Lamarga

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Poemas de Margarita García Alonso, en La Peregrina Magazine.

In La costurera de Malasaña, Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 30 juillet 2017 at 7:57

Poemas de Margarita García Alonso, en La Peregrina Magazine. 

marga_LAEXTRANJERAMargarita García Alonso, « La Extranjera », óleo sobre lienzo

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CORRESPONDENCIA CON GATO

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 2 juin 2017 at 9:17

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Por Beatriz M Fránquez-Nodarse 

Mi gata, Michita, con el libro de poesias de Margarita García Alonso. No hay libro que ella vea sobre el “counter” o el sofá que no venga a husmearlo, incluso a “custodiarlo”, se apasiona como buscando un ratoncito dentro… mientras no se lo coma!, si ella supiera leer.. sería ya muy instruida jaja.

Siempre releo la Poesia de Marga, más conocida aquí como la Reina o Majestad, porque sin ánimo de ‘guataquería’… ella lo es. Una reina accesible, humana y talentosa. Estaba leyendo el Herrero.. que me robo para compartir unas estrofas:

Herrero

“En el cobre apretujado, golpe, golpiza
una tras otra.
La tela metálica sobre la piedra
Sobre la copia de piedra en acero
en acero molde de todas las piezas
que anhela el hombre.

Acero matriz que adiciona vicios
de gente sola.
Por mucho que canta el martillo
por mucho que recite
es poco el alimento que entra
al músculo seco.

Ha perdido la cabellera el Herrero
por mezclar yeso en figurinas
que hacen polvo en su nariz.

Ha perdido las uñas de recuperar
ceras perdidas en los orificios
tallados por el hierro.”

Y sigue este poema… en El Centeno Que Corta el Aire, muy bueno todo el libro.

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Muestrario de Sirik, poemas de Margarita García Alonso

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros on 22 mai 2017 at 4:23

sirik

En Groenlandia, las distancias se miden en Sirik, palabra que en la lengua inuit o inupiak significa: sueños y noches que dura un desplazamiento.

El libro reúne poemas publicados entre 1988 y 2016. Es mi cartografía de pasiones y descentramientos. 14 Libros en un tomo. EDITIONS HOY NO HE VISTO EL PARAISO, 2017
BUBOK ESPANA
COLOMBIA
ARGENTINA
MEXICO
y en AMAZON

14 libros en un tomo, dibujos para colorear y papel suave para otros menesteres.

Arique

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 16 février 2016 at 8:56

10926416_10153065809964243_7053170693051460597_nArique 40-41, Oct.2011-Mar.2012

Revista de Poesía, toda la poesía cubana, de dentro y fuera de la Isla, la menos divulgada, dirigida por Raúl Tápanes López

GRACIAS

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DOS POEMAS DE MARGARITA GARCIA ALONSO en La Balsa de la Musa El blog de Armando VALDES-ZAMORA

In AmiGos, Cuadernomar, Margarita Garcia Alonso on 22 octobre 2015 at 11:35

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2 mars 2014

DOS POEMAS DE MARGARITA GARCIA ALONSO

LA DEL VELO 

Yo voy con el velo a todas partes

y regreso con el velo y una manta a casa.

En el índice, el dedal

acoteja manzanos bajo un cielo

desesperado de grises

que desde el faro,

sobre toda la Normandía,

promete rasgarse.

En el bolsillo, un libro descarnado

me adentra en el país que huyo.

Un libro que crece

como una flor carnívora

se alimenta de mi matriz

y mancha de rojo coral a la paja.

Coral que en el puerto

convierte el dique en isla

a merced de mi velo,

de mi encierro sin éxtasis.

Liviana como una tablilla

de copos de trigo

suspendida sobre la cabeza

como un viejo manuscrito

prometo derrumbarme en polvo

de todo lo que falta.

 

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OFICIO AGUADOR

El aguador está para repartir sorbos de fama,

la sed es inmensa, la aridez aplana

la callejuela donde tarda la primavera.

Viene de muy adentro la nieve que quema

he leído a Maupassant, Rilke,

Rimbaud , Céline,

a cuanto buen francés, chino, japonés,

inglés, español de letras

supo antes que no alivian.

Me he sentado en sus camas

he tocado sus puertas,

me he inclinado en la ventana

que da al Sena

y he llorado por Hugo,

quien escucha a su hija

ahogarse frente

a los granos de tulipa

que viene de sembrar.

Me he apoderado de energías

que deambulan en aposentos normandos,

energías que destruyen la cuerda

con que el jardinero traza

un sendero de helechos bifurcado,

a prueba de racionalidad.

Van a repartir versos,

inspirados en inviernos

que se repiten como trenes de carga,

año tras año amaestran al Hombre.

Ahora mismo el puntero escribe nieve

como si degollara un toro,

con la destreza de un soldado

que se da a la lírica.

La sangre en el recipiente

huele a crimen mal pagado.

Si se me escapa la gota que mancha

la gota que salva de la sed,

de la esencia de la muerte

arrastro un coro de niños al

oficio del domingo

pero me da por repetir salmos

hasta que escampe.

Me consuela pensar que

si llega a ultramar este texto

podrán traducir la soledad,

podrán traducirme,

ya acepto

que no hablamos la misma lengua.

La campana de la iglesia

de Santa María de Le Havre

llama a los sedientos

han cortado flores en jardines orientales

han adornado el altar con encajes antiguos

la mano se desliza del bolsillo

a la jarra anunciadora de líquenes

putrefactos y todo en medio de escalones

que ascienden a una línea divisoria del vitral.

El vagabundo a la puerta del templo,

el sin techo en la palizada de Europa

duerme en el canto donde reparten,

como si fuese porción bestial,

la nota del ángel,

como si pudiesen abaratar la hambruna

y convocar tras el meadero público

una súbita caída de vino a tropel.

No hay mérito en vivir en esta cuadra del mundo

no hay mérito ni imaginación cuando cuento

lo que regala mi calle pues

el sordo organillero de la iglesia

machaca con sus pies el instrumento

y en cada pestañeo el mendigo alza la nota.

Estoy en la fila, siempre he estado en colas

que avanzan como culebrillas por comida,

por ropa, por papeles,

por los poetas muertos

sin inventar el himno que me salve

 

de esta visión apocalíptica.

Del poemario, El centeno que corta el aire, Betania, 2013

 

Ilust: Margarita García Alonso, Destination Paradiso

Fayad Jamís: algunos poemas

In El Moro Fayad Jamis, Margarita Garcia Alonso on 22 octobre 2015 at 10:00

fayad-jamisContémplala: es muy bella, su risa golpea
la costa,
toda de iras y espumas. Pero no intentes
decirle lo que piensas. Ella está en otro mundo
(tú no eres más que un extranjero de sus ojos,
de su edad)
Dile, en todo caso, que te gustan sardinas fritas,
sobre todo una tarde en que llueve un inolvidable
vino blanco. Háblale del hermoso fuego
de tu patria.

Ella es clara y oscura como la lluvia
en que reina
su ciudad. Sus ojos se detienen en un punto
movedizo
entre la estación del amor y un tiempo
imprevisible.
Claro que a veces olvidas (por un instante,
es cierto)
tu oficio de notario, y, como ser humano al fin,
te pones a hablar líricamente de política.

Lo mejor
que puedes hacer es convencerte de que la poesía
te completa,
comprobar que has cruzado el lindero del horror
y la angustia,
escribir que una tarde recorriste
la bella ciudad empedrada
para encontrar lo que no podía ser el amor
sino el poco de sueño
que recuerda un gran sueño.

¿Qué es para usted la poesía
además de una piedra horadada por el sol y la lluvia,

Además de un niño que se muere de frío en una mina del Perú,

Además de un caballo muerto en torno al cual las tiñosas

describen eternos círculos de humo,

Además de una anciana que sonríe cuando le hablan

de una receta nueva para hacer frituras de sesos

(A la anciana, entretanto, le están contando

las maravillas de la electrónica, la cibernética y la cosmonáutica),

Además de un revólver llameante, de un puño cerrado,

de una hoja de yagruma, de una muchacha triste o alegre,

Además de un río que parte el corazón de un monte?

¿Qué es para usted la poesía además de una fábrica de juguetes,

Además de un libro abierto como las piernas de una mujer,

Además de las manos callosas del obrero,

Además de las sorpresas del lenguaje -ese océano

sin fin totalmente creado por el hombre-,

Además de la despedida de los enamorados en la

noche asaltada por las bombas enemigas,

Además de las pequeñas cosas

sin nombre y sin historia

(un plato, una silla, una tuerca, un pañuelo,

un poco de música en el viento de la tarde)?

¿Qué es para usted la poesía además de un vaso

de agua en la garganta del sediento,

Además de una montaña de escombros

(las ruinas de un viejo mundo abolido por la libertad),

Además de una película de Charles Chaplin,

Además de un pueblo que encuentra a su guía

y de un guía que encuentra a su pueblo

en la encrucijada de la gran batalla,

Además de una ceiba derramando sus flores en el aire

mientras el campesino se sienta a almorzar,

Además de un perro ladrándole a su propia muerte,

Además del retumbar de los aviones al romper la barrera

del sonido (Pienso especialmente en nuestro cielo y

nuestros héroes)?

¿Qué es para usted la poesía además de una lámpara encendida,

Además de una gallina cacareando porque acaba de poner,

Además de un niño que saca una cuenta y compra un helado de mamey,

Además del verdadero amor, compartido como el pan de cada día,

Además del camino que va de la oscuridad a la luz (y no a la inversa),

Además de la cólera de los que son torturados porque

luchan por la equidad y el pan sobre la tierra,

Además del que resbala en la acera mojada y lo están viendo,

Además del cuerpo de una muchacha desnuda bajo la lluvia,

Además de los camiones que pasan repletos de mercancías,

Además de las herramientas que nos recuerdan una araña o un lagarto,

Además de la victoria de los débiles,

Además de los días y las noches,

Además de los sueños del astrónomo,

Además de lo que empuja hacia adelante a la inmensa humanidad?

¿Qué es para usted la poesía?

Conteste con letra muy legible, preferiblemente de imprenta.

Mejor es levantarse

Si no puedes dormir levántate y navega.
Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar.
La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas,
hospitales, enormes maquinarias que no duermen.
Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos
el viento de tu ciudad. Levántate y enciende
las turbinas de tu alma, no te canses de caminar
por todas partes, anota las últimas inmundicias
que le quedaron a tu tierra, pues todo se transforma
y ya no tendrás ojos para el horror abolido.

Levántate y multiplica las ventanas, escupe en el rostro
de los incrédulos: para ellos todo verdor no es más que herrumbre.
Dispara tu lengua de vencedor, no sólo esperes la mesa tranquila
mientras en otros sitios del mundo chillan los asesinos.

Si no puede soñar golpea los baúles polvorientos.
Si aún no sabes vivir no enseñes a vivir en vano.
Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles,
no des limosnas. Levántate y ayuda al mundo a despertar.

Vagabundo del alba

A Nicolás Guillén
La mañana pálida de París crece sobre mis hombros

después de la noche larga mi amor esta brisa
Las hojas color de miel del otoño deslizándose por las calles
en las aceras las hojas del otoño sobre la cabeza de los mendigos
Aún duermen una mujer se ha levantado ha recogido una boina
que había a los pies de un durmiente y le ha cubierto el rostro
La ternura de esa mujer debajo de los harapos negros
como la flor pálida del día como la paloma
que revolotea sobre el Sena de humo de cristal de plata

Así es aquí el amanecer yo te lo digo ahora que es otoño
así es el alba de la ciudad está muerta sus huesos pueden ser palpados
y nadie dirá nada los policías duermen sus orejas de corcho
las leyes duermen la miseria dormita yo camino camino
primer hombre de este nuevo día como si la ciudad fuera mi mujer
y yo la contemplara desnuda el cielo naciendo de su espalda

Así es París yo te lo digo a veces sueño que recorro un mundo muerto
después de la última bomba muerta hasta la esperanza
Yo no comprendo mucho pero me siento un poco Robinson Crusoë
Ronbinson de esta terrible hermosa grande ciudad que se llama París
Los gatos salen de todas partes buenos días los latones de basura están llenos
juguetes rotos frutas podridas trajes papeles desgarrados
papeles donde el olvido ha dejado su oscura cicatriz
El mundo la civilización todo eso ha muerto los gatos y yo sobrevivimos
Frente a uno de estos puentes escogeré mi casa
tal vez aquella de la cortina roja en la ventana
o la otra que avanza como si quisiera saludarme buenos días
Pero no es verdad detrás de todos esos muros grises hay hombres
que respiran roncan y sueñan
hombres que quizás recuerdan un grito perdido en el valle turquesa de los siglos
hombres que acaso están pensando en los nuevos modelos de automóviles
en su trabajo en el amor tal vez en la muerte

Aquella mancha negra que arrastra la corriente es un cartón
creía que era una tortuga creía que era un ahogado
y no más que un cartón a su alrededor flotan tres hojas
como tres corazones de miel tres cifras de otoño
Los árboles salen del río como el humo de los cigarros
Otra paloma revolotea su sombra blanca sobre el agua gris
Los urinarios tienen la belleza astuta de ciertas iglesias de Castilla
voy entregando en ellos para hacer algo mientras pienso
mientras camino mi amor es decir nadie en el mundo esas hojas
Los semáforos le dan paso a los gatos  a la brisa
en la frente del día pálido estas luces de ámbar

Anoche hablaban de la guerra siempre de la guerra
cadáveres espuma de eternidad de cadáveres
pero no todos saben como es dulce la libertad por ejemplo a estas horas
en el carro blanco del lechero viene detrás de sus bestias blancas
Una muchacha de Israel me hablaba de la juventud de su país
ella no tiene religión ella ama París ella ama el mundo
mañana todos tendremos el mismo rostro de bronce y hablaremos la misma lengua
Mañana aunque usted no lo quiera señor general

señor comerciante señor de espejuelos de alambre y ceniza
pronto la nueva vida el hombre nuevo levantarán sus ciudades
encima de vuestros huesos y los míos encima del polvo de Nötre-Dame

En la primera panadería que se abra compraré un gran pan
como hacía en mi país sólo que ahora no me acompañan mis amigos
y que ya no tengo veinte años
entonces hubiera visto todas esas sombras de otro color
Hubiera silbado hubiera arrastrado el recuerdo de una muchacha trigueña
En fin todas esas cosas se van quedando atrás
ahora es más importante trabajar para vivir
Algunos pájaros empiezan a cantar las hojas secas caen
Me voy alejando del río de las lanchas de los puentes blancos
parece que estos edificios fueran a caer sobre mi cabeza
se van volviendo gibosos al paso de los siglos
la rue du Chat-qui-Pêche me hace imaginar historias terribles
Pero es mejor continuar es el alba es el alba
las manos en los bolsillos proseguir proseguir
Dos carniceros dan hachazos en la mitad de una res
eso no es nada divertido y sin embargo me gusta mirar
mi alma es aún un poco carnicera estamos en 1956
Mañana quizás no será así quizás no habrá carniceros ni verdugos
mi corazón un poco verdugo y un poco ahorcado
tu corazón tu corazón serán polvo agua viento
para los nuevos girasoles
cada semilla como una abeja dormida

El día pálido era blanco ahora amarillea
algunas chimeneas parece que fueran a encenderse
Pasa un soldado con una maleta enorme
rombo a la gare de Lyon rumbo a Egipto la muerte
Pasa una mujer en bicicleta ella va a su trabajo
cuando el sol está a la altura de las rodillas como el trigo
todos los días ella va a su trabajo toda la vida
Pasa un camión cargado de vino de estrépito de alba
Ya estoy en el boulevard Saint-Germain miro las vitrinas de las librerías

Algún día compraré un buen diccionario las obras completas de Rimbaud
muchos libros mejor es no hablar de ello
Por todas parte hay mendigos aquél parece un niño
entre su cabeza y el cemento de la acera no hay más que una lámina helada
Tengo ganas de tomarme un café con leche tengo hambre y sed
el alba amarilla tiene un mal sabor en mi boca
París comienza a despertar ya no soy un Robinson
más bien un extranjero más bien un fantasma
más bien un hombre que no ha dormido
vagabundo de la ciudad el otoño y el alba
mientras mi amor ha de estar mirando las cumbres del Perú
o el cielo esmaltado de China
yo no lo sé mis pies se cansan eso es todo eso es todo
Después de haber amado vivir el nuevo día
es hermoso
En la ciudad y el corazón arde la misma llama
París, septiembre 16 de 1956

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Yo crecí
entre bestias y yerbas y en mi casa
la pobreza encendía su candil en las noches.
Los árboles se cargaban de nidos y de estrellas,
por los caminos pasaba asustándose una yegua muy blanca.

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia. Sólo puedo
recordar el sacrificio de las lagartijas,
el fuego oscuro del hogar en las noches de viento,
las muchachas bañando sus risas en el río,
la camisa sudada de mi padre, y el miedo
ante el brutal aullido de las aguas.

Auschwitz no fue el jardín de mi infancia, comí caramelos
y lágrimas, en mi avión de madera conquisté
nubes de yerbas y no de piel humana.

Soy un privilegiado de este tiempo, crecí bajo la luz
violenta de mi tierra, nadie me obligó a andar
a cuatro patas, y cuando me preguntan mi nombre
un rayo parte la sombra de una guásima.

Por una bufanda perdida
A Andrés Simor
Aquella bufanda color de oro viejo

que me había acompañado a vivir durante tres años
la miseria la gloria de la luz el amor
la soledad de las calles estrechas como ataúdes
y todos los instantes que el agua va grabando con líneas verdosas
en la frente de las estatuas

Aquella bufanda color oro viejo comprada en la bruma de Génova
(quinientas liras a la entrada de Europa)
bufanda bandera de libertad bandera de poesía
en un mundo de piedras gastadas en que el hombre
dolorosamente
trata de renovarse sin cesar
para no envejecer
para no morir

Aquella bufanda color de perro de la rue Viconti
(esa calle en que siempre está nevando o lloviendo)
acabo de perderla  se ha quedado allá atrás
con un poco de mi juventud
ahora que la humedad habita los muros
y que la noche crece bajo los abrigos
con el temblor helado de las ramas

Filosofía del optimista

El optimista se sentó a la mesa, miró a su alrededor
y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le dijeron
que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)
pero él devoró su ración sin hacer comentarios,
abrió el periódico, se fumó su café y acabó
de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría
lo pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.
Sin embargo seguían hablando de todo lo que no hay
no hay no hay no hay. No hay esto ni lo otro.
Pero el optimista se levantó en silencio
y otra vez recordó aquellos años en que sólo comió
lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o bistec
o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,
pero jamás de sus dientes salieron discursos.
Y ahora estaba satisfecho de la cena frugal. El hombre
salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.
Las luces eléctricas le recordaron el porvenir.

Problemas del oficio

Mientras te quitas los zapatos piensas en la
poesía,
sabes que alguna vez escribirás algo parecido a un
gran poema,
pero sabes que de nada sirve acumular materias
primas
para cuando llegue la ocasión. Puedes ponerte de
pie y gritarle
a tu propio fantasma que es hora de poner manos
a la obra.
Puedes comerte tu cuchara con lágrimas, escoger
un recuerdo,
saltar como un sabio al descubrir las posibilidades
de lo imposible.
Pero nada habrás conseguido: el poema te mira con
ojos de sapo,
huye como una rata entre desperdicios y papeles,
florece
en el patio de tu casa, está en el fondo de una olla
y no lo ves,
lo ves y lo conoces y lo tocas, es el pan de tu noche,
pero aún
no lo atrapas, y si logras cogerlo por el cuello acaso
se te rompe,
se estrella en tus narices; y es lo cierto que no sabes
amasar
esa sustancia informe y diferente. Te pones a
ladrar porque entonces
recuerdas que así te ocurría con chivos y carneros
(cada uno trataba
de tirar la soga hacia su mundo) y luego meditas
si no sería mejor
ir reuniendo notas sobre un tema determinado,
ir dando vueltas alrededor
del humo de un tabaco, hasta que las yerbas
alcancen las grupas
de las yeguas que sudan y relinchan al borde del
poema.

Es inútil. Inútil. Así no llegarás a poseer tu oficio:
de tus manos
a veces saltan, rotas, las palabras. Los versos se
deshacen en tus dientes,
y de pronto te asombras de que un hombre rompa
a carcajadas su sarcófago.
Todo es posible aquí. Se fueron los verdugos, las
piedras se convierten
en panes o relámpagos. A ti te sorprendió la
tempestad
y ahora la alimentas con los puños cerrados. No
habrá gallina muerta,
bala o trapo que te paralice. Contempla esos
caminos, esas guásimas:
son los mismos en que has muerto, los mismos en
que ya vives
y navegas, pero el viento entró con sus semillas en
tu casa.

Si te vas a dormir acuérdate del vaso de agua que,
desde luego, no es
para los santos sino para los sueños de tu sed,
prepara tus papeles,
junta tus zapatos. Y no olvides seguir asomándote
a los abismos,
no te canses de vivir impulsado hacia las raíces de
las cosas, muerde
el amor en su fuego, en su sal. Ayuda a tus hermanos
a edificar la gran casa
en que no parirá la crueldad. Algún día escribirás
un gran poema.

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso, en HUESO LOCO

In Mis libros, pinturas on 6 novembre 2013 at 7:29

 

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso, en HUESO LOCO

 

Grasofismos y poemas, de Margarita García Alonso , en HUESO LOCO

 Margarita García Alonso is a poet, journalist, writer, editor, and visual artist. A graduate in journalism from the University of Havana, she studied Master Industries graphics-creation, pagination and videos, in Fodeno, France. Born in Matanzas, Cuba, she lives in France since 1992.

Grasofismos y poemas, de Margarita García

Huidas

“No me he hecho, me han hecho”. Goethe

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo
de la ventana donde vi pasar a Madame Bovary,
al perro, al descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.

Huí del óleo que latiga mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.

Huí del aguarrás que come iris, vista, desvelo
Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.

Huí de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre
no aparece en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños envases
donde depositan la herencia.

Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfundada en botas de cuero rústico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.
Huí del barranco en el que solía ser
Mer de la Manche sin interesarme
el último estreno.
Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.

Huí de mi hija,
huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia
con mi carreta desvencijada
por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.

Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.

Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.

Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.

Huí de mí que era la muerte y la escasez de recursos.
No existe aún una sola razón para quedarme.

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Eje de cuentos

Cuando te fuiste al chalé de la montaña
con cuatro turbios desconocidos
a fumar todo el fin de semana,
mi vientre engendraba un feto que temía.

Recuerdo que la angustia nublaba las calles
y me preguntaban direcciones
y atrozmente entregaba
lo último que recuerdo estando viva.

Hubiese podido quedarme si no fuera
por mi frágil corpulencia y esa antigua
seducción hacia el desastre.

Heme de regreso al hueco de la aguja,
cabeza de alfiler donde las brumas queman,
los mediodías son plomizos lamentos
las tardes deshacen el mundo,
la anoche aterra.

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Los espejos atormentados de Egon Schiele

(Tulln, Austria, 1890-Viena, 1918)

Cruzando la Ringstrasse frente a la Ópera,
sorteando tranvías bajo la ventisca,
me pregunto si somos si pensamos
o deseamos ir al confesionario
con la lengua mutilada por la angustia
de sentirnos monstruos en el espejo de la mañana.

La negrura pinta hasta la extenuación
un Rembrandt de ejercicio narcisista,
en un adusto receptáculo
de hormigón y cristal donde mi cabeza
otorga al cuerpo dislocado
esta mirada de pobre diablo
plagado de tristeza.

Egon Schiele no responde, es un fantasma
de 28 años que tose la gripe española,
tras 24 días en la cárcel por pintar desnudo
               niñas y niños
en la velocidad del vértigo.

Shiele rastrea, olisquea la bien-pensante
y conservadora sociedad vienesa
que excluye la muerte por chic y banal.

Shiele en mil pedazos arrogante
como el emisario de otro mundo
se ha asomado a un lugar horrible,
ha visto cosas que los demás no han visto,
pero no puede contar el trasunto del diablo,
es solo el sacerdote que murmura mensajes.

Un trazo poderoso me cruza el ojo
en guisa de respuesta.

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El ángel negro taladra el muro

“¿Por qué es pesado tu vuelo,/por qué se atrasa?/-He pasado quince años/ hablando al muro/ y ese muro lo arrastro yo solo/ desde mi infierno/ para que ahora/ os lo diga todo…” WH.

Vladimír Holan no tenía Dios,
pero creía en los milagros del encierro,
donde no compran no venden lengua
y la razón es una piedra resistente
al traspiés de las sombras.

En 1948 le prohibieron
-los comunistas le vetaron el verso-
y se encerró por Kampa,
en La gruta de las palabras
de las islas del río Moldava,
donde cada amanecer las brumas
abanican delirios.

En su casa de Praga.
echó cortinas y dormía de día,
vivía de noche.
De muro a muro el poema rebotaba
como una pelota de palabras
mal acentuadas,
junto a cacofonías del eco
que abruma si calla,
cuando calla
y el vacío se instala.

Acariciando el muro escribió
cinco novelas que luego destruyó,
diez libros de poemas de poca suerte,
y tradujo a Baudelaire, Rilke, Góngora.

Para Holan el reloj era escurridizo,
arena ahumada en el paladar,
rendija hiriente en el ojillo.

Como un Mozart alcohólico
prefería al fantasma de su madre
que le visitaba con el canto del gallo,
-jazmín y taza humeante de té,
espantando las trompetas
de la afamada coreografía mundana.

Nunca acudió a recoger premios,
recorrió todas las distancias de la vida
cuando tenía seis años
y caminaba cuatro kilómetros

– día a día aprendiendo
el nombre de las plantas-

               para estudiar latín
en un convento cercano a Podolí.

En 1980, cuando salió de su casa
con 75 años para morir en un hospital,
arrastraba cuatro paredes descorchadas.

En el lugar de la puerta,
Holan había abierto a cabezazos
un hueco tan inmenso que su cuerpo
sobrevolaba el horizonte
donde un pájaro en simple atuendo
graznaba, libre.

 

tres poemas de Margarita García Alonso en Sub URBANO

In articulos, Cuadernomar, prensa on 20 août 2013 at 9:47

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SUB URBANO revista

Los poetas nunca pecan demasiado

 

 

 

Muchos se imaginan que conocen a Margarita García Alonso, o como suele llamarse en Facebook, Margó Reina de Groenlandia. En realidad nadie conoce verdaderamente a la escritora, poeta,  periodista, y artista plástica que esconde su sonrisa cubriéndola con su mano, y que se protege con una coraza de sargazo de ese nuevo mar que ya no es el caribeño de su infancia, ese mar frío y lejano que le ha tocado vivir en la Normandía.

En realidad Margarita es una incansable artista que lleva años construyendo una obra. Una artesana de las letras, de la plástica; que incluso ha publicado a varios poetas en sus Ediciones Hoy no he visto el Paraíso con grandes limitaciones como suele pasarnos a todos.  Falta de apoyo económico es solo el comienzo de una larga lista que nos acecha. Sin embargo esta matancera trasplantada a un mundo totalmente ajeno a sus raíces ha sobrepasado muchas carreras de obstáculos creciéndose ante cada situación y vertiendo cada experiencia en su amplia obra.

Esta ventana que me regala la revista Sub-Urbano al mundo es un lujo para mí. Un lujo de poder mostrarles a los poetas que admiro, a los que me hacen decir… me hubiera gustado escribir esto…y mi admirada poeta Margarita García Alonso a diario me sorprende con un verso, con una imagen, con un suspiro que tiene una dimensión grandiosa…y vuelvo y repito…

Margarita, me hubiera gustado escribir esto.

 

Oficio paciencia

Cuento los fósforos,

he de entretenerme hasta que pase

la nevada,

con los que han perdido cabeza

levanto palizadas

contra  la tormenta.

Escucha, no son los elementos

que golpean la ventana

es esta furia que desata en mí

la huida de mi isla,

es esta furia la que me apaga.

Estoy contando fósforos

voy por tres cajas

dos con cabezas rojas,

una de muertos,

y no me equivoco.

Oficio despedidor de horas.

He escrito  poemas en un papelucho,

he garabateado  en el borde,

más estrellas que todas las de la vía láctea

y sigo

como ciega

en la noche

en que  murió mi padre.

He quedado ausente, como si me hubiesen

otorgado visa para la niebla.

Me queda pan, aceite, olivas y vino barato.

Puedo inventar  una vida de huérfana,

tengo tiempo, no llego y si llego

no pueden reconocerme.

Oficiado aguador

El aguador está para repartir sorbos de fama,

la sed es inmensa, la aridez aplana

la callejuela donde tarda la primavera.

Viene de muy adentro la nieve que quema

he leído a Maupassant, Rilke,

Rimbaud , Céline,

a cuanto buen francés, chino, japonés,

inglés, español de letras

supo antes que no alivian.

Me he sentado en sus camas

he tocado  sus puertas,

me he inclinado en la ventana

que da al Sena

y he llorado por Hugo,

quien  escucha a su hija

ahogarse frente

a los granos de tulipa

que viene de sembrar.

Me he apoderado de energías

que deambulan en aposentos normandos,

energías que destruyen la cuerda

con que le jardinero traza

un sendero de helechos bifurcado,

a prueba de racionalidad.

Van a repartir versos,

inspirados en inviernos

que se repiten como trenes de carga,

año tras año amaestran al Hombre.

Ahora mismo el puntero escribe nieve

como si degollara un toro,

con la destreza de un soldado

que se da a la lírica.

La sangre en el recipiente

huele a crimen mal pagado.

Si se me escapa la gota que mancha

la gota que salva de la sed,

de la esencia de la muerte

arrastro un  coro de niños al

oficio del domingo

pero me da por repetir salmos

hasta que escampe.

Me consuela pensar que

si llega a ultramar este texto

podrán traducir la soledad,

podrán traducirme,

ya acepto

que no hablamos la misma lengua.

La campana de la iglesia

de Santa María de Le Havre

llama a los sedientos

han cortado flores en jardines orientales

han adornado el altar con encajes antiguos

la mano se desliza del bolsillo

a la jarra anunciadora de líquenes

putrefactos y todo en medio de escalones

que ascienden a una línea divisoria del vitral.

El vagabundo a la puerta del templo,

el sin techo en la palizada de Europa

duerme en el canto  donde reparten,

como si fuese porción bestial,

la nota del angel,

como si pudiesen abaratar la hambruna

y convocar tras el meadero público

una súbita caída de vino a tropel.

No hay mérito en vivir en esta cuadra del mundo

no hay mérito ni imaginación cuando cuento

lo que  regala  mi calle pues

el sordo organillero de la iglesia

machaca  con sus pies el instrumento

y en cada pestañeo el mendigo alza la nota.

Estoy en la fila, siempre he estado en colas

que avanzan como culebrillas por comida,

por ropa, por papeles,

por  los poetas muertos

sin inventar el himno que me salve

de esta visión apocalíptica.

Margarita García Alonso (Matanzas, Cuba). Periodista, poeta, y artista visual. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana.  Master en Industrias gráficas- creación, paginación y videos, en Fodeno, Francia.  Ha publicado los poemarios Sustos de muchacha, (Ediciones Vigía, 1988), Cuaderno del Moro, (Editora Letras Cubanas, 1990).Maldicionario,  Mar de la Mancha,   L’aiguille dans la pomme,  La costurera de Malasaña, y Cuaderno de la herborista en Editions Hoy no he visto el paraíso, donde publica, además, el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: Lezamillos habitados; las novelas para niños: Garganta, y Señorita No y señora sí. Y las novelas: Amarar, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y La pasión de la reina era más grande que el cuadro, 2012. Ha obtenido numerosos premios en concursos literarios y otros tantos como pintora. Su obra se encuentra catalogada dentro del Patrimonio de arte contemporáneo de la Seine Maritime, y facturada en la colección « Spotlight on France », de Satchi Gallery On Line, por la curadora Rebecca Wilson. Laureada en la Taberna de poetas franceses, y publicada por “Yvelinesédition”, en Marzo 2006. Creadora de Editions Hoy no he visto el paraíso, donde ha  editado poemarios a David Lago González, Alberto Lauro, Sonia Díaz Corrales, Odette Alonso, Juan Carlos Recio, Pedro Assef, Maya Islas, Carlos Augusto Alfonso,  Jesús Díaz y ensayos a Javier Guzmán Simón. Reside desde 1992 en Francia. En Cuba fue directora del semanario cultural Yurumí y editora de Casa de las Américas.

© 2013, Manuel A López. All rights reserved

 

 

 

 

Margó Reina de Groenlandia ·  Mejor comentarista · Trabaja en Herborista

Gracias a la revista SUB URBANO y al poeta Manny Lopez por esta columna donde he recibido tan buena vibra y calor humano.

Beatriz M. Frankquez-Nodarse

A la noche voy a leerla. Ahora ando de nuevo poco por facebook.. pero leere el articulo este!. Muchas cosas buenas para ti!.
Responder · 2 · Ya no me gusta · 16 de agosto a la(s) 16:35