ebrio (2013). Sus poemas aparecen en las antologías: Retrato de grupo, La Habana, (1989), Poesía infiel, Antología de jóvenes poetas cubanas, Editorial abril, La Habana, (1989), Poetas del Seminario, Cuadernos informativos, Instituto Cubano del Libro, La Habana, (1992), Un grupo avanza silencioso, Universidad Autónoma de México, Ciudad de México, (1990), Poesía Cubana de los años 80, Ediciones La Palma, Madrid (1993), Antología de décimas, Centro de la Cultura Popular Canaria/Ayuntamiento de la Victoria de Acentejo/Caja Canarias, Islas Canarias (2000), Todo el amor en décimas, Editorial Benchomo, Islas Canarias (2000), Mujer adentro, Colección Mariposa, Editorial Oriente, Santiago de Cuba(2000), Puntos Cardinales. Antología de Poetas Cabaiguanenses. Parte I, Puente Colgante, Ediciones Ideas, Cabaiguán, Sancti-Spiritus, Cuba (2000), Como el fuego que está siempre, Editorial Consejo de Iglesias de Cuba, La Habana, Cuba (2009), Paisajes interiores, Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México (2010). Antología de la poesía cubana del exilio, Aduana Vieja, Valencia, España (2011). Obtuvo el Premio Bustarviejo de poesía, de Madrid, el Premio América Bobia, de la Ciudad de Matanzas, Cuba y el Premio Abel Santamaría, de la Universidad de Las Villas, Cuba, así como menciones y reconocimientos en otros concursos en Cuba y el extranjero. Fue finalista del Premio Viaje del Parnaso (2008)

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Presentación de Zupia, poemario de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 30 septembre 2016 at 1:48

portada-bubokConforme a la Real Academia Española, “Zupia” significa: 1. f. Poso del vino. / 2. f. Vino turbio por estar revuelto con el poso. / 3. f. Líquido de mal aspecto y sabor./ 4. f. Parte más inútil y despreciable de cualquier cosa.

Las cuatro acepciones están presentes en este poemario de Margarita García Alonso.

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Cuaderno de la vieja negra, de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 12 septembre 2016 at 2:53

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Cuaderno de la vieja negra, de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016, es un experimento sobre la maestría de palear, arrastrar, tirar, suprimir hasta llegar a desvestir el verso. Un cuaderno metafórico, escrito con lenguaje directo, donde utilizo la técnica del desdoblamiento para contar la otra, la negra en la oscuridad, quien quizás sea mi luz. Es mi poemario ocho.

ACABADO DE SALIR Y A LA VENTA

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Los versos que le cuadran a Denis Fortun

In AmiGos, Cuadernomar, Mis libros, prensa on 28 juillet 2016 at 3:09

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Por Denis Fortun
Doral, Floride, États-Unis ·

El 22 de julio del 2010, luego de que leyera una reseña que le hiciera Juan Carlos Recio a « Maldiccionario », cuaderno de Margarita Garcia Alonso, Margo Reina de Groenlandia, decidí crear en formato digital mi propia antología que recogiera las voces que habitan fuera de la Isla, sin importar razones -en su mayoría similares-. Para tal empeño abrí un blog unos días más tarde, que nombré de la única manera que podía: « Los versos que me cuadran en la diaspora ». Los dos primeros poemas publicados pertenecen a Margarita Garcia Alonso, la de Groenlandia, la Reina; y luego le sigue Joaquín Gálvez. Así, durante dos años, estuve posteando los textos de más de medio centenar de poetas que tan sólo uno de sus versos me cuadraban, y créanme que lo disfrutaba enormemente y además me proporcionaba una invaluable enseñanza. Gracias a todos los que están…


Huidas, de Margarita García Alonso

No me he hecho, me han hecho.
Goethe.

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo de esa ventana
donde vi pasar a Madame Bovary, al perro,
al descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.

Huí del óleo que da látigos a mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.

Huí del aguarrás que come iris, vista, desvelo

Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.

Huí de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece
en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños envases donde depositan la herencia.

Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfundada en botas de cuero rustico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.

Huí del barranco en el que solía ser Mer de la Manche
sin interesarme el último estreno.

Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.
Huí de mi hija, huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia con mi
carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.

Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.

Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.

Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.

Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.

No existe aún una sola razón para quedarme.
Publicado 31st August 2010 por Denis Fortun
Etiquetas: Margarita García Alonso (Maldiccionario)

Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso en Letralia.

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 12 juillet 2016 at 10:43

tumblr_o88wntogaM1sr14ndo1_500Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso
en Letralia.

Esta poeta toca, más de una vez, los bordes del desfiladero y del desastre. Palpa con los ojos (no encuentro otra forma de decirlo) el caos cotidiano. Pero siempre se detiene ahí, en el resbaladero. Siempre vuelve a tiempo a un orden (los platos, la multitud) en que se anula y puede respirar otra vez acompasadamente. Espontánea vagabunda, pesa las palabras como pájaros y en el aire imposible de la página los incrusta. Sus súbditos la amamos. Hay vagabundeos discursivos que bien merecen un trono:

« Regresaré al norte

—repetiré hasta el cansancio—,

tengo que barrer,

siempre tengo un plato sucio

alguna ropa por secar

para no llegar a incendio. »

Sonia Diaz Corrales Qué gran poeta es esta mujer llena de mundos¡ No me canso de leerla. Permíteme un abrazo, Margo de Groenlandia.

Recomiendo ampliamente que sigan el trabajo de esta creadora constante de realidades, de esta maestra del lenguaje tanto visual como escrito; su magia es una puerta a un mundo donde las palabras, los colores y y las formas pierden sus fronteras y generan nuevos horizontes.

-Xavier Bankimaro.

Ana Mireles Qué bellezura de trabajo, reina! Terapoetica profunda. Yo los miro por pura terapia de placer.

La pasión por la cultura es más grande que la creación, por Angel Velázquez

In AmiGos, Mis libros, prensa on 8 juillet 2016 at 9:54

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La pasión por la cultura es más grande que la creación.

Quienes visiten la novela de Margarita Alonso, no deberíamos perder la pista a una máxima de la « ascetologia literaria ». En el tono oculto de la « literatura jovial o gaya”, no deberíamos dejar de mirar la consustancialidad del « paideismo », segmento protuberante y crucial de la forma y vida para la constitución literaria: la « pasión por la cultura es más grande que la creación », o, para decirlo con la expresión de los « juegos del lenguaje » wittgenstienianos, “la literatura es el código de un mandato disciplinar ».

Hasta donde alcanzo ver, lo que interesa exponer reina de Groenlandia será una clave del sistema poético del mundo lezamiano: a falta de formación cultural universal se puede impedir la creación literaria. De hecho, el énfasis en técnicas y métodos literarios ha revelado, a posteriori, como la formación por la “cultura del provincianismo y localismo » ha desatado, en los últimas décadas, la « pasión por el cuadro »…

Los detalles textuales de la novela los dejo para una reseña más amplia….

Cinco poemas de Margarita García Alonso en Signum-Nous

In AmiGos, Cuadernomar, Mis libros, prensa on 8 juillet 2016 at 9:48

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Cinco poemas de Margarita García Alonso en Signum-Nous

Signum-Nous
Junio 2016. Número 8

Cinco poemas de Margarita García Alonso

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Balada de la regente.

No he tenido que matar,

mis esposos han muerto

de viejos, de cáncer,

de exceso de droga,

no cuentan,

copié versos de muchos poetas

en la esquela mortuoria

insistí en los vivos: “vengan a casa,

copulen mientras duermo,

quiero despedir a mis esposos”

pero fue pretexto para fiesta.

Nadie sabe

a quién dedico textos,

si son míos.

Iré a quejarme,

nadie comprende que

en cualquier momento

suprimo la palabra humano.

Fertilizaré la cabellera

de los ausentes, cortaré cabezas,

siempre corto el pelo

a quien amo,

antes de que sea gris y apeste a

cocaína de novato

que perfora coños

y vende boletas de podredumbre.

Dejaos de celebrar

no escribo para entretener,

me suda la loca,

soy la puta sílaba,

sobre la goma pegajosa que ensucia

la hoja y deja un ciclé

semejante al culo de una perra.

Me voy a ver mis pastizales de vaca,

plastas de mi poder

soy I’ am

la que ha nacido para perder.

Diario del pájaro

I

Pájaros azules revolotean

la ausente primavera.

Exasperan de frío

cantan a los Hombres

creados para destruir

al bosque lujuriante.

Han construido casas

en la ciudad,

la rama, la piedra,

el pájaro estorban

a la ceremonia.

Sobre el montículo de basura

se reposan las aves.

Las migajas de pan coronan

la insolente yerba

donde el perro vive el infierno

de perseguir la bandada,

hasta convertirse en siervo

del Hombre que pregunta

si toda la vida estará

infestado de alas.

Le es prohibido al Hombre

despellejar los deseos,

y el Hombre chifla

entre edificios,

como un insulto

desgaja a las muchachas

que envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería.

Nada asusta más

que un pie suspendido

en la bronca de subsistir,

desanimado por ángeles

que han sido expulsados

de un jardín común.

Nada asusta más al Hombre

que el indigente,

cuando abre la boca,

deja de ser desconocido.

Estoy tras el trigo,

compongo melodías celestes,

que arañan el pecho

y ese hombre teme

que le confundan conmigo,

con este pájaro de paraíso,

que recompensa a los cazadores

que necesitan trinos.

II

Como antaño,

el hombre saca el auto,

que le convierte en jefe

afectuoso de la tempestad.

El trigo se aparta,

el hombre baja el rostro

hasta la rueda y aplasta.

En el viñedo, una tribu

de alcohólicos de pueblo

busca corazones secos

un grano de embriaguez

contra cualquier bondad

la yerba en trance

acaba de golpear

como si fuese un hacha

marchan desgajando

abrigos, carteras

desde el montículo,

los pájaros envían mensajes

a la ciega encerrada

en la caseta de la lotería

una verdadera afección

por el número

sostiene al destino

en el puesto de la ciega

escucho a los pájaros,

niego de cabeza,

si pudiera despellejarme

el deseo de hombre

estoy tras el trigo

que corta las frases

con ruido metálico

necesito un trino

necesito los pájaros azules

que revolotean

la ausente primavera.

L’ Uficcio Divino

Breviario de obligaciones

repetidas hasta el cansancio

deberes con causa desconocida,

donde pierdo casa, pierdo amor,

y me traiciona la angustia.

Oficio ordinario:

cuidar hermanos,

cuidar a ancianos,

cuidar a enfermos,

cuidar de los castigados,

cuidar la limpieza,

cuidar la bata,

cuidar los zapatos,

cuidar de escupir,

cuidar el himen,

cuidar cuidar cuidar

lo insano.

Vigilancia extrema

aunque no quiera faro,

como una autómata

respondo sí

presto, presto

mientras no descubran

que regreso

de un callejón sin salida,

me he convertido en junco

de tallo flexible

que traspasa la fe.

Decir, siempre decir sin

pronunciar discursos,

acariciar el gajo

como si fuese

el que salva del accidente,

disponer testamentos:

nada más ofrezco,

un canto breve

ilegal como una

flor muerta en el ramo

de una novia.

Dime si te soy fiel,

si he enrojecido tu nariz

cuando corro como bestia entre rieles,

si me alcanzas

donde el viento eriza a la oveja.

Dime si mi péndulo

te equilibra cuando dudas,

si puedes salir al sol

a leerme.

Yo enfilo pestañas,

una a una las deposito

en el pecho

para que se abra el ojo

del corazón

y bebas mis visiones.

Yo, la guardiana de vacas,

he perdido la sombra bajo

los manzanos.

En un bar holandés

He olvidado mi lengua,

escrupulosamente anoto

dispersas sensaciones

en un bar holandés.

Medianoche de efluvios,

pongo cara de maestra en papiros,

de neurótica correctora de

la Real Academia española,

cuando dicto leyes ortográficas

que solo retiene el barman

si me pagan el mojito.

Nadie se salva,

mi acento provoca

una catástrofe sexual.

Estoy esdrújula, confundo

canales con piscinas,

el puerto con alguna laguna,

el cigarrillo a la mano

por si se animan a tomar fotos.

Siento, eso sí, resiento,

gatos que maúllan

café que reverbera,

tripas que ronronean

vacas que no hacen ruido

pues están lejos y escucho

respirar a mi abuelo Gerardo,

la mecedora

donde mi abuela Luisa

teje al croché,

silencio

la mecedora chirría

-chirría no es poético,

dice Don pantalón

del oficio que me maltrata-

pues la mecedora de abuela

hace un ruido

poco poético,

como si pidiese

que regrese

pero ha muerto

y tampoco sé

cómo se dice

madeja que cae al suelo

-¿mina, explota, desarticula?-

Tras las rejas gritan

marchan, apoyan, manifiestan-

o simplemente ladran

los perros del rey.

La lluvia ácida en mi rostro,

no reconozco las calles,

el relámpago es solo un neón

de la casa de putas.

Me hace la vida imposible

esta libertad aparcada

frente a una banda

que repite buenas noches.

De todas las cosas

un cuerpo

un cuerpo sin nombre,

incapaz de extraerme

del cóctel de drogas

donde he olvidado

que soy vieja.

Tengo la impresión que este hombre

me ha conocido en todos los tiempos.

Es hora de abreviar la palabreja,

al menos que me prive de pecado y

decrete correcciones al escriba

-los que hablan se guarecen

donde escampa,

poco sufren el salpullido

genital de los academicistas-

Si le beso, todos los ruidos

dejarán de existir,

y le beso

sobre el lienzo difunto

de los pretéritos.

Amanece, las tulipas

bendicen mi bolsillo,

respiran el iluminado sudor

de esta criatura perfecta

que me ha penetrado

sin saber que se suicida

el Occidente.

Pero aún persiste el léxico,

la culpa , el abandono de mis muertos,

tan solo queda el olor de meadero,

el tufillo de orina que se escapa

e instala en mi nariz.

Apuntes meteorológicos de la herborista.

Cielo

Llueve sobre la playa de Deauville,

de la arena al casino una nube

se consuela con las sombrillas

que han decidido seguir cerradas

como si fuesen pájaros alicaídos

se posan en el cuerpo que sombrea.

Aire

Me han decepcionado los Hombres,

podré sembrar, recortar la pelusa

esperar el fruto

al ave que emigra

donde crece el verde,

la plantación infinita de eucaliptos.

Sol

Un rasguño en el acantilado

y aquel cuerpo germina.

Cultivos secos

Traza la ola su pirueta graciosa

desdibuja a la gaviota

que come en mi mano

las palabras no dichas,

escritas en papeluchos de puerto

donde me han prohibido la entrada.

Tiene el diente de perro el rojo

tinto de la sangre que beben

cuando me arrancan la piel,

y me bautizan loca.

Siembra milagrosa

La leche de florecillas

de bordura de mar,

en el gusto de su boca

que ensaliva mi lengua

mi lengua provocando la savia

de cien árboles airados.

Planta

La semilla encuentra el cause

en la barahúnda de la entrepierna.

Mala yerba

El hacha reposa junto a la tijera,

poda cuerpo, tala hoja

sobre el verde antiguo de La Mancha.

Ángel mío, sin ti soy un trapo de piel

que en nada se parece a la creencia,

el zurcido mal echo,

no tengo fuerzas para remendarme.

Las cosas leves caen pesadas en el alma:

te nombro y voy a morir esta noche.

Autor: Margarita Garcia Alonso
Margarita Garcia Alonso
Margarita García Alonso. Matanzas, Cuba. Periodista, poeta, y artista visual. Autora de diez poemarios, novelas y cuadernos de arte. Licenciada en periodismo por la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora para Casa de las Américas. Dirige Editions Hoy no he visto el paraíso. Desde 1992, reside en Francia.