Lamarga

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En el día de la poesía

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, prensa on 21 mars 2017 at 8:19

Bruno F. Felipe Morales

Hoy, día 21 de marzo de 2017, día de los poetas. Por tanto, día del hacedor de escrituras, videntes de emociones, dotados de esa locura que nos llega y nos emociona. Descubrí no hace tanto a una poetisa cubana llamada Margarita García Alonso, instalada en las bravuras de la Normandia, que generó en mí una fascinación maravillosa, porque desde que tuve la oportunidad de conocer parte de su obra supe que su fuerza llena de cromatismos, su ingenio, su carácter indomable, su irreverencia y su mágica ternura me enredarían en su lectura. Felicidades a todos los poetas de este Universo, pero especialmente a Margarita García por darle magia poética a mi vida de esta forma tan especial que yo siento.
Dejo prueba de ello, de su obra El Centeno que corta el aire….

Confesiones de una vagabunda
¿Cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo?
Francisco de Quevedo
Antes de perder la cabeza
pondré sobre la mesa
la herida.
Quiero esconderme
en la plaza pública,
donde siempre he estado
al alcance,
a la mano
sin perturbar
o llamar la atención.
Quiero tener paz
al nombrar cada esencia
que me ha matado.
De nada os sirvo,
podéis cerrar el cuaderno,
quemarlo,
escupirlo
depositarlo en el bolsillo
del suicida.
De todas formas
soy culpable:
he bebido poco
he fornicado menos
pero embriago
—borracha,
no admito finuras
en carne descompuesta—
ebria de sentir
cómo olisqueas en un verso
buscáis consuelo donde no hay,
buscáis compañía
cuando huyo.
Escasea el tiempo,
me voy a traicionar,
voy a vender
como postalita
mi circunstancia.
Decorticaré cada ciudad,
cada perro,
seré breve como un rayo:
no me ha acompañado
la suerte.
Desde que partí de mi tierra
no he recomenzado,
solo cuadernillos,
mendicidad
y este breviario
de vagabunda estacada.
Me dijeron calla,
pero no he obedecido.
Aprende: no soy perla
de altar, ni manto
que busque espalda.
Quizás hasta posea
lo que necesitas,
pero puedo mancharte,
estoy sucia como una
frase de usurpación
a la deriva del Danubio.
He fallado:
quise retenerme adolescente,
quise que mi hija fuese siempre niña,
pero usé el santo que no conviene,
jugué el número que no tocaba,
usé la bárbara costumbre nórdica
de la sal
sal gruesa en la acera,
sal en la puerta
para espantar la nieve,
el mal ojo, la escasez,
la fatalidad.
Pero llueve
y sobre el nueve la lluvia,
rastrojos de mudanza,
ropa usada,
fotos en el cajón de cocina
junto a utensilios oxidados
como tú y yo,
extranjeros de especie.
Una mujer común,
con una camisola de hospicio
rasgada, amarillenta,
sin identificación.
que te confiesa
llamarse Margarita.

AGRADECIDA

En el 2018, 30 aniversario de Sustos de Muchacha, Margarita García Alonso, ediciones Matanzas, 1988

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 28 février 2017 at 11:51

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Enorme impacto en las redes sociales recordando mi primer poemario,

agradecida a todos.

sustos de muchacha fotocopias

Mis à jour : il y a environ 4 ans
Sustos de una antigua muchacha

Esa blancura
me hace propenso
como si todos fueran otros. Lezama Lima

I

La blancura del cuarto
me repone de los otros.

Soy la salamandra del techo
que bojea en la memoria
a la mujer que no la mató
la sicuta ni el ácido de 1878.

Nada le salva del buque fantasma
anegaré en la bahía la porcelana
donde duerme una muchacha asustada
de bestias y extranjeros.

La mujer no huye al espejo
y sube donde Charlot atrapa a la luna
Cabalga un delfín que morirá en el puerto
desesperado de la tarde.

La muchacha no encontró a su hombre
hora es que el mundo ruede,
ruede y se estremezca.

Menciona las claves del laberinto
de Isadora
y danza.

Ella no fenecerá con la primera grieta
de los ojos.

II
Lo que muere no son sus ojos en las
luces de Pompeya, o los dientes parejos
que destrozan el melón de castilla.

Lo que muere crece se acostumbra
a los sitios vacíos
enrarece y fecunda.

Lo que muere se asemeja al hombre
primitivo que busca las estrellas.

Lo que muere en 1988 es el incendio de la paja
y el rugido en la cabeza de los boyardos
que pelean frente al bosque dividido en
frutales, sombra y veneno.

Lo que muere son las nieves
la catedral blanca.

Lo que muere es el caballo que huyó
con la daga enrojeciendo los adoquines,
el beduino con cientos de cartas,
el azul de las falencias.

Lo que muere es el error de creer
la adolescencia un oficio del siglo.

III

Hablar mucho y atinado del amor
como un pájaro de circo, raro y múltiple
despierto en los niños y los crédulos
y negarlo, pero seguir tras él.

Olvidar la ciudad muerta, las catedrales,
la parodia de las leyes, los salmos
y la parcialidad de esperar.

Caer como el que encuentra
a su asteroide.

Los malentendidos resultan interminables.
Sentarse a ver el campo,
aterrada del visitante y de su luz.

Como Liliput flotando en la habitación
de Jonathan Swift.

Como la nave cansada que desciende al mar
o el animal escogido por el hambre.

Como el ebrio en las destilerías
cambiando palabras
con ese algo trágico e inmaterial
que hemos perdido en las ofensas del siglo.

IV

¿Cómo era entonces la muchacha de los otros
que perecía en amores reticentes?

¿Cómo era asesinos?

Sólo descenderá a la bahía
el hombre de la blancura.

Ultimo poema del libro Sustos de muchacha, Margarita García Alonso, ediciones Matanzas, 1988, prólogo de Carilda Olivier Labra, portada de Fayad Jamis, al cuidado de Luis Marimón., impreso en el Taller de Divulgación Provincial de Cultura, en septiembre de 1988 , según reza: « Año 30 de la Revolución ».

Entrevista a Margarita García Alonso en la Prensa de Paris Normandie.

In Margarita Garcia Alonso, prensa on 25 février 2017 at 11:10

10425140_10153148154034243_6325095950158890893_ndel 2015, en la Prensa de  París Normandie, Havre Libre, entrevista y foto de Wilfrid Joly .

la mia poesia in italiano

In Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 14 décembre 2016 at 12:59

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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, en Signum nous

In AmiGos, articulos, Mis libros, prensa on 14 novembre 2016 at 3:17

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La metamorfosis o “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso

Autor: Sonia Diaz Corrales
Podría ocurrir que quien lee este escrito me suponga acodada sobre mi escritorio o recostada en un sillón, con el libro delante de los ojos, pero no se puede leer “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, desde posturas convencionales, así que subí por las paredes y aproveché para balancearme colgando del techo, enrollada en un capullo, con pretensión de ser una oruga de mariposa, que finalmente se transformó en mí hablándole a estos versos, en muchas formas, como las que el propio texto utiliza, una polifonía que se adentra en todos los lenguajes con las mismas destrezas: derribar los límites, dejar constancia de su rareza, mortificar a los falsos, convencernos de que fuera del ahora, este o cualquier otro libro de poemas no tiene sentido.

Margarita García Alonso nació en Matanzas, Cuba, y desde 1992 reside en Francia. Es poeta y artista plástica y visual. Autora de doce poemarios, cuatro novelas y de varios cuadernos de arte. Licenciada en periodismo en la Universidad de la Habana. En Francia obtuvo el Máster en Industrias gráficas.[1]

“Cuaderno de la vieja negra” es un sostenido hilo de emotividad que va de uno a otro sujeto, unas veces habla la negra sabia, rabiosa, mentalmente ágil, precisa, otras sus alter egos, seres de luz de extrema timidez, que desaparecen en cuanto sienten que les podríamos reconocer.

Una cuerda muy fina, trenzada, nos conduce por los primeros poemas, breves, de versos cortos, entrecortados, se diría que balbucientes si luego este relato no se convirtiera en un sólido bloque de versos largos, matizados, dibujados, imprescindibles. No digo que esta será una lectura fácil porque mentiría. Será fructífera si encontramos ese hilo conductor y tiramos con fuerza, sin miedo, aunque todo desaparezca para retornar con brutal claridad: “lo perfecto / en el ruido / que se impone / donde hay silencio”. Nada indica dónde está el principio o el final, la idea delimita los espacios, se expande en función del mensaje que espera dar, o su omisión, que bien visto es también un mensaje: “hablaron de casualidad / cuando perdí la vista / no dijeron ciega”, cada giro nos muestra otro rostro de las protagonistas, otros símbolos para darnos mansamente la soledad que va creciendo como una escara en el mundo que nos cuentan: “nada ha cambiado, / nada cambiará, / la roca se deshace / en un polvillo inatrapable”. Nada delimita a la idea excepto la idea misma, que se expande como si no tuviera fin, como si cada palabra fuera una gota cayendo en el agua, rompiendo su superficie brillante, porque eso es lo que sería comprensible: “llegan noticias / —malas— / da igual, / —estoy sola—”.Y en este punto, habría que reconocer el poderoso dominio del lenguaje en estos versos, su rotundidad para establecer los términos de lo que expresa, nos convence de que, como las voces de este relato, todos estamos muy solos, solos de formas elevadas para comunicar belleza y solos de comprensión de nuestros cercanos instalados en la vanidad y la hipocresía, aunque no alcancemos en lo hondo de su soledad a las voces de la poeta, solas de madre y de amigos, de amor y de patria, solas de la más absoluta soledad.

El libro está atravesado por versos escritos en negritas, concretamente los primeros versos de los poemas, que vinculan de forma indirecta unos paisajes con otros, el ritmo conspira también en busca de esa relación que se va clarificando a medida que avanzamos en la lectura, y descubrimos que este no es un solo libro, sino uno y sus muchas proyecciones en los niveles de interiorización que consiga el lector. Hay un larguísimo poema velado en los versos escritos en negritas, que se difumina, aturde los sentidos con un golpeteo impetuoso, grave y también indiferente, esta “negra que habla en negritas” no está interesada en demostrar nada, menos aún en explicarlo. Vivimos en un mundo donde se espera que todo sea explicado —explicable—, y he ahí otro obstáculo que encontrará un lector acostumbrado a los libros ordenados, orgánicos, llanos, esta vez no verá ciertas cosas si no le hacen llorar, hay dolores que solo se pueden sentir (ver o explicar) mirando a través de las lágrimas: “… puedo llorar / frente a desconocidos / pero da igual si me conocen / una mujer llora / la bóveda celeste / recubierta del polvo / que ulula en los túneles”.

Por si sigue interesado en estas palabras que lanzo hacia los versos de Margarita García Alonso, insisto en que aun estoy colgando del techo, ya no me balanceo, nada va a salir de este capullo excepto palabras, confusas, que no sirven para explicar nada, porque nada en este libro está sujeto a explicación. Aquello que no puede ser explicado se resiste a dejarnos y mastica muchas lenguas para defender su derecho a ser en la vaguedad de nuestra limitación: Lo que no se puede explicar no es, no existe, van a gritar aquí los rígidos y los críticos —se puede ser ambos—, mientras Margarita y yo nos reímos como si estuviéramos locas.

Este sujeto que versa no se detiene más que en el detalle justo, en el punto álgido, en la cima de las cosas y las emociones, nos asegura que un mundo integro es una ilusión, el mundo es un cúmulo de fragmentos inexactos. Inconexos, que nuestra presunción y ansia de grandeza completan: “el pájaro / con el grano / en la oscura cavidad”. Yo no quisiera creerle, pero aquí en este espacio tiene una verdad tan grande que emula a la de Dios, asusta un mundo donde todo está a medias y debe ser completado por nosotros, por nuestro ego y ese pequeñito don de la creación, pero para eso existen los poetas, para salvarnos en ese dilema y asumir la culpa: “en el campo arrasado, / una y otra vez / limpio oraciones / de consolación”.

El verso corto redunda en una música interior monótona y cortante, en poder de toda la síntesis posible. La negra, en trance mediumnico, se desborda en lenguas desconocidas y hermosas, se presenta a sí misma como la dueña del tiempo: “cascarilla de arroz / blanquea mi cutis / mientras fumo / las delicadas páginas / de una biblia”. Formalmente, la negra y su irreverencia están en posición de saltarse todos los ritos a guardar, con naturalidad se fuma la historia de una larga etapa de la vida del hombre, una larga historia sobre la fe y el perdón, y entonces desgrana su propia liturgia, la convierte en ritual: “nunca me lamento / no sé de otros mundos” y “no pienso la arena / cuando entro al desierto”, nos da estos códigos sin pretensiones, para que cada quien haga con ellos lo que le venga en gana; se cuelgue del techo dentro un capullo, encienda cirios o se arrastre a las márgenes del rio San Juan. La liturgia del cuerpo también forma parte del trance de la negra, el sexo como consecución del placer, sin relación con filosofías e interpretaciones primigenias: “mi teta / madura / me convierte en fruta / cada verano” y “entre hombres / de cualquier raza / en el linde”, para concluir sin drama, nos deja dos máximas que pretenden no dejar margen alguno a la fragilidad: “quemar / donde se puede / alojar el alma” y “es todo, / casi digo amor”.

Hasta ese prescindir de la fragilidad nos conduce a una elegancia sin afectación, que no presume de nada, la luz del bajareque es su sombra cuando va de oriente a occidente, cuando en Europa se bebe juntas la primavera y la nostalgia: “la luz / del bajareque / poseída / por tendederas / oficia en la catedral / de trapos”. “devoro / la primavera / en Europa”. “la lluvia moja / con nostalgia / de Océano”. “dirán / por ella pasaban / los camellos de oriente / las dunas / todos los desiertos”. “dirán, / era / una / negra / instruida”.“ahora no sé / sostener mi nombre”.

Si toda esta primera parte del libro transcurre amparada en una cita de Pushkin: “Fue en su patria, bajo aquel cielo azul / ella, la marchita rosa / al fin murió.”, recoge los “Poemas de la vieja negra”, bajo una cita de Yeats: “Mas todo ha cambiado,… / arrastra al cisne un oscuro torrente…”, leemos con esperanza el “Discurso de la negra instruida”.

Margarita García Alonso me ha llevado consigo en su transformación, me ha involucrado con un sujeto lírico polifónico y libre, que habla en versos cortos, que no da nada gratuitamente y ahora muestra otra parte de sí, la negra vieja se ha convertido en la negra instruida y de pronto sus versos se alargan, se emblanquecen, hablan de Aristóteles, de vasectomías y mastectomías, de un puzle psicodélico, y yo sonrío —aunque todavía no bajo del capullo que cuelga del techo—, consigo asirme al último jirón de aquella mujer para entrar en esta: “…bajo ritmo perfectamente fluido, / oscurezco en la lucidez del fracaso / fuera de los hechos, / la lógica se rinde, / mitad hombre, mitad mujer / mitad negra, mitad blanca, / abrevio / al bajar ojos / sin disfraz, sin soberbia, / sobre el samurái / del Teatro japonés / que grita No, no, no / pies juntos / como si quisiera vaciarme / de entrañas…” . Y resulta fácil reconocer en esta segunda parte un ritmo más pausado, no más dócil, sino que ha encontrado su lugar a la mitad de todo y no reconoce la vergüenza como un sentimiento posible, solo se deja vencer en el cuerpo, porque ha colocado su alma en un sitio inaccesible: “…entonces cedo / siempre he cedido / el cuerpo a los cuchillos / cuando repito la palabra “dicha” / dicha la dicha / llego cuerda / al próximo discurso / discurso / discurso / discurso / discursos…”. El juego de palabras pasa directamente a la ironía, a la tristeza, a la soledad y al poder que conceden todas estas cosas a la negra instruida: “…no hay reino imposible / bajo el peso del cielo, / cuando sostengo / la nieve en mi mano / a fuerza / he llegado al rellano, / trato de traspasar la puerta, / cualquier puerta sin temblar…”. Pero a partir de aquí todo tiembla y se desgaja —por si no lo había dicho, ya he bajado del techo, de pronto el capullo maduró y se abrió tan rápido, me echo fuera y se consumió como un final—, la negra instruida trae a Joyce, Van Eyck, Sófocles y Po Li, dice dicha y tibores en el mismo poema, universidad y tufillo y se queda tan tranquila. De pronto regresa el código: los versos cortos, las letras en negritas, la síntesis, la negra vieja renacida de un montón de luz, una luz distinta: “la luz despluma / la cima de este infierno”, vuelven la soledad: “en cualquier momento / la luna se deshace en salitre” y ahora también la vejez: “…me extingo / en la droga del otoño, / bajo manzanos,…”.

Si alguien me imagina ahora acodada en mi escritorio, reclinada en el sillón con el libro delante de los ojos, de nuevo se equivoca, nadie se cuelga del techo y se encierra en un capullo para leer un libro y sale de esa metamorfosis siendo el mismo. “Cuaderno de la vieja negra”, de Margarita García Alonso, me ha dejado un nuevo aspecto interior, unos mundos y unas voces que agradezco profundamente.

[1] Ha publicado los libros: “Sustos de muchacha”, (Ediciones Vigía, 1988), “Cuaderno del Moro”, (Editora Letras Cubanas, 1990). En Editions Hoy no he visto el paraíso: “Maldicionario” (2009), “Mar de la Mancha”(2008), “L’aiguille dans la pomme”(2012), “La costurera de Malasaña” (2010), y “Cuaderno de la herborista”(2011); “Breviario de margaritas” (2012), “Cuaderno de la vieja negra”, y “Zupia” (2016). . Además, los relatos para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” y las novelas: “Amarar”, (también publicada en Ediciones El barco ebrio, 2012.) y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible”, “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados”. En el 2013 ve la luz el poemario “El centeno que corta el aire”, editorial Betania, Madrid; y en edición bilingüe, (francés, español) “La aguja en la manzana”, en la Casa parisina L’ échappée belle édition.

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Sonia Díaz Corrales. Es poeta y narradora. Nació en Cabaiguán, Cuba, en el año 1964 y reside en Santa Cruz de Tenerife. Islas Canarias. Ha publicado: Diario del Grumete (poesía), editado por Taller Editorial Vigía, Matanzas, Cuba (1996), y Sed de Belleza Editores, Santa Clara, Cuba (1997), Minotauro (poesía), La Habana, Cuba (1997), El hombre del vitral (novela), Editorial Idea y Editorial Aguere, Islas Canarias, España (2010) y Noticias del olvido (poesía), Ediciones hoy no he visto el paraíso, Francia (2011), El puente de los elefantes (novela) , Ediciones El Barco Ebrio (2013). Sus poemas aparecen en las antologías: Retrato de grupo, La Habana, (1989), Poesía infiel, Antología de jóvenes poetas cubanas, Editorial abril, La Habana, (1989), Poetas del Seminario, Cuadernos informativos, Instituto Cubano del Libro, La Habana, (1992), Un grupo avanza silencioso, Universidad Autónoma de México, Ciudad de México, (1990), Poesía Cubana de los años 80, Ediciones La Palma, Madrid (1993), Antología de décimas, Centro de la Cultura Popular Canaria/Ayuntamiento de la Victoria de Acentejo/Caja Canarias, Islas Canarias (2000), Todo el amor en décimas, Editorial Benchomo, Islas Canarias (2000), Mujer adentro, Colección Mariposa, Editorial Oriente, Santiago de Cuba(2000), Puntos Cardinales. Antología de Poetas Cabaiguanenses. Parte I, Puente Colgante, Ediciones Ideas, Cabaiguán, Sancti-Spiritus, Cuba (2000), Como el fuego que está siempre, Editorial Consejo de Iglesias de Cuba, La Habana, Cuba (2009), Paisajes interiores, Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México (2010). Antología de la poesía cubana del exilio, Aduana Vieja, Valencia, España (2011). Obtuvo el Premio Bustarviejo de poesía, de Madrid, el Premio América Bobia, de la Ciudad de Matanzas, Cuba y el Premio Abel Santamaría, de la Universidad de Las Villas, Cuba, así como menciones y reconocimientos en otros concursos en Cuba y el extranjero. Fue finalista del Premio Viaje del Parnaso (2008)

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Margarita‬ García Alonso pinta poesía, la materializa, le da color y texturas

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, pinturas, prensa on 30 octobre 2016 at 12:46

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Por

Juan Carlos Cuba Marchán, Madrid, Communauté de Madrid, Espagne

Os invito a conocer a las muchachas de ojos tristes y a las pequeñas bestias que componen los otros poemas, los pintados, de Margarita García Alonso en su blog de Tumblr

Poemas donde el verso es pincelada y desarraigo, la pintura de Margarita García Alonso es dura y amarga y también ingenua casi infantil, llena de personajes reconocibles en nuestro recuerdo, en nuestro acervo, cuenta esa fábula de la que todos somos protagonistas y a la vez espectadores extrañados que vemos y nos vemos en sus cuadros desde esa resonancia que tienen las cosas cuando las miramos desde muy cerca o desde muy lejos.

Nuestra Reina de Groenlandia pinta poesía, la materializa, le da color y texturas y si me dejáis soñar tiene el olor de Matanzas lejana en el tiempo y en el espacio.

9no número de Signum Nous _Margarita Garcia Alonso. La maravillosa duda. Una reseña de Jorge Tamargo

In AmiGos, pinturas, prensa on 28 août 2016 at 8:51

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9no número de Signum Nous _Margarita Garcia Alonso. La maravillosa duda. Una reseña de Jorge Tamargo

Margarita Garcia Alonso. La maravillosa duda. Una reseña de Jorge Tamargo

Quienes la conocemos, sabemos que Margarita García Alonso, además de escribir poesía de alta calidad y editar libros para la inmensa minoría, pinta; o, por decirlo más ancha y precisamente: compone escenas que alegran los ojos a los inquietos, en la misma medida que los importunan a los remolones. Y es que Marga (perdonen la economía nominal, que nada tiene que ver aquí con el colegueo barato) lleva muchos años decorando la cabaña donde vive el mismísimo porquero de Agamenón; dando razones al célebre mozo para que sostenga su higiénica duda con relación a la Verdad.

Jamás tuvo Marga una vocación analgésica. Es la madre de un bestiario muy singular (todo “bestiario es una revisión de la condición humana partiendo de la condición animal…”, nos dice Piñero Moral) con el que previene a su cliente-pupilo frente a cualquier vademécum doctrinal, también en las artes plásticas. Sus composiciones son un remedio eficaz contra la fascinación aristotélica. Su obra toda es un verdadero cajón de sastre para los locos de este mundo: los que dudan, quiero decir, los de atar; no los sobrecargados de certidumbre, que, con nuestra cómplice indolencia, y como se diría en el barrio donde nací: andan sueltos y sin vacunar, pontificando en las cátedras y las tribunas de ese otro mundo tan ajeno al arte.

Hablo de una autora que escucha el estruendo provocado por el Edificio mientras se desploma, y, lejos de obviarlo, lo graba; lejos de atenuarlo, lo amplifica. Con ese ruido, no obstante, sustenta la cabaña de su protegido: entretiene los cimientos de barro con un sonoro, pero divertido y fructífero, no sé. ¿Cómo?

LA VETA SURREALISTA

Los más ortodoxos surrealistas del XX representaron en estado de vigilia, o eso dijeron, la parte que lograron retener de los sobresaltos que padecían durante el sueño. Yo no lo creo del todo, pero aceptémoslo para no introducir aquí un problema que nos distraiga. El caso es que, de esa manera, pretendieron sustraerse a cualquier atisbo de control racional sobre su obra. Los surrealistas emergieron entonces como “artistas puros”, porque su movimiento, cual cándida estela del psicoanálisis, fue siempre de la subconsciencia a la consciencia, nunca en sentido contrario.

Bien, la aparente digestión de la Primera Gran Guerra por la vía de un arte-laxante que no sacaba la cabeza de la caja negra, al parecer no fue posible tras su gravísima réplica. Occidente no pudo digerir el colmo y la consecuente caída de la modernidad, (“todo lo que llega a su apogeo comienza a declinar”, decía Abd Allāh) cerrando o entornando de nuevo los ojos tras la toma de Berlín por los aliados. Los delirios imperiales alemanes y soviéticos, de muy distinto signo que los anglosajones, y la respuesta de estos últimos, menos alucinada pero igualmente beligerante, impidieron echar otra vez la capa sobre la caja de cristal. Todas las tendencias artísticas acentuaron el pathos, y creyeron compensarlo, acaso esconderlo con el uso (y abuso) del logos. La mayoría de ellas optaron entre lo patético y lo razonante, otras fueron sometidas a una latencia más o menos vigente. La abstracción se hizo expresionista, (que no al revés, como su nombre sugiere) el cubismo se tornó a ratos discursivo, el surrealismo quedó arrinconado, el dadaísmo abandonó la escena; sólo el realismo socialista se mantuvo en sus escuetas casillas; y antes de que pudieran llegar el refresco pop o la hamaca postmoderna, surgió el llamado arte conceptual. Nunca más los surrealistas, ni siquiera los que son tan incorregibles como Marga, pudieron trabajar al margen de semejante influjo.

Y como desde entonces ya no vale cerrar tramposamente los ojos para espantar a la pertinaz vigilia, Marga sueña con los suyos abiertos. Su obra tiene una clara veta surrealista, pero dista mucho de limitarse a lo que retiene la almohada. Su discurso no es sólo formal, no sólo regala forma a sus ensoñaciones, sino que está atravesado por una línea conceptual, que, en algunos casos, llega incluso a remedar el horizonte. Es normal, o al menos comprensible: ningún gorrión puede vivir, como gorrión, mucho tiempo en un gallinero. ¿Es Marga una artista puramente conceptual? No. ¿Es una artista puramente surrealista? Tampoco. Si el porquero de Agamenón preguntara por la génesis de la obra que ella estampó en el techo de la cabaña donde duerme, Marga le respondería: ―Es más que un sueño soplado y menos que un sueño razonado. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

LA CORRIENTE LÍQUIDA EN EL CAUCE POSTOMERNO

Joaquín Esteban Ortega ha dicho: “la clave de este asunto [el carácter inaprensible del arte postmoderno-líquido] se encuentra en la desontologización de la obra a favor de su conceptuación.” O sea, la obra que renuncia a ser para representar un concepto, y se convierte en mera noticia del concepto representado. ¿Hay algo más impropio para la obra de arte que un concepto, ya no sólo presente en su fórmula genitora, sino también suplantando su fin? Pero, si el arte líquido (Bauman) surge de una transitoriedad determinante, de un substrato social también líquido, en continua mutación, opuesto al que permitía, o más aún, demandaba, la sociedad egipcia, ¿qué tipo de concepto debe sustentarlo, si no ese que se derrame con igual laxitud, ese que, apenas haya alcanzado su aparente forma, sienta la urgencia de trans-formarse?

Sometido a semejante sobrexcitación conceptual y formal, el hombre postmoderno no es capaz de imantar sus ripios. Se cargó de pasado, colocó la razón en el sitio inadecuado, delegó en la estética académica (los estetas) el arbitraje de su relación con la naturaleza, se puso en manos de la ciencia experimental y la tecnología; y ahora no parece merecer la belleza si no sometida a una liquidez simétrica a la suya propia. Porque, según Schiller, realmente “bella […] es aquella forma que no exige ninguna explicación, o bien aquella que se explica sin concepto.” Además, se pregunta y se responde el genio alemán: “¿Por qué cada uno de los griegos puede erigirse en representante de su tiempo, y no así el hombre moderno? Porque al primero le dio forma la naturaleza, que todo lo une, y al segundo el entendimiento, que todo lo divide.”

Así que tenemos un tiempo líquido (cuasi forme, por no decir informe), un arte también líquido, cuyo estado, unido a su extrema conceptuación, lo hace prácticamente inaprensible; y el artista postmoderno, hecho pedazos por “el entendimiento, que todo lo divide”, persiguiendo una belleza que se ajuste a circunstancias tan problemáticas… Y ahí aparece Marga con un surrealismo transido de postmodernidad, con esa tara conceptual inevitable, pero también con un salvavidas maravilloso: la locura y su consecuente duda sobre la Verdad. Marga se deja llevar por la Duda. Se monta un rollo cuántico que avala su relativismo y permite obrar a sus fantasmas. Según Corinne Enaudeau, “el hombre racionalista, con espíritu de sistema, que ve la unidad de las ideas incluso antes de que hayan nacido, nunca inventa nada. La flema del genio consiste en dejar hacer al extravío, dejar que se tejan las analogías, dejar que se multipliquen los espectros.” Eso hace Marga. La traza conceptual y sistémica logra atravesar e intoxicar su veta surrealista, pero no extinguir la locura que ventila su aparente irracionalidad.

¿Y la belleza? Como bien dijo Hume: “la belleza [por más que se piense] no es una cualidad del círculo. No reside en ninguna parte de la línea cuyos puntos son todos equidistantes de cualquier centro común. Es sólo el efecto que esa figura produce sobre una mente, cuya particular fábrica o estructura la vuelve susceptible de tales sentimientos.” El círculo parecerá bello a la mente aristotélica que se regocija con la Verdad-Una-Toda-Inmóvil-Imperecedera. La malla infinita y cuántica parecerá bella a quienes vean esa Verdad como una leyenda convenida, débilmente asida a sus mutantes nudos. Sobre todo para estos últimos, trabaja Marga: para los locos que mantengan muy activos los canales sensibles y desistan de buscar en sus obras, sólo, la quinta pata al gato: la discursiva… Si el porquero de Agamenón preguntara por la esencia de la obra que ella colgó en la cara interior de la puerta de su cabaña, Marga le respondería: ―Es más que mentira prescindible y menos que mentira imprescindible. No es gaseosa ni sólida… ¿Una invitación al juego…? No sé… ¿Y entonces?

CODA PARA LA RESIGNACIÓN Y EL DISFRUTE

Para qué tanta pregunta? “Por raro que sea el modo con que el mosto se agite, siempre acaba por contener más o menos vino.” (Goethe). Marga agita su mosto de manera que el vino resultante plazca a los locos de su tiempo. Y junto a ellos, mientras beben entretenidos, suelta a sus bestias polivalentes donde “todo el espacio juega con el grito ¡No sé!” (Mallarmé) Un grito femenino, sí, que en el caso de Marga es lanzado con una sobreabundancia que a veces abruma, por (y especialmente para) una omnipresente mujer… Me resigno. Sin que haga falta un saber demasiado, ya está: Marga puede engendrar las cosas que más disfruto, esas que gracias a Dios no sé, y que gracias a mis dioses, aunque a veces me ponga a manosearlas en voz alta, no tengo intención alguna de averiguar a fondo. Porque, como dijo Nietzsche, (madre mía, hoy tengo el estro polémicamente franco-germánico) “todo conocimiento profundo es una corriente fría.” ¿A que no debo terminar hablando de herramientas digitales, mecanismos del collage, psicología del color o leyes de la simetría? ¿A que no?

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Jorge Tamargo
Jorge Tamargo nace en La Habana en 1962. Es poeta, ensayista, arquitecto y diseñador. Desde 1992 reside en Valladolid, España, donde ha publicado seis poemarios, entre ellos Avistándome (Betania, 2004), Radiografía de la inocencia (Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 2007) y Penúltima espira (Difácil, 2007). Escribe regularmente sobre literatura, arte y pensamiento en su cuaderno digital Encomio de la imagen.
Un comentario

Yamila Perez 2016-07-27 at 3:39 pm – Reply

Muy buen artículo acerca de su alteza Margarita , la Reina de Groenlandia; a mi me encanta ella, tiene la facilidad de hablar lo que le da la gana y hace que cualquiera opine, animando a todos los principiantes, gracias a ti por dedicar éste espacio a ella.

Los versos que le cuadran a Denis Fortun

In AmiGos, Cuadernomar, Mis libros, prensa on 28 juillet 2016 at 3:09

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Por Denis Fortun
Doral, Floride, États-Unis ·

El 22 de julio del 2010, luego de que leyera una reseña que le hiciera Juan Carlos Recio a « Maldiccionario », cuaderno de Margarita Garcia Alonso, Margo Reina de Groenlandia, decidí crear en formato digital mi propia antología que recogiera las voces que habitan fuera de la Isla, sin importar razones -en su mayoría similares-. Para tal empeño abrí un blog unos días más tarde, que nombré de la única manera que podía: « Los versos que me cuadran en la diaspora ». Los dos primeros poemas publicados pertenecen a Margarita Garcia Alonso, la de Groenlandia, la Reina; y luego le sigue Joaquín Gálvez. Así, durante dos años, estuve posteando los textos de más de medio centenar de poetas que tan sólo uno de sus versos me cuadraban, y créanme que lo disfrutaba enormemente y además me proporcionaba una invaluable enseñanza. Gracias a todos los que están…


Huidas, de Margarita García Alonso

No me he hecho, me han hecho.
Goethe.

Huí de lo que representaba esfuerzo y sobre todo de esa ventana
donde vi pasar a Madame Bovary, al perro,
al descendiente de vikingo
con el pelo rojizo en las axilas.

Huí del óleo que da látigos a mi vientre,
envenena las manos y salta a los muebles,
se enmaraña en mi pelo como una legión de enemigos.

Huí del aguarrás que come iris, vista, desvelo

Huí de la cola de conejo que seca, mata, e impone
esta imagen de drogada que deambula
hasta el estante de cigarrillos negros.

Huí de la palabra que doma,
del frasco en que piensa la gente,
del murmullo que desmiembra si mi nombre no parece
en la sección de conocidos locales,
autorizados o negados poetas que chocan dientes
en el interior de pequeños envases donde depositan la herencia.

Huí del campo donde jamás asenté cabeza
en noche silenciosa, sin grillo, luna,
huí de donde perdí el gusto por la charla,
enfundada en botas de cuero rustico, enlodadas
por la marcha en el bosque, vi el reflejo
de todo lo que vendrá al humano.

Huí del barranco en el que solía ser Mer de la Manche
sin interesarme el último estreno.

Huí de mi apego a rumiar pasiones despiadadas,
huí de mi madre que cuenta el pulso,
desde la sombra me retiene en muchacha.
Huí de mi hija, huí pavorosa arrastrando el mantel,
la alivié de mi inútil presencia con mi
carreta desvencijada por los viajes que no puedo hacer
a cierta isla, y los largos inviernos.

Huí de las cajas repletas de cartas,
veinte años de exilio en sobres amarillos,
sellos de mariposas de un país que encierra
al Hombre en un friso que nunca acaba.

Huí del indolente, del acuchillador
con la herida redonda del ombligo
la tripa colgando, enredándose en los caminos.

Huí del pasajero incierto que toma vino
en la despedida aclaré que no hago promesas.

Huí de mí que era la muerte y la escasez
de recursos.

No existe aún una sola razón para quedarme.
Publicado 31st August 2010 por Denis Fortun
Etiquetas: Margarita García Alonso (Maldiccionario)

X José M. Fernández Pequeño X Margarita García Alonso X Memorias del equilibrio

In AmiGos, articulos, Margarita Garcia Alonso, prensa on 13 juillet 2016 at 10:49

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Entrevista a José M. Fernández Pequeño sobre su más reciente colección de cuentos, Memorias del equilibrio. 24/06/2016

Tu libro cuenta con una edición especialmente hermosa. ¿Cómo surgió la idea de ilustrarlo con los dibujos de Margarita García Alonso?

Soy un admirador entregado de Margo. De su obra contradictoria, aguda, inconforme, repleta de confrontaciones visuales y discursivas. Me encontré con ella un día en las redes sociales (tomen nota los detractores de Facebook) y a partir de ahí ha sido como si compartiéramos vecindario. ¡Somos tan distintos y tenemos tantas cosas en común! Cierta tarde estaba viendo unos trabajos nuevos en su página y me golpeó un detalle. Aquel gusano verde que caminaba por una correíta iba diciendo exactamente lo que yo quería decir en los cuentos de Memorias del equilibrio, que entonces era un proyecto en desarrollo. Le escribí y el gusano se encaramó en la portada del libro con el descaro de quien hubiera nacido para estar ahí.

Nunca hablamos de los restantes dibujos, los que aparecen en el interior del libro. Margarita los hizo porque se le ocurrió hacerlos; al fin, no tenía que pedir permiso. Y realizó el trabajo con una condición: no haber leído el libro antes para dejar que su imaginación adivinara lo que allí se contaba. El resultado está a la vista. En rigor, Margarita García Alonso no ilustró el libro, más bien me ayudó a soñarlo. ¿Explicación? No hace falta. Como tú, nací en el llano de Oriente, que es la capital del espiritismo de cordón cubano, y estoy seguro de que en algún sentido eso debe dotarnos de una cualidad especial para las comunicaciones subyacentes.

El cuidado de edición y diseño es de Karenia Guillarón, reina de K ediciones. Pero bueno, ¿qué cosa de mi vida no está bajo su cuidado?

Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso en Letralia.

In AmiGos, Margarita Garcia Alonso, Mis libros, prensa on 12 juillet 2016 at 10:43

tumblr_o88wntogaM1sr14ndo1_500Por Yoandy Cabrera, sobre Poemas, Margarita García Alonso
en Letralia.

Esta poeta toca, más de una vez, los bordes del desfiladero y del desastre. Palpa con los ojos (no encuentro otra forma de decirlo) el caos cotidiano. Pero siempre se detiene ahí, en el resbaladero. Siempre vuelve a tiempo a un orden (los platos, la multitud) en que se anula y puede respirar otra vez acompasadamente. Espontánea vagabunda, pesa las palabras como pájaros y en el aire imposible de la página los incrusta. Sus súbditos la amamos. Hay vagabundeos discursivos que bien merecen un trono:

« Regresaré al norte

—repetiré hasta el cansancio—,

tengo que barrer,

siempre tengo un plato sucio

alguna ropa por secar

para no llegar a incendio. »

Sonia Diaz Corrales Qué gran poeta es esta mujer llena de mundos¡ No me canso de leerla. Permíteme un abrazo, Margo de Groenlandia.

Recomiendo ampliamente que sigan el trabajo de esta creadora constante de realidades, de esta maestra del lenguaje tanto visual como escrito; su magia es una puerta a un mundo donde las palabras, los colores y y las formas pierden sus fronteras y generan nuevos horizontes.

-Xavier Bankimaro.

Ana Mireles Qué bellezura de trabajo, reina! Terapoetica profunda. Yo los miro por pura terapia de placer.