Poemas de Margarita García Alonso, en La Peregrina Magazine.

Poemas de Margarita García Alonso, en La Peregrina Magazine. 

marga_LAEXTRANJERAMargarita García Alonso, « La Extranjera », óleo sobre lienzo

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El ángel negro taladra el muro

ilustra William Rios

El ángel negro taladra el muro

« ¿Por qué es pesado tu vuelo,

por qué se atrasa?

-He pasado quince años

hablando al muro

y ese muro lo arrastro yo solo

desde mi infierno

para que ahora

os lo diga todo… »

WH.


Vladimír Holan no tenía Dios,

pero creía en los milagros del encierro,

donde no compran no venden lengua

y la razón es una piedra resistente

al traspiés de las sombras.

En 1948 le prohibieron

-los comunistas le vetaron el verso-

y se encerró por Kampa,

en La gruta de las palabras

de las islas del río Moldava,

donde cada amanecer las brumas

abanican delirios.


En su casa de Praga

echó cortinas y dormía de día,

vivía de noche.

De muro a muro el poema rebotaba

como una pelota de palabras

mal acentuadas,

junto a cacofonías del eco

que abruma si calla,

cuando calla

y el vacío se instala.


Acariciando el muro escribió

cinco novelas que luego destruyó,

diez libros de poemas de poca suerte,

y tradujo a Baudelaire, Rilke, Góngora.

Para Holan el reloj era escurridizo,

arena humeda en el paladar,

rendija hiriente en el ojillo.


Como un Mozart alcohólico

prefería al fantasma de su madre

que le visitaba con el canto del gallo,

-jazmín y taza humeante de té,

espantando las trompetas

de la afamada coreografía mundana.

Nunca acudió a recoger premios,

recorrió todas las distancias de la vida

cuando tenía seis años

y caminaba cuatro kilómetros


– día a día aprendiendo

el nombre de las plantas-

para estudiar latín

en un convento cercano a Podolí.

Cuando en 1980 salió de su casa

con 75 años para morir en un hospital,

arrastraba cuatro paredes descorchadas.


En el lugar de la puerta,

Holan había abierto a cabezazos

un hueco tan inmenso que su cuerpo

sobrevolaba el horizonte

donde un pájaro en simple atuendo

grazna , libre.

La costurera de Malasaña

Vuelve el ángel negro de Praga

Una monumental antología rescata a Vladimír Holan – El autor checo se recluyó en casa durante 30 años cuando el régimen comunista le prohibió publicar.

La costurera de Malasaña

tijera.

Consejos históricos para deshacerse del enemigo muerto.

Aunque puse frenillos de viento

y a la lejana Madrid en santuario

puedo matarte dos y hasta siete veces,

cuando gravitas opalinas de odio.

Escucha,

el cráneo en copa se echaba a los perros,

previo corte del prepucio si no estaba circunciso.

David dio el cuerpo de Goliath a las aves del cielo,

a los animales de la tierra les dejo el pie izquierdo.

Napoleón vegetó el destierro,

más frío que la madrugada

se hizo a la idea de no haber existido.

Desenterraron a Oliver Cromwell

para una ejecución póstuma,

el cadáver fue desmembrado

y la cabeza empalada emerge del Támesis

con la crecida, cada otoño.

En Omdurman, Lord Kitchener bombardeó la tumba

del mesiánico Mahdi, y se hizo un tintero con su cráneo.

Dicen que Aníbal yace en Turquía.

Vercingetorix , Arminio

y Cleopatra no tienen piedra conocida.

Los espectros de Nurenberg fueron esparcidos

en el río Issar los judíos arrojaron a Eichmann en polvillo.

Rudolf Hess bajó a la raíz en secreto.

Hitler fue exhumado un sinfín de ocasiones

carbonizado, triturado junto a Eva Braun.

Goebbels y su mujer han desaparecido

en las aguas del Elba.

Matar al muerto, deshacerse de él,

exhibir la presa, ensañarse con los restos,

como hizo Ibn Rustum a los vikingos que asaltaron Sevilla:

conservar las cabezas como testimonio y ejemplo,

enviarlas a Bagdad preservadas en miel.

Los hombres de Lavalle cabalgaron, de Jujuy

a Huacalera con el general putrefacto,

para evitar esplendor en los ojos de Oribe:

al final le descarnaron y tallaron amuletos de huesos.

Bin Laden sin la Meca en boca del pez

sobrevolando las montañas tribales de Pakistán,

camino de Afganistán hasta el Mar de Arabia,

contaminando coralillos y peces raros,

de un exotismo indiferente a la sandalia del desierto.

El honor, el crimen, la justica, la venganza,

la muerte en la hoja de papel

para que aprendamos que nada nos salva

de la barbarie, menos el olvido:

un día volverá el enemigo y tú

te quejas

como una pajarita dolorosa

cuando te menciono.

Consejos históricos para deshacerse del enemigo muerto

idénticos

El secreto de la crueldad

«Pääskyset olivat jo menneet,

mutta kurjet auroittivat taivasta

kaulat suorina» reza Sofi Oksanen

en un bar en penumbras de Estonia,

llevando a los labios la espuma.


« Niiden huuto satoi peltoon ja

särki Aliiden päätä. »,

las golondrinas se han marchado

a la larga sombra de Rusia

pero la felicidad no tiene rostro

entre las vacas de Stalin

que pastoren la mente.


Una voz cavernosa reconstruye el koljós ,

a miles de personas que flaquean

en el museo al aire libre de una dictadura,

donde el punto ciego del péndulo

gravita sospechoso ante el cuervo

que repite el mismo graznido.


_La misma palabra en otra lengua

suena a conocida_


« Pääskyset olivat jo menneet…

Toisin kuin hän, ne pääsivät posi,

niillä oli vapaus lähteä

martillando en cocoteros del Caribe.

« Pääskyset olivat jo menneet…

Toisin kuin hän, ne pääsivät posi,

niillä oli vapaus lähteä

sobre los tejados destruídos

la maldición de la leche,

en seres famélicos ,

ciudadanos de esquinas.


En las paredes proyectan la antigua cinta

en que todo se mueve 24 veces

en el segundo donde espanta mi madre

las cazuelas tiznadas

de   la indiferencia.

La costurera de Malasaña


Sofi Oksanen ha ganado con su novela Purga los principales premios europeos.


Accidente aéreo

Accidente aéreo


Un hombre alado salió un día a dar una vuelta

y al aterrizar en el prado que habituaba

encontró que habían construído una ciudad en su lugar.


En mi casa siempre oí cantar, era mi abuelo

que hacía bocetos de ángeles a la medida

de mi pie descalzo.


Ahora habita en las azoteas de Madrid

donde el tiempo no existe

y una citadela de ángeles vigila

a los fumadores de porros,

a las mujeres que duermen

a la sombra de Al Fénix

y parecen solas,

pero casi siempre las cabalga un adolescente.


Por más que busco no encuentro

a la Virgen de los Peligros,

con su nimbo de luz de la marca Moore,

haciendo milagros de bombillas.


Aurora, desde la azotea apenas me ve

-cosas de la perspectiva-

por muy diosa que sea se tira a fontaneros

que saben manejar el metal

y cuando llueve se lava,

calada hasta la madera.


Minerva en el Círculo de Bellas Artes,

a 58 metros sobre la calle de Alcalá,

a pesar de estar hueca murmura que

su miedo es el viento.


Pero en realidad es el Hombre a quien teme

pues cuelga su traje ahumado,

sobre el filo de la ventana, hacia el abismo

la tendedera y sus ganchillos que saltan

pavorosos al vacío.


Cuando un trozo del ala de Pegaso cayó sobre la calzada

la Real Academia de San Fernando dictaminó

que « en evitación de alguna catástrofe »

se bajase a los centinelas de  mármol.


En aquel entonces los bloques se desmoronaban,

y no hubo más remedio que cortarlos,

aunque entre tejados se escuchara

como ponían el grito en el cielo.


Bajar fue casi tan complicado como había sido subir

a los vigilantes de las azoteas.

Durante horas, abandonados en la acera de la Gran Vía,

semejaban a fantasmas de desterrados.


Entre la plaza de Legazpi y la glorieta de Cádiz.

volvieron al suelo los originales

pues no tiene sentido adornar tejados

ni esconderse a la sombra de ángeles.


Pero todos eran sustitutos, pura copia-


Cada marzo un rayo de sol atraviesa la cabeza

del Ángel caído que añora el prado

y sobrevuela criminales

que transitan sin dios ni rodillas,

fabricados de la misma manera que sus padres,

esculpidos en barro, quemados por

la cera, con un pequeño corazón donde se coló el bronce.


Yo sigo escuchando, pero quizás solo sea el abuelo

que reza sin poder tocar tierra.


La costurera de Malasaña

Vigilantes del cielo

Una treintena de edificios tienen esculturas que sobrevuelan la ciudad

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El azul extranjero

Libro póstumo

En una habitación llena de objetos,

una silla vieja haciendo de mesa de noche,

y un flexo torcido

aunque no tengo el don de la conversación

he escuchado muchísimas cosas .

Con ligereza , como en un carrusel

que ha tocado a un hombre

me asombra la cantidad de amigos

prematuramente muertos

de hambre y cosas peores .

Yo nací en el mes de enero,

un día de fuerte nevada

y he sido extranjero

si alguien me quiere conocer

no necesita nada,

estoy escribiendo.

La costurera de Malasaña


Un prematuro libro póstumo

Manuel de Lope

GRAFICA: WILLIAM RIOS


Las momias arden bien

Las momias arden bien

 

Anubis  sentado en la puerta,

desbordado huzmea el aire

mortecino de vendas, mascaras de oro,

brazaletes y huesos raros.

que arden en la calle.

 

La avaricia de los buscadores de doncellas

rompe las vitrinas, el uso abuso

de la humanidad: dejarlas muertas

completamente indefensas

en esta propiedad llamada tierra

donde nada se salva.

 

Quizás sea la hora,

quizás desean regresar

al ocre que embelleció

sus parpados,

a la erosión de la arena

tallando el rostro .

 

Quizás fueron soñadas

por famélicos ladrones de tumbas,

y en la correría perdieron virginidad.

Quizás solo sean mujercillas del Nilo,

demasiado usadas.

 

Quizás no signifiquen palabra,

ni sean tesoro,

simples muertas con la alcurnia del hueso

acariciado por cremas y restos de ardor,

que deseen despertar en otra casa,

en otro tiempo,en otra paz semejante

a su dios, a Horus que aúlla y

desprende infinitas candelillas

a ignorantes de rareza.

 

Quizás hemos llegado a ser

el mejunje que les vació la sangre.

 

Las momias se han cansado,

y arden bien.

 

La costurera de Malasaña

Los ladrones de tumbas las usaban a trozos como antorchas para iluminar sus correrias.