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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, en Signum nous

In AmiGos, articulos, Mis libros, prensa on 14 novembre 2016 at 3:17

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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso

Autor: Sonia Diaz Corrales
Podría ocurrir que quien lee este escrito me suponga acodada sobre mi escritorio o recostada en un sillón, con el libro delante de los ojos, pero no se puede leer “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, desde posturas convencionales, así que subí por las paredes y aproveché para balancearme colgando del techo, enrollada en un capullo, con pretensión de ser una oruga de mariposa, que finalmente se transformó en mí hablándole a estos versos, en muchas formas, como las que el propio texto utiliza, una polifonía que se adentra en todos los lenguajes con las mismas destrezas: derribar los límites, dejar constancia de su rareza, mortificar a los falsos, convencernos de que fuera del ahora, este o cualquier otro libro de poemas no tiene sentido.

Margarita García Alonso nació en Matanzas, Cuba, y desde 1992 reside en Francia. Es poeta y artista plástica y visual. Autora de doce poemarios, cuatro novelas y de varios cuadernos de arte. Licenciada en periodismo en la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas.[1]

“Cuaderno de la vieja negra” es un sostenido hilo de emotividad que va de uno a otro sujeto, unas veces habla la negra sabia, rabiosa, mentalmente ágil, precisa, otras sus alter egos, seres de luz de extrema timidez, que desaparecen en cuanto sienten que les podríamos reconocer.

Una cuerda muy fina, trenzada, nos conduce por los primeros poemas, breves, de versos cortos, entrecortados, se diría que balbucientes si luego este relato no se convirtiera en un sólido bloque de versos largos, matizados, dibujados, imprescindibles. No digo que esta será una lectura fácil porque mentiría. Será fructífera si encontramos ese hilo conductor y tiramos con fuerza, sin miedo, aunque todo desaparezca para retornar con brutal claridad: “lo perfecto / en el ruido / que se impone / donde hay silencio”. Nada indica dónde está el principio o el final, la idea delimita los espacios, se expande en función del mensaje que espera dar, o su omisión, que bien visto es también un mensaje: “hablaron de casualidad / cuando perdí la vista / no dijeron ciega”, cada giro nos muestra otro rostro de las protagonistas, otros símbolos para darnos mansamente la soledad que va creciendo como una escara en el mundo que nos cuentan: “nada ha cambiado, / nada cambiará, / la roca se deshace / en un polvillo inatrapable”. Nada delimita a la idea excepto la idea misma, que se expande como si no tuviera fin, como si cada palabra fuera una gota cayendo en el agua, rompiendo su superficie brillante, porque eso es lo que sería comprensible: “llegan noticias / —malas— / da igual, / —estoy sola—”.Y en este punto, habría que reconocer el poderoso dominio del lenguaje en estos versos, su rotundidad para establecer los términos de lo que expresa, nos convence de que, como las voces de este relato, todos estamos muy solos, solos de formas elevadas para comunicar belleza y solos de comprensión de nuestros cercanos instalados en la vanidad y la hipocresía, aunque no alcancemos en lo hondo de su soledad a las voces de la poeta, solas de madre y de amigos, de amor y de patria, solas de la más absoluta soledad.

El libro está atravesado por versos escritos en negritas, concretamente los primeros versos de los poemas, que vinculan de forma indirecta unos paisajes con otros, el ritmo conspira también en busca de esa relación que se va clarificando a medida que avanzamos en la lectura, y descubrimos que este no es un solo libro, sino uno y sus muchas proyecciones en los niveles de interiorización que consiga el lector. Hay un larguísimo poema velado en los versos escritos en negritas, que se difumina, aturde los sentidos con un golpeteo impetuoso, grave y también indiferente, esta “negra que habla en negritas” no está interesada en demostrar nada, menos aún en explicarlo. Vivimos en un mundo donde se espera que todo sea explicado —explicable—, y he ahí otro obstáculo que encontrará un lector acostumbrado a los libros ordenados, orgánicos, llanos, esta vez no verá ciertas cosas si no le hacen llorar, hay dolores que solo se pueden sentir (ver o explicar) mirando a través de las lágrimas: “… puedo llorar / frente a desconocidos / pero da igual si me conocen / una mujer llora / la bóveda celeste / recubierta del polvo / que ulula en los túneles”.

Por si sigue interesado en estas palabras que lanzo hacia los versos de Margarita García Alonso, insisto en que aun estoy colgando del techo, ya no me balanceo, nada va a salir de este capullo excepto palabras, confusas, que no sirven para explicar nada, porque nada en este libro está sujeto a explicación. Aquello que no puede ser explicado se resiste a dejarnos y mastica muchas lenguas para defender su derecho a ser en la vaguedad de nuestra limitación: Lo que no se puede explicar no es, no existe, van a gritar aquí los rígidos y los críticos —se puede ser ambos—, mientras Margarita y yo nos reímos como si estuviéramos locas.

Este sujeto que versa no se detiene más que en el detalle justo, en el punto álgido, en la cima de las cosas y las emociones, nos asegura que un mundo integro es una ilusión, el mundo es un cúmulo de fragmentos inexactos. Inconexos, que nuestra presunción y ansia de grandeza completan: “el pájaro / con el grano / en la oscura cavidad”. Yo no quisiera creerle, pero aquí en este espacio tiene una verdad tan grande que emula a la de Dios, asusta un mundo donde todo está a medias y debe ser completado por nosotros, por nuestro ego y ese pequeñito don de la creación, pero para eso existen los poetas, para salvarnos en ese dilema y asumir la culpa: “en el campo arrasado, / una y otra vez / limpio oraciones / de consolación”.

El verso corto redunda en una música interior monótona y cortante, en poder de toda la síntesis posible. La negra, en trance mediumnico, se desborda en lenguas desconocidas y hermosas, se presenta a sí misma como la dueña del tiempo: “cascarilla de arroz / blanquea mi cutis / mientras fumo / las delicadas páginas / de una biblia”. Formalmente, la negra y su irreverencia están en posición de saltarse todos los ritos a guardar, con naturalidad se fuma la historia de una larga etapa de la vida del hombre, una larga historia sobre la fe y el perdón, y entonces desgrana su propia liturgia, la convierte en ritual: “nunca me lamento / no sé de otros mundos” y “no pienso la arena / cuando entro al desierto”, nos da estos códigos sin pretensiones, para que cada quien haga con ellos lo que le venga en gana; se cuelgue del techo dentro un capullo, encienda cirios o se arrastre a las márgenes del rio San Juan. La liturgia del cuerpo también forma parte del trance de la negra, el sexo como consecución del placer, sin relación con filosofías e interpretaciones primigenias: “mi teta / madura / me convierte en fruta / cada verano” y “entre hombres / de cualquier raza / en el linde”, para concluir sin drama, nos deja dos máximas que pretenden no dejar margen alguno a la fragilidad: “quemar / donde se puede / alojar el alma” y “es todo, / casi digo amor”.

Hasta ese prescindir de la fragilidad nos conduce a una elegancia sin afectación, que no presume de nada, la luz del bajareque es su sombra cuando va de oriente a occidente, cuando en Europa se bebe juntas la primavera y la nostalgia: “la luz / del bajareque / poseída / por tendederas / oficia en la catedral / de trapos”. “devoro / la primavera / en Europa”. “la lluvia moja / con nostalgia / de Océano”. “dirán / por ella pasaban / los camellos de oriente / las dunas / todos los desiertos”. “dirán, / era / una / negra / instruida”.“ahora no sé / sostener mi nombre”.

Si toda esta primera parte del libro transcurre amparada en una cita de Pushkin: “Fue en su patria, bajo aquel cielo azul / ella, la marchita rosa / al fin murió.”, recoge los “Poemas de la vieja negra”, bajo una cita de Yeats: “Mas todo ha cambiado,… / arrastra al cisne un oscuro torrente…”, leemos con esperanza el “Discurso de la negra instruida”.

Margarita García Alonso me ha llevado consigo en su transformación, me ha involucrado con un sujeto lírico polifónico y libre, que habla en versos cortos, que no da nada gratuitamente y ahora muestra otra parte de sí, la negra vieja se ha convertido en la negra instruida y de pronto sus versos se alargan, se emblanquecen, hablan de Aristóteles, de vasectomías y mastectomías, de un puzle psicodélico, y yo sonrío —aunque todavía no bajo del capullo que cuelga del techo—, consigo asirme al último jirón de aquella mujer para entrar en esta: “…bajo ritmo perfectamente fluido, / oscurezco en la lucidez del fracaso / fuera de los hechos, / la lógica se rinde, / mitad hombre, mitad mujer / mitad negra, mitad blanca, / abrevio / al bajar ojos / sin disfraz, sin soberbia, / sobre el samurái / del Teatro japonés / que grita No, no, no / pies juntos / como si quisiera vaciarme / de entrañas…” . Y resulta fácil reconocer en esta segunda parte un ritmo más pausado, no más dócil, sino que ha encontrado su lugar a la mitad de todo y no reconoce la vergüenza como un sentimiento posible, solo se deja vencer en el cuerpo, porque ha colocado su alma en un sitio inaccesible: “…entonces cedo / siempre he cedido / el cuerpo a los cuchillos / cuando repito la palabra “dicha” / dicha la dicha / llego cuerda / al próximo discurso / discurso / discurso / discurso / discursos…”. El juego de palabras pasa directamente a la ironía, a la tristeza, a la soledad y al poder que conceden todas estas cosas a la negra instruida: “…no hay reino imposible / bajo el peso del cielo, / cuando sostengo / la nieve en mi mano / a fuerza / he llegado al rellano, / trato de traspasar la puerta, / cualquier puerta sin temblar…”. Pero a partir de aquí todo tiembla y se desgaja —por si no lo había dicho, ya he bajado del techo, de pronto el capullo maduró y se abrió tan rápido, me echo fuera y se consumió como un final—, la negra instruida trae a Joyce, Van Eyck, Sófocles y Po Li, dice dicha y tibores en el mismo poema, universidad y tufillo y se queda tan tranquila. De pronto regresa el código: los versos cortos, las letras en negritas, la síntesis, la negra vieja renacida de un montón de luz, una luz distinta: “la luz despluma / la cima de este infierno”, vuelven la soledad: “en cualquier momento / la luna se deshace en salitre” y ahora también la vejez: “…me extingo / en la droga del otoño, / bajo manzanos,…”.

Si alguien me imagina ahora acodada en mi escritorio, reclinada en el sillón con el libro delante de los ojos, de nuevo se equivoca, nadie se cuelga del techo y se encierra en un capullo para leer un libro y sale de esa metamorfosis siendo el mismo. “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, me ha dejado un nuevo aspecto interior, unos mundos y unas voces que agradezco profundamente.

[1] Ha publicado los libros: “Sustos de muchacha”, (Ediciones Vigía, 1988), “Cuaderno del Moro”, (Editora Letras Cubanas, 1990). En Editions Hoy no he visto el paraíso: “Maldicionario” (2009), “Mar de la Mancha”(2008), “L’aiguille dans la pomme”(2012), “La costurera de Malasaña” (2010), y “Cuaderno de la herborista”(2011); “Breviario de margaritas” (2012), “Cuaderno de la vieja negra”, y “Zupia” (2016). . Además, los relatos para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” y las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible”, “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”. En el 2013 ve la luz el poemario “El centeno que corta el aire”, editorial Betania, Madrid; y en edición bilingüe, (francés, español) “La aguja en la manzana”, en la Casa parisina L’ échappée belle édition.

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Sonia Díaz Corrales. Es poeta y narradora. Nació en Cabaiguán, Cuba, en el año 1964 y reside en Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias. Ha publicado: Diario del Grumete (poesía), editado por Taller Editorial Vigía, Matanzas, Cuba (1996), y Sed de Belleza Editores, Santa Clara, Cuba (1997), Minotauro (poesía), La Habana, Cuba (1997), El hombre del vitral (novela), Editorial Idea y Editorial Aguere, Islas Canarias, España (2010) y Noticias del olvido (poesía), Ediciones hoy no he visto el paraíso, Francia (2011), El puente de los elefantes (novela) , Ediciones El Barco Ebrio (2013). Sus poemas aparecen en las antologías: Retrato de grupo, La Habana, (1989), Poesía infiel, Antología de jóvenes poetas cubanas, Editorial abril, La Habana, (1989), Poetas del Seminario, Cuadernos informativos, Instituto Cubano del Libro, La Habana, (1992), Un grupo avanza silencioso, Universidad Autónoma de México, Ciudad de México, (1990), Poesía Cubana de los años 80, Ediciones La Palma, Madrid (1993), Antología de décimas, Centro de la Cultura Popular Canaria/Ayuntamiento de la Victoria de Acentejo/Caja Canarias, Islas Canarias (2000), Todo el amor en décimas, Editorial Benchomo, Islas Canarias (2000), Mujer adentro, Colección Mariposa, Editorial Oriente, Santiago de Cuba(2000), Puntos Cardinales. Antología de Poetas Cabaiguanenses. Parte I, Puente Colgante, Ediciones Ideas, Cabaiguán, Sancti-Spiritus, Cuba (2000), Como el fuego que está siempre, Editorial Consejo de Iglesias de Cuba, La Habana, Cuba (2009), Paisajes interiores, Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México (2010). Antología de la poesía cubana del exilio, Aduana Vieja, Valencia, España (2011). Obtuvo el Premio Bustarviejo de poesía, de Madrid, el Premio América Bobia, de la Ciudad de Matanzas, Cuba y el Premio Abel Santamaría, de la Universidad de Las Villas, Cuba, así como menciones y reconocimientos en otros concursos en Cuba y el extranjero. Fue finalista del Premio Viaje del Parnaso (2008)

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X José M. Fernández Pequeño X Margarita García Alonso X Memorias del equilibrio

In AmiGos, articulos, Margarita Garcia Alonso, prensa on 13 juillet 2016 at 10:49

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Entrevista a José M. Fernández Pequeño sobre su más reciente colección de cuentos, Memorias del equilibrio. 24/06/2016

Tu libro cuenta con una edición especialmente hermosa. ¿Cómo surgió la idea de ilustrarlo con los dibujos de Margarita García Alonso?

Soy un admirador entregado de Margo. De su obra contradictoria, aguda, inconforme, repleta de confrontaciones visuales y discursivas. Me encontré con ella un día en las redes sociales (tomen nota los detractores de Facebook) y a partir de ahí ha sido como si compartiéramos vecindario. ¡Somos tan distintos y tenemos tantas cosas en común! Cierta tarde estaba viendo unos trabajos nuevos en su página y me golpeó un detalle. Aquel gusano verde que caminaba por una correíta iba diciendo exactamente lo que yo quería decir en los cuentos de Memorias del equilibrio, que entonces era un proyecto en desarrollo. Le escribí y el gusano se encaramó en la portada del libro con el descaro de quien hubiera nacido para estar ahí.

Nunca hablamos de los restantes dibujos, los que aparecen en el interior del libro. Margarita los hizo porque se le ocurrió hacerlos; al fin, no tenía que pedir permiso. Y realizó el trabajo con una condición: no haber leído el libro antes para dejar que su imaginación adivinara lo que allí se contaba. El resultado está a la vista. En rigor, Margarita García Alonso no ilustró el libro, más bien me ayudó a soñarlo. ¿Explicación? No hace falta. Como tú, nací en el llano de Oriente, que es la capital del espiritismo de cordón cubano, y estoy seguro de que en algún sentido eso debe dotarnos de una cualidad especial para las comunicaciones subyacentes.

El cuidado de edición y diseño es de Karenia Guillarón, reina de K ediciones. Pero bueno, ¿qué cosa de mi vida no está bajo su cuidado?

Margarita García Alonso. La maravillosa duda, Por Jorge Tamargo

In AmiGos, articulos, gra-sofismos, prensa on 20 juin 2016 at 9:42

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jueves, 16 de junio de 2016
Margarita García Alonso. La maravillosa duda

Por Jorge Tamargo- Poeta, arquitecto y diseñador cubano, residente en Valladolid, España

Quienes la conocemos, sabemos que Margarita García Alonso, además de escribir poesía de alta calidad y editar libros para la inmensa minoría, pinta; o, por decirlo más ancha y precisamente: compone escenas que alegran los ojos a los inquietos, en la misma medida que los importunan a los remolones. Y es que Marga (perdonen la economía nominal, que nada tiene que ver aquí con el colegueo barato) lleva muchos años decorando la cabaña donde vive el mismísimo porquero de Agamenón; dando razones al célebre mozo para que sostenga su higiénica duda con relación a la Verdad.

Jamás tuvo Marga una vocación analgésica. Es la madre de un bestiario muy singular (todo “bestiario es una revisión de la condición humana partiendo de la condición animal…”, nos dice Piñero Moral) con el que previene a su cliente-pupilo frente a cualquier vademécum doctrinal, también en las artes plásticas. Sus composiciones son un remedio eficaz contra la fascinación aristotélica. Su obra toda es un verdadero cajón de sastre para los locos de este mundo: los que dudan, quiero decir, los de atar; no los sobrecargados de certidumbre, que, con nuestra cómplice indolencia, y como se diría en el barrio donde nací: andan sueltos y sin vacunar, pontificando en las cátedras y las tribunas de ese otro mundo tan ajeno al arte.

Hablo de una autora que escucha el estruendo provocado por el Edificio mientras se desploma, y, lejos de obviarlo, lo graba; lejos de atenuarlo, lo amplifica. Con ese ruido, no obstante, sustenta la cabaña de su protegido: entretiene los cimientos de barro con un sonoro, pero divertido y fructífero, no sé. ¿Cómo?

1

LA VETA SURREALISTA

Los más ortodoxos surrealistas del XX representaron en estado de vigilia, o eso dijeron, la parte que lograron retener de los sobresaltos que padecían durante el sueño. Yo no lo creo del todo, pero aceptémoslo para no introducir aquí un problema que nos distraiga. El caso es que, de esa manera, pretendieron sustraerse a cualquier atisbo de control racional sobre su obra. Los surrealistas emergieron entonces como “artistas puros”, porque su movimiento, cual cándida estela del psicoanálisis, fue siempre de la subconsciencia a la consciencia, nunca en sentido contrario.

Bien, la aparente digestión de la Primera Gran Guerra por la vía de un arte-laxante que no sacaba la cabeza de la caja negra, al parecer no fue posible tras su gravísima réplica. Occidente no pudo digerir el colmo y la consecuente caída de la modernidad, (“todo lo que llega a su apogeo comienza a declinar”, decía Abd Allāh) cerrando o entornando de nuevo los ojos tras la toma de Berlín por los aliados. Los delirios imperiales alemanes y soviéticos, de muy distinto signo que los anglosajones, y la respuesta de estos últimos, menos alucinada pero igualmente beligerante, impidieron echar otra vez la capa sobre la caja de cristal. Todas las tendencias artísticas acentuaron el pathos, y creyeron compensarlo, acaso esconderlo con el uso (y abuso) del logos. La mayoría de ellas optaron entre lo patético y lo razonante, otras fueron sometidas a una latencia más o menos vigente. La abstracción se hizo expresionista, (que no al revés, como su nombre sugiere) el cubismo se tornó a ratos discursivo, el surrealismo quedó arrinconado, el dadaísmo abandonó la escena; sólo el realismo socialista se mantuvo en sus escuetas casillas; y antes de que pudieran llegar el refresco pop o la hamaca postmoderna, surgió el llamado arte conceptual. Nunca más los surrealistas, ni siquiera los que son tan incorregibles como Marga, pudieron trabajar al margen de semejante influjo.

Y como desde entonces ya no vale cerrar tramposamente los ojos para espantar a la pertinaz vigilia, Marga sueña con los suyos abiertos. Su obra tiene una clara veta surrealista, pero dista mucho de limitarse a lo que retiene la almohada. Su discurso no es sólo formal, no sólo regala forma a sus ensoñaciones, sino que está atravesado por una línea conceptual, que, en algunos casos, llega incluso a remedar el horizonte. Es normal, o al menos comprensible: ningún gorrión puede vivir, como gorrión, mucho tiempo en un gallinero. ¿Es Marga una artista puramente conceptual? No. ¿Es una artista puramente surrealista? Tampoco. Si el porquero de Agamenón preguntara por la génesis de la obra que ella estampó en el techo de la cabaña donde duerme, Marga le respondería: ―Es más que un sueño soplado y menos que un sueño razonado. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

6

LA CORRIENTE LÍQUIDA EN EL CAUCE POSTMODERNO

Joaquín Esteban Ortega ha dicho: “la clave de este asunto [el carácter inaprensible del arte postmoderno-líquido] se encuentra en la desontologización de la obra a favor de su conceptuación.” O sea, la obra que renuncia a ser para representar un concepto, y se convierte en mera noticia del concepto representado. ¿Hay algo más impropio para la obra de arte que un concepto, ya no sólo presente en su fórmula genitora, sino también suplantando su fin? Pero, si el arte líquido (Bauman) surge de una transitoriedad determinante, de un substrato social también líquido, en continua mutación, opuesto al que permitía, o más aún, demandaba, la sociedad egipcia, ¿qué tipo de concepto debe sustentarlo, si no ese que se derrame con igual laxitud, ese que, apenas haya alcanzado su aparente forma, sienta la urgencia de trans-formarse?

Sometido a semejante sobrexcitación conceptual y formal, el hombre postmoderno no es capaz de imantar sus ripios. Se cargó de pasado, colocó la razón en el sitio inadecuado, delegó en la estética académica (los estetas) el arbitraje de su relación con la naturaleza, se puso en manos de la ciencia experimental y la tecnología; y ahora no parece merecer la belleza si no sometida a una liquidez simétrica a la suya propia. Porque, según Schiller, realmente “bella […] es aquella forma que no exige ninguna explicación, o bien aquella que se explica sin concepto.” Además, se pregunta y se responde el genio alemán: “¿Por qué cada uno de los griegos puede erigirse en representante de su tiempo, y no así el hombre moderno? Porque al primero le dio forma la naturaleza, que todo lo une, y al segundo el entendimiento, que todo lo divide.”

Así que tenemos un tiempo líquido (cuasi forme, por no decir informe), un arte también líquido, cuyo estado, unido a su extrema conceptuación, lo hace prácticamente inaprensible; y el artista postmoderno, hecho pedazos por “el entendimiento, que todo lo divide”, persiguiendo una belleza que se ajuste a circunstancias tan problemáticas… Y ahí aparece Marga con un surrealismo transido de postmodernidad, con esa tara conceptual inevitable, pero también con un salvavidas maravilloso: la locura y su consecuente duda sobre la Verdad. Marga se deja llevar por la Duda. Se monta un rollo cuántico que avala su relativismo y permite obrar a sus fantasmas. Según Corinne Enaudeau, “el hombre racionalista, con espíritu de sistema, que ve la unidad de las ideas incluso antes de que hayan nacido, nunca inventa nada. La flema del genio consiste en dejar hacer al extravío, dejar que se tejan las analogías, dejar que se multipliquen los espectros.” Eso hace Marga. La traza conceptual y sistémica logra atravesar e intoxicar su veta surrealista, pero no extinguir la locura que ventila su aparente irracionalidad.

¿Y la belleza? Como bien dijo Hume: “la belleza [por más que se piense] no es una cualidad del círculo. No reside en ninguna parte de la línea cuyos puntos son todos equidistantes de cualquier centro común. Es sólo el efecto que esa figura produce sobre una mente, cuya particular fábrica o estructura la vuelve susceptible de tales sentimientos.” El círculo parecerá bello a la mente aristotélica que se regocija con la Verdad-Una-Toda-Inmóvil-Imperecedera. La malla infinita y cuántica parecerá bella a quienes vean esa Verdad como una leyenda convenida, débilmente asida a sus mutantes nudos. Sobre todo para estos últimos, trabaja Marga: para los locos que mantengan muy activos los canales sensibles y desistan de buscar en sus obras, sólo, la quinta pata al gato: la discursiva… Si el porquero de Agamenón preguntara por la esencia de la obra que ella colgó en la cara interior de la puerta de su cabaña, Marga le respondería: ―Es más que mentira prescindible y menos que mentira imprescindible. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

CODA PARA LA RESIGNACIÓN Y EL DISFRUTE

¿Para qué tanta pregunta? “Por raro que sea el modo con que el mosto se agite, siempre acaba por contener más o menos vino.” (Goethe). Marga agita su mosto de manera que el vino resultante plazca a los locos de su tiempo. Y junto a ellos, mientras beben entretenidos, suelta a sus bestias polivalentes donde “todo el espacio juega con el grito ¡No sé!” (Mallarmé) Un grito femenino, sí, que en el caso de Marga es lanzado con una sobreabundancia que a veces abruma, por (y especialmente para) una omnipresente mujer… Me resigno. Sin que haga falta un saber demasiado, ya está: Marga puede engendrar las cosas que más disfruto, esas que gracias a Dios no sé, y que gracias a mis dioses, aunque a veces me ponga a manosearlas en voz alta, no tengo intención alguna de averiguar a fondo. Porque, como dijo Nietzsche, (madre mía, hoy tengo el estro polémicamente franco-germánico) “todo conocimiento profundo es una corriente fría.”

¿A que no debo terminar hablando de herramientas digitales, mecanismos del collage, psicología del color o leyes de la simetría? ¿A que no?

Breviario de margaritas, de Margarita García Alonso -Por Juan Carlos Recio, en Sentado en el Aire.

In AmiGos, articulos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 5 juin 2016 at 10:23

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martes, 27 de mayo de 2014
Breviario de margaritas, poemario de Margarita García Alonso Por Juan Carlos Recio, en Sentado en el Aire.

Escribir sobre Breviario, no se me daba. Como suelo escribir mejor desde el lector, confieso me dio cierta desazón de que la vejez ya estaba dándome duro en el espinazo. Entonces lo entendí todo. La poesía que desmadra de esta mujer (que además no esta loca de remate y por contradicción es la mejor parte de ella para descubrirla). Resulta que sí, a veces se escribe contra uno mismo, contra los demonios que nos hacen sangrar y porque los ovarios puestos en su justo sitio, con dignidad, digo, hacen que hablar por los codos no sea un defecto, a lo sumo, es un acto a contracorriente de cualquier cobardía.

Muchos escritores con razones de peso y leyes de lo que suponemos es poesía, defienden que no debemos ponernos a contar. Lo cierto que hace mucho me vale un tarro y mil, y parece que a la autora le ocurre parecido, ella cuenta. Su narración no es un hilo, son cortes, tampoco, desde el yo ramplón, todo lo suelta sin ingenuidad ni falso criterio, cuando se vive a quemarropa de un disparo, se enviuda, el amor nos calienta, a cada rato explota, incluso, se reconquista aquello que parecía frustrado, y hasta el gato de la casa da sus contiendas por un alimento de calidad, no existe metáfora ni falta de juicio, ni dualidad de ser dos, al revés, la poeta es múltiples partes de la mujer que es, y a cada cosa le da su espacio, igual que nos intimida como lectores para entenderla. No lo hace como una amenaza, es la reflexión del espejo, de esa imagen nítida que deberíamos tener a mano.

Ya la neblina aquella cuando pastábamos en el potrero nacional, ha pasado, y Margarita no se anda por las ramas, nos da ese hachazo de cuaje, uno necesita dejar de rodar, poner cable a tierra y de eso se trata. Pero si cree que el arte del elogio es incorrecto, quizás no me crea, no necesitas creer realmente en nada, debes tocarlo. Ve y advierte dar un clip y encontrarte ante la poesía del último libro de Margó, Reina de Groenlandia, le ánimo, a que entre, lo único que necesita es llevarse a ud mismo, es decir, no pretenda buscar al otro, la mujer que escarba en sus viseras, tiene un objetivo muy preciso, no hay otra forma de vivir que no sea desde una realidad a la que se penetre desde el sudor y la lágrima, porque desde que le dijeron que se callara y no lo hizo, es:

Una mujer común,
con una camisola de hospicio
rasgada, amarillenta,
sin identificación.
que te confiesa
llamarse Margarita.

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Di Margacode
02

«Un demonio, al nacer,
me dio el arte cruel de ensangrentar
la peña y de escarbar en la herida».
Charles Baudelaire.

03

Confesiones de una vagabunda.

 ¿Cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo?
Francisco de Quevedo

Antes de perder la cabeza
pondré sobre la mesa
la herida.

Quiero esconderme
en la plaza pública,
donde siempre he estado
al alcance,
a la mano
sin perturbar
o llamar la atención.

Quiero tener paz
al nombrar cada esencia
que me ha matado.

De nada os sirvo,
podéis cerrar el cuaderno,
quemarlo,
escupirlo
depositarlo en el bolsillo
del suicida.

De todas formas
soy culpable:
he bebido poco
he fornicado menos
pero embriago

-borracha,
no admito finuras
en carne descompuesta-

ebria de sentir
como olisqueas en un verso
buscáis consuelo donde no hay,
buscáis compañía
cuando huyo.

Escasea el tiempo,
me voy a traicionar,
voy a vender
como postalita
mi circunstancia.

Decorticaré cada ciudad,
cada perro,
seré breve como un rayo:
no me ha acompañado
la suerte.

Desde que partí de mi tierra
no he recomenzado,
solo cuadernillos,
mendicidad
y este breviario
de vagabunda estacada.

Me dijeron calla,
pero no he obedecido.

Aprende: no soy perla
de altar, ni manto
que busque espalda.

Quizás hasta posea
lo que necesitas,
pero puedo mancharte,
estoy sucia como una
frase de usurpación
a la deriva del Danubio.

He fallado:
quise retenerme adolescente,
quise que mi hija fuese siempre niña,
pero usé el santo que no  conviene,
jugué el número que no tocaba,
usé la bárbara costumbre nórdica
de la sal

sal gruesa en la acera,
sal en la puerta
para espantar la nieve,
el mal ojo, la escasez,
la fatalidad.

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Leonard Cohen reza la mecánica sagrada

Escucha, cae el tejado,
una teja tras otra se desliza al suelo
y suena a cráneo que quiebra.
En casa de mi madre
mi padre ha muerto,

nadie grita orden
frente a la escasa cena
para una persona

viene de un fogón de leña
donde pavorosamente
se juntan los hermanos.

Cada paso es lento,
marcado por la tristeza del alero.

Me aconsejan que visione

un mar de flores blancas,
pero hoy relampaguea,
me aprieta el pecho
como si fuese
un botín de cuero

hasta que comienza a rezar
Leonard Cohen,
el pie en una carta
de tarot mal dibujada,
bajo un cielo inexistente
que me devuelve la virginidad.

Leonard reza y su voz desmaya
a querubines y Delfos amanerados,
me ampara de estruendos,
confina la puerta

con su mecánica sagrada
y mi seno derrama amor
en la hierba
bajo el primer extraño,
que tengo a mano.

balada regenta
Balada de la regente.

No he tenido que matar,
mis esposos han muerto
de viejos, de cáncer,
de exceso de droga,

no cuentan,

copié versos de muchos poetas
en la esquela mortuoria
insistí en los vivos: « vengan a casa,
copulen mientras duermo,
quiero despedir a mis esposos »
pero fue pretexto para fiesta.

Nadie sabe
a quién dedico textos,
si son míos.

Iré a quejarme,
nadie comprende que
en cualquier momento
suprimo la palabra humano.

Fertilizaré la cabellera
de los ausentes, cortaré cabezas,
siempre corto el pelo
a quien amo,
antes de que sea gris y apeste a
cocaína de novato
que perfora coños
y vende boletas de podredumbre.

Dejaos de celebrar
no escribo para entretener,
me suda la loca,
soy la puta sílaba,
sobre la goma pegajosa que ensucia
la hoja y deja un ciclé
semejante al culo de una perra.

Me voy a ver mis pastizales de vaca,
plastas de mi poder
soy I’ am
la que ha nacido para perder.

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Margarita García Alonso. Matanzas, Cuba, desde 1992 reside en Francia. Periodista, poeta, y artista visual. Autora de diez poemarios, cuatro novelas y de cuadernos de arte. Licenciada en periodismo de la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas. Posee numerosos premios de pintura, artes visuales y literatura. Aparece en más de cinco antologías y variadas revistas. Premio de la Taberna de poetas francesas en el 2006. Premio de la Fundación cultural Miguel Hernández por su creación gráfica Pájaros azules para el poeta, 2014. Su trabajo en el arte contemporáneo es considerado Patrimonio de la Normandía. Ha sido facturada en la Colección « Spotlight on France », de la galería Saatchi- on line, de Londres. Dirige la poco rentable, desconocida pero histórica Editions Hoy no he visto el paraíso.
confesiones de una vagabunda

El Fogonero en la humildísima eternidad.

In AmiGos, articulos on 10 décembre 2015 at 4:45

Esta es la segunda vez que, en menos de una semana, Margo Reina de Groenlandia me obliga a escribir de ella. Agradecido como un perro, confieso que una foto publicada ayer en HOY NO HE VISTO EL PARAÍSO me hizo feliz por el resto del día; aun cuando se trata de una de las escenas más tristes de la historia de Cuba.

9 dic. 2015

Hoy he visto el Paraíso

En el año 2000, cuando llegué a República Dominicana, me sentí muy solo. Mi soledad no era física. Muchísimos dominicanos, a quienes siempre recordaré agradecido, me tendieron la mano por donde quiera que pasé. Mi soledad era por Cuba, por lo que tuve que dejar atrás, por lo que me vi obligado a abandonar.

El día que Alejandro Aguilar y Marianela Boán me anunciaron su intención de mudarse a Santo Domingo, di brincos de la felicidad (literalmente). Recuerdo que aquella misma noche, después del segundo Brugal, le confesé a Alejandro mi soledad. A ustedes no les pasará lo mismo, le prometí, porque ya hay un cubano esperándolos.

Por esa misma época nacieron las redes sociales y de, pronto, sin que me diera cuenta, me encontré viviendo en el mismo espacio que mucha de la gente que quiero y admiro. La Habana ya no es el lugar donde tuve una casa y que a veces añoro; pero el muro de Facebook de muchos de mis amigos, sí.

Un ejemplo de eso es la comunidad Hoy no he visto el Paraíso, creada por Margo Reina de Groenlandia (Margarita García Alonso, para lo que no la conocen). Ayer, sin ir más lejos, publicó esta foto. Aunque se trata de una de las escenas más tristes de la historia de Cuba, me hizo feliz por el resto del día.

“No más de 40 personas. ¿Quiénes serán esos dolientes que ahí aparecen, con sus sombreros a la rodillas…?”, se preguntó Sindo Pacheco. Se trata del 7 de diciembre de 1895. En un bohío de Punta Brava, de espaldas a una raída bandera y dándole la cara al olvido, los cubanos se despiden de Antonio Maceo, quien acababa de caer en combate.

“Guárdenla preciosamente, no duden en imprimirla, esa foto es la decencia cubana. Sindo, cuando la rescaté, lloré una tarde, es tan grande que me pongo de rodillas”, agregó Margarita.

Y aquí estoy, fijándola para siempre en El Fogonero. Ojalá que la humildísima eternidad de esa imagen no se me olvide nunca, incluso cuando ya no me quede memoria ni para recordar mi nombre.

 

Foto; Funeral del General: Antonio de la Caridad Maceo y Grajales. (Santiago de Cuba , 14 de junio de 1845 – Punta Brava, 7 de diciembre de 1896)

Las caras trocadas, en El Fogonero

In AmiGos, articulos on 9 décembre 2015 at 4:56

12279024_10153798419444243_8579637053840713558_n2 dic. 2015

Las caras trocadas

Por Camilo Venegas Yero

La foto de Stalin que Margarita García puso en Facebook.

Hoy me levanté con algo de resaca. Anoche, gracias a una de esas detestables declaraciones que hace a menudo el cardenal dominicano Nicolás de Jesús López Rodríguez, Mario Dávalos y yo decidimos juntarnos y hacer lo que mejor sabemos hacer: abrir un buen destilado y sentarnos a tratar de arreglar el mundo.

Todavía tenía la vista borrosa cuando respondí una pregunta de Margarita García (esa Veuve Clicquot que vive en Normandía, reina en Groenlandia y brinda su inteligencia y su amor a medio mundo). Al pie de una foto de un ruso de 23 años, preguntaba quién era.

“Seguéi Esenin —respondí con prisa, para tratar de ganar el ‘concurso’—, uno de mis poetas jóvenes preferido. Promete muchísimo”. Entonces Margarita me aclaró que no podía ser Esenin, el amante de Isadora Duncan y el marido de una nieta de Tolstoi, porque se ahorcó antes de que le creciera la barba.

En verdad el retrato del joven apuesto correspondía a Iósif Vissariónovich Stalin, quien acabó siendo uno de los más terribles ancianos que ha tenido la humanidad. Con esta historia de caras trocadas empezó mi día. Gracias a ella, he vuelto a leer poemas de Esenin, algo que hice mucho cuando yo también tenía 23 años.

Te debo eso, Margarita, entre muchísimas otras cosas.

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Serguéi Esenin con Isadora Duncan.

BASTARDOS

In articulos on 17 novembre 2015 at 12:13

entierro«C’est dans le vide de la pensée que s’inscrit le mal.» Hannah Arendt
No han enterrado a las víctimas del atentado en Paris y andan escupiendo una guerrita de qué banderita o muerto vale más, justificando la matanza de franceses, deseándoles el mal por merecimiento histórico, como si alguien de abajo hubiese decidido jamás una colonización, una guerra.
Y todo esto lejos del dolor, geo-estrategia del hablador bobalicón, políticamente estresado con su filme de buenos y malos, desconociendo lo que sucede en Europa. Colaboracionistas, desvían el asunto para sostener a ISIS que maltrata la vida y tiene las poblaciones de esos países sometidas a la más terrible oscuridad y extiende su radio de acción a Occidente.
Qué descansen en paz los que han caído por amar la música, tomarse un trago, salir a pasear una noche de viernes. Que descansen en paz los que van a seguir cayendo porque una tropa de bastardos decidió que con su dolor/ frustración histórica pueden ensuciar el entierro, pueden manchar el duelo de Francia. El dolor no necesita de comparaciones y jueces.
Ni siquiera se han enterado que han destruido museos, que están degollando, fusilando hasta los suyos, que la civilización está en peligro, nadie está salvo frente a la barbarie.
Qué descansen en paz todos esos niños muertos que usan para su politiquería. Malditos que encorajan a las manadas a respetar la brutalidad. Nadie quiere guerra, pero las palomitas de maíz no detienen a soldados bestiales, nadie quiere muertos de aquí o de allá y perder tiempo en vuestra aberración psicópata, pero hay que exterminar a esos asesinos, por la paz del planeta. De vuestro vacío pensamiento se alimenta el mal.
Permitan que enterremos a los muertos franceses, habéis inventado un nuevo odio, escupirlo contra esos perros rabiosos. Ya que apoyáis la guerra cibernética del enemigo, dejadnos en paz!
Ignorantes, irrespetuosos, fuera de mi vista.
Margarita García Alonso

 

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In articulos, gra-sofismos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, perdidos, prensa on 11 novembre 2015 at 12:03

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Poemas inéditos de Margarita García Alonso en Efory Atocha.

In AmiGos, articulos, Mis libros on 15 octobre 2015 at 10:54

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Tres poemas inéditos de

Margarita García Alonso

by  • 14 octubre, 2015 •

 Literatura Cubana, Margarita García Alonso,

Poesía •

Badtrip

Existió una persona que podía entenderme.

Pero fue precisamente, la persona que maté.

Ernesto Sábato.

Quise ahorcar

el sueño,

de un muerto

ser el muerto

que traduce taquicardias

convencerme que fue breve

a-penas

descomposición  de la pupila

posada en  el hueco de la puerta

mi bulbo, mi tubérculo

mi frondosa exageración

desató nudillos

cuando corté la  rama A

los pájaros del Monte Eerie

no están  al alcance

de la belleza.

Estoy  en el  lado B

bautizando calles

pobladas de perros

a  la sombra del árbol C

tallado a la altura de

alineamientos eléctricos

veo a los

amantes que  entran al  mar

con sus ojos fundan

una casa de arena

entre las rocas y la batiente ola.

Pájaros,

siempre  los pájaros

huyen  de la ciudad

al Monte Eerie

sobrevuelan  raíces,

cuando en el taller modelo

Hombres y caballos en barro,

ríos del paraíso en el cuerpo

el mal en la manzana

envuelta en el fino papel

desgarrado del exilio

en mis dedos

se enredan hilos,

huele a bosque en verano,

el  fuego,  lejos  la costa,

en éxtasis

sobre una alfombra de sangre

destrozo  las manos

cuando  el verdugo

con una rosa en el sexo

desea ser perro o navaja.

**

Resoluciones del infierno

 

Parce que tu es tiède, et non froid

ou brouillant, je vais te vomir de ma bouche »

(Apoc3, 15-16-) L’ange de l’église de Laodicée.

La pequeña estrella

en la oscuridad

de la colina

a ti de descender

y  cortar sombras

a ti de descender

a la fragilidad,

a la línea de brumas

hasta  el horizonte

donde reposa  la luz.

**

Mi madre y  Fríedrich

Cuando la princesa von Homburg

regaló un piano a Fríedrich

este cortó casi todas las cuerdas.

Con las   cuerdas sanas

improvisó un diálogo

monástico junto al  diablo

sobre  un horrible cuadro

de veleros estancados

en manchas de óleo.

Mi madre no  entiende

qué hace un barco varado

en  el azul Prusia.

Me  escribe para ser entendida

cuando riega los cactus.

Me afino, juro que afino

pero poco puedo hacer

con  un instrumento

troceado.

Tampoco mi poesía se entiende,

la escribo para no ser entendida.

Hölderlin  traduce  mis notas

con un tenedor de cocina

al que le faltan dientes.

Mi madre  se  agota

en la formulación

de cualquier palabra

que  escribo.

Mi madre ha pactado con Fríedrich

para que descuartice

– uno a uno-

los filamentos de la memoria.

Día y noche, años de ausencia,

sola en el diluvio de palabras,

arranca en el huerto

la finísima pelusa

de los ángeles.

***

Poesía inédita de

Margarita García Alonso

by  •

8 octubre, 2015

Literatura Cubana,

Margarita García Alonso,

Poesía • 1 Comment

Se ve Clarita-clarita

“Se ve clarita-clarita el ave que en ese momento pasaba.”

José M. Fernández Pequeño

Escribo, escribo

y  no ensarto la aguja

desbocada

-en el abismo el ojo-

des-boca-da

me parto  los dientes.

Las palabras afloran,

poco importa

ser caballo o mendigo

si piso una tierra

que no me pertenece

la tierra miedo,

la tierra de nadie.

Soy la que elije

sacrificios

frente a la puerta

desnuda

se acumula la nieve

en noche intensa.

Si  inclino la cabeza,

si te  enseño  a trenzar

desencadeno temblores

en la pelvis de Cristo

y vas a  lengüetear

la piedra calcinada

de tu  rodilla.

La hija que  tuvimos

nació del vientre de otra

y he sido brutal

una tras otra la angustia

suda mares en mi cabeza

si la avellana cae

sobre la roca

me dispersa en salitre,

en  mínimas cuentas.

Todo fue  hermoso,

todo es hermoso

desde el agua

la superficie corta el aire

se ajusta a concéntricos

deslizamientos de moluscos

y  en el fondo yace la piedra,

el  corazón encercado por

el río profundo de la memoria.

Huele a niño

no hay forma que despegue

su camisa de mis ojos

llegué  muerta a donde iba a morir,

estaba  solo

tan solo que podía confesarlo

tomé  su mano

en infinitas vibraciones

se me han agotado los dedos

de acariciar su pelo

en  todos los vientos.

La letra vale sangre

en correos antiguos

pero al nombrar

te- ti- contigo

monta el  reflujo gástrico,

se desmantela el coxis,

mi  hígado se ensancha

de materias insanas.

Fue en Madrid,

no podíamos

estar mejor

que muertos

a la salida del Metro

en la hora fatal del atardecer.

Cada espiral  repite

incansablemente

donde quedamos

cada espiral  repite:

alma de perra,

ojos de perra,

uñas de perra

arrastrada en

callejuelas

donde olisqueé

un sin fin de coincidencias

con  las que acostaríamos

a desconocidos.

Todo es hermoso,

un  pájaro picotea  su frente

y el  tatuaje   se agranda

queda el hueco

a merced de las moscas

cada verano caluroso

la entrepierna

forma aspavientos

de riachuelo,

y yo perra

tras el hueso desprendido,

la fractura  donde  la ciega

nos  reúne

en su bocaza

somos pasto

con  pavor a esparcirnos

en el incienso

de catedrales bordadas

en el susto de  vitrales

frente a devotas

de rarísima pureza

que depositan azucenas,

galanes de noche,

sobre un Hombre lacerado

si respiramos

si nos miramos

el polvillo cae sobre el haz

de luz de la matanza.

A diario he matado

en mi pecho

el banderín de la masacre

tiñe de rojo las nubes.

Es hermoso como descienden

las aves carroñeras

como desciende

la mano del mago

a  la capa  poblada de bolsillos,

retazos,   zurrones

de lo que es

cadáver de esperanzas.

Es hermoso,

la muerte  me sopla

este desaliento

con  más fuego que todos los fuegos

de la creación del mundo

te veo caer

y no te sostengo,

caes, caes, caes

como caía su baba

en mi bocaza de perra

pero no temo,

me acostumbré

el  lenguaje choca

en mi diente partido

cada vez que escapa un tren

de cualquier estación del universo

una brizna de paja

en mi boca

tu semen en mi boca

me convierte en simiente

de cualquier   tribu nocturna

en la  frívola ciudad

escupo la noche

junto al camión de la basura.

Cada  amanecer pegados al  moho,

relampagueando

la violencia infinita

contra el apestoso mundo.

Y aún sin facciones eres hermoso,

mi poro colorea el polen

tijera en la mano

deposito mujeres

en  la cama de mi amado

para que me convierta

en  anti concepto

luego  bordo iniciales,

con  el profundo ardor

que imita su plenitud

iniciales que envío a Venecia,

de una isla  a otra perdidas.

En el filo del  vaso

la sangre  colapsa

cuando aseguro

que  es perfecto.

La tranquilidad de las nubes

sostiene la tormenta

circunciso la lengua

si  creo / niego

sobrevivir

en  la catástrofe.

Me enfrento a descabellados

planes amatorios

de pulgas en bibliotecas

pero vale más la droga o la mirra

que la sentencia

mi  amor es  la sombra,

el  ritmo desenfrenado

que lleva al trance

lejos  de la melisa que adormece

la hora fatal  11

-nadie repita once

o caen muertos             a ras cielo-

La tinta que grabó

el brazo de mis antepasados

renace en  la biblioteca de Praga

dos lanzas atraviesan

mis costillas,

el pretérito  cíclico

tasajea al planeta

con  hilos de acero

las familias se arrastran

en el fango de las fronteras,

los niños avientan

caballos de miedo

mientras  ululan las sirenas

que  detectan humano

en el bosque,  abedules

de corteza  blanca

reflejan la dimensión

donde serán otros

Todo es hermoso y queda atrás,

hasta mi vida.

II

En mi nombre,

a partir de este instante,

los Hombres destruirán

cartas de racionamiento

pasaportes, números de espera

filas de espera, diplomas,

cualquier  identidad

que limita.

Pronto partiré,

-mas estoy sana y  fuerte-

mi paso ha sido

una infinita  despedida,

de una brevedad sospechosa

mientras canto crecen

plantas del paraíso en tu frente,

la fruta del placer

roza con la

partícula insumisa

el todo  oculto

bajo  la  borrasca del verano

los   niños saltan

a ventanas trazadas con cal

en el pavimento

ventanas que conducen

a corredores  salpicados de galaxias

que encuentran  redención

en  la poesía.

Cae la  lluvia

al amanecer, al mediodía, en la tarde

en todas las plazas depositan

la patética  individualidad

llamada Ser.

Y yo en la fuente equivocada,

-la fuente no es  donde caes,

es el vientre

inundado de  sangre

que  te envuelve-

he estado lejos

como  un puntero filoso,

reducida a  un soplo

mi único amor se expande

en una onda atómica

e irradia  a  los pájaros

que detienen  su   graznar.

Mi ojo en su ojo

descontrola el universo antiguo,

inventa un orden

donde no me responsabilizo de nada

mundo ajeno

licuado  en  la saliva

que  meo  contra- muros

para que no se apoderen

de mi corazón

tapizo  calles, barro  el océano,

despierto húmeda

por el rocío  de alcoholes

de plantas maceradas

y reaparezco  en la yema de tus dedos

-esta mancha no es  la tinta

de mis absurdos escritos –

es mi vagina  que destila

como si estuviese de paritorio

la sofisticada

leucemia del totalitarismo.

La  vejez en mi cara

cuando  te  lego:

me   han usado

en  el experimento humano,

pero mi caso se ha  perdido

en los archivos de inteligencia

de una dictadura

no puedo regresar a casa

no puedo regresar  a mi madre

que  amamanta

a una paloma helada .

Seré en eternidad  la  ausente,

que fabrica  bálsamos

sobre  una  pira de  libros

mientras escribo

esta camisola  que  lees

protegido en el zurrón de  mamá

envuelto ,

como cuando eras niño.

***

La Habana: El fatum de Fayad Jamís-por RAFAEL ALCIDES

In AmiGos, articulos, El Moro Fayad Jamis on 25 septembre 2015 at 11:52
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Rafael con Fayad Jamis. Foto: Margarita García Alonso

La Habana: El fatum de Fayad Jamís

¿Qué sucedió por fin con los cuadros y dibujos del pintor? ¿Terminaron convertidos en carne de puerco?
por RAFAEL ALCIDES
Aquí paz y en Guayos gloria

La Fundación Fayad Jamis no lo permitiría. Tenía propósitos muy serios. Además de conservar la obra del Moro, como cariñosamente llamábamos a Fayad sus amigos, la Fundación recabaría para sus fondos donaciones de coleccionistas y artistas cubanos y del exterior. Tal había sido la última voluntad de aquel hijo de libanés que nació en México en 1930 y vivió en numerosos pueblos de Cuba antes de llegar por fin a Guayos, pequeño poblado de la entonces provincia de Las Villas, al cual, por esas trampas del corazón, adoptó como su cuna, a pesar de haber llegado allí ya saliendo de la adolescencia y como quien dice de pasada, pues sólo vivió en Guayos tres años.

A Guayos, sin embargo, a aquel melancólico pobladito situado a la orilla de la carretera central, en mitad de la Isla, adonde soñó viendo pasar los ómnibus que iban para La Habana y donde escribió sus primeros versos y amó a la muchacha a la que nunca se atrevió a decirle nada, a Guayos quiso el poeta y pintor Fayad Jamís dedicar los bienes que atesoraba en su templo de la calle O y 27.

Avisado de todo esto estaba el secretario del Partido en la provincia de Sancti Spíritus. En su momento, Fayad lo había acordado con él, y José Luis Moreno del Toro, poeta y médico, había mantenido el contacto. Enormes eran los planes del secretario del Partido. Todo un centro cultural con anfiteatro, salón de conferencias, galerías para exposiciones de pintores, imprenta artesanal, cafetería y biblioteca, de manera que además de la función cultural que en la provincia prestaría la Fundación constituiría un lugar de obligada escala para el turista.

Es ley, sin embargo, que los que van a morir propongan y el fatum disponga. Fayad Jamís murió soltero y sin testar. Durante tres años vivió al cuidado de una bella muchacha treintaitantos años menor que él, pintora y poeta, que lo amaba con devoción. Ni sus antiguas esposas ni su hija francesa, ni sus hermanas que vivían en Sancti Spiritus (al lado de Guayos), vinieron a atenderlo. Fue Margarita García Alonso su enfermera y su aliento para seguir viviendo y escribiendo y pintando hasta el último momento. Pero en términos legales eso ahora era humo.

Rauda, la hija de Fayad, una muchacha fina, bella e inteligente, magnífica escritora, era la heredera universal. Puesto que como extranjera no podía (ni ella se lo propuso) sacar del país la obra de su padre por ser ésta considerada patrimonio nacional, la donó, junto con el automóvil del poeta y el apartamento de O, a sus tías de Sancti Spíritus, dos hermanas de Fayad —recién conocidas por ella en una rauda visita efectuada a Cuba un año atrás, deseosa de conocer la tierra de su padre, al que conociera par de años antes en México— con las que el pintor ni se carteaba ni se veía.

Imagínense, un hombre que pasó estrecheces por no vender una tela o un dibujo, y que con tantos temores había entrevisto el probable porvenir de su obra. Con mucha pena por Rauda, Moreno del Toro y un grupo de amigos consultamos el caso y un abogado nos dio la solución: casar post mortem a Fayad y Margarita, ésta cedía sus derechos a la Fundación y aquí paz y en Guayos gloria.

Pero enmascarándose el fatum de Fayad con una cadena de delicadezas que empezada con Rauda por sus tías y continuada por las dos últimas esposas de Fayad, las que por delicadeza se creían en el deber de apoyar a Rauda, movieron aquellas damas sus caracoles, subieron al cielo a hablar con Dios, y a pesar del apoyo de importantes figuras de gobierno nacionales y extranjeras con que contaba nuestro proyecto, impidieron la boda del difunto y la jovencísima y bella Margarita.

¿Qué sucedió por fin con los cuadros y dibujos de Fayad? ¿Terminaron convertidos en carne de puerco? ¿Se están comiendo las cucarachas los gordísimos files llenos de originales inéditos y sin copia, algunos de ellos de los años cincuenta, que por lo general permanecían amontonados en su mesa de trabajo para tenerlos a mano por si entre trazo y trazo de pintura se le ocurriera tacharles o adicionarle algo? Nadie me lo diga. No quiero saberlo.