Poesía

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POEMAS EN ISLIADA

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POEMAS EN MAR DESNUDO

MAR DESNUDO (ISNN 2307-2415).Revista Cubana de Arte y Literatura auspiciada por el Centro Provincial del Libro  y la Dirección Provincial de Cultura. Matanzas.Cuba.

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Muestrario de Sirik,

de Margarita García Alonso

En Groenlandia, las distancias se miden en Sirik, palabra que en la lengua inuit o inupiak significa: sueños y noches que dura un desplazamiento.

El libro reúne poemas publicados entre 1988 y 2016. Es mi cartografía de pasiones y descentramientos. 14 Libros en un tomo. EDITIONS HOY NO HE VISTO EL PARAISO, 2017

 

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Raccolta di margherita

(Italian Edition)

 Zupia, poemario de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016

Conforme a la Real Academia Española,  “Zupia” significa: 1. f. Poso del vino. / 2.  f. Vino turbio por estar revuelto con el poso. /  3. f. Líquido de mal aspecto y sabor./  4. f. Parte más inútil y despreciable de cualquier cosa.

Las cuatro acepciones están presentes en este poemario de Margarita García Alonso. 

 

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Cuaderno de la vieja negra, de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016, es un experimento  sobre la maestría de palear, arrastrar, tirar, suprimir hasta llegar a desvestir el verso. Un cuaderno metafórico, escrito con  lenguaje directo, donde utilizo la técnica del desdoblamiento para  contar la otra, la negra  en la oscuridad, quien quizás sea mi luz. Es mi poemario ocho.

comentarios:

La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, EN sIGNUM NOUS, POR Sonia Diaz Corrales

Podría ocurrir que quien lee este escrito me suponga acodada sobre mi escritorio o recostada en un sillón, con el libro delante de los ojos, pero no se puede leer “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, desde posturas convencionales, así que subí por las paredes y aproveché para balancearme colgando del techo, enrollada en un capullo, con pretensión de ser una oruga de mariposa, que finalmente se transformó en mí hablándole a estos versos, en muchas formas, como las que el propio texto utiliza, una polifonía que se adentra en todos los lenguajes con las mismas destrezas: derribar los límites, dejar constancia de su rareza, mortificar a los falsos, convencernos de que fuera del ahora, este o cualquier otro libro de poemas no tiene sentido.

Margarita García Alonso nació en Matanzas, Cuba, y desde 1992 reside en Francia. Es poeta y artista plástica y visual. Autora de doce poemarios, cuatro novelas y de varios cuadernos de arte. Licenciada en periodismo en la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas.[1]

“Cuaderno de la vieja negra” es un sostenido hilo de emotividad que va de uno a otro sujeto, unas veces habla la negra sabia, rabiosa, mentalmente ágil, precisa, otras sus alter egos, seres de luz de extrema timidez, que desaparecen en cuanto sienten que les podríamos reconocer.

Una cuerda muy fina, trenzada, nos conduce por los primeros poemas, breves, de versos cortos, entrecortados, se diría que balbucientes si luego este relato no se convirtiera en un sólido bloque de versos largos, matizados, dibujados, imprescindibles. No digo que esta será una lectura fácil porque mentiría. Será fructífera si encontramos ese hilo conductor y tiramos con fuerza, sin miedo, aunque todo desaparezca para retornar con brutal claridad: “lo perfecto / en el ruido / que se impone / donde hay silencio”. Nada indica dónde está el principio o el final, la idea delimita los espacios, se expande en función del mensaje que espera dar, o su omisión, que bien visto es también un mensaje: “hablaron de casualidad / cuando perdí la vista / no dijeron ciega”, cada giro nos muestra otro rostro de las protagonistas, otros símbolos para darnos mansamente la soledad que va creciendo como una escara en el mundo que nos cuentan: “nada ha cambiado, / nada cambiará, / la roca se deshace / en un polvillo inatrapable”. Nada delimita a la idea excepto la idea misma, que se expande como si no tuviera fin, como si cada palabra fuera una gota cayendo en el agua, rompiendo su superficie brillante, porque eso es lo que sería comprensible: “llegan noticias / —malas— / da igual, / —estoy sola—”. Y en este punto, habría que reconocer el poderoso dominio del lenguaje en estos versos, su rotundidad para establecer los términos de lo que expresa, nos convence de que, como las voces de este relato, todos estamos muy solos, solos de formas elevadas para comunicar belleza y solos de comprensión de nuestros cercanos instalados en la vanidad y la hipocresía, aunque no alcancemos en lo hondo de su soledad a las voces de la poeta, solas de madre y de amigos, de amor y de patria, solas de la más absoluta soledad.

El libro está atravesado por versos escritos en negritas, concretamente los primeros versos de los poemas, que vinculan de forma indirecta unos paisajes con otros, el ritmo conspira también en busca de esa relación que se va clarificando a medida que avanzamos en la lectura, y descubrimos que este no es un solo libro, sino uno y sus muchas proyecciones en los niveles de interiorización que consiga el lector. Hay un larguísimo poema velado en los versos escritos en negritas, que se difumina, aturde los sentidos con un golpeteo impetuoso, grave y también indiferente, esta “negra que habla en negritas” no está interesada en demostrar nada, menos aún en explicarlo. Vivimos en un mundo donde se espera que todo sea explicado —explicable—, y he ahí otro obstáculo que encontrará un lector acostumbrado a los libros ordenados, orgánicos, llanos, esta vez no verá ciertas cosas si no le hacen llorar, hay dolores que solo se pueden sentir (ver o explicar) mirando a través de las lágrimas: “… puedo llorar / frente a desconocidos / pero da igual si me conocen / una mujer llora / la bóveda celeste / recubierta del polvo / que ulula en los túneles”.

Por si sigue interesado en estas palabras que lanzo hacia los versos de Margarita García Alonso, insisto en que aun estoy colgando del techo, ya no me balanceo, nada va a salir de este capullo excepto palabras, confusas, que no sirven para explicar nada, porque nada en este libro está sujeto a explicación. Aquello que no puede ser explicado se resiste a dejarnos y mastica muchas lenguas para defender su derecho a ser en la vaguedad de nuestra limitación: Lo que no se puede explicar no es, no existe, van a gritar aquí los rígidos y los críticos —se puede ser ambos—, mientras Margarita y yo nos reímos como si estuviéramos locas.

Este sujeto que versa no se detiene más que en el detalle justo, en el punto álgido, en la cima de las cosas y las emociones, nos asegura que un mundo integro es una ilusión, el mundo es un cúmulo de fragmentos inexactos. Inconexos, que nuestra presunción y ansia de grandeza completan: “el pájaro / con el grano / en la oscura cavidad”. Yo no quisiera creerle, pero aquí en este espacio tiene una verdad tan grande que emula a la de Dios, asusta un mundo donde todo está a medias y debe ser completado por nosotros, por nuestro ego y ese pequeñito don de la creación, pero para eso existen los poetas, para salvarnos en ese dilema y asumir la culpa: “en el campo arrasado, / una y otra vez / limpio oraciones / de consolación”.

El verso corto redunda en una música interior monótona y cortante, en poder de toda la síntesis posible. La negra, en trance mediumnico, se desborda en lenguas desconocidas y hermosas, se presenta a sí misma como la dueña del tiempo: “cascarilla de arroz / blanquea mi cutis / mientras fumo / las delicadas páginas / de una biblia”. Formalmente, la negra y su irreverencia están en posición de saltarse todos los ritos a guardar, con naturalidad se fuma la historia de una larga etapa de la vida del hombre, una larga historia sobre la fe y el perdón, y entonces desgrana su propia liturgia, la convierte en ritual: “nunca me lamento / no sé de otros mundos” y “no pienso la arena / cuando entro al desierto”, nos da estos códigos sin pretensiones, para que cada quien haga con ellos lo que le venga en gana; se cuelgue del techo dentro un capullo, encienda cirios o se arrastre a las márgenes del rio San Juan. La liturgia del cuerpo también forma parte del trance de la negra, el sexo como consecución del placer, sin relación con filosofías e interpretaciones primigenias: “mi teta / madura / me convierte en fruta / cada verano” y “entre hombres / de cualquier raza / en el linde”, para concluir sin drama, nos deja dos máximas que pretenden no dejar margen alguno a la fragilidad: “quemar / donde se puede / alojar el alma” y “es todo, / casi digo amor”.

Hasta ese prescindir de la fragilidad nos conduce a una elegancia sin afectación, que no presume de nada, la luz del bajareque es su sombra cuando va de oriente a occidente, cuando en Europa se bebe juntas la primavera y la nostalgia: “la luz / del bajareque / poseída / por tendederas / oficia en la catedral / de trapos”. “devoro / la primavera / en Europa”. “la lluvia moja / con nostalgia / de Océano”. “dirán / por ella pasaban / los camellos de oriente / las dunas / todos los desiertos”. “dirán, / era / una / negra / instruida”. “ahora no sé / sostener mi nombre”.

Si toda esta primera parte del libro transcurre amparada en una cita de Pushkin: “Fue en su patria, bajo aquel cielo azul / ella, la marchita rosa / al fin murió.”, recoge los “Poemas de la vieja negra”, bajo una cita de Yeats: “Mas todo ha cambiado,… / arrastra al cisne un oscuro torrente…”, leemos con esperanza el “Discurso de la negra instruida”.

Margarita García Alonso me ha llevado consigo en su transformación, me ha involucrado con un sujeto lírico polifónico y libre, que habla en versos cortos, que no da nada gratuitamente y ahora muestra otra parte de sí, la negra vieja se ha convertido en la negra instruida y de pronto sus versos se alargan, se emblanquecen, hablan de Aristóteles, de vasectomías y mastectomías, de un puzle psicodélico, y yo sonrío —aunque todavía no bajo del capullo que cuelga del techo—, consigo asirme al último jirón de aquella mujer para entrar en esta: “…bajo ritmo perfectamente fluido, / oscurezco en la lucidez del fracaso / fuera de los hechos, / la lógica se rinde, / mitad hombre, mitad mujer / mitad negra, mitad blanca, / abrevio / al bajar ojos / sin disfraz, sin soberbia, / sobre el samurái / del Teatro japonés / que grita No, no, no / pies juntos / como si quisiera vaciarme / de entrañas…” . Y resulta fácil reconocer en esta segunda parte un ritmo más pausado, no más dócil, sino que ha encontrado su lugar a la mitad de todo y no reconoce la vergüenza como un sentimiento posible, solo se deja vencer en el cuerpo, porque ha colocado su alma en un sitio inaccesible: “…entonces cedo / siempre he cedido / el cuerpo a los cuchillos / cuando repito la palabra “dicha” / dicha la dicha / llego cuerda / al próximo discurso / discurso / discurso / discurso / discursos…”. El juego de palabras pasa directamente a la ironía, a la tristeza, a la soledad y al poder que conceden todas estas cosas a la negra instruida: “…no hay reino imposible / bajo el peso del cielo, / cuando sostengo / la nieve en mi mano / a fuerza / he llegado al rellano, / trato de traspasar la puerta, / cualquier puerta sin temblar…”. Pero a partir de aquí todo tiembla y se desgaja —por si no lo había dicho, ya he bajado del techo, de pronto el capullo maduró y se abrió tan rápido, me echo fuera y se consumió como un final—, la negra instruida trae a Joyce, Van Eyck, Sófocles y Po Li, dice dicha y tibores en el mismo poema, universidad y tufillo y se queda tan tranquila. De pronto regresa el código: los versos cortos, las letras en negritas, la síntesis, la negra vieja renacida de un montón de luz, una luz distinta: “la luz despluma / la cima de este infierno”, vuelven la soledad: “en cualquier momento / la luna se deshace en salitre” y ahora también la vejez: “…me extingo / en la droga del otoño, / bajo manzanos,…”.

Si alguien me imagina ahora acodada en mi escritorio, reclinada en el sillón con el libro delante de los ojos, de nuevo se equivoca, nadie se cuelga del techo y se encierra en un capullo para leer un libro y sale de esa metamorfosis siendo el mismo. “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, me ha dejado un nuevo aspecto interior, unos mundos y unas voces que agradezco profundamente.

[1] Ha publicado los libros: “Sustos de muchacha”, (Ediciones Vigía, 1988), “Cuaderno del Moro”, (Editora Letras Cubanas, 1990). En Editions Hoy no he visto el paraíso: “Maldicionario” (2009), “Mar de la Mancha”(2008), “L’aiguille dans la pomme”(2012), “La costurera de Malasaña” (2010), y “Cuaderno de la herborista”(2011); “Breviario de margaritas” (2012), “Cuaderno de la vieja negra”, y “Zupia” (2016). . Además, los relatos para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” y las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible”, “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”. En el 2013 ve la luz el poemario “El centeno que corta el aire”, editorial Betania, Madrid; y en edición bilingüe, (francés, español) “La aguja en la manzana”, en la Casa parisina L’ échappée belle édition.

José M. Fernández Pequeño: Hay una lengua única ahí. Hay una poeta única. Hay un corazón que punza cuando late. No sé absolutamente nada de poesía, pero sé que esa es mi poesía.

Por Maya Islas
Acabé de leerme este libro (Cuaderno de la vieja negra, de Margarita García Alonso, Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2016) -de la Margo Reina. Está a la altura de nuestra poeta y artista visual, con la magia de las ideas, de las imágenes que envuelven. imágenes que nos llevan a nuestras propias conclusiones sobre el texto poético. Hay códigos escondidos, laberintos que se encuentran a través de las flechas. diferentes universos mentales y la misma mujer… su lectura es un regalo para crecer.

Necesitaba poder explorar este poema largo y largo que para mí se revuelve y se resuelve en sí mismo.
Mi gran fascinación al principio de mi lectura fue, que así leía, me encontraba con esos golpes de negro
que iniciaban en pocos espacios, las ideas. Me pareció que dentro de este experimento literario
había algo que descubrir, como el código de nuestro amado Leonardo.

Me atreví a atar tus propios cabos….todos tuyos: negro con negro.. era el color de la letra que me llamaba la atención. Abría caminos más lúcidos.

Si fue hecho a propósito de tu parte, digo, el juego de las palabras, nada tengo que decir.
Si no te diste cuenta de tu genio, aquí estoy yo con linterna. Solo te pido que unas todas las palabras en negro
y lee ese tu poema. Me pareció fabuloso.

COMO EL PEZ
EN EL BOSQUE
EN MI PECHO
HABLARON DE CASUALIDAD..
LA OSCURIDAD…

Encomio de la Imagen -Jorge Tamargo : Leído. Bárbaro, poeta, bárbaro. Deliciosa tu locura… A mí pocos me escuchan, pero como (quién sabe si precisamente por eso) procedo con absoluta libertad, declaro que eres una poeta de pies a cabeza. Delirante relato. Poesía, poesía… vieja loca, vieja negra, boca de lobo que tú paseas.

Por  Maria Cristina Fernández 
 Regresar del maremagnum donde me gano el pan haciendo pan o salteados de verduras y encontrar este palabreo suave, calado de palabras que me devuelven a un tiempo otro, viejo e impreciso como el « Cuaderno de la vieja negra » que me dice: « en un banco de niebla/ fumo invierno/ paso espíritu/ deshago el vendaje/ del mundo ruinoso/ y muestro condescendencia/ tenaz/ he esperado milagros,/ el milagro no llegó,/ no llega/ el milagro en mí:/ haré bien lo poco que me queda/ algo muy bello está a punto de ocurrir. »

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Cinco poemas de Margarita García Alonso en

 

Poemas de Margarita García Alonso, en Letralia.
Letralia, Tierra de Letras, la revista de los escritores de habla hispana, editada desde 1996 por Jorge Gómez Jiménez en Cagua, Aragua, Venezuela.
Margarita García Alonso
Periodista, poeta y artista visual cubana (Matanzas, 1959). Reside desde 1992 en Francia. Autora de diez poemarios, novelas y cuadernos de arte. Licenciada en periodismo de la Universidad de La Habana. En Francia obtuvo un máster en industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora para Casa de las Américas. Dirige Editions Hoy no he visto el paraíso.
Poemas de Margarita García Alonso, en Letralia.

Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso en Letralia.

Esta poeta toca, más de una vez, los bordes del desfiladero y del desastre. Palpa con los ojos (no encuentro otra forma de decirlo) el caos cotidiano. Pero siempre se detiene ahí, en el resbaladero. Siempre vuelve a tiempo a un orden (los platos, la multitud) en que se anula y puede respirar otra vez acompasadamente. Espontánea vagabunda, pesa las palabras como pájaros y en el aire imposible de la página los incrusta. Sus súbditos la amamos. Hay vagabundeos discursivos que bien merecen un trono:

« Regresaré al norte

—repetiré hasta el cansancio—,

tengo que barrer,

siempre tengo un plato sucio

alguna ropa por secar

para no llegar a incendio. »

Sonia Diaz Corrales Qué gran poeta es esta mujer llena de mundos¡ No me canso de leerla. Permíteme un abrazo, Margo de Groenlandia.

Recomiendo ampliamente que sigan el trabajo de esta creadora constante de realidades, de esta maestra del lenguaje tanto visual como escrito; su magia es una puerta a un mundo donde las palabras, los colores y y las formas pierden sus fronteras y generan nuevos horizontes.

-Xavier Bankimaro.

Ana Mireles Qué bellezura de trabajo, reina! Terapoetica profunda. Yo los miro por pura terapia de placer.

 

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Sustos de Muchacha, Margarita García Alonso, Editiciones Vigía, Matanzas, Cuba,1988.

Reeditado en el 2013, respetando el diseño de portada de mi compañero de vida, el poeta y pintor Fayad Jamis.

Sustos de muchacha

“Con ese algo trágico e inmaterial que hemos perdido en las ofensas del siglo”, con una respiración muy propia, este cuaderno, testigo de su tiempo, centelleante de nostalgia y coraje, irrumpe en la poesía cubana. Su discurso, a veces sobresaltado, siempre lúcido, nos agarra y conmueve como lo que aspira al infinito pero sin desasirse de la tierra. Carilda Oliver Labra.
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Cuaderno  del Moro, Margarita García Alonso, Letras cubanas, La Habana, Cuba,1990.

 

La vejez, el amor, la mentira, la soledad y la impotencia ante la inevitabilidad de la muerte son algunos de los temas abordados en Cuaderno del Moro. La autora nos ha permitido compartir sus vivencias más profundas haciendo gala de un manejo eficaz de los recursos poéticos y un amplio conocimiento de nuestra lengua, dotes que ha volcado en este revelador volumen que nos atrapa y conmueve desde las primeras líneas.

El papel literario,  La Habana, Cuba, 1991

 

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Poemas escritos en la Habana a fines de los ochenta y revisados frente al Mar de la Mancha en 1992. Algunos versos escapados a la inestabilidad de los primeros meses de exilio , suspendidos en el mar, sin  posibilidad de regreso o de arribar a tierra.
Mar de la ManchaMargarita García Alonso,  Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2002

Margarita G.A. Por Aristides Vega Chapú

A Margarita hace años no la veo más allá de esos rostros de mujeres que pinta como si fuesen retratos de ella misma. Como si estuviese frente a un espejo dispuesta a interpretar estados de ánimos tan diferentes que logra convencer a muchos de que se trata de mujeres distintas. Yo sé bien que es ella misma. De ahí que sean tan reales esos rostros tras los que ella se protege. Casi todos ingenuos o severos, alegres, retadores. Uno puede contar una historia de cada una de ellas. También yo puedo contar la de Margarita. Hace tantos años que pudieran ser más de veinte que no la veo. Por eso siempre que se habla de ella la imagen que conservo es la de esos años atrás. Como si no fuese posible existieran otras Margaritas al paso de tanto tiempo.


Ella podía haberse dado el lujo de no escribir poemas o de no pintar que uno siempre la asociaría a esos oficios que suelen marcar la diferencia, desprejuicios, agudeza. Margarita siempre fue una muchacha diferente. Tan diferente que no supo asumir la pose de la esposa de un escritor y pintor tan reconocido como Fayad Jamís. Por eso nunca nadie la nombro como la esposa, sino simplemente Margarita, con ese desenfado que ella imponía.

Su abuelo tejía cestas maravillosas y yo fui hasta su casa materna para comprar esas cestas en las que guardé muchas de las ilusiones de entonces. Era cerca del ECIL, en Matanzas y todavía a tantos años pudiera regresar a esa casa.

Siempre fue alegre y relajada, como alguno de esos rostros que ahora pinta y que de seguro ella se mantiene detrás de ellos, dándoles esa espontaneidad tan particular.

Alguna tarde me leyó poemas y otro día me mostró sus dibujos. No se creía ni poeta ni pintora, sencillamente sabía que era Margarita y eso le era suficiente. Una muchacha querida por todo el que entraba en relación con ella.

Ahora veo sus mujeres, envueltas en una luz muy propia de esos seres reales que deslumbran, una luz muy parecida a la que entonces ella iba regando a su paso y me parece que la he vuelto a ver.
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Poemas y dibujos de Margarita García Alonso. En  el  azul intenso  de las aguas del  caribe, la niña que recorría la isla con paso ligero, inspira a  Maya Islas un concierto de esperanzas. Maravilloso libro  de  dos poetas que cantan a su tierra, “ella”, que adquiere dimensión humana. Saludable salida en Bubok de este proyecto hermoso.  LMPG.
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Maldicionario, Margarita García Alonso,  Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2006

« El mundo no cierra todavía » (Jorge Tamargo) Poeta, arquitecto y diseñador cubano, residente en Valladolid, España, miércoles, 12 de noviembre de 2014

Bendito Maldicionario, por Jorge Tamargo

Leí recientemente la obra poética de Margarita García Alonso. Lo esencial de ella, quiero decir, en una compilación preparada por la propia autora con poemas seleccionados de nueve de sus libros. Sé que esta obra no me necesita como comentarista (ya se explica y justifica a la perfección por sí misma) pero debo comentarla para vosotros. Primero, y perdonad el abuso, porque lo necesito yo. Segundo, porque cualquier obra poética, incluso (especialmente) si llega a este altísimo nivel de calidad, precisa voceros militantes que ayuden a su difusión. Entonces froto la lámpara, y, con vuestro permiso, pito.

Llegué con tardanza a la poesía de Margarita. Apenas la había leído en algunas antologías, y antes de esta zambullida en su obra, sólo leí íntegramente “El centeno que corta el aire”, gracias a la gentileza de nuestro común amigo, el poeta y editor de Betania, Felipe Lázaro, que me lo envió con una entusiasta llamada de atención. Ya veis, leo y releo, también poesía, y todavía me permito el “lujo” de tales carencias… Bueno, llego tarde pero aquí estoy. Me abruman la obra y su extensión, así que en este primer pitido convocante me abstengo de entrar en toda ella para centrarme en uno de sus pliegues. Pude hacerlo en otros, pues todos tienen similar interés, pero escojo Maldicionario.

Si Margarita hubiera estado en casa de Agatón aquel día, a los postres de la célebre comida que tan brillantemente reprodujo para nosotros Platón, y en la que algunas de las principales cabezas de Grecia especulaban sobre Eros (es mucho suponer, claro, ella no hubiera sido invitada; para su suerte, pues un animal poético tan hembra nunca es proclive a la mayéutica masculina, pero supongámoslo); si hubiera estado allí, digo, y no en alguna Casa de Hetairas, espantando con todas las poéticas posibles el cáustico aburrimiento a que estaban condenadas las canónicas Nikés de Atenas; en el momento exacto en que Diótima, por boca de Sócrates dijo que Eros “es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos”; en ese mismo momento, estén seguros, Margarita habría esbozado una sonrisa cómplice y habría abandonado la sala para escribir Maldicionario. Pero si a pesar de su empeño hubiera sido retenida bajo cualquier pretexto por un Adonis pensante, llegado el momento en que Diótima (Sócrates/ Platón) dijo que Eros por encima de todo resulta un “impulso creador”, Margarita hubiera roto el dominó, y ya sin poder aguantarse, se habría encaminado a su libro exclamando: “toda ecuación del mundo está en el sexo”. Así de segura, y a la vez de femenina la imagino en aquel trance, porque de tales materias está construido su libro: Amor y erotismo (suponiendo que no sean uno, sino palo y astilla respectivamente) como base de un tremendo impulso creador.

Maldicionario es un poemario de amor donde, además, se ajustan cuentas con el pasado. Del pasado emerge un escepticismo amargo, pero Margarita no lo acepta mansamente. Su capacidad de amar y su inspirada locura le permiten pretender una redención que, aunque se ve postergada de continuo, jamás se da por imposible. Margarita cae y se levanta engallada una y otra vez. Siempre que es “violada por un hombre sin rostro” (qué terrible episodio) “navega su miedo” y rehace su himen poético para seguir adelante. “Yo menstruaba por el ojo de la desolación”, dice la poeta. “Aans te «vaginaré» demencias”, se rehace lúcida y esperanzada, con una confianza en sí misma que paraliza, que nos contagia y abduce porque está cargada de verdad poética.

No hay en este libro un solo verso falto de poesía. Su nivel es altísimo y homogéneo. Margarita, que se me antoja una síntesis perfecta (aunque isleña) de la Pizarnik y la mejor Andreu (Blanca), maneja un verso ambicioso y canalla a la vez. Pero su ambición es siempre femenina, tiene la gravedad justa, y su decir canallezco nunca es académico. Sí, cuántos supuestos antipoetas, que vendieron y venden bisutería a fotutazo limpio, se acartonaron, se hicieron catedráticos escondiendo su flojera tras un colegueo pueril, volátil y estéril… En Margarita, sin embargo, todo es verdad, o sea, mentira de la buena buena. Su verso, aunque sagaz y nada encopetado, tiene tal vuelo poético, que nos engancha estemos donde estemos, seamos quienes seamos, para catapultarnos después a su personal universo. Pues, aunque “el sol se [haya ido] a putear al fondo de las nubes/ después de hacerse nulo en los acantilados”, “es triste renunciar a un putillo, si es Madrid y enero”. Putillo el sol que se olvida de los caribeños cuando no a-islan, y putillos de la mejor estirpe los versos de Margarita; para todos los Madriles, para todos los eneros. Putillos que te placen sin saciarte, que te sacuden las entendederas y te penetran las tripas.

No hay nada solemnemente resuelto en esta poesía. Nada está cerrado a cal y canto. Cero sentencias. La imagen abre en ella sin cesar. Cuando creemos estar llegando a un oasis para remolonear un poco, Margarita nos aguijonea, nos desampara de nuevo para que sigamos buscando. “Encuentro el horizonte terno”, nos dice. Y vuelven a caer sobre nosotros todas las preguntas, vírgenes y libidinosas: fértiles. Otra vez a bregar, a esperar la santa penetración, venga de donde venga, porque “da igual el santo que te penetre si trae yerba”. Todo vale, incluso la marihuana, la cocaína, si cohabita el espacio donde señorea la Gran Jerarca (su poesía), si se pliega a ella para encantarnos.

Hembrísima esta autora. Con una fuerza endiablada. Pura verdad poética. Ya quisieran muchos biendecir como maldice ella… Ahora, bueno, tocaría ponerme serio y señalar algunas tonterías formales, algunos despistes irrelevantes. ¿Qué libro no los tiene? Pero callo porque debo hacerlo, porque la poesía cuando tiene esta dimensión áurea ha de celebrarse por encima de todo. Así que escucho el acusmata pitagórico y con él repito: “No interrumpas a una mujer cuando danza para darle un consejo”.

Maldicionario, recuerden, de Margarita García Alonso.

VER: ENSAYO Apología de Margarita García Alonso, del sevillano Javier  Guzmán Simón.

La llaman impúdica porque a cada verso se desnuda y se humilla hasta el pudor ajeno, ¿pero desde cuándo la vida o el amor ha sido algo limpio, que no manchara?, la vida es impura, impúdica e indecorosa. Maldicionario, es más bien el diario de aquella que se siente maldita, una mujer que ‘Nunca había gustado la frutilla que crece en los barrancos, antes de ver sus ojos’

“Sedición e indisciplina Aans./En Grecia y Roma al cruzar las aceras me ataban  tablillas de plomo estaba marcada al rojo ceniza de la tarde. Frente al mar Egeo, me convertía  en Areteo, maldiciendo cualquier  ruina. Tu lo recuerdas,  lo dije bajito  cuando te asesiné”

 ¿No oyen en estos versos la universalidad de lo humano? Para los de cultura ignota avisaré que las tablillas de plomo se usaban en Roma para los conjuros y las maldiciones. Es la maldición de la fragilidad humana, fragilidad que sucumbe a cualquier mal, pues no tiene un lugar propio en el universo, ha de hacérselo; y Marga, como tantos otros, lo creó en torno a otras fragilidades como es amar al que del mismo barro ha sido hecho.

« Ilustrísimo Presidente D. Miguel de Cervantes e ilustrísimas señorías, próceres de esta República de las Letras: hablo en nombre de Margarita García Alonso, para muchos de nosotros simplemente la Marga. Ya han escuchado el alegato conjunto de los que demandan la expulsión de Marga de esta única nación verdaderamente libre y verdaderamente justa. Y puesto que confío en las conciencias y honestidad de sus señorías, me dirijo a su absoluto sentido de la piedad, porque este alegato, esta envidia para con Marga se debe a la iniquidad y a la impiedad. Sí señorías no se me revolucionen, pues en silencio escuché su alegato. Como decía, la iniquidad y la impiedad de los ‘pagados de sí mismos’, de ‘los constructores del verso puro’, de ‘los mojigatos ganadores de rentas y premios de poesía’, de ‘puristas y decentes poetas’ ».-asi comienza Guzmán Simón su alegato en defensa del poemario Maldicionario, de  Margarita García Alonso, en venta en Bubok, bajo el sello de las Editions Hoy no he visto el paraíso

Javier  Guzmán Simón

La costurera de Malasaña Margarita García Alonso,  Editions Hoy no he visto el Paraíso,2009

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He de tomar consejo de todos, la fibra rota, el paño ligero para confeccionar el lienzo que me arropará la eternidad. La costurera de Malasaña

…Si alguien me quiere conocer

no necesita nada,

escribo, recorto hechos,

zurzo palabras

de esta desgarradora era

que me toca vivir.

Soy la costurera de Malasaña

-no me mató el soldado,

la bala, la Francia, el enemigo-

Me ahorca el hilo,

la manipulación de la madeja

aunque corte el paño

desarmé el tejido

siempre queda este cuadernillo

oxidándome el alma.

Margarita García Alonso (Matanzas, Cuba)

Ya que no he podido entender a los Hombres,

recorto y coso pero no me sale un humano,

me dedico a las plantas.

La herborista.

Por  Joaquín Badajoz

Cuaderno de la Herborista”  y “La Costurera de Malasaña” son caóticos libros de labores, un diario del diario, que sería algo así como un hipertexto, asomarse al mundo a través de un laberíntico queso gruyere: con una cara a La Mancha y la otra a Normandía. La costurera y la herborista intercambian oficios poéticos, son dos caras de una misma moneda; son los temas, los ambientes, los que varían, pero la furia es la misma. Donde la costurera escribe: “He de tomar consejo de todos, la fibra rota, el paño ligero para confeccionar el lienzo que me arropará la eternidad”, la herborista sacude la cabeza nihilista, se niega a hacer concesiones, responde: “Ya que no he podido entender a los hombres, recorto y coso pero no me sale un humano, me dedico a las plantas”. Aunque no hay que confundirse, no se trata de seres diferentes, ambas tejerán versos con la misma ironía, la irreverencia femenina que suele ser más transgresora y asexuada que la de muchos hombres cuando se tiene un temperamento volcánico y el demonio súcubo se deja habitar por varones. Persiste en ambas una obsesión por el paso del tiempo, “la vejez como enigma”, llegada de súbito: ¿Qué hice para envejecer/ sin conocer respiros? Cada amanecer me arranqué la piel,/ maduré mi muerte, rompí con martillos/ la extraña jaula, corté las lianas y ahora/ no me pertenece este rostro/ que refleja el espejo.”, dice en Fin de los bellos días, de Cuaderno de la Herborista (pág. 26). Pero dónde mejor se nota es en sus poemas estacionales, que alternan entre ambos libros: dedicados a los meses, la primavera, el otoño, la liturgia de las horas. El tiempo pasa “en un pueblo triste que se escurre/ en el extremo”. También la solitud, pero una soledad rebelde, de tonada y danza, revuela en sus páginas. Los hombres pasan “amante de una noche cálida” (pág. 26), “adolescente de lengua de látigo” (pág. 49), recios e idénticos —como troncos desalmados por la tala: “Los mancebos mostraban ramas/ de una dureza que modelaba/ el horizonte del árbol” (pág. 36), escribe en Lo bueno de comer manzanas. Pasan los hombres y también los desengaños que sofoca impúdica la herborista: “cerradas las piernas emito fuegos/ desde que pinto a un hombre,/ aunque nunca falte el dildo,/ el tildo y hasta el falo japonés/ en su caja decorada con un samurai” (pág. 9, Abejones entretenidos) y la costurera zurce desconsolada: “En una habitación llena de objetos,/ —una silla vieja como mesa de noche/ un flexo torcido—/ aunque no tengo el don de la conversación/ he escuchado muchísimas cosas./ Con ligereza de carrusel tocado/ por la indiferencia de los Hombres/ me asombra la cantidad de amigos/ prematuramente muertos/ de hambre y cosas peores” (pág. 8, Desconsuelo de la costurera) La decepción de sus sujetos líricos, esas laboriosas y cáusticas mujeres —de tijera y hacha, de herbario y cajón de sastre—, trasciende el género. No es simple misandria, ese rechazo al hombre en minúsculas que sienten la mujeres despechadas, sino más bien misantropía, desencanto existencialista, espanto. Ante la falsedad del mundo, la costurera y la herborista se refugian en mundos inanimados, producen sus propias escenografías, insisten en sus faenas. Y esas manualidades encienden un espíritu taumatúrgico, curan la fiebre, regresan como memoria replicada, de una manera tan intensa que  la dictadura de cronos, el dolor y la soledad no acaban de borrar una sutil seducción, un encanto infantil, lleno de erotismo y rebeldía. La costurera y la herborista (y viceversa) se alimentan como Tamerlán, el gato de personal del Conde Cagliostro, de buena literatura; filosofando, más que asistiendo a los debates; luego zurcen y siembran, recortan y podan. Uno de los poemas que más me gusta de La Costurera de Malasaña —que dicho sea de paso, es un feliz título: la madrileña Malasaña encierra furia etimológica, un trágico bautizo y una conexión macabra entre Francia y España

PORTADA

Cuaderno de la herborista, Margarita García Alonso,  Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2009

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Breviario de margaritas, Margarita García Alonso,  Editions Hoy no he visto el Paraíso, 2013

« Breviario de margaritas, es el libro litúrgico de García Alonso, su confesionario. En él vuelca el conjunto de obligaciones y deberes que ha sobrellevado a través de su sacerdocio íntimo. Como todo breviario, expone y comparte, desde su mundo interior, y logra que el lector no pase de largo. »  POR Ena LaPitu Columbié , en el Exageta.

El poemario Breviario de margaritas (Editions Hoy no he visto el paraíso, 2013) de Margarita García Alonso, me ha llamado particularmente la atención, ya que hay un aparente interés de la autora por desechar, —o por lo menos disminuir, la utilización de los colores como símbolos cromáticos indicadores de emociones, y situaciones, que han sido utilizados frecuentemente en otros poemarios anteriores. Luego de la lectura encontré la trampa. Como artista de formación multigenérica, Margarita sustituye los colores por imágenes plásticas, que muestran la materia real, el objeto en sí, en un tipo de situación que genera un retrato completo, e imprime colorido a la frase: hierro caliente, carne descompuesta, utensilios oxidados, flores secas, hotel barato, poema manchado, sangre corrompida, cuerpo caliente, manos sucias, cuerpo estrujado, bellotas podridas, yerbas secas, algodón húmedo…Estas imágenes y otras un tanto más abstractas: turbulencias poéticas, breviario cabalístico, semillas pálidas, lujo intransferible… convierten el libro en un corto que narra el sentimiento que la prende; un manojo de poemas, que ensartados cinematográficamente, funcionan como escenas de una hecatombe interior.

He fallado:/ quise retenerme adolescente,/ quise que mi hija fuese siempre niña,

pero usé el santo que no conviene,/ jugué el número que no tocaba,

usé la bárbara costumbre nórdica/ de la sal sal gruesa en la acera,

sal en la puerta para espantar la nieve,/ el mal ojo, la escasez, la fatalidad…

La poesía de Margarita García Alonso se determina por la fortaleza y los recuerdos. Con un discurso íntimo, como si contara la historia de su debacle —pasado y reciente, relata tal si fuera un cuento de ciencia ficción: Tan lejos como un agujero negro/ serpenteo el infinito golpeada / por desperdicios terrenales; y también: A quién importa/ si su santo cuerpo/ ha desaparecido/ de las rutas astrales.

Esta es también poesía de la carencia. Falta mucho para la conformidad de Alonso, ella ya ha visitado el planeta, consciente e inconscientemente, lo ha vivido, y por eso grita que está: sin tiempo, sin fuego, sin que el gris [le] abandone, sin verde, sin rocío, sin salida, sin rostro, sin que el alma sepa, sin sentido, sin sombra y en silencio. Su tono coloquial, acrecienta la cercanía a esas carencias íntimas.

Si le beso, todos los ruidos/ dejarán de existir,/ y le beso sobre el lienzo difunto de los pretéritos.

Como si fuera conciente de todas esas faltas que la acosan, Margarita desde su enajenación, recuerda también todo lo dado por obligación y por amor:

cuidar hermanos,/cuidar a ancianos,/ cuidar a enfermos,

cuidar de los castigados,/ cuidar la limpieza,/cuidar la bata,

cuidar los zapatos,/cuidar de escupir,/ cuidar el himen,

cuidar cuidar cuidar

Es tanta la desazón por lo desposeído y lo regalado, que decide por último, en un acertado final, gritar su angustia formal y solemnemente, esperando el contacto redentor que conduce a la calidez y la mejora.

estoy parada a contra viento/ para que lleguen a tocarme

Breviario de margaritas, es el libro litúrgico de García Alonso, su confesionario. En él vuelca el conjunto de obligaciones y deberes que ha sobrellevado a través de su sacerdocio íntimo. Como todo breviario, expone y comparte, desde su mundo interior, y logra que el lector no pase de largo.

Por Juan Carlos Recio, en Sentado en el aire.

Escribir sobre Breviario, no se me daba. Como suelo escribir mejor desde el lector, confieso me dio cierta desazón de que la vejez ya estaba dándome duro en el espinazo. Entonces lo entendí todo. La poesía que desmadra de esta mujer (que además no esta loca de remate y por contradicción es la mejor parte de ella para descubrirla). Resulta que sí, a veces se escribe contra uno mismo, contra los demonios que nos hacen sangrar y porque los ovarios puestos en su justo sitio, con dignidad, digo, hacen que hablar por los codos no sea un defecto, a lo sumo, es un acto a contracorriente de cualquier cobardía.

Muchos escritores con razones de peso y leyes de lo que suponemos es poesía, defienden que no debemos ponernos a contar. Lo cierto que hace mucho me vale un tarro y mil, y parece que a la autora le ocurre parecido, ella cuenta. Su narración no es un hilo, son cortes, tampoco, desde el yo ramplón, todo lo suelta sin ingenuidad ni falso criterio, cuando se vive a quemarropa de un disparo, se enviuda, el amor nos calienta, a cada rato explota, incluso, se reconquista aquello que parecía frustrado, y hasta el gato de la casa da sus contiendas por un alimento de calidad, no existe metáfora ni falta de juicio, ni dualidad de ser dos, al revés, la poeta es múltiples partes de la mujer que es, y a cada cosa le da su espacio, igual que nos intimida como lectores para entenderla. No lo hace como una amenaza, es la reflexión del espejo, de esa imagen nítida que deberíamos tener a mano.

Ya la neblina aquella cuando pastábamos en el potrero nacional, ha pasado, y Margarita no se anda por las ramas, nos da ese hachazo de cuaje, uno necesita dejar de rodar, poner cable a tierra y de eso se trata. Pero si cree que el arte del elogio es incorrecto, quizás no me crea, no necesitas creer realmente en nada, debes tocarlo. Ve y advierte dar un clip y encontrarte ante la poesía del último libro de Margó, Reina de Groenlandia, le ánimo, a que entre, lo único que necesita es llevarse a ud mismo, es decir, no pretenda buscar al otro, la mujer que escarba en sus viseras, tiene un objetivo muy preciso, no hay otra forma de vivir que no sea desde una realidad a la que se penetre desde el sudor y la lágrima, porque desde que le dijeron que se callara y no lo hizo, es:

Una mujer común,/ con una camisola de hospicio/ rasgada, amarillenta,

sin identificación./ que te confiesa/ llamarse Margarita.

Por el poeta ARISTIDES VEGA CHAPU

Querida Margarita: Tu poesía tiene la fragilidad de una hebra de hilo y la certeza con la que va cavando una tela para con su rastro dejar un dibujo. Tan reales son tus testimonios que no hay manera de no compartirlos, comprometerse. Con toda esa sabia manera de mirar de un poeta llevas la vista a esas zonas no visibles o no tan visibles, para desde esos extremos vedados para muchos relatarnos un mundo de apegos y de cotidianidad. Quizás por eso haces trascender lo simple, lo cotidiano y suena a nuevo cuanto repites.

Como cualquier lector hay poemas que me gustaron más que otros, pero en su conjunto me ha dado mucho placer adentrarme una poesía que no lleva más adornos que los necesarios, que no dice más de lo que se necesita decir y que uno escucha como advertencias que por su sabiduría no tiene posibilidad de poner en duda. Gracias nuevamente por confiarme tus versos que tanto como tus dibujos tienen solo los colores necesarios para permanecer. Todo mi cariño, Aristides.

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FELIPE LAZARO, DIRECTOR DE BETANIA, primera EDICION, 2013. Este libro de poesía, que representa la octava obra lírica de esta autora, reúne unos cuarenta poemas que certifican la plena madurez poética y el buen quehacer lírico de García Alonso en estos versos repletos de vida. Versos, a veces duros, que denotan una intensidad vivencial que se plasma en todo el poemario.

Con este nuevo aporte, Margarita García Alonso destaca como una de las mejores voces de la poesía cubana actual, a lo que se suma su ya extensa trayectoria literaria y una excelente labor como promotora cultural, además de su incansable trabajo como editora al frente de su editorial francesa Hoy no he visto el paraíso, con sus bellas ediciones, y su no menos importante obra plástica, que la convierte, a todas luces, en una figura relevante del mundo intelectual y artístico hispano del momento.

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Margarita García Alonso. Poeta y periodista cubana, es, además, una excelente editora y una artista visual reconocida. Se licenció en Periodismo en la Universidad de La Habana. En Cuba, fue directora del semanario cultural Yurumí y editora de Casa de las Américas, y publicó los poemarios Sustos de muchacha (1988) y Cuaderno del Moro (1991).

Desde 1992 reside en Francia, donde terminó un Máster en Industrias Gráficas y publicó otros libros de poesía, como: Maldicionario, Mar de la Mancha, L’aiguille dans la pomme, La costurera de Malasaña, Cuaderno de la herborista ; así como el primer libro ilustrado sobre José Lezama Lima: Lezamillos habitados. También es autora de las novelas para niños Garganta y Señorita no y Señora sí y de las novelas Amarar y La pasión de la reina era más grande que el cuadro (2012).

En el país galo, fundó la editorial Hoy no he visto el paraíso donde ha publicado a poetas cubanos, como: Maya Isla, David Lago González, Alberto Lauro, Sonia Díaz Corrales, Odette Alonso y Juan Carlos Recio, entre otros.

El color en El centeno que corta el aire,

nuevo libro de Margarita García Alonso

ENA COLUMBIÉ

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

La utilización de los símbolos de color para expresar situaciones vino con el homo sapiens. Algunos artistas y escritores los utilizan como herramienta, pero la realidad es que desde el Modernismo hacia acá, su uso se ha marcado más en lo expresivo que en lo contemplativo. El carácter simbolista del color en la poética de Margarita García Alonso, es un aspecto ineludible en su nuevo libro, El centeno que corta el aire (Betania 2013)

La poeta que sobre todo es artista, conoce de la dualidad fenoménica físico-fisiológica del color. Ella está al tanto de las características peculiares del mundo artístico y literario, y en la trasformación del color en símbolo y enunciado. Por eso los explota:

Nadie a mí alrededor canta palabras/ de mi lengua natal, nadie sacude

toallas desde el balcón solo veo una/ alfombra que se deshace

en el hilillo de nieve, la traza de un pie/ que hunde el blanco.

(SONIDISTA DEL ALBA, p.12)

El símbolo cromático blanco es utilizado como suelo, nieve y también vacío, y como lamento por la soledad; sentimiento de lo vano idealizado por los pasos. En ese mismo poema, encontramos también manifestarse las tendencias al orfismo, con la que muchos pintores se proponen dar a los colores un poder evocativo.

Se sabe que el rojo es el más caliente de los colores de la gama cromática, García Alonso usa el recurso agua para lograr un contraste con el símbolo cromático rojo y suavizar su significación llevándolo a cálido.

Quiero oír el corazón de mi madre,/ el latido que fustigaba aguas rojizas,

la palpitación que me irrigaba.

(SONIDISTA DEL ALBA, p.13)

Así vemos en el poemario el uso del ontocolorismo, teoría explicada en 1882 por el filósofo francés Lucien Renout, y que define como el arte capaz de develar el mundo visible del ser por medio de las impresiones cromáticas. Impresiones no sólo descubiertas por el color, sino también por otros símbolos por abstracción: sangre (rojo), trigo (amarillo), luna (oscuridad).

Nada iguala la sangre que

convierte el trigo en textura de

museo. Son tantos pigmentos

rojos alterados, sobre cráteres

dispersos semejantes a la luna.

Entre la cabeza y el tallo pie,

lo que fue un vago suvenir

de hombre sin oreja.

 (BAJO EL CIELO DE AUVERS-SUR-OISE, p. 43)

Es un homenaje a Van Gogh Nos dice la artista-poeta en carta a partir de un peregrinaje que hice a Auvers -sur Oise donde se suicidó, queda a una hora y media de casa y aunque ya había estado en varias ocasiones, en esta fui sola, a comerme los trigales y pensar en el pelirrojo, quizás, por esa cercanía es que se me embarro, salpicaron los colores al poemario. (…)  es la tela cromática del alma de este hombre, cuando te acercas mucho, pues  mancha cualquier verso. Y mancha en el sentido de marca buena.

Sabemos también, que el color incide en los sentimientos, y la consecuencia emocional obedece al sujeto sobre el cual se evalúa un color, y al propio color en sí; por eso cada creador posee una estética propia para su manejo y logro de efectos. Como una tabla personal de valoraciones. En El centeno que corta el aire, el negro impera identificando la tragedia, lo oscuro y la melancolía…

Tose la negrura, las infinitas capas

de hollín que denuncian tráficos en

el mercado cuando fuma a

  escondidas cigarrillos negros.

(LA AGUJA EN EL PAJAR, p.15)

En esa estrofa vemos como el símbolo cromático negro, se refuerza más con negrura, y con hollín, de manera que se acentúa la escena. Lo mismo sucede con la que aparece a continuación que aunque pertenece a un poema diferente (en su individualidad y por obvias razones) parece consecuencia de aquel

El respiro fatal, el líquido, el

estruendoso mar que desespera el

negro pulmón que se deshace en

violetas pequeñísimas, me tiñe

de azul.  (PESCADOR, p.24)

En el poemario hay muchos otros ejemplos del símbolo cromático negro, y otros diferentes símbolos que lo aluden, como en el caso de noche: la noche en la noche sin techo, ciega en la noche, mala noche, anochecer…

Este es un libro en el que el lector podrá encontrar una obra llena de colorido, aunque no por ello quiero decir que cada poema es una pintura, ni mucho menos alegre. Hay en él un abanico de meditaciones; interesante material para el estudio de la palabra y su color.

Margarita García Alonso es artista visual y poeta, Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana y Máster en Industrias gráficas en Francia. Ha publicado varios libros y obtenido numerosos premios como pintora. Laureada en la Taberna de poetas franceses, y publicada por “Yvelinesédition”, en Marzo 2006. Creadora de Ediciones Hoy no he visto el paraíso. Reside desde 1992 en Francia.

 

Quien está dispuesta a cortar el aire

Por Arístides Vega Chapú
Desde su título El centeno que corta el aire, de Margarita García Alonso (Matanzas, Cuba, 1959) publicado por la Editorial Betania en su colección de Poesía, su autora nos advierte, desde el más estricto sentido lírico, que está dispuesta a develarnos todo lo que pueda quedar fuera de la visualidad  de un ojo poco atento, poco entrenado.
Con los más variados y diversos elementos que ella primero avizora y selecciona para luego ubicar en esa planicie sobre la que arma y desarma paisajes constantemente, esta poesía se va componiendo más que nada por la indagación de alguien que le interesa calar o cavar, llegar al fondo o al centro de todo. Y ese todo aquí está personificado por el Hombre, o más bien por todo lo que guarda y resiste su interior, es decir por la raíz de todo comportamiento. Traspasar cualquier atmósfera, cortar el aire, hasta llegar al otro lado, donde ella sitúa sus historias, dispuestas a descomponerlas hasta llegar a su verdad.

Sin importarle oficios, que son más bien puntos de partida para muchas de esas historia  de vida que les va creando a sus disímiles personajes; hombres y mujeres aparecen en busca de sus propios caminos, con sus lamentos o alegrías a cuesta. Ellos, como la vida real testificada en estos versos se adentran por trillos o avenidas del mundo para luego exponernos ese itinerario, casi siempre afectivo,  sin descuidar el más mínimo detalle.
Viajan constantemente de un sitio a otro, para luego dejar constancia con asombroso dominio sobre esas sutilezas o nimiedades que hacen diferentes la vida de uno y de otros. Las experiencias todas, aún las más personales o complejas, expuestas en una poesía sencilla pero calzada por una emotividad que busca, y en mí opinión logra, cjava-scriptrnos.
Margarita como cualquier otro poeta fabula constantemente. Mezcla con osadía realidad con ficción, junta períodos históricos, geografías lejanas.  Pero en su caso son los sentimientos de sus protagonistas los que dibujan rostros y sombras, paisajes y estados anímicos. Un mundo expuesto desde el interior de quienes aparecen en este poemario para desde la diversidad de sus voces contar singularidades. Es aquí el atractivo mayor de encontrárnoslos y dialogar con ellos. Pueden en un principio, en ese contacto primero y superficial,  dar la apariencia de personas comunes y simples, pero traen sobre sí un pasado y presente que conmueve y moviliza.
Obviamente que la poetisa logra sus versos con una visualidad propia de su otro oficio, el de artista plástica, como mismo sus pinturas tienen una poética muy particular. Y es que Margarita expresa desde la sinceridad que le exige su vocación de testificadora de los más disímiles y variados estados anímicos de los seres humanos esa relación de uno con uno mismo. Esa conversación íntima que solemos sostener para preguntarnos y respondernos todas las dudas que desde el misterio de una vida ejercida con plenitud, nos convierte en permanentes indagadores de cuanto sucede a nuestro alrededor. Y ese alrededor no tiene en esta poética límites geográficos. Cualquier ciudad del mundo, cualquier porción de tierra está alcance del persistente andar de estos personajes, ciudadanos todos del mundo: Pregunto, si debo abandonar bandera/si es tarde para capitular/ si debo alinearme/ como una nube rosada del anochecer. / Si es necesario llegar completamente muerta al final. (página 68).
Aún cuando algunos de los poemas juntados en este libro tienen como base, o digámoslo más sencillo; la inspiración en una cotidianidad común para muchos, lo que pudiéramos llamar poemas domésticos, de una cuerda afectiva y sensible de la que cualquiera puede sujetarse, Margarita logra contar sus historias, incluso las referidas a lo común de las cosas, de una manera tan particular que es como si le asistiera la intención de relatarlas de una manera nueva, de otra forma, desde otra visión, es decir desde la trascendencia. Si así se lo hubiese propuesto lo logra y es para mí lo más disfrutable de este poemario: Yo, la parásita,/ me alimento de letras,/en correos de un amarillo triste/ como todo lo que llega de esa isla de veranos.(página 59).
Ya lo había advertido la poetisa Carilda Oliver Labra presentando el primer poemario de Margarita García Alonso, en el ya lejano año ochenta ocho, del siglo pasado: Su discurso, a veces sobresaltado, siempre lúcido, nos agarra y conmueve como el que aspira al infinito . Solo que ahora,  al paso de los años,  le asisten otras amarras por las que llegó a ese infinito desde entonces avizorado.

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EDICION BILINGUE, ESPAGNOL/ FRANCES  -agotada en la editora original, disponible en BUBOK y en Amazon.
Margarita García Alonso
L’aiguille dans la pomme/ La aguja en la manzana
Poésie
Collection Ouvre-Boîtes

L’ aiguille dans la pomme- La aguja en la manzana. Poemas escritos en francés.

« Muy bueno el título de La aguja en la manzana. Sugerente… el inmovilismo del gris frío, el fondo perlado, pétreo, la aguja como una lanza sobre el rojo atravesando la fruta… Hmmm… destapa sensaciones, evocaciones… algo del surrealismo de Magritte… La tristeza de alguna Santa, con la manzana…. No conozco el poemario pero seguro que será un hincón cada palabra…

« Espero con ansias poder leerlo pronto. Ya me las arreglaré con el francés… A ver si Google me ayuda pues no pienso esperar a la versión castellana… Hay un sexto sentido con el que se entienden las imágenes, las palabras… Siempre me ha llamado la atención y no poco, del sitio aquel y como lo nombras… de tan diversas maneras… Me encantará saber, leer, palpar, cómo es eso de robarles las palabras, abrazar esa simbiosis de toda su existencia, vivencias en ese suelo…

María del Carmen Ares Marrero.

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¿Cuál es la idea que tenemos los humanos de la justicia?

 ¿Hasta qué punto somos capaces de respondernos sobre los mismos temas que nos agobian desde los tiempos primeros?

Una mujer coloca a  la humanidad en la balanza y ante nuestros ojos, convertidos  en dianas de colores,  mueve con filosófica  alquimia, al centro, al abismo, de un lado la inocencia y el orden, en la otra orilla, apartadas y dispuestas, otras mil formas de abismarnos.

Margarita García Alonso  está parada frente al aula que ahora somos sus lectores, no nos regala una sonrisa, ni siquiera el gesto rezagado que nos haga creernos atendidos, ella lanza sus preguntas como quien reparte versos de un poema disperso en el paisaje, cotidiano paisaje del que somos parte sin siquiera proponérnoslo, nuestra tarea es enlazarlos cual áspero rompecabezas, unir las partes que conforman el destino final a que somos convocados, encontrar de una vez  el bendito equilibrio que nos salve.

Quizás  la autora no busque las respuestas y sea ese el final del ejercicio que propone, unas preguntas cuyas respuestas sean ellas mismas, preguntas de una filosidad estudiada  saltan desde el fondo de la  gráfica y nos enfrentan a nuestros propios  miedos.

Como sea, aquí están esas preguntas, acomodadas cada una a la rabiosa inteligencia que sugiere más interrogantes, la puerta queda abierta, cerrarla o no dependerá de nosotros.

Gino Ginoris

VER: lezamillos-habitados

Es un hábito, un vicio, recorrer a José Lezama Lima, lápiz a la mano.  Les presento veinte y un personajes secundarios que ha dejado en su obra, otros quedan a mi lado, en un intento de dar vida a los fantasmas lezamianos. Este es mi Lezama habitado. En el centenario de su nacimiento sale a luz la primera obra donde se ilustra a José Lezama Lima, 1910-1976. Poeta, ensayista y novelista cubano considerado una de las más grandes figuras de la literatura insular.

Maricel Mayor Marsán comenta tres de mis libros: Sustos de muchacha, La pasión de la reina era más grande que el cuadro (novela) y Lezamillos habitados. Agradecida. 

Por Maricel Mayor Marsán
Estimada Margarita:
Ya leí tus tres libros, tal y como te prometí, y aquí van mis comentarios:
(1) Sustos de muchacha (poemario) con prólogo de Carilda Oliver Labra.
Libro lleno de juventud y honestidad. Tiene razón la poeta Oliver Labra cuando dice “…rompe relaciones con la sensatez”, pero es precisamente esa cualidad lo que permite llegar a tu alma y descubrir tu manera de pensar y sentir. Por lo mismo, me gusta muchísimo el poema “Viaje en el corazón de una muchacha”. Me emocioné al leerlo.
(2) La pasión de la reina era más grande que el cuadro (novela). 
Libro desgarrador donde el exilio y la búsqueda de la felicidad se entrelazan con la amargura de una vida junto a Andrei (personaje odioso) y a otros maltratadores como el padre y el hermano de la protagonista, aparte de brindar una semblanza profunda del bajo mundo madrileño, donde la droga y el vicio se dan cita, para mayor desgracia de los exiliados que tienen que convivir en barrios marginales de dicha capital.
La pintura siempre es un buen pretexto para analizar la vida que nos rodea. Además, esa es la manera en que un pintor plasma e interpreta su mundo.
Hay una frase que me llegó mucho y me recordó una sensación que tuve hace varios años al morir mi propia abuela:  “Mi abuela ha muerto y no podrá advertirme que la oscuridad ronda, que debo vigilar” en la sección 0009. Te confieso que me siento muy sola desde que ella se me fue y, me parece, que a tu personaje le pasa igual. Ya no es lo mismo.
Y, para finalizar, me parece genial esta frase, pero a la vez me llena de tristeza que alguien tenga que llegar a esa conceptualización filosófica: “Aprendiste a ser invisible en el exilio, a fuerza de tanto maltrato.”
Cuanto oprobio hemos tenido que sufrir para sentirnos vivos, incluso hasta preferir ser invisibles para evitar más daño.
Tu novela es una catarsis, una fuga de tu dolor interno y el desahogo de muchos años de soledad, que se condensan en la trama principal, a través de los personajes de la misma. Su estilo es muy original.
(3) Lezamillos habitados de José Lezama Lima (poesía y pintura)
Este pequeño libro es un hermoso tributo a la obra de José Lezama Lima. Me encantan tus pinturas y los poemas que escogiste. No había visto algo similar. Bien pensado y elaborado. ¡Bravo! Me encantó el poema brevísimo que se titula “El inventor de la soledad”.
En general, te felicito por tu obra, la que intuyo estás desarrollando con mucho esfuerzo y muy poca ayuda. El exilio no es grato para nadie en ningún momento. Sólo se recogen tristezas y un desgaste de naturaleza ontológica.

-VER EN eDITIONS HOY NO HE VISTO EL PARAISO

 

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LECTURA DE POEMAS – revistas

Poemas en Arique 40-41, Oct.2011-Mar.2012

Revista de Poesía, toda la poesía cubana, de dentro y fuera de la Isla, la menos divulgada, dirigida por Raúl Tápanes López.

 XIV ANUARIO de la REVISTA LITERARIA BAQUIANAI.S.B.N. 978-1-936647-19-4
Ediciones Baquiana (2013)

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso , en HUESO LOCO

Poemas en LA PRIMERA PALABRA

EFORY ATOCHA

ANTOLOGIA UNIVERSAL SIGLO XXI

LA BALSA DE LA MEDUSA

REGISTRADA EN ESCRITORES ORG

ANTOLOGIAS

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Antología “Balseros”

Margarita es una Isla rodeada de amigos por todas partes. Por eso quería que la Isla llegara a Miami, para poder  redactar una presentación que aunque pequeña, la Isla mereciera. Esto para mi sólo es posible sintiendo el abrazo de una isla amiga, querida y admirada por todos los que han tenido la oportunidad de caminar por sus paisajes y oler su poesía.

Ella es poeta, pintora, ilustradora y periodista. Ha publicado los poemarios Cuaderno del Moro, Editorial Letras Cubanas, Sustos de Muchacha, Editorial Vigía, Mar de La Mancha, Editorial Bubok, Lezamillos, inspirado en textos de Lezama Lima, Isla, el libro imposible, en conjunto con la poeta Maya Islas, Maldicionario, los libros infantiles Garganta y Señorita no y señora sí, también publicados en la Editorial Bubok. Es fundadora y directora de la Editorial Hoy no he visto el pararíso y su obra artística ha sido exhibida y premiada en varias partes del mundo.

Curiosamente, y como ya Manny había expresado en alguna ocasión, Internet fue la vía de conexión entre nosotros, de la misma manera que lo ha sido con otros muchos amigos. Por eso pienso que la magia y el amor no tienen paredes, ni fronteras, ni siquiera un universo material, sino que levita en las altas posibilidades de la cosmografía, trazando mapas de espiritualidad, humanidad, aprendizaje  y afectividades.

Sobre la obra de Margarita García Alonso, literaria y plástica, hay mucho que decir pero sería imposible exponerla en la brevedad de una presentación, por eso me limito al grato honor de presentarla en la semana Alternativa de Literatura en Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz, jornada abierta magistralmente por Elena Tamargo la noche de ayer, y a decirle que la ciudad esperaba engalanada a una amiga que el abrazo convirtió en imperecedera, y dejar que ustedes, en el amable silencio que rodeará a su lectura, puedan evaluar, sentir y admirar como nosotros,  la inmensidad de sus textos, la agudeza de su filosofar, el dolor, las penas, las pasiones, las furias, las esperanzas, la risa y el sarcasmo de su lamento poético, fuerte pero vulnerable, sólido pero franqueable, tímido pero atrevido, toda la contradicción de la vida misma que busca trayectos vivenciales pero que a veces niega, con esos fantasmas pretéritos de emigraciones, hundimientos, sobrevivencias, cataclismos y resurgimientos.

Hoy, en esta tarde especial de celebraciones y encuentros, es como si los siglos estuvieran interpuestos y el tiempo rescatara la esencia de toda la hermosura de la que el hombre es capaz de almacenar, en su memoria genética y su historia. Martí, ese gran poeta de la cubanidad, dijo hace casi dos siglos que su trabajo era cantar todo lo bello, encender el entusiasmo por todo lo noble, admirar y hacer admirar todo lo grande. Y esta Semana Alternativa de Literatura se ha ganado un lugar dentro del espacio trascendental del pensamiento martiano, por su altruismo en el reconocimiento de las artes y el gran acierto de presentar a grandes creadores que la ennoblecen, entre ellos Margarita García Alonso, que ha llegado navegando sobre las quimeras de la distancia y los mares. Y aquí se las dejo, envuelta en las  palabras de sus Maldicionario y Lezamillos.

“Mi cabeza encristalada, la comisura del labio caída.

A cada despertar paso cuchilla a la textura,

nada de carne, huesos, restos…

(…)  agitaré hilos de letras

te haré caos y maldeciré un libro…”

Muchas gracias, Manny, por habernos regalado la presencia de una gran poeta y amiga, y a ti Margarita, por estar finalmente con nosotros.

Carmen Karin Aldrey, Semana Alternativa de Literatura

Miami, Florida, 16 de Noviembre del 2010


היום אני לא ראיתי את גן העדן

Dziś nie widział paradise

Сегодня я не видел рай

הייַנט איך האט ניט זען גארטן פון עדען

Today, I haven’t see the Paradise

Aujourd’hui Je n’al pas vu le paradise

Heute ich habe nicht die Paradise gesehen

 

 

734165_10151372845679243_1517717850_ncon mi hija Laura Pérez, MI MEJOR POEMA, nov 2012, Miami, foto de Gabriel Lizarraga

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